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viernes, 19 de junio de 2026

La VAU-5, un error que puede convertirse en horror.

 Ante tanto #debatedepollas que se da en nuestra ciudad y su entorno, ahora se plantea uno verdaderamente importante y de gran trascendencia para el futuro del Área Metropolitana. Yo me he mojado al respecto y he reflejado mi posición política que, más allá del debate concreto sobre esta infraestructura viaria, nos interpela sobre la movilidad, la sostenibilidad, la salud, el medio ambiente... 

En conclusión: que no nos entretengan ni engañen con juegos de palabras. Una autovía que atraviesa la Vega de Granada no es solución a la movilidad en el Área Metropolitana.

La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror | El Independiente de Granada



La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


El necesario debate sobre la nueva autovía que atravesará la Vega de Granada, (desde el Parque Tico Medina hasta conectar con la segunda circunvalación), no es un problema (solo) de proyecto. Es un problema de modelo de movilidad, de ordenación del territorio, ambiental y de salud pública.


La Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda ha sometido a información pública el anteproyecto y el estudio de impacto ambiental de la vía de aglomeración urbana VAU-5, Esta es una vía de alta capacidad, que conectará la primera y la segunda circunvalación de Granada con una carretera de dos carriles por sentido.


Esta infraestructura viaria que sale desde la capital y atraviesa Armilla, Churriana de la Vega y Las Gabias, ha pasado a denominarse, por arte de birlibirloque, “corredor verde”. Lo hacen por la inclusión de plataformas reservadas para transporte público, carriles-bici y “abundante masa forestal”. Los términos entrecomillados y en cursiva forman parte de la propaganda con la que se nos intenta vender la moto (una amplia vía de hormigón, por mucho adorno que la rodee). Además muestran un preocupante desconocimiento del significado de estos conceptos. Si llamamos corredor verde a una autovía y se confunde plantar árboles con reforestar es que la cosa va de intento de maquillaje lingüístico... y ambiental.


Estos juegos de palabras pueden ser efectivos para enmascarar algunos de los aspectos más agresivos de la nueva carretera. Sin embargo, no pueden esconder las carencias de un proyecto que ni es metropolitano ni es sostenible, las dos condiciones iniciales básicas a las que debería responder. La movilidad sostenible no consiste en pintar de verde unos planos como para que los coches circulen con remordimientos ecológicos.


Se pretende orientar el debate público hacia el trazado y contenido del proyecto. Hay que hay que reconocer que ha mejorado su diseño inicial, aunque requeriría mitigar todavía sus graves impactos ambientales, incluidos los paisajísticos. Pero no nos engañemos: el problema no es el diseño del proyecto, ni el color de los planos. Laalternativa elegida es una vuelta de tuerca más hacia un modelo obsoleto que favorece el tráfico privado y la dependencia del automóvil. Con esta actuación nos alejamos de los parámetros de sostenibilidad, reducción de emisiones y lucha contra el cambio climático que debe inspirar toda actuación sobre la movilidad, (y la accesibilidad) en el área metropolitana.


Este proyecto es un error estratégico porque consolida un modelo que favorece el uso intensivo del transporte privado. Además, no resuelve, ni siquiera a corto plazo, los problemas que se plantean. Es bien sabido que estas vías de mayor capacidad de absorción generan, por su propia definición, más flujos de vehículos y un desplazamiento hacia otros puntos de los problemas de saturación y congestión. 


El error que subyace en ese modelo de movilidad caduco puede convertirse en este caso en un horror ya que produciría una nueva y potente fragmentación de la Vega. Además va acompañado de un modelo de ocupación del territorio, que favorece el desarrollo especulativo y que supone un ataque mortal a la Vega de Granada. La apertura de un nuevo y amplio ‘corredor’, por muy ‘verde’ que sea, provocaría procesos de degradación territorial y facilitaría futuras actuaciones urbanísticas e infraestructuras en los espacios residuales generados por estas nuevas barreras físicas.


De llevarse a cabo, la nueva carretera producirá la pérdida directa de elementos fundamentales del paisaje histórico de la Vega. Provocará la desaparición de árboles frutales y cultivos, junto a tramos del sistema tradicional de riego formado por acequias históricas, pagos, dulas y terrazas. También afectará a cortijos, secaderos y otras construcciones agrarias tradicionales.


