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martes, 31 de marzo de 2026

No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema

Sigo "sacando punta" desde mi columna, ya en precampaña. Yo también me apunto a "el que haga hacer que pueda" pero desde otra perspectiva a la que exhortaba Jose Mari el que quería engañarnos con lo de las armas nucleares en otra guerra ilegal como la que sufrimos actualmente. 

'No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema' | El Independiente de Granada


No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

Ya tenemos fecha para las elecciones autonómicas andaluzas, un poco más precipitadas de lo que se apuntaba, probablemente, entre otras razones, por el temor del presidente del gobierno andaluz a que a partir de ahora sólo le cabe ir empeorando.

La estrategia, ideada e impuesta por los gurús de Génova, de celebrar elecciones anticipadas en varias regiones para desgastar a Pedro Sánchez y sacudirse la dependencia de Vox, ha resultado en gran parte fallida. Tanto en Extremadura como en Aragón y Castilla-León, la extrema derecha ha mejorado sus posiciones con respecto a la derecha extrema y los barones del PP han errado en el objetivo principal perseguido.

En este panorama ha resurgido un argumento que ya benefició al PP andaluz en las pasadas elecciones cuando se comió todo el voto de centro, buena parte provenía de sectores conservadores, pero también arañó en un espacio sociológico andaluz que históricamente ha sido reacio a la derecha, por su comportamiento histórico en nuestra tierra, antes y después, de la conquista de la autonomía, y en parte también por los agravios comparativos y abandonos de los gobiernos de Aznar y Rajoy.

Hace cuatro años funcionó un ‘peligroso’ argumento al que ahora vuelven a recurrir: votar al Partido Popular es necesario para frenar a Vox. Una consigna que podría sonar razonable en la superficie, ‘un mal menor’, dicen algunos, pero que en realidad funciona como la mejor herramienta de consolidación de la extrema derecha en el gobierno andaluz y, por extensión, en España. Recordemos que el cordón sanitario se rompió aquí en Andalucía con el pacto, nunca bien explicado con Ciudadanos y Vox, con el que el PP quedó desvirgado, la ultraderecha blanqueada y empezó la cuenta atrás de la desaparición de los naranjitos.

Desde que irrumpieron los parlamentos autonómicos con un discurso abiertamente reaccionario, el Partido Popular ha pasado de fingir distancia ideológica a normalizar la colaboración con Santiago Abascal y los suyos. Hoy, incluso las diferencias programáticas son tan finas que cuesta distinguir dónde termina la derecha ¿moderada? y donde empieza la extrema derecha. Lo que antes se consideraba una línea roja, pactar con un partido que cuestiona derechos básicos, niega la violencia machista o el cambio climático, hoy es la base de las negociaciones de gobierno en media España.

Recientemente Alberto Núñez Feijóo ha dado luz verde a una estrategia de acuerdos con Vox “donde sea necesario” para alcanzar el poder, abandonando cualquier pretensión de aislamiento político. Lo que se presenta como un pragmatismo electoral ha terminado por diluir la frontera entre conservadurismo y extremismo. El propio líder, (por ahora) del PP sabe que su mayoría, tanto autonómica como nacional, depende en última instancia de quienes pretenden suplantar la Constitución por un programa de pureza moral y nacionalista.

El proceso se ha acelerado. Se han intensificado las negociaciones en las comunidades autónomas pendientes de formar gobierno y pretenden cerrar acuerdos antes de que la campaña andaluza entre en su fase decisiva. Vox, por pura táctica electoral, no quiere que se perciba su posición como de bloqueo. Su líder ya ha dejado claro que no volverá a conformarse con un papel de apoyo externo, exigiendo formar parte de los gobiernos autonómicos para “demostrar utilidad política”.

Paradójicamente esa aceleración de los pactos para el PP puede representar más que un síntoma de fuerza, una muestra de debilidad. Feijóo y Juanma Moreno necesitan a Vox tanto como Vox los necesita a ellos. A ambos les interesa más la foto de la “derecha unida, jamás será vencida” como trampolín hacia Sevilla y de tapón para otra alternativa. Ambos partidos forman parte de un ecosistema político en el que las diferencias se diluyen bajo una fórmula de poder compartido. Pero cuando el PP gobierna con Vox, la agenda política deja de ser la del centro reformista del que presumen para convertirse en el vehículo de las ideas ultraconservadoras que decían querer frenar.

