Tenía escrita esta columna antes de la convocatoria electoral, con nocturnidad y oportunismo, de Moreno Bonilla, pero sirve de mi primer acto de precampaña para fijar criterio sobre mi opinión del presidente de la Junta.
No hay problema o situación que no pueda explicarse con un cuento, en este caso me he agarrado al del rey desnudo ¡Yo no sé qué le ven sus admiradores pero a mí me parece un PRESIDENTE DESNUDO!
El presidente desnudo | El Independiente de Granada
El presidente desnudo
Sacando
punta
Ignacio Henares Civantos
Es
difícil entender, si no se analiza con detalle, cómo Moreno Bonilla
pasó de ser en 2018 el presidente del PP andaluz con los peores
resultados electorales de su partido, (26 diputados, cuatro menos de
los que tiene en la actualidad el PSOE), y alcanzar la presidencia de
la Junta de Andalucía gracias a los apoyos parlamentarios de
Ciudadanos y de Vox, a erigirse en una figura política que
‘trasciende’ su liderazgo por encima del de su partido y allende
nuestras fronteras regionales. Un presidente del gobierno andaluz que
alcanzó después la mayoría absoluta en 2022, al obtener 58 (de los
109) diputados, que aspira a repetir en las próximas elecciones
autonómicas que se celebrarán previsiblemente el 31 de mayo.
Esta
‘transfiguración’ la ha logrado casi sin despeinarse, con un
balance de gobierno que, de manera objetiva, podemos calificar de
francamente pobre. Un amigo mío dice que es el presidente que ha
llegado más lejos habiendo hecho menos. Por mucho que la potente
maquinaria propagandística nos vaya a seguir machacando con ‘el
éxito andaluz’, nuestra comunidad no está aprovechando el
crecimiento económico de los últimos años para converger con otras
regiones sino que al revés la distancia se agranda. Y el deterioro
de los servicios públicos es evidente con una Junta de Andalucía
cada vez más centralizada y externalizada. El éxito de JuanMa
Moreno no se ha debido a una buena gestión, ni suya ni de los
miembros de sus sucesivos equipos. Hemos visto desfilar a numerosos
consejeros y consejeras, con más pena que gloria por el Consejo de
Gobierno, en parte por su propia mediocridad y carencia de liderazgo
externo e interno, y en parte porque la estrategia desde San Telmo
los sacrifica y los convierte en peones de quita y pon al servicio
del presidente. Y la mayoría de ellos, y ellas, con grandes
prejuicios sobre lo público y sobre la administración autonómica y
sobre sus emplead@s. No me lo ha
contado ningún amigo en este caso, lo vivo en primera persona.
El
triunfo de Moreno Bonilla ha estado apoyado en una fortísima y
costosísima campaña de propaganda diaria basada en cuestiones de
identidad, para ir ocupando el espacio transversal del andalucismo
que había disfrutado el PSOE desde la conquista de la autonomía
plena. A ello se ha sumado la creación de la ‘marca Juanma’, con
pasta, con mucha pasta, que ha servido para convertir a una persona
más bien sosa e insulsa, un candidato débil inicialmente, en un
modelo de presidente al que se le ha conferido los adjetivos de
tranquilo y moderado, elevados a categorías sagradas de virtudes
humanas, a falta de otras cualidades de las que carece o debe tener
muy escondidas, para el liderazgo político.
Y
además ninguno de los atributos que se le atribuyen es cierto. El
andalucismo que practica el PP es de pulserita, muy forzado y ha
tenido éxito porque una gran mayoría no ha vivido o parece que ha
olvidado que JuanMa es heredero político de los que se opusieron a
la gran conquista del pueblo andaluz. Nuestra autonomía ha quedado
estancada y hoy nos dedicamos más a quejarnos del autogobierno de
otros que a ejercer el nuestro. Y el tiempo está mostrando además
que lo de la supuesta centralidad es artificial y su aparente
moderación es eso, apariencia. Sobre lo de hombre tranquilo y sereno
ya es una cuestión más subjetiva aunque a mí me parece que es más
bien una persona soberbia y déspota, atrapada por el personaje
creado que se le ha subido a la cabeza.
Esta
operación de imagen no es original ni singular. La ciencia política
tiene muy estudiados a los partidos atrapavotos, o los candidatos
‘atrapalotodo’ (catch-all) que se fabrican, bajo algunos
supuestos sociológicos, para conseguir atraer a votantes a derecha
e izquierda, ocultando los conflictos ideológicos para ampliar la
base electoral. Se pone el foco en el líder, en su carisma (natural
o impostado como en este caso) y se fabrica un discurso fácil y
sencillo, a menudo vacuo, que replica la red clientelar creada a su
alrededor y sus aduladores (sean convencidos o no, sean personas o
robots). Importa poco la capacidad para la creación de equipos
competentes o una buena gestión. Lo que interesa es que sea fiel al
proyecto de los que lo financian y respaldan. En esto Moreno Bonilla
está demostrando ser el ‘campeón’, que diría Javier Arenas,
pues está siendo fiel a las directrices de Génova y a la estrategia
de su partido sacrificando de manera repetida los intereses de los
andaluces como ha ocurrido con el tema de la quita de la deuda o con
la financiación autonómica, cuando todos hemos visto cómo el
gobierno andaluz renuncia a que Andalucía mejore la cantidad que
recibe del Estado, por encima incluso de lo que el mismo Bonilla
había pedido solemnemente, nada más y nada menos que en la sede del
Parlamento Andaluz.
Abramos
los ojos y veamos la realidad. Tanto el ‘método Ayuso’ como la
‘marca JuanMa’, tienen el mismo objetivo: el desmantelamiento de
los servicios públicos, en nuestro caso la sanidad y la educación,
especialmente la universitaria y la formación profesional. Aunque
las estrategias son diferentes, en Madrid se potencia la agresividad,
el enfrentamiento directo y se presume incluso de saber usar las
malas artes contra el enemigo, aquí se ha optado por el cartón
piedra, modelando un perfil de suavón y buen yerno. De una manera
tan simple que a mí me resulta insultante, nos han colocado un álbum
de fotos y unos cuantos ‘reels’ (carretes), para convencernos de
que estamos viendo una película que no es real.
He
desafiado en muchas ocasiones a votantes del PP a que me digan en qué
hemos mejorado en los últimos años que podamos atribuir al gobierno
andaluz. Les he preguntado por qué leyes, qué acciones del gobierno
andaluz, qué decisiones de Moreno Bonilla, nos han beneficiado
directamente a los trabajadores y a las clases medidas y me he
encontrado con respuestas vacías, con una repetición de la
propaganda con la que continuamente nos bombardean desde teleJuanma
(léase Canal Sur) o desde los medios privados afines bien regados
desde lo público. Si se le quita la sobreprotección mediática que
goza Moreno Bonilla nos encontramos con un dirigente vulgar, poco
brillante, que la ha cagado en numerosas ocasiones. Un político
recauchutado que si fuera mi yerno yo lo evitaría en las comidas
familiares y si fuera mi cuñado… pues eso sería ‘un cuñado’.
Pero
no se puede sostener ante todo el mundo y en todo momento esta
artificialidad. Cada vez hay más personas que no se dejan llevar por
el cuento del precioso traje que lleva el presidente. Crece el número
de los que van desvelando que el rey (el presidente) va desnudo y
creen más lo que ven sus propios ojos que lo que le cuentan
machaconamente a través de los medios públicos y privados al
servicio de la marca.
Entre
los usuarios de la sanidad pública (que somos todos), son ya
legiones los que consideran que Bonilla no ha estado a la altura de
las circunstancias en esta materia que arroja las peores cifras de
toda España en satisfacción. Nos han convertido de nuevo en
‘pacientes’, a tenor de los récords en tiempos de espera para la
atención primaria, pruebas diagnósticas e intervenciones
quirúrgicas. JuanMa ha pasado de “la culpa es de la herencia
recibida” (después de 8 años gobernando suena bastante
hueco), al “yo no lo sabía”, (mentira que se ha revelado
definitivamente hace unos días cuando un medio de comunicación ha
desvelado que se habían desoído los informes que advertían de los
fallos en el sistema de cribado). Su frase de “Andalucía tiene
la mejor sanidad de España” cuando se cerraban centros de
salud el verano pasado o ahora con una realidad asistencial marcada
por el colapso pasará a la historia de las pifias de un presidente
de gobierno andaluz. Aunque peor fue cuando se le escapó que “el
sistema de sanidad pública era inviable”, en
un ataque de sinceridad quizás o más bien un anticipo de lo que
tiene pensado.
Porque
ante el malestar ciudadano, la sonrisa bobalicona de Juan Manuel
Moreno resulta insultante y las declaraciones de que la sanidad
andaluza tiene inversiones históricas, que no se traducen en
bienestar para la ciudadanía, indican que hay un agujero negro en la
gestión, situado en la deriva hacia la privada de miles de millones
de euros en lo que resulta un plan deliberado con órdenes,
conciertos y licitaciones bajo el pretendido paraguas de la urgencia
para desviar fondos a los amiguetes. Es imposible que los andaluces y
las andaluzas no vean que mientras se recortan plantillas o no se
renuevan los contratos de refuerzo se firman contratos millonarios
con grupos hospitalarios supuestamente para aliviar las listas de
espera, (objetivo que no se cumple), con un coste muy superior al que
se produciría si se reforzaran los servicios públicos.
No
hay venda que pueda tapar los ojos para desvelar el truco del
almendruco de que “bajar los impuestos a los ricos para recaudar
más” solo ha beneficiado a 0,2% de los andaluces en los que yo
al menos no me encuentro, (ni tú querido lector, no te engañes, ni
te engañen).
Pido
especialmente que abramos los ojos, especialmente y en solidaridad,
junto a las víctimas de los cribados de cáncer de mama; con los los
más de 6.500 familiares de los fallecidos el año pasado mientras
estaban en las listas de espera de la dependencia; ellos ya están
viendo desnudo al presidente; y, espero, que vean también los
profesores y estudiantes de las universidades públicas, que el
ropaje del que presume el presidente andaluz es postureo, por poner
unos cuantos ejemplos.