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sábado, 13 de junio de 2026

Amantes de las arenas

Había pensado en titular este artículo "plantas playeras' pero me sonaba a palmeras, alpargatas, chiringuitos... Luego al verlo impreso podía evocar 'otra cosa verde' pero no en el sentido de vegetales. Menos mal que las imágenes que acompañan el reportaje centran bien el tema de esta semana en "La mar de biodiversidad", el segundo artículo referido a plantas terrestres tras "El jardín vertical que desafía al mar". En ambos caso intento transmitir la idea de la biodiversidad de plantas con superpoderes para sobrevivir en hábitats hostiles y muy amenazados. 

Enlace a la edición digital: ‘Amantes de las arenas’




La mar de biodiversidad

‘Amantes de las arenas’

Ignacio Henares Civantos

En las escasas zonas naturales que quedan en nuestra costa sobreviven auténticos tesoros botánicos que desafían al viento y a la sal marina

Zona de reintroducción de flora de Playa-de las Azucenas


Nuestro territorio costero está fuertemente transformado por la presión antrópica tanto por la urbanización como por la actividad agrícola, siendo muy escasas las playas de arena y los cordones dunares que en otras épocas dominaban nuestro litoral. En aquellos reductos que han sobrevivido encontramos una vegetación peculiar con plantas que soportan un suelo ardiente, la escasez extrema de agua y el azote continuo del mar. Aunque alguien pueda confundirlas con ‘malas hierbas’ son joyas evolutivas, algunas son especies endémicas, que tienen que librar una batalla silenciosa contra el pisoteo, las máquinas limpiaplayas y la pérdida progresiva de su hábitat en el litoral granadino.


Un hábitat muy exigente

Las playas son biotopos muy exigentes para los vegetales, ya que a la falta de capacidad de retención de agua de los suelos arenosos, se le une el efecto del aerosol salino de los vientos del litoral. Las especies capaces de colonizar este medio tan hostil deben contar con diversas adaptaciones. En la costa granadina su desarrollo es muy escaso por el reducido espacio libre de temporales y, principalmente, por la alteración de las playas urbanas continuamente ‘labradas’ en verano por los operarios municipales que ‘limpian’ la vegetación dejando desértica toda la franja litoral disponible para sombrillas, hamacas y toallas.


Solo en algunas playas más naturalizadas y de mayor anchura, como las de Carchuna y las Azucenas, se desarrollan estas interesantes formaciones psamófilas o ‘amantes de las arenas’. Están compuestas por pequeñas especies anuales de óptimo primaveral y algunas especies perennes de matorral bajo, entre las que destacan el carretón de mar (Ononis ramossisima), la mielga marina (Medicago marítima), cardo marino (Eryngium maritimum), la linaria de las dunas (Linaria pedunculata) o la bella clavelina de mar o carmelitilla, (Silene littorea), que llena algunas primaveras de color rosa los arenales de las playas de Calahonda y Carchuna. Cuando estos arenales se enriquecen de gravas y en algunos fondos de ramblas arenosos-gravosos, suele abundar otra especie muy llamativa como es la amapola amarilla (Glaucium flavum).




Adaptaciones extremas: el 'kit de supervivencia' botánico

Para prosperar en un suelo inestable, abrasivo, pobre en nutrientes y con una altísima concentración de sal, la flora dunar y psamófila ha desarrollado adaptaciones evolutivas asombrosas que bien podrían considerarse superpoderes vegetales:


Escudos térmicos y antifugas de agua. La algodonosa (Achillea maritima) es un pequeño arbusto que llama poderosamente la atención porque toda la planta está envuelta en una densa ‘lana’ blanca. Este ‘pelaje’ cumple una doble función: refleja la radiación solar para evitar el sobrecalentamiento y reduce drásticamente la pérdida de agua por transpiración.