Andalucía de nuevo se va a convertir en terreno de experimentos políticos a escala nacional como ocurrió en 2018. Desde entonces, Juanma Moreno ha ido cultivando meticulosamente una imagen de aparente moderación: pose serena, declaraciones conciliadoras, apelación constante al sentido común y ahora, (a falta de una buena gestión que echarse a la boca), con el discurso de la estabilidad y “que no haya líos”.

Hasta ahora la extrema derecha no ha necesitado ocupar consejerías para influir: su presencia en el debate público ha bastado para marcar la agenda. Si ahora el PP obtiene un resultado ajustado y necesita nuevamente su apoyo, ese margen de influencia se convertirá en poder ejecutivo real. Si el PP necesita su respaldo, la cesión será explícita: vicepresidencias, consejerías, control mediático y la legitimación institucional de un partido que niega los cimientos democráticos básicos del pacto constitucional. Un troyano en la Junta de Andalucía que la acabará destruyendo; quizás sea la justificación que necesita el PP para continuar su programa de desmantelamiento de los servicios públicos, mediante la re-centralización y la externalización.

Es en este marco político en el que se plantea el dilema de la tesis del voto útil que ya se repite en tertulias, columnas y campañas, abonadas a la consigna “el que pueda hacer que haga”. Ahora nos bombardearán con el mantra de “si la izquierda está débil y dividida y el miedo a la ultraderecha crece, lo prudente es votar al PP para evitar que Vox entre en el gobierno”. Pero esa lógica olvida que el PP ya ha asumido de facto gran parte de su programa. Cuando se derogan leyes de memoria democrática, se aprueban discursos sobre inmigración descontrolada o ideología de género, no hace falta que Vox gobierne: ya gobierna a través del PP.

El propio Juanma Moreno lo ha reconocido en más de una ocasión. En su intento de diferenciarse de Madrid, donde Ayuso hace gala de la confrontación ideológica, el presidente andaluz ha optado por una estrategia de asimilación silenciosa. No grita las tesis de Vox, las susurra, como hace a las vacas. Pero el resultado es el mismo: una normalización del discurso ultraconservador bajo el barniz de cortesía institucional.

El riesgo, por tanto, no es que Vox entre en el gobierno andaluz, sino que el propio PP se ha convertido en el vehículo eficiente de su ideario, legitimándolo con el voto de quienes creen estar votando estabilidad. Si algo demuestra la política española de los últimos años, es que la frontera entre el pragmatismo y la complacencia con el extremismo se cruza mucho antes de lo que parece.

Nuestra respuesta no puede ser la resignación. Ni sucumbir al falso voto útil para frenar a la ultraderecha, ni la abstención por pasividad, ni mucho menos la banalización del discurso ultra, resolverán el problema. La única vía para frenar la normalización de la extrema derecha es reconstruir una alternativa democrática de verdad: un proyecto progresista y plural que no compita en el terreno moral del miedo, sino en el de la justicia social, la igualdad y la defensa de los servicios públicos.

Necesitamos un liderazgo político potente, capaz, solvente, experimentado, capaz de sostener los principios de un nuevo y verdadero andalucismo, que confíe en el autogobierno y que deje de relamerse en los supuestos agravios comparativos. En Andalucía, donde conviven historia, orgullo y heridas, ceder el gobierno a quienes niegan la memoria y la diversidad sería volver atrás. Debemos liderar, otra vez, desde el sur, la reconfiguración del mapa de competencias y de financiación autonómica a partir del “ni más, ni menos” que otras regiones y nacionalidades.

La decisión, libre, soberana, responsable, de votar no es un ejercicio técnico sino una apuesta moral y ética. Cada papeleta dibuja una línea de futuro, y apostar por ese mal menor, puede ser ahora renunciar al mejor posible. Quien vote al PP pensando que así frena a Vox, en realidad lo fortalece. El verdadero freno a Vox no está en apoyar a su socio, sino en construir una mayoría progresista que no dependa de él.

Ahora que conozco a María Jesús Montero más de cerca, que la he visto trabajar, dirigir el PSOE-A, que estoy escuchando sus propuestas y sus apuestas de futuro defendiendo los servicios públicos con ‘ardor guerrero’, estoy mucho más convencido que es la persona que puede representar esa pulsión de cambio que está germinando en muchos sectores sociales que llevan años lamentándose de que vamos a peor pero no habían visto hasta ahora la posibilidad de darle la vuelta a las encuestas.