Quiero hacer especial hincapié en la necesidad de proteger la Vega de Granada. Es un territorio mosaico de elevado valor paisajístico que destaca por sus excepcionales condiciones agrobiológicas y productivas. Además, desempeña una importante función como pulmón verde de toda el área metropolitana. Salvar la Vega de Granada no es un capricho de románticos y nostálgicos del azadón; es una urgencia de salud pública.


El futuro de la movilidad sostenible del área metropolitana, pasa por invertir el modelo, (en el sentido literal y original del término, de “dar la vuelta”), e invertir, (en este caso en asignar los presupuestos disponibles), en mejorar las líneas del metro, (inversiones millonarias que tienen como objetivo principal ‘quitar coches’), crear una red de autobuses metropolitanos eléctricos, (con frecuencias que hagan olvidar el vehículo particular) y cuidar los caminos rurales que ya tenemos, conectando nuestros pueblos con vías ciclistas y peatonales seguras. Y trabajar ya, en serio, para implantar la integración tarifaria con bonos mensuales asequibles.


No se trata de enfrentar a los que dependen de su vehículo para llegar al trabajo con los colectivos ambientales y en defensa de la Vega. Se trata de tener una visión global, con luces largas, y de valorar el patrimonio colectivo, natural y cultural que es común a toda la población. No es un problema de libertad individual de movimientos, sino de apuesta por unas mejores condiciones ambientales y de infraestructura verde para toda la población; para los de ahora y para los que vienen detrás.

lunes, 20 de enero de 2025

Más agua, es la guerra

 Sigo sacando punta vía el Inde. Con el título de "Más agua, es la guerra" y con esta presentación en redes sociales: De los autores del bulo documental "el agua de los ríos que se pierde en el mar" viene ahora la serie:  "el agua se derrite y vuelve al circuito" con guión del presidente de la Junta de Andalucía. Una película inventada para intentar justificar la duplicación de la concesión de agua a la estación de esquí. 

No sé qué alcance habrá tenido, entre seguidores y per-seguidores, amigos y enemigos, pero sí es una de las últimas columnas que he escrito de las que ha tenido más comentarios directos favorables, especialmente en el ámbito académico y ambiental que creo que entienden mejor los argumentos que aquí despliego y que no caen tan fácil en los cánticos de sirena de la propaganda oficial. 


Enlace a la edición digital: '¡Más agua, es la guerra!' | El Independiente de Granada


¡Más agua, es la guerra!

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


El presidente de la Junta ha venido a desenterrar el hacha de guerra contra la conservación del Parque Nacional y a romper el consenso social de décadas en torno a Sierra Nevada.


La mayoría de las personas, de diferentes generaciones, están familiarizadas con la frase “más leña, es la guerra” que se relaciona con un origen ‘marxista’ (de la película “Los hermanos Marx en el Oeste”). En realidad Groucho nunca usó esta expresión en la versión original ya que lo que grita (en inglés) es Timber!, término que significa madera y que es empleado por los leñadores anglosajones a modo de "¡Tronco va!", cuando un árbol está a punto de caer tras su tala. En todo caso la expresión más leña, o más madera, o la de echar (más) leña al fuego, suele emplearse para indicar que algo se añade para contribuir a agravar una situación.


En algunos pueblos de Sierra Nevada, el agua, un recurso escaso y limitado, cada vez más, se dice que quema pues su uso ha sido históricamente fuente de conflictos y disputas por lo que aquí se puede decir que se aviva un fuego cuando alguien quiere arrimar el agua a su piscina siguiendo con las metáforas.


Es lo que ha ocurrido con la visita de JuanMa Moreno en el tramo final de las navidades a Sierra Nevada, que ha estado, como en otras ocasiones trufada de adanismo, que para los que no estén familiarizados con el término, apuntaré que es la tendencia a comenzar una actividad sin tener en cuenta los progresos que se hayan hecho anteriormente. Parece como si el presidente de la Junta, y la abundante corte de palmeros acompañante, hubieran descubierto el deporte del esquí, inaugurado la estación e inventado los telecabinas y la nieve producida.


De manera suavona, como suele ser habitual en el personaje creado por el aparato propagandístico en torno al presidente de la Junta, ha soltado unas cuantas frases, aparentemente inocentes pero que constituyen una carga de profundidad contra el Parque Nacional y contra el consenso fraguado durante años para buscar el equilibrio entre desarrollo y conservación en Sierra Nevada.