Hojas suculentas o impermeables. La oruga de mar (Cakile maritima) es una planta de la familia de las mostazas que crece en primera línea de playa, desafiando el impacto directo del oleaje. Almacena agua dulce en sus hojas carnosas para combatir la aridez ambiental. Además, cuenta con una cutícula cerosa externa que impide que el salitre marino queme sus tejidos.


Anclaje subterráneo y redes de sujeción. El barrón es una gramínea alta y rígida que cuenta con potentes raíces rizomatosas que forman una red compacta bajo el suelo. Es la especie 'ingeniera' por excelencia de los arenales: atrapa la arena que arrastra el viento y es la responsable directa de que se formen y crezcan las dunas móviles.


Especies nodriza: El cuernecillo de mar (Lotus creticus) es una planta rastrera perenne que crece fijando el suelo superficial. Destaca por sus vistosas flores de un amarillo intenso y sus hojas cubiertas de un vello plateado que refleja la luz del sol. Al morir y degradarse, enriquece la arena con nitrógeno y materia orgánica, creando un microclima favorable para que germinen semillas de otras especies más delicadas.


Bulbos profundos y ciclos estacionales. La azucena de mar (Pancratium maritimum) mantiene sus bulbos enterrados a gran profundidad para protegerlos del calor del verano. Sus espectaculares flores blancas y perfumadas brotan a finales de verano, aprovechando el momento en que otras plantas ya se han ‘agostado’. Sus semillas, negras, ligeras y corchosas, flotan en el agua del mar para colonizar nuevas playas.


Amenazas y problemas de conservación: un ecosistema acorralado

Estas singular flora costera se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad debido a que su hábitat natural ha sido ocupado y fragmentado históricamente. Sus principales amenazas actuales son:


Presión turística y pisoteo: La masificación estival de las playas destruye la vegetación incipiente. El paso continuo de bañistas o la limpieza mecánica destructiva con maquinaria pesada barren por completo las dunas embrionarias imposibilitando su regeneración natural.


Pérdida de hábitat e infraestructuras: La construcción de paseos marítimos rígidos, carreteras e instalaciones hosteleras ha sepultado los antiguos campos de dunas, rompiendo la dinámica natural de transporte de sedimentos entre la tierra y el mar.


Especies exóticas invasoras: Plantas escapadas de jardines privados o de antiguas fijaciones de taludes, como la uña de gato (Carpobrotus edulis) o el plumerillo (Cortaderia slloana), desplazan a las especies autóctonas al competir de forma agresiva por el espacio y los nutrientes.


        Invasión de plumerillos en Salobreña

Proyectos de conservación

Afortunadamente, la ciencia y la gestión ambiental pueden aliarse para revertir esta degradación mediante iniciativas pioneras:


• Islas de conservación de plantas silvestres. Proyecto que cuenta con la participación de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y la Mancomunidad de Municipios de la Costa Tropical, junto a los ayuntamientos de los municipios costeros. En diferentes playas granadinas se han creado microrreservas valladas perimetralmente donde se eliminan las plantas exóticas y se reintroducen especies autóctonas.


        Zona de protección de flora playa de Carchuna

• Proyecto DUNE. Iniciativa de investigación enfocada en la conservación y restauración ecológica de las dunas, arenales y acantilados costeros de Andalucía. Evalúa la biodiversidad y la conectividad genética de más de 20 especies de flora protegidas. Ayuda a los gestores locales a optimizar la recogida de semillas y trazar planes de restauración adaptados al cambio climático y la subida del nivel del mar. Está coordinado por la Universidad de Córdoba y cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad.


• Plan de recuperación y conservación de especies de dunas, arenales y acantilados costeros. Aprobado en 2012 por el gobierno andaluz establece medidas de protección para 35 especies de flora que se sitúan en la interfase entre el mar y la tierra, ecosistemas dinámicos y complejos que desempeñan una función clave en el litoral andaluz.


• El programa de reintroducción de la azucena de mar. Se desarrolla en la playa de las Azucenas (Motril). Debido a la presión agrícola, la construcción del puerto y las alteraciones de la dinámica de la arena, esta especie desapareció y con este proyecto se busca recuperar el ecosistema dunar original y transformar esta playa en una reserva natural. Impulsado por el Grupo de Acción Local de Pesca de la Costa de Granada, cuenta con la colaboración científica de la Universidad de Granada, la del Ayuntamiento de Motril y la de colectivos ecologistas. Incluye la participación activa de escolares de los barrios cercanos como Varadero y Santa Adela, quienes han actuado en las repoblaciones con bulbos, y en el acondicionamiento del espacio con pasarelas y tarimas para proteger la flora sensible.

+ Información en el artículo de Jesús del Río, Descripción de las formaciones vegetales del litoral de Granada, en la web Litoral de Granada de la UGR.








martes, 22 de octubre de 2024

Sinfonía de colores en "El bosque encantado"

 Acaba de publicarse un nuevo número de la revista Enred@2.0, la revista por y para los empleados públicos de la Junta de Andalucía, que trae como siempre un sumario amplio y variado, todo muy interesante. Los amigos de Embajadores del Conocimiento se lo han currado de nuevo y han conseguido sacar una nueva edición. 

Nº 19 (agosto 2024 - octubre 2024) - EnRed@2.0 (juntadeandalucia.es)

Como en números anteriores me pidieron una colaboración para la sección "ANDALUCÍA NATURALmente" que se me ocurrió dedicar, dada la fecha para la publicación, con una propuesta de sendero otoñal por uno de los lugares que más me apasionan del Parque Nacional de Sierra Nevada: la Dehesa del Camarate, conocida como "el bosque encantado". Os invito a leerlo y sobre todo a recorrerlo.

Sinfonía de colores en “El bosque encantado”. - EnRed@2.0 (juntadeandalucia.es)


ANDALUCÍA NATURALmente

Sinfonía de colores en 

"el bosque encantado".

Ignacio Henares Civantos.

El otoño es temporada alta en muchos de los espacios naturales andaluces que ofrecen múltiples posibilidades para disfrutar de su flora, de su fauna, de sus paisajes y de su patrimonio cultural.

La Dehesa del Camarate es uno de los parajes más bellos y singulares del Parque Nacional de Sierra Nevada. Alberga uno de los mejores y más completos bosques mixtos de toda Andalucía.




La niebla incrementa el encanto del paisaje otoñal multicolor. Javier Olivares


La Dehesa del Camarate es uno de los lugares privilegiados de nuestra región para disfrutar de la 'otoñada', un espectáculo de colores que atrae cada año a senderistas de muchas procedencias, naturalistas y fotógrafos. Localizado en el término municipal granadino de Lugros, en el cuadrante noroccidental del macizo nevadense, este espacio constituye uno de los tesoros botánicos más preciados de cuantos posee el Parque Nacional de Sierra Nevada, ya que alberga el mejor y más completo bosque mixto de toda la provincia de Granada y uno de los más sobresalientes de Andalucía. En este paraje natural, se dan cita numerosas especies de árboles de hoja caduca, tales como robles melojos, quejigos, mostajos o serbales, arces, maguillos, fresnos, sauces y toda la corte de arbustos que los acompañan (agracejos, rosales silvestres, majuelos, zarzamoras…), que lo han convertido en uno de los sitios más fotogénicos y fotografiados del otoño andaluz.

Contrasta este bosque, relicto de un pasado climático más húmedo y fresco, con el paisaje acarcavado de los badlands de la Hoya de Guadix a sus pies y con la alta montaña de Sierra Nevada que lo corona y el Picón de Jérez, el tres mil más oriental y más al norte, presidiendo el skyline de toda la comarca.


                Enclave con un bosque mixto


Conocido como el “Bosque Encantado”, es un lugar privilegiado para disfrutar de la variedad cromática del otoño aunque el espectáculo visual de la explosión primaveral de vida no le anda a la zaga. En función del año hidrológico y de las condiciones meteorológicas, durante unas semanas, este espacio nos ofrece múltiples paisajes diferentes, rebosantes de color, en donde los tonos rojos, anaranjados, amarillos, ocres y verdes van componiendo sinfonías caprichosas de colores que alegran la vista y animan el espíritu. Los días variados de otoño, lluviosos, con nieblas o soleados, multiplican la posibilidad de encontrarnos con bellas estampas diferentes, a veces incluso en la misma jornada. El encinar, en las zonas de solana y el piornal o matorral almohadillado, en las zonas más elevadas, ofrecen un contraste que remata la composición de colores y texturas. 

Una parte de la finca de la Dehesa del Camarate en la actualidad es de titularidad pública y arranca en el denominado Horcajo, lugar en el que al río Alhama se le suman las aguas del barranco de las Rozas y del barranco de Guadix; una cancela impide la circulación a los vehículos con motor (salvo los autorizados: pastores y ganaderos, propietarios y guardería del parque). El acceso es libre para senderistas y bicicletas por una puerta situada a la derecha del portón principal. Durante la temporada alta de otoño, entre el 12 de octubre y el 8 de diciembre, los festivos y fines de semana hay una regulación de accesos por lo que hay que realizar una reserva previa a través de la web de la Consejería de Medio Ambiente y Sostenibilidad en la siguiente dirección:


Los vehículos a motor deben dejarse, en todo caso en estas fechas, en un lugar habilitado como aparcamiento por el ayuntamiento de la localidad desde donde se puede utilizar una lanzadera hasta la entrada a la finca. 




Además del valioso patrimonio natural cuenta con un patrimonio cultural asociado al uso dedicado durante mucho tiempo a la ganadería extensiva, como son las ruinas de una coqueta ermita y los corrales de embarque de los toros bravos que se criaban aquí hasta el siglo pasado, ambos situados junto a la entrada. 

Un atractivo paseo botánico


El paseo por nuestro ‘bosque encantado’, desde la base en el Horcajo del Camarate, hasta el punto más elevado de la finca, puede ser considerado un recorrido por una magnífica colección botánica. Ya al cruzar la verja inicial nos encontramos con unos buenos ejemplares de sauces y fresnos. En esta zona de entrada también son destacables unos espectaculares majuelos y rosales silvestres. En las inmediaciones podemos ampliar nuestro listado de especies con álamos y alisos y dos variedades de sauces: blancos y cenicientos. 

En nuestro primer tramo de subida nos vamos a encontrar, de manera alternativa, a los robles en su evolución cromática foliar, con toda su corte de arbustos y matorral acompañante -en las zonas más umbrías- y a las siempre verdes encinas, -en la solana- con todas las especies que las escoltan. En nuestra ascensión zigzagueante por la pista aprovecharemos cada recodo para ir descansando y cobrando una visión más amplia del paisaje conforme ganamos altura. 


                Tejo milenario, incluido en Inventario de Arboles Singulares Andaluces

En la espesura del follaje podremos distinguir todavía más especies para sumar a nuestro catálogo: zarzas, madreselvas, clemátides y heléboros. Entre el matorral arbustivo abundan rascaviejas y anotaremos también en la lista a durillos, espino cerval o algún endrino andaluz perdido. 

A mitad de la ascensión, el espectáculo multicolor está a nuestro alcance. Los fresnos son los primeros árboles que comienzan a amarillear junto a los arces granadinos. De este endemismo podremos encontrar ejemplares con distintos tonos, o en un mismo pie incluso podemos observar hojas de múltiples tonalidades, verdes, amarillas y rojas. Destacan también los tonos anaranjados del mostajo y el profundo rojo bermellón de los cerezos silvestres. Si escudriñamos por los barrancos aledaños descubriremos verdes tejos mezclados con abedules y una nueva especie, (junto a robles y encinas), de quercínea productora de bellota: el quejigo. 

Continuamos ascendiendo hasta alcanzar el collado del Cerro de los Carneros. En este punto se da acceso a una propiedad particular aunque nuestro recorrido continuará por el ramal público. Desde aquí podemos apreciar ya en todo su esplendor el paisaje de la alta montaña, presidido por el cerro del Mirador Alto (2.684 metros) y detrás y más alto el Picón de Jerez (3.088 metros). 




Un tramo más arriba, en la parte más elevada de la finca, superaremos un antiguo ‘tentadero’, quizás el más alto del mundo, y nos encontraremos con el Prado de los Chapiteles donde obtendremos una perspectiva amplia de toda la Dehesa desde la que podemos disfrutar de las vistas al cortijo ganadero de “El Camarate” que da nombre al lugar, rodeado de amplios prados formados por el ‘careo’ de las acequias tradicionales. Si echamos una mirada hacia la Hoya de Guadix, veremos toda la llanura salpicada de pequeños pueblos blancos. Desde lo alto la vista alcanza hasta poder identificar los perfiles de Sierra Mágina, Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, Sierra de Castril, La Sagra, Sierra de Baza…


    Un tentadero "por todo lo alto". José Miguel Barea


Subimos un poco más hasta alcanzar el lugar conocido como la Piedra de los Soldados, (un nombre por el que compiten diferentes historias y leyendas para explicar su denominación), situada a 2.256 metros de altitud. Desde aquí tenemos a la vista el Puerto de Trevélez, que une las dos vertientes de Sierra Nevada, y gran parte de la cuerda que sigue en dirección este y que delimita el Marquesado del Zenete y la Alpujarra. Nos encontramos ya en el dominio del matorral almohadillado de alta montaña conocido como piornal, en el que podríamos ampliar nuestra colección de plantas con más de 50 especies adicionales a las que hemos contemplado hasta este momento. Desde aquí podemos iniciar el camino de regreso a nuestro punto de partida por el mismo lugar por el que hemos realizado la ascensión o, si las fuerzas y el tiempo nos lo permiten, conectar con otros interesantes parajes nevadenses.


    
        La Piedra de los Soldados esconde diferentes leyendas. Antonio J. Ramos



sábado, 15 de junio de 2024

Algas invasoras

Esta semana escribo junto al profesor Julio de la Rosa además (autor de las imágenes) sobre un alga invasora que ha llegado a nuestras costas: impactos ecológicos y económicos, cómo llegó, su vertiginosa expansión y cómo actuar frente a ella.



Enlace a la edición digital 👇

https://www.granadahoy.com/granada/Algas-invasoras-Mar-biodiversidad_0_1911411008.html


ALGAS ‘INVASORAS’


Una especie de origen asiático está poniendo en riesgo la biodiversidad, el equilibrio natural de los hábitats marinos y puede ocasionar perjuicios económicos tanto a la pesca como al turismo.


Las invasiones biológicas son consideradas como la segunda causa en importancia en relación a la pérdida de biodiversidad de los océanos y mares. Catorce especies de algas exóticas con carácter invasor (una de ellas de agua dulce) se han catalogado en los últimos años en nuestro país con diferentes grados de expansión y consecuencias ambientales. Entre ellas destaca la llegada del ‘alga asiática’, cuyo nombre científico es Rugulopteryx okamurae, una especie de alga parda, con talos de entre 11 y 33 centímetros, originaria del océano Pacífico noroccidental, (Corea, Japón, China, Taiwan, Filipinas…), donde se desarrolla sobre fondos rocosos entre la superficie y los 7 metros de profundidad, aunque puede llegar hasta los 15. Rugulopteryx okamurae presenta talos planos, acintados y ramificados dicotómicamente, con tonalidades variables entre el verde oliváceo, el marrón y el ocre, morfología y color típicos de la familia en la que se incluye.


    Alga asiática. Detalle de los talos

Este alga es muy similar a otras especies de la familia Dictyotaceae nativas del mar de Alborán, por lo que diferenciarla de otras especies autóctonas como, por ejemplo, Dyctiota dichotoma, es difícil y para hacerlo de forma positiva debe hacerse mediante el uso de un microscopio, lo que a veces imposibilita su detección rápida en el terreno incluso a ojos de un experto. No obstante, ninguna de las especies autóctonas de esta familia protagonizan fenómenos de acumulación masiva, o lo hacen rara vez, por lo que la detección de estos acúmulos puede ser ya un indicativo bastante fiable de la presencia de esta especie invasora.


Rugulopteryx okamurae exhibe una capacidad competitiva y de colonización extraordinaria con un incremento de biomasa anual desmesurado, y nada comparable respecto a otras especies de algas invasoras que han llegado al litoral español. La reproducción de este alga es tremendamente eficaz y tiene lugar por mecanismos sexuales (gametos), asexuales (esporas) y vegetativos (formación de propágulos), si bien fuera de su área nativa solo se ha podido constatar la presencia de los dos primeros. Esta elevada capacidad reproductora explica que, en los fondos invadidos, compita de manera muy efectiva con las especies autóctonas de las comunidades de algas fotófilas, fondos de coralígenos o praderas de fanerógamas marinas, mostrando una amplitud batimétrica que puede superar los 50 metros de profundidad, muy superior a la observada en su área nativa.


Además de este desarrollo masivo sobre los sustratos marinos R. okamurae puede encontrarse y proliferar en suspensión en la columna de agua. Esta espectacular proliferación produce importantes acúmulos de biomasa que pueden quedar depositados sobre el lecho marino o sobre la línea de costa y playas.



Fragmentos de Ruguloptery okamurae en suspensión


El impacto ambiental que está produciendo en los fondos marinos españoles no tiene precedente y, en contra de su procedencia de origen, su expansión no es nada ‘pacífica’.


Una vertiginosa expansión.


El ‘alga asiática’ se identificó por primera vez en España en los arribazones que llegaron al litoral de Ceuta a finales de 2015, aunque desde el 2002 ya se había constatado su presencia en el sur de Francia, en la laguna de Thau, si bien aquí nunca ha mostrado un comportamiento invasor. En 2016 se observa por primera vez en aguas del Estrecho de Gibraltar, expandiéndose de manera rápida a ambos lados del mar Mediterráneo, desde las costas de Cádiz y Málaga, a la costa levantina, sur de Francia y costas italianas y hasta las islas Chafarinas en la parte africana. Por el oeste, ya se ha expandido por las costas portuguesas tanto continentales como insulares y en las Islas Canarias, y las últimas observaciones sitúan su presencia en el mar Cantábrico.


Los primeros indicios sobre la presencia del alga en aguas de la costa de Granada provienen de la obtención en octubre de 2019 de restos provenientes de arrastres pesqueros faenando a unos 250 m de profundidad en el entorno de Guardias Viejas-La Rábita. A finales de 2019 investigadores del Aula del Mar de la UGR dirigidos por Julio De la Rosa detectaron por primera vez en nuestra costa granadina esta especie exótica invasora de forma asentada en la localidad de Cambriles, asociada una pradera de Posidonia oceanica, alertando de los problemas ligados a la propagación de esta especie. A partir de ese momento se empezaron a descubrir nuevas localidades a lo largo de todo el litoral de la provincia de Granada, donde actualmente se encuentra bastante extendida.

        En la imagen se muestra el carácter ‘invasor’ de Rugulopteryx okamurae


Un ambiente propicio.


El Estudio del seguimiento del alga Rugulopteryx okamurae y sus implicaciones en la actividad pesquera y economía azul, desarrollado por la consultora ambiental Gestemasur, (especializada en estudios marinos), y financiado por la Junta de Andalucía a través de fondos europeos, ha avanzado que la ‘tropicalización’ de nuestros hábitats marinos, propiciada por el fenómeno del cambio global en general, y el cambio climático en particular, puede ser uno de los factores que esté ayudando al asentamiento de esta especie invasora que se ve favorecida por su amplitud térmica. Su rápida diseminación se ha visto facilitada además por las corrientes marinas que fluyen por el mar de Alborán.


Diferentes estudios científicos han certificado también que el deterioro de las playas andaluzas ha favorecido esta expansión ya que las aguas están muy cargadas de nutrientes a causa de una deficiente depuración de las aguas residuales y el deficiente estado de conservación de las comunidades nativas, cuando no la pérdida de la biodiversidad local por diferentes motivos, también ha facilitado la colonización de este alga invasora que ocupa los ‘espacios vacíos’ dejados por la vegetación autóctona.


La fuerte presión que ejercen los propágulos y la carencia de una política de detección precoz y de prevención contra las especies invasoras cierran las causas de este rápido, críptico y ‘silencioso’ avance.


¿Cómo llegó a España el alga asiática?


Se considera que la llegada de R. okamurae a Europa fue no intencionada y muy probablemente esté asociada a las aguas de lastre –la que se toma o suelta para estabilizar el buque durante su navegación– de buques y navíos mercantes, y/o a los cultivos marinos, (fundamentalmente de ostras o almejas). Según los expertos, el alga asiática llegó a las costas españolas por el tráfico marítimo y los análisis genéticos realizados apuntan a que todos los ejemplares colectados hasta ahora provienen de una única oleada llegada a un puerto del Estrecho. Experiencias realizadas con este alga, simulando las condiciones presentes en el agua de lastre en los mercantes, han confirmado que son capaces de ‘resistir’ el largo viaje ‘a oscuras’ de varias semanas desde los remotos hábitats originarios.


Una vez llegadas a nuestras costas, aunque puedan moverse debido a las corrientes marinas, se considera que las artes de pesca, los sistemas de fondeo de embarcaciones recreativas, los equipos de buceo sin limpiar o la propia basura marina son los elementos de dispersión secundaria que multiplican la propagación y la rápida expansión a nuevas áreas.


Impactos ecológicos y económicos.


Además de la rápida expansión de esta alga invasora, que se presenta en forma de “arribazones” como grandes montones tanto en el fondo del mar como en las playas, (especialmente en la época veraniega), lo que caracteriza a esta especie es que, además de los impactos que produce sobre los hábitats marinos y la biodiversidad, afecta directamente a sectores productivos como la pesca o el turismo.

' Arribazones' del alga asiática en una playa andaluza


A nivel ecológico. La rápida colonización del alga asiática está modificando los hábitats y su rápido crecimiento y la demanda de nutrientes afecta a la biodiversidad, generando una homogeneización y empobrecimiento de los ecosistemas marinos. Esta situación afecta a prácticamente todos los espacios y hábitats marinos en los que está presente, incluyendo espacios protegidos de gran valor ecológico como los Parques Naturales andaluces del Estrecho y del Cabo de Gata o el Paraje Natural Maro-Cerro Gordo, entre las provincias de Granada y Málaga.


A nivel económico, el alga asiática está produciendo importantes impactos en el sector pesquero produciendo disminuciones de capturas, (se ha calculado que para el sector pesquero granadino hay ya una merma del 30% de las descargas en la lonja de Motril), aparte del deterioro de las artes de pesca (arrastre y trasmallo) e inversión de tiempo y recursos en la limpieza de los equipos infectados por el alga.


Igualmente, la llegada masiva de algas a las playas también está incrementando los costes de mantenimiento, retirada y gestión de los arribazones que llegan por las corrientes y el oleaje y se acumulan en las orillas. Estos arribazones llegan a tener grandes dimensiones, impidiendo el tránsito de personas en las playas y produciendo malos olores que se ven incrementados con las altas temperaturas veraniegas. Un gran número de playas andaluzas padecen esta presencia masiva cuya retirada incrementa notablemente los gastos de limpieza y mantenimiento que soportan los ayuntamientos. Los riesgos de pérdida de potenciales turistas que buscan sol y playaslimpias’ es también una cuestión cultural ya que el rechazo afecta a las especies autóctonas cuya retirada no es una exigencia ‘sanitaria’.


¿Cómo combatir esta expansión?


Las invasiones de especies de flora y fauna en el medio marino son muy difíciles de abordar por diversas razones y deben de acometerse en los estadios iniciales por lo que la mejor manera de combatirlas es la prevención y, en su caso, la detección precoz en aquellos lugares en los que aún no ha llegado, con especial atención a los ‘puntos calientes’ de entrada como son los puertos deportivos y comerciales, cumpliendo entre otras medidas las derivadas del Convenio internacional para el control y la gestión del agua de lastre y los sedimentos de los buques, 2004) o Convenio BWM, un tratado adoptado por la Organización Marítima Internacional que España ratificó en 2015.


Para controlar la expansión de las algas invasoras se han propuesto diversas estrategias: monitoreo y detección temprana, retirada manual, barreras físicas, control biológico, educación y sensibilización, restricciones en el transporte marítimo… En el caso del alga asiática, y dada la envergadura y extensión de la invasión ya producida, lo más adecuado debe ser seguir monitoreando, de la manera más amplia posible, y observar la respuesta que los propios ecosistemas están haciendo, adaptando las diferentes acciones que puedan adoptarse para un control eficaz de la expansión del alga asiática y la protección de los ecosistemas locales, poniendo especial énfasis en los espacios y especies más valiosos y sensibles. Mientras tanto, se puede, y se debe, mitigar los impactos sobre los sectores afectados con ayudas que podrían provenir en parte de la valorización de la retirada de la biomasa de las playas.


Catalogación, ¿solución o problema?


Rugulopteryx okamurae se incluyó en 2020 en el Catálogo español de especies exóticas invasoras y más tarde, en 2022, en la Lista de Especies Exóticas Invasoras preocupantes para la Unión Europea. Por dicha razón, en cumplimiento de la Ley del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, el Ministerio de Transición Ecológica aprobó en el año 2022 una Estrategia Nacional para luchar contra esta especie invasora, teniendo en cuenta la naturaleza e intensidad de los impactos ecológicos y económicos que produce sobre los bienes y servicios ecosistémicos del litoral español. Las acciones incluidas en esta Estrategia van desde la erradicación, contención o control poblacional hasta el manejo de hábitats, prevención de su dispersión y monitoreo y seguimiento de los focos detectados.


En la actualidad hay diferentes proyectos en desarrollo así como varías líneas de investigación abiertas al respecto entre las que se incluyen iniciativas que analizan la valorización de la extracción de estas algas invasoras en base a usos posibles derivados de sus eventuales propiedades médicas, o bien para su utilización en agricultura, en la construcción o para producción de metano. Todos estos usos aún están en fase piloto. La posibilidad de una eventual explotación a nivel comercial choca con la normativa actual ya que la inclusión en el Catálogo de Especies Exóticas Invasoras que prohíbe la comercialización de estas especies.


El citado estudio de “Seguimiento del alga Rugulopteryx okamurae y sus implicaciones en la actividad pesquera y economía azul”, a partir de los trabajos de campo y las encuestas realizadas, propone una serie de recomendaciones para el sector pesquero granadino en las que incluye una zonificación con áreas de riesgo en las que deben seguirse unas medidas preventivas así como una exclusión de la actividad pesquera en las zonas detectadas de acumulación masiva de algas.