He leído en algún sitio que podemos explicar esta tesitura con el ejemplo de los Hermanos Calatrava. No vayamos otra vez a, huyendo del ‘feo/feo, caer en manos del otro hermano; si bien aparentemente era más serio, mejor presentado y cantaba algo mejor, no era guapo, sino un poco menos feo: Pero sobre todo, hay que tener en cuenta que los dos iban en el mismo paquete humorístico y formaban un dúo inseparable con un reparto de papeles y un apoyo mutuo.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Regularizar para humanizar: justicia social frente al bulo y la hipocresía.

 'Regularizar para humanizar: justicia social frente al bulo y la hipocresía' | El Independiente de Granada

Arranco la semana como un apóstol intruso, escribiendo una carta, de buena fe, a los cristianos de buena fe. No quiero que, cuando dentro de un tiempo nos avergoncemos de cómo hemos tratado a otras personas, me recriminen mis hijos o mis nietos que yo qué opinaba.

Perdonad la homilía. 


Regularizar para humanizar:

justicia social frente al bulo y la hipocresía



SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos



Carta abierta a los CRISTIANOS,

de buena fe, sobre la inmigración



El debate público sobre el Real Decreto sobre inmigración aprobado por el gobierno para iniciar el proceso de regularización de personas migrantes en situación administrativa irregular”, se está viendo contaminado por bulos, miedos interesados y discursos que deshumanizan. Frente a este ruido, conviene recuperar una mirada serena, informada y profundamente humana. Hay que recordar que esta propuesta política parte de una Iniciativa Legislativa Popular presentada en el Congreso de los Diputados y respaldada por cientos de miles de firmas y por una amplia red de organizaciones sociales, sindicales, eclesiales y académicas. Desde mi punto de vista y de mi manera de entender nuestra sociedad, es una propuesta jurídicamente viable, socialmente necesaria y moralmente inaplazable.

Defenderla, desde un humanismo cristiano, no es una concesión al ‘buenismo’, como algunos pretenden caricaturizar. Es, ante todo, una exigencia ética profundamente arraigada en la Doctrina Social de la Iglesia y coherente con la defensa de los principios básicos de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho consagrados en nuestra Carta Magna.

Vivimos momentos en los que algunos se empeñan en meter a la Iglesia en la esfera pública, y la propia jerarquía eclesiástica se mete en política, (incluso el presidente de la Conferencia Episcopal se ha atrevido a pedir elecciones generales anticipadas). Momentos en los que, ante la tragedia de un desgraciado accidente ferroviario, nos han impuesto un funeral religioso público, en directo, urbi et orbe. Y sin embargo en un asunto como el tema de la inmigración que requiere la implicación social directa y comprometida, se echa de menos la presencia activa y la falta de liderazgo desde una visión cristiana.

Yo me he criado en una sociedad de valores en los que la dignidad de la persona es el principio irrenunciable que debe orientar cualquier política pública. Por ello me repatea que se hable de ‘ilegales’, cuando nos referimos a hombres y mujeres que trabajan honradamente, que cuidan de nuestros familiares, que sostienen sectores de nuestra economía y que forman parte de nuestras comunidades.

Acudiendo a las Sagradas Escrituras (Éxodo) encontramos una interpelación directa: “no oprimirás al extranjero; vosotros conocéis la suerte del extranjero, porque extranjeros fuisteis”. Obvia decir que como españoles deberíamos ser sensibles a los inmigrantes, nosotros que hemos sido emigrantes como bien debería saber el gallego Núñez Feijóo. Y es más, el propio Jesucristo fue claro al respecto como podemos leer en el evangelio (Mateo), “fui forastero y me acogisteis”. La hospitalidad, la justicia y la defensa del vulnerable no son añadidos opcionales del humanismo cristiano, forman parte de su núcleo esencial, no como un llamamiento piadoso, sino como un criterio de juicio ético y social. Como emigrante durante cinco años en mi juventud, quizás yo haya desarrollado una empatía espacial, al haber estado “metido en esos zapatos”.