Ha escogido el JuanMa el primer acto político del año, nada más y nada menos, para destaparse pidiendo a las autoridades del Parque Nacional de Sierra Nevada, “más agua para la estación de esquí, con el fin de que pueda producir más nieve artificial”. No sé a quien se refiere el presidente de la Junta con las “autoridades del Parque Nacional” ya que la gestión de este espacio natural protegido, integrado junto al Parque Natural en el Espacio Natural Sierra Nevada, corresponde a la propia Junta de Andalucía, por lo que la máxima autoridad del Parque Nacional es el mismo Moreno Bonilla y su consejera de Medio Ambiente. Yerra también en el tiro el presidente de la Junta ya que la concesión de aguas corresponde al organismo de cuenca, en este caso la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, si bien previo informe, (preceptivo y vinculante), del Espacio Natural de Sierra Nevada, que debe ir incardinado en el procedimiento de evaluación ambiental que requieren estos proyectos con potenciales impactos en la biodiversidad y en el paisaje, especialmente si están en un espacio protegido.


Pero lo que más me interesa destacar es que el presidente justificaba la petición de ‘más agua’, (duplicar la concesión actual de 350.000 metros cúbicos nada más y nada menos), con el argumento de que “este agua se transforma en nieve y luego se derrite y no tiene ningún impacto”. Aparte del aparente desconocimiento normativo del presidente de la Junta y, mucho más grave, de sus múltiples asesores, hay que considerar que Moreno Bonilla debió aprender lo del ciclo hidrológico, estando de juerga, con la canción de “mi agüita amarilla” y Los Toreros Muertos, que no digo yo que no sirva de forma ilustrativa para entrar en materia en un ámbito infantil, pero que se queda un poco corto para el asunto en cuestión y para fundamentar la ampliación de una concesión de aprovechamiento hidráulico en un espacio natural protegido tan singular como es Sierra Nevada.


La afirmación y cito textualmente, de que “no se pierde ni una gota de la sierra ya que vuelve más tarde al circuito”, expresada por el presidente de la Junta, no se sostiene y ha sido refutada de manera repetida por gestores y científicos especializados. En primer lugar, porque ha quedado demostrado que parte de la nieve se “sublima”, es decir, no se funde, sino que se evapora y se pierde en la atmósfera, o sea, que pasa del estado sólido al estado gaseoso. Para más inri, en la estación de esquí de Sierra Nevada, la más meridional y la de mayor altitud de Europa, esta sublimación es superior a otras latitudes y altitudes y se ha calculado que se sitúa entre el 25 y el 30%.


Siento chafarle el argumento a Moreno Bonilla, al que los gestores de la estación de esquí que han contratado a investigadores que se dedican a cuantificar estas pérdidas debieran haberle advertido, pero es que además, en ocasiones, el retorno llega a lugares distintos de los que se capta el agua produciéndose un ‘trasvase’ entre valles, en nuestro caso del de Dílar al de Monachil, con las consecuencias derivadas para otros usuarios de esta circunstancia.


Además debe tener en cuenta el presidente de la Junta, que asistió en el pasado mes de noviembre en Bakú (Azerbaiyán) a la Conferencia de la ONU sobre el clima, que Andalucía está entre los lugares más vulnerables al cambio climático, que ya ha experimentado una reducción de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas. Como ha certificado el último informe del Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada ello conlleva temporadas de esquí más cortas e irregulares ya que la cobertura de nieve está experimentando una marcada reducción que se corresponde con los cambios globales.


Hay que valorar el esfuerzo de Cetursa, de los actuales gestores y de los anteriores, para adoptar medidas de lo que conocemos como gestión adaptativa, optimizando el uso del agua y de la energía, en la producción de nieve y en otras operaciones de la estación de esquí, pero no es de recibo querer “forzar la máquina” aludiendo a la manoseada frase de creación de riqueza y empleo pues la sostenibilidad incluye también dimensiones sociales y ambientales que no se miden con el incremento del PIB. La sostenibilidad no puede fragmentarse, no se es más o menos sostenible, es como el embarazo, o se está o no se está embarazada, o se es o no es sostenible, no caben sostenibilidades parciales ni ‘mediopensionistas’. El desmesurado incremento que se pretende de la concesión de ‘más agua’, es la antesala de la tapada, por ahora, intención recurrente de ampliación de la estación de esquí, el objetivo final perseguido por un sector poderoso de la sociedad granadina que supone un ataque directo a la biodiversidad y al paisaje nevadense.


Como no somos ingenuos no vamos a creer que esta comparecencia y estas declaraciones han sido reflexiones a pie de pista, improvisadas, ante el deslumbramiento de la (escasa) nieve de esta temporada sino que el momento y el lugar ha sido elegido para lanzar mensajes directos a determinadas instancias para ir creando presión y dando instrucciones según proceda.


Quiero creer que será una casualidad que haya coincidido esta salida de tono de Moreno Bonilla, (muy cuestionada en algunos ámbitos por la falta de rigor y de conocimiento que contrasta con cómo han comprado el flojo argumentario la mayoría de los medios de comunicación), con la marcha del presidente del Consejo de Participación del Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada. No podemos relacionar ambos hechos pero hubiera colocado al admirado Manuel Titos, defensor a ultranza de la conservación de Sierra Nevada, otra vez más en una posición delicada, y ha soportado varias durante su mandato. Quizás la más sonada fue la de la propuesta de final de etapa de Vuelta Ciclista a España en el corazón del Parque Nacional, en contra de la normativa que regulan las actividades deportivas en este espacio natural protegido. En esta ocasión chocó con el director del Parque, que sorprendentemente estaba a favor de una actividad con un alto impacto ambiental y tuvo que aguantar una situación incómoda en la que la Consejería de Medio Ambiente y los encargados de la conservación de Sierra Nevada intentaron promover la modificación ad hoc del Plan Rector de Uso y Gestión para facilitar esta competición. Afortunadamente un Consejo Extraordinario de este órgano de colaboración de las diferentes administraciones y de participación ciudadana, rechazó mayoritariamente esta locura, haciéndose eco de la movilización social impulsada por científicos, montañeros y ecologistas.


A mí lo que más me duele es que el presidente de la Junta, no tuviera ese día ni una palabra para el resto de Sierra Nevada, mucho más que la estación de esquí, ni una referencia sobre los proyectos para el Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada, ni una frase para los 60 municipios de las diferentes comarcas que son también Sierra Nevada. 





sábado, 7 de diciembre de 2024

Hacia una pesca sostenible

En mi sección "La mar de biodiversidad" en el periódico Granada Hoy, del grupo Joly, en esta ocasión he conseguido mezclar Pesca y Sostenibilidad, esa palabra tan mal usada y abusada por 'alguienes'. He metido en el cóctel cambio climático y ODS que sé que fastidia a más de uno. Y ya para rematar un tributo a la ciencia que también jode a negacionistas, terraplanistas y creacionistas. 

Acceso a la versión en la web (extralarge como este finde): 

https://www.granadahoy.com/blogs/la-mar-de-biodiversidad/pesca-sostenible_0_2002927325.html

Y aquí cómo ha quedado la versión impresa este sábado. 


LA MAR DE BIODIVERSIDAD

Ignacio Henares Civantos



HACIA UNA PESCA SOSTENIBLE

El futuro del sector pesquero está ligado indisolublemente a la sostenibilidad y la resiliencia. La investigación y la transferencia del conocimiento científico es esencial para hacer compatible la conservación de la biodiversidad y el aprovechamiento de los recursos pequeros.




La importancia de las actividades pesqueras es consustancial con la evolución de nuestra especie. La pesca ha sido desde el Paleolítico una de las actividades alimentarias más significativas, pues se tiene registro de espinas, conchas y herramientas rudimentarias que denotan que, desde entonces, las poblaciones cercanas a las costas aprovechaban de manera constante los frutos del mar como método de sostén de sus propias comunidades y comerciaban con sus productos a veces a muchos kilómetros de distancia.

Durante mucho tiempo el mar ha sido considerado una fuente inagotable de recursos lo que ha conducido a su sobreexplotación y al deterioro de los ecosistemas marinos hasta colocarlos en una preocupante situación de vulnerabilidad. Diferentes estudios han puesto de relieve que más de dos tercios de las pesquerías del mundo están afectadas o con sobrepesca y más de un tercio están en declive, debido a factores como el calentamiento global, o la contaminación del litoral y de mares y océanos ocasionada por nuestro modo de producción y consumo que tiene una gran incidencia sobre los hábitats esenciales para las biocenosis marinas.

Por esta razón la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) estableció en 1998 la fecha del 21 de noviembre para la celebración del Día Mundial de la Pesca, una efemérides que se realiza en homenaje a las comunidades pesqueras de todo el mundo con el objetivo de reconocer la importancia de la actividad pesquera en la vida humana y fomentar su sostenibilidad. Esta fecha debe servir para visibilizar los impactos de la acción humana y para buscar alternativas que permitan seguir obteniendo beneficios de los mares y océanos de manera sostenible y sin hipotecar su uso y disfrute por las generaciones venideras.

Uno de los grandes desafíos a enfrentar en torno a esta fecha es el referido a las prácticas nocivas que atentan contra los océanos: sobrepesca, prácticas de pesca no reguladas y destructivas, así como la gestión inadecuada de los residuos, en especial los plásticos y todos los no biodegrabales.

En la celebración del Día Mundial de la Pesca las comunidades pesqueras de todo el mundo realizan diversas actividades, orientadas a destacar la importancia de mantener las pesquerías: talleres, programas culturales, reuniones, espectáculos de música y demostraciones. En determinados lugares se otorgan reconocimientos y estímulos económicos a hombres y mujeres, para premiar las buenas prácticas productivas en la pesca.

En nuestra costa el Día Mundial de la Pesca se celebró con una jornada de puertas abiertas en la lonja pesquera de Motril organizada por la Cofradía de Pescadores y el ayuntamiento, que culminó con la entrega de Premios Marengo a personas ligadas al sector pesquero y una degustación de tapas con pescado y marisco local.





Un futuro sostenible para la pesca

La pesca (y la acuicultura) sostenible es un pilar esencial para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (ODS), especialmente aquellos relacionados con la conservación de la vida submarina (ODS 14, vida submarina: conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible”). Asimismo, son importantes para lograr el ODS 2 de hambre cero, que busca acabar con la hambruna y la desnutrición y velar por que todas las personas, en especial los niños, tengan acceso a alimentos suficientes y nutritivos.

Estos avances no solo garantizan la biodiversidad y la viabilidad económica del sector, sino que también contribuyen a la seguridad alimentaria global y la resiliencia de las comunidades pesqueras.

La amenaza del cambio climático

El océano es el epicentro de afectación del cambio climático: absorbe más del 90 por ciento del calor generado por los gases de efecto invernadero y produce la mitad de todo el oxígeno que respiramos. Los efectos más importantes incluyen cambios en la temperatura del agua, su acidificación, afectaciones a corales y otros ecosistemas, así como cambios en la biodiversidad, que generan problemas de sobrepesca y conflictos por el acceso a los recursos marinos. Si bien algunas de estas problemáticas ya se atienden, en general, el manejo sostenible no es aún una práctica generalizada.

La ciencia está revelando la importancia de entender y afrontar los efectos adversos que el cambio climático tiene en los océanos y cómo este fenómeno está poniendo en riesgo tanto a la biodiversidad como a las comunidades. La transferencia del conocimiento científico al sector pesquero es decisiva para lograr sostenibilidad y resiliencia, las dos claves con los que tenemos que abordar los embates del cambio climático. Se lo debemos a los cientos de millones de personas, alrededor del mundo, que dependen de esta actividad como fuente de sustento y a los miles de millones de personas para los que la actividad pesquera es fundamental para mantener los procesos de alimentación mundial.

Solo con un esfuerzo conjunto de todo el sector, instituciones gubernamentales y científicas, podremos asegurar que los océanos sigan siendo un pilar clave para el futuro de la humanidad, manteniendo un equilibrio entre el aprovechamiento de los recursos marinos y la protección de los ecosistemas.

Desafíos que enfrenta la actividad pesquera

La pesca a pequeña escala (marina y continental) es una actividad que involucra entre 30 y 60 millones de personas a nivel mundial, estimando que el 50% son mujeres. La actividad pesquera constituye su principal fuente de sustento y además contribuye a la nutrición de las personas en todo el mundo. La población mundial consume más de 100 millones de toneladas de pescado anuales, que representa el 25% de la proteína alimentaria a nivel mundial.

La creciente contaminación de los océanos y las costas ocasionada por las actividades domésticas e industriales ha impactado en la desaparición de las poblaciones de peces, obligando a muchos pescadores a pescar en lugares lejanos de sus zonas tradicionales. Por otra parte, la ejecución de labores de sobrepesca, la pesca de arrastre de fondo y otros métodos de pesca ilegales ha generado la obligación de priorizar las prácticas pesqueras sostenibles, con el fin de asegurar el sustento de las comunidades que viven de la pesca, la nutrición de la población a nivel mundial y la salud de los océanos.

El sello azul (marino). Sostenible. Salvaje. Certificado.



El sello del pez azul sólo se concede a pescado o marisco de captura salvaje procedente de pesquerías que han sido certificadas e n base al estándar, un indicador científico de pesca sostenible.

Los impactos específicos de cada pesquería certificada por MSC sobre las poblaciones salvajes de peces, los ecosistemas, así como su futuro, han sido evaluados de manera independiente. A lo largo de toda la cadena de suministro, del océano al plato, el pescado y el marisco certificado por MSC se mantiene separado de otros productos no certificados. Es etiquetado de forma clara, de manera que su origen puede ser rastreado hasta una pesquería sostenible certificada.


LEY DE PESCA SOSTENIBLE E INVESTIGACIÓN PESQUERA


Nuestro país cuenta con una legislación muy avanzada en esta materia aprobada recientemente (marzo de 2023), que se adapta a los retos actuales de la pesca sostenible. En su tramitación, con una activa participación de los diferentes agentes del sector pesquero, hubo un gran consenso social y político que llevó a su aprobación sin ningún voto en contra en la Comisión de Agricultura, Pesca y Alimentación del Congreso de los Diputados, aunque posteriormente en el Pleno los grupos parlamentarios que representan a la derecha votaron en contra, lo que no impidió que una mayoría amplia (192 votos frente a 150) respaldara la Ley. Las enmiendas transaccionadas a su paso por el Senado llevó a que solamente tuviera un voto en contra (144 votos a favor y 115 abstenciones) en la Cámara Baja.

La nueva normativa tiene como eje transversal la sostenibilidad, en una triple perspectiva: conservación de los recursos pesqueros, actividad económica y empleo, y cohesión social de las zonas costeras. En la ley se integra toda la normativa pesquera dispersa y se propone fortalecer el vínculo entre la ciencia y la acción política en esta materia, regulando la investigación a través del CSIC y su Instituto Oceanográfico en un sentido amplio, desde la genética de las especies a las mejoras en los buques y en los métodos y artes de pesca, para que la sostenibilidad abarque la totalidad de la actividad pesquera.

La Ley de Pesca Sostenible e Investigación Pesquera surge en el contexto generado por el Pacto Verde Europeo, y persigue garantizar un equilibrio entre la necesaria conservación del medio marino y el desarrollo de una actividad pesquera que sea rentable, resulte atractiva para el desarrollo empresarial y el necesario relevo generacional, y consolide un sector moderno y competitivo.

La pesca se desarrolla en el mar y depende del buen estado de conservación ya que los recursos pesqueros son limitados, por lo que se necesitan estrategias para asegurar una gestión eficiente y sostenible, Por ello se introduce la facultad de adoptar medidas como la limitación del volumen de capturas o la regulación del esfuerzo pesquero, de los artes y aparejos utilizados, del peso o talla de las especies, o el establecimiento de vedas, medidas que deben estar apoyadas por una buena gobernanza y adoptadas con la mejor información científica disponible. Así mismo, se potencian las medidas de defensa y regeneración de los recursos pesqueros como la declaración de zonas de especial protección o la introducción de medidas preventivas de actividades susceptibles de perjudicar las especies marinas y sus hábitats.

La ley apuesta por una utilización más eficiente y flexible de las cuotas pesqueras. Además de clarificar los requisitos necesarios para poder desarrollar la actividad y poder por tanto recibir una asignación de posibilidades de pesca, se actualizan los criterios de reparto de las cuotas como mecanismo dirigido a racionalizar y ordenar la explotación de los recursos pesqueros y garantizar la máxima seguridad jurídica a los operadores.

La característica más importante de esta nueva Ley es que garantiza un verdadero enfoque ecosistémico que tiene en cuenta todas las interacciones que se producen en el medio marino. Elementos como el cambio climático, la contaminación por plásticos o las especies invasoras afectan al estado de los recursos y han de tenerse en cuenta en las campañas de investigación que deben tener como objeto una mejora constante de los sistemas de explotación más sostenibles.

Entre las novedades de la ley, introduce la regulación de la pesca de recreo y aborda, por primera vez, la gestión de los recursos genéticos pesqueros, que tienen una gran potencialidad en el ámbito de la seguridad alimentaria. Asimismo, se crea el Foro Asesor de Pesca, como órgano de consulta, elaboración y seguimiento.


Importancia de la actividad pesquera en España

La actividad pesquera tiene una larga tradición en España y desempeña un importante papel como fuente de alimentos de alta calidad y de primera necesidad y como dinamizadora de la economía en las zonas costeras. Este papel no se limita únicamente a la actividad de la flota costera y artesanal. La flota española opera en todos los mares del mundo y posee una industria transformadora puntera. De hecho, varios caladeros internacionales fueron descubiertos por la flota de bandera española y muchos de los acuerdos pesqueros que mantiene la Unión Europea (UE) con países terceros se deben a la presencia de barcos españoles en sus aguas antes del ingreso en ésta.

La flota española está formada por un total de 8.549 buques, que la sitúan en primer lugar de la UE en lo que se refiere a tonelaje, en segundo lugar en cuanto a potencia (por detrás de Francia) y en tercer lugar en número de buques (por detrás de Italia y Grecia).

El conjunto de la flota española capturó en el año 2023 unas 700.000 toneladas de pescado, lo que significa la quinta parte del total de la UE. El 95 % de la flota faena en el caladero nacional, en el que el segmento de las artes menores concentra el mayor número de barcos (6.895). Esta flota se caracteriza por su marcado carácter artesanal, que faena cerca de sus puertos base, aportando al mercado productos en fresco para consumo en los hogares y hostelería, que son subastados en lonjas.

En cuanto a la flota pesquera andaluza, con sus 1.413 barcos, representa el 16,5% del total de nuestro país. La mayoría, (1.342), faenan en caladero nacional, -748 en el Golfo de Cádiz y 594 en el Mediterráneo-. La mayor parte de estos barcos (834) corresponden a artes menores.



La investigación es un arma de futuro

Con motivo del Día Mundial de Pesca, la Agencia Estatal de Investigación (AEI), dependiente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, ha destacado su compromiso con el sector, anunciando la inversión de 18,9 millones de euros en 113 proyectos de investigación relativos a pesca y acuicultura durante los últimos seis años. Estas iniciativas buscan promover una pesca más responsable y garantizar la biodiversidad marina y de agua dulce frente al cambio climático y las presiones humanas. Estos estudios están sirviendo para caracterizar la biodiversidad en ecosistemas acuáticos (marinos y de agua dulce) y analizar su respuesta al cambio global, mejorando la identificación y el seguimiento de especies clave o amenazadas. Además, se apoyan investigaciones que identifican y cuantifican específicamente los efectos de la pesca en los ecosistemas marinos.

Una gestión adecuada de los recursos pesqueros es clave para preservar la biodiversidad de nuestros océanos y ríos, así como para asegurar la disponibilidad de estos recursos naturales para las generaciones futuras.

Herramientas genéticas para una gestión pesquera avanzada

Uno de los proyectos destacados por la AEI es GENiFISH, liderado por el Instituto de Investigaciones Marinas-CSIC de Vigo. Este estudio emplea técnicas genómicas avanzadas para mejorar la gestión de los recursos pesqueros. Según su coordinador, Francisco Saborido-Rey, investigador principal del grupo de Ecología y Recursos Marinos, el proyecto busca optimizar la toma de decisiones en un contexto de cambio climático que afecta las dinámicas de las poblaciones de peces.

El calentamiento global está desplazando especies y alterando sus ecosistemas. Sin embargo, algunas poblaciones no pueden adaptarse rápidamente, lo que incrementa su vulnerabilidad ante las presiones climáticas y pesqueras. GENiFISH desarrolla herramientas para evaluar estos cambios y proponer cuotas pesqueras sostenibles que reduzcan la incertidumbre y aseguren la viabilidad de las especies clave.

Modelización digital: un paso hacia la gestión integral

El proyecto ProOceans, desarrollado por el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona y el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), avanza en la creación de modelos integrales para representar digitalmente los ecosistemas marinos. Estas herramientas permiten evaluar los impactos acumulativos del cambio global, desde la pérdida de hábitats hasta la sobrepesca y la eutrofización.

Según sus líderes, Marta Coll y José María Bellido, ProOceans ha mejorado los modelos para proyectar escenarios de gestión con alternativas que incluyen medidas de protección y mitigación. Además, incorpora variables clave como la salinidad, el oxígeno y la extensión del hielo marino, complementando los análisis actuales centrados en temperatura y productividad primaria.