Quiero creer que muchas personas de pensamiento cristiano estén siendo víctimas de las campañas de desinformación que, con el objetivo de derrocar al gobierno progresista, buscan el odio y la confrontación y persiguen infundir miedos. Esa debe ser la finalidad del argumento que algunos tontos del bulo propagan cuando señalan repetidamente que la regularización genera un ‘efecto llamada’. La experiencia, por el contrario demuestra que las personas migran históricamente empujadas por causas estructurales (conflictos, pobreza, cambio climático, desigualdades globales), no por procesos administrativos complejos y limitados en el tiempo. No se trata de proponer fronteras abiertas ni una regularización automática per secula seculorum, sino una medida excepcional para una realidad ya existente y enquistada. Negar derechos no frena la migración, solo la hace más vulnerable.

Otro argumento recurrente, más falaz aún, sostiene que las personas migrantes “quitan trabajo” o “viven de ayudas”. La realidad es que miles de personas en situación irregular ya están trabajando, muchas veces en condiciones precarias, sin contratos ni derechos, especialmente en sectores como la agricultura, la hostelería, los cuidados sociales o la construcción. Regularizar no quita empleo, ordena el mercado laboral, combate la economía sumergida y protege tanto a trabajadores migrantes como autóctonos frente al abuso. Además, con la regularización aumentan las cotizaciones y los ingresos públicos, fortaleciendo el Estado del Bienestar.

También se difunde el miedo con una supuesta amenaza a la seguridad o a la convivencia. Este discurso no solo carece de base empírica, sino que resulta profundamente injusto. Y no solamente porque la regularización tiene como requisito imprescindible no tener antecedentes penales ni suponer amenaza para el orden público. La exclusión administrativa es la que genera marginalidad, la inclusión genera cohesión. ‘Dar papeles’ es dar derechos, pero también deberes, visibilidad y responsabilidad compartida. Una sociedad más justa es, siempre, una sociedad más segura.

En el proceso iniciado se trata de regularizar a quienes ya están aquí, ya viven entre nosotros y ya contribuyen. Es una medida de realismo social que se incardina en un Plan de Integración y Convivencia y debe tener continuidad con una estrategia de migración regular, segura y ordenada. Mirar hacia otro lado perpetúa una hipocresía colectiva: nos beneficiamos del trabajo de estas personas mientras les negamos el reconocimiento legal y la plena dignidad cívica.

Esta regularización no es la primera ni será la última, ni aquí ni en el resto de la Unión Europea. La propia Meloni por ejemplo, (de la que presumen amistad y a la que admiran tanto la derecha extrema como la extrema derecha española), aunque mantiene la retórica anti-inmigrantes con la que llegó al gobierno italiano, autorizó entre 2023 y 2025 más de 400.000 contratos a extranjeros. Con la última regularización del verano pasado se prevén en ese país hasta 500.000 nuevos visados de trabajo para migrantes extraeuropeos en los próximos tres años.

La regularización de inmigrantes fue apoyada explícitamente por el PP votando a favor de la toma en consideración de la Iniciativa Legislativa Popular. Entonces su presidente afirmaba hay un debate que debemos de dar y debemos de zanjar con los inmigrantes que viven en España y que trabajan en España pero que no obtienen o no han obtenido de momento papeles. Y esos pueden estar tranquilos” y el portavoz, por entonces del PP, Borja Sémper, reconoció que había cientos de miles de personas trabajando en la economía sumergida, sin cotizar y sin derechos defendiendo que “a estos seres humanos hay que darles una salida”.

Bajo los gobiernos de José María Aznar, con Mariano Rajoy de ministro del Interior para más inri, se produjeron tres regularizaciones: en 1996, en 2000 y en 2001, que alcanzaron a unas 500.000 personas. Y antes, a principios de los 90 el PP apoyó las medidas al respecto tomadas por el gobierno del expresidente (y exsocialista), Felipe González, defendiéndolas siempre con argumentos humanistas y económicos.

Mucha gente se preguntará ¿qué ha cambiado para que un asunto que se supone cuenta con un amplio consenso social se convierta ahora en nuevo caballo de batalla? Pues, si la realidad migratoria ni la evidencia no son diferentes, lo único que se ha trastocado es la estrategia política del PP que se pasó hace tiempo de integrar a la extrema derecha y democratizarla a sucumbir a sus postulados y a arrastrarse a su discurso y a su programa antidemocrático.

Lo de Vox es previsible, el racismo es uno de los puntos principales de su programa político como muestra que en su propaganda aparezcan memes de Pedro Sánchez entregando pasaportes a jóvenes de aspecto magrebí. Curiosamente serán inmigrantes latinoamericanos los que más se beneficien de este proceso, esos que prefería la Ayuso y que decía “que estaban como en casa”.

El líder de Vox, Santiago Abascal también ha vuelto a hacer el ridículo queriendo implicar a la Unión Europea afirmando que estas medidas perjudican “el correcto funcionamiento del espacio Schengen”, confundiendo y/o ignorando que conseguir un permiso de trabajo en España no se extiende a otros países.

Núñez Feijóo, y sus portacoces del PP, han comprado también otro bulo de la ultraderecha al acusar a Pedro Sánchez de intentar ganar votos entre los extranjeros. Todavía escucho y leo a algunos hooligans agarrados a esta burda mentira, ocultando que un permiso de trabajo no significa obtener la nacionalidad que es la que da derecho al voto en unas elecciones generales o autonómicas. Y que la residencia legal permite el voto solamente en las elecciones municipales, en determinadas condiciones y con tres años de vigencia, por lo que no llegaría a tiempo para las próximas. Se vuelve a repetir aquello de “que la verdad no te estropee el titular”.

Cuando escucho estos prejuicios no puedo dejar de pensar en el refrán de “piensa el ladrón que todos son de su condición” e imaginar qué son capaces de hacer (el que pueda hacer que haga) por conseguir el poder o desde el poder. Un refrán, por cierto, que algunos asocian a paisajes bíblicos como el comportamiento de Judas Iscariote al juzgar las acciones de otros sobre el uso del dinero.

Ahora bien, debo confesar que me decepciona e indigna cuando oigo a quienes defienden la regularización solo desde argumentos económicos: porque “faltan trabajadores”, porque “mejoran las cotizaciones” o porque “conviene al PIB”. Sin negar que estos efectos existan, reducir la dignidad humana a su utilidad económica es profundamente preocupante.

Y aquí es donde me gustaría encontrar a cientos, miles, millones de personas que pregonan la doctrina de Jesús de Nazaret. Me gustaría que en todas las misas, en todas las iglesias españolas, se extendiera la Doctrina Social de la Iglesia que señala que “el trabajo está al servicio de la persona, y no la persona al servicio del trabajo”. Me gustaría que en las homilías se predicara que la regularización es justa, no porque sea rentable, sino porque reconoce derechos a personas humanas, a hijos de Dios. Defenderla solo porque “nos conviene” es aceptar, implícitamente, que si un día dejara de ser rentable, dejaría de ser justa. Y eso es inaceptable desde un pensamiento humanista cristiano. Cuando el orden administrativo se antepone sistemáticamente a la dignidad humana, algo se ha torcido profundamente en nuestra escala de valores.

¡Tan lejos han quedado ya los buenos sentimientos navideños cuando se celebraba el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios bajado del cielo para impartir la buena nueva de amar al prójimo!

¡A ver si pasan pronto las carnestolendas, en las que muchos parecen estar instalados permanentemente, y llega la Semana de Pasión en la que vivimos con fervor la muerte y resurrección de nuestro Salvador y se renuevan las devociones marianas a la madre de Jesús y nos ayudan a recuperar el espíritu y el modo de vida ejemplar de los cristianos! Amén. Y ojalá. 

lunes, 8 de septiembre de 2025

Interés 'popular' versus interés general

Sacando punta en mi columna esta semana al tema de la quita de la deuda de las CCAA 

 Interés 'popular' versus interés general | El Independiente de Granada


Interés ‘popularversus interés general

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

De nuevo Moreno Bonilla en lugar de elegir defender los intereses de Andalucía se pone a la cabeza de la estrategia marcada por la dirección del Partido Popular.


    Moreno Bonilla con los presidentes de Galicia y Castilla-La Mancha y la presidenta de Cantabria. Junta de Andalucía


Transcribo una conversación mantenida, más o menos, con un amigo mío, votante confeso del Partido Popular en Andalucía en las últimas elecciones autonómicas. Mi amigo es de ese grupo, del que quizás usted pueda conocer alguna persona, que dicen que han votado anteriormente a otras fuerzas políticas, (hubo unos años que presumía ser de Ciudadanos pero ahora procura ocultarlo).

Alguna vez he oído decir a mi amigo que antes votaba al PSOE, aunque en todos lo años que lo conozco, que son muchos, nunca, por sus opiniones e ideas, me lo ha parecido ni recuerdo una declaración pública al respecto. Aunque nunca se lo he recriminado, argumenta, (casi a la defensiva), que Moreno Bonilla es un líder centrado y moderado que “lo está haciendo bien”, aunque cuando nos ponemos a desgranar en qué cree que está mejorando la vida de los andaluces, ¿en sanidad, en educación, en equilibrio territorial…?, no encuentra respuestas satisfactorias ni para él mismo y se refugia en el carácter personal y en el talante de Juanma.

Aunque cada vez es más difícil, aún es posible dialogar con personas con diferentes opiniones, con respeto, sin insultos y sin descalificaciones y a mí me encantan estos encuentros dialécticos.

Yo: ¿Qué te ha parecido el plante de Feijóo al rey de la semana pasada?, -empiezo provocando sobre la injustificada e injustificable ausencia del líder del Partido Popular al acto institucional de apertura del Año Judicial-.

Mi amigo: Ya sabes que a mí Feijóo no acaba de convencerme y me parece un nuevo error suyo como el de las pensiones o la reforma laboral.

Yo: Pues fíjate, a mí me parece que es un magnífico líder de la oposición, -comento con sorna-. Por mí debería continuar en ella como premio a lo bien que lo está haciendo… (je, je).

Mi amigo: Pero el tema principal de la semana pasada y, lo será durante mucho tiempo, es el asunto de la quita de la deuda, -me dice cambiando de tercio-. No acabo de entender por qué el presidente andaluz no ha aprovechado para desmarcarse de Ayuso y de Mazón. Habría salido reforzado aquí en Andalucía -se lamenta, no sé si más por el perjuicio para los andaluces o por el desgaste que pueda tener en este asunto Moreno Bonilla-.

Yo: Ni tú ni nadie... sobre todo cuando hace poco más de un año, nuestro presidente andaluz, hacía la petición al gobierno de Pedro Sánchez de una quita de la deuda, por cierto, inferior a la que ahora rechaza.

Mi amigo: Pero parece ahora que la quita no sirve para invertir en servicios públicos, como dice el gobierno y que Andalucía no la necesita aunque yo ya me pierdo en esos debates leguleyos.

Yo: Deshacerse de los enormes intereses que pagan las comunidades autónomas cada año, es un alivio presupuestario que puede dedicarse a diferentes objetivos pero que viene principalmente de aquellos gastos que en época de crisis se han debido hacer para asumir las competencias propias y en parte de la infrafinanciación a causa del modelo actual.

Mi amigo: Lo que no me gusta y resulta inapropiado es que esta medida se haga ahora por imposición de los independentistas catalanes…

Yo: ...Y republicanos -remacho subrayando la animadversión que en otras ocasiones ha señalado hacia los de Rufián y Junqueras-. No caigas como el tonto que se queda mirando al dedo cuando alguien señala la Luna. Las medidas se analizan por si son buenas y convenientes, no por quién las ha planteado. Y ya está bien de demonizar los acuerdos políticos necesarios para hacer frente a la fragmentada composición parlamentaria, fruto de lo que han decidido los ciudadanos en las urnas, que también ocurre en otros países de nuestro entorno. Pero en ninguno he oído que los consideren cesiones, humillaciones ni mucho menos genuflexiones vergonzosas.

Aquí la imposición mayor es la que ha hecho Feijóo a sus barones, prohibiéndoles expresamente que se acojan a la quita de la deuda aprobada por el Consejo de Ministros y cerrando la puerta a aquellos presidentes autonómicos que habían declarado que se acogerían a la condonación de la deuda según fuera la cuantía.

Mi amigo: Pero sería una irresponsabilidad política sin precedentes beneficiar a aquellos que peor han gestionado y mancomunar la deuda que han provocado los independentistas catalanes.

Yo: Si ese es el cuento del portacoz del PP ‘Corín Tellado’. Pero las comunidades más beneficiadas serán precisamente comunidades con presidentes del PP. Siete de cada 10 euros de los 83.252 millones de deuda que el Estado se ha ofrecido a asumir, corresponden a deuda de comunidades gobernadas por el PP desde hace muchos años. Ello les permitiría además de la rebaja de la deuda, un ahorro de entre 6.600 y 6.700 millones de euros, que son cifras que marean, que no tendrán que destinarse al pago de intereses y podrían ir a otras partidas presupuestarias autonómicas como las de sanidad, educación o dependencia, que tanta falta hacen.

Mi amigo: Pero, en todo caso, debes reconocer que esta medida es insuficiente y que Andalucía debe reclamar el cambio de modelo de financiación autonómica porque como tú mismo has dicho hay comunidades como la andaluza en la que está reconocido que estamos infrafinanciados.

Yo: Por supuesto, lo reconozco. Un modelo de financiación que, no sé si sabes, caducó en 2013 y que MpuntoRajoy, -siempre lo cito así para provocarlo jocosamente-, con mayoría absoluta, no quiso o no pudo cambiar, (ni siquiera sabemos si Don Tancredo lo intentó) -sigo abundando en la herida-, por lo que debe ser un asunto complejo, difícil de negociar, ¿no te parece?

Hay comunidades gobernadas por el PP que mantienen posiciones muy dispares sobre el nuevo modelo a aplicar que están dificultando un acuerdo. Tienen instrucciones claras por parte de Génova, además, de “no regalar” una solución a ‘Perro Sanxe’. Como en este tema de la quita de la deuda, que no te engañen, es un interés popular, del Partido Popular, no un interés general el que defienden, (caigo ahora en la cuenta que este puede ser un buen titular que sustituya al “quita y pon” que había ideado).

Mi amigo: No me pinches con ‘Perro Sanxe’, tú sabes que yo estoy en contra de esas formas y me parece una falta de respeto al presidente del gobierno de un país por muy diferentes que sean las ideas y por muy en contra que se pueda estar de las medidas de su gobierno. A mí no me verás nunca en esas posiciones.

Yo: Por supuesto por eso podemos dialogar, debatir e incluso no estar de acuerdo en algunos temas. Te lo decía porque el argumento principal que he oído sobre la negativa a la quita de la deuda es que no se debe ‘salvar a Pedro Sánchez’ confundiendo el objetivo político de la medida, destinada en todo caso a ‘salvar a la gente’, con un objetivo particular de Fakejóo -sigo metiendo el dedo en el ojo- y partidario del Partido Popular. Y no es la primera, ni la segunda, vez que ocurre… lo que abona la mezquina estrategia (confesada en privado) del “cuánto peor, (España), mejor (para el PP)”.

Mi amigo: Sigo pensando que es un parche que no resuelve el problema de la financiación autonómica en el que Andalucía es una de las principales perjudicadas como tú mismo has reconocido en ocasiones.

Yo: Tanto como parche… me parece exagerado, todo suma para aliviar el déficit de financiación de las comunidades autónomas. Pero ten en cuenta que desde el gobierno central en estos últimos años, para amortiguar esa situación, se han realizado otras medidas como las entregas a cuenta que suponen una inyección de liquidez importante, el mayor volumen de recursos transferidos (300.000 millones de euros más de recursos en comparación con los siete años anteriores, siendo Andalucía una de las principales beneficiadas), o las transferencias directas para crisis como las realizadas para hacer frente a las consecuencias de la COVID-19.

Me despido de mi amigo, como siempre con un chascarrillo para rebajar la posible tensión de nuestros debates, ya andando en dirección contraria y para no dejarle lugar a réplica: “fíjate si será adecuada la iniciativa que hasta García Page la ha defendido, a pesar de que desde el PP se le ha invitado a la revuelta de los presidentes autonómicos y a aprovechar la ocasión para desbancar a Pedro Sánchez (no sé si él recordará pero yo no he olvidado, que nuestra última conversación, antes de las vacaciones de verano, acabó con una puya que me lanzó aludiendo a declaraciones del presidente socialista de Castilla-La Mancha sobre la corrupción).


martes, 12 de diciembre de 2023

Bloqueo de la renovación del CGPJ: más excusas y más mentiras

Vuelvo al tema de la renovación del órgano de gobierno de los jueces que ya traté hace un año en '4 años y 20 excusas después…' | El Independiente de Granada

'Bloqueo de la renovación del CGPJ: más excusas y más mentiras' | El Independiente de Granada

Sede del Consejo General del Poder Judicial.
A.O./EUROPA PRESS ARCHIVO
Sede del Consejo General del Poder Judicial.



BLOQUEO DE LA RENOVACIÓN DEL CGPJ:

MÁS EXCUSAS Y MÁS MENTIRAS

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


Hoy quiero felicitar efusivamente al Partido Popular por conseguir que se hayan superado los cinco años sin la renovación del Consejo General del Poder Judicial. 1832 días sin que se cumpla el mandato del artículo 122 de la Constitución Española, y el del 567 de la Ley Orgánica del Poder Judicial, y no solo no se sonrojan sino que además, se pasean ufanos por los platós escurriendo el bulto e inventando excusas queriendo aparecer como los garantes de la independencia de los jueces.


Hay que tener en cuenta que este ‘éxito’ no podrían lograrlo si no contaran con la connivencia del potente aparato mediático a su servicio, (aunque en ocasiones es al revés, es el PP el que está al servicio de los dueños de los grupos de comunicación, simultáneamente propietarios de grandes corporaciones y entidades financieras).


Hay que recordar, o contar para los muchos que no lo saben, (lo he podido comprobar en varias conversaciones mantenidas al respecto de este quinto cumpleaños), que el bloqueo de la renovación de los miembros del CGPJ se produjo tras la ruptura del acuerdo alcanzado en noviembre de 2018 entre el PSOE y el PP, truncado cuando se filtró a un periódico una serie de mensajes de wasap de Ignacio Cosidó, por entonces senador del PP pero antes un alto cargo del Ministerio del Interior con Rajoy, pringado en ‘la Kitchen’. En ellos les explicaba a sus compañeros de bancada que debían apoyar el pacto para la renovación del CGPJ ya que, afirmaba el ‘inclito’: “entre otras ventajas para el PP, con el acuerdo controlaremos por la puerta de atrás la sala 2ª del Tribunal Supremo”, curiosamente esta instancia judicial es la que investiga y juzga los delitos de corrupción de los partidos políticos. Ante la publicidad de los patriotas argumentos en defensa del poder judicial, (entiéndaseme la ironía), el juez Marchena, que era el consensuado como nuevo presidente del Tribunal Supremo y del CGPJ, renunció a participar en el Acuerdo con lo que se dio por roto el Pacto.


Y desde entonces el Partido Popular, que tanto se vanagloria de partido constitucionalista, ha venido buscando excusa tras excusa para seguir bloqueando la renovación del órgano de gobierno de los jueces, sin importarle los graves perjuicios que supone para el crédito y el funcionamiento del sistema judicial incluidos los 85 nombramientos pendientes en el Supremo, Audiencia Nacional, Tribunales Superiores de Justicia y Audiencias Provinciales.


20 EXCUSAS DEL PP PARA NO RENOVAR EL CONSEJO GENERAL DEL PODER JUDICIAL


1. “No hay pacto posible con quienes piden la abdicación del Rey, la independencia de Cataluña y el blanqueamiento de los batasunos” (21/8/20)

2. “Podemos ataca al rey” (1/9/20)

3. “Podemos debe quedar fuera de la negociación” (19/10/20)

4. “Para después de las Elecciones Catalanas, si Unidas Podemos se queda fuera y si no hay indultos” (9/12/20)

5. “Prefieren que todo se quede como está a que entre Podemos a una institución que desprecia” (12/12/20)

6. “El PP veta a dos jueces progresistas en la negociación de la renovación del CGPJ” (4/2/21)

7. “Porque hay Elecciones en Madrid” (5/3/21)

8. “Porque los jueces deben elegir a los jueces” (21/4/21)

9. “Si no hay cambio en el sistema de elección del CGPJ, no hay pacto” (5/5/21)

10. “No por los indultos” (24/7/21)

11. “Sánchez no es de fiar” (7/9/21)

12. “Sánchez no es un presidente normal” (21/9/21)

13. “No porque hay que despolitizar la justicia” (27/9/21)

14. “Modelo que nos equipare a la Unión Europea” (4/10/21)

15. “Después de las Elecciones Andaluzas” (13/5/22)

16. “Con una vinculación a más pactos” (15/6/22)

17. “Retirada de la ley que reforma los nombramientos del Tribunal Constitucional” (12/7/22)

18. “Ya hay un acuerdo con ERC” (27/9/22)

19. “Si se negocia a la vez el sistema de elección” (28/10/22)

20. “No, por la reforma del delito de sedición” (9/9/23)


El PP acudió a Europa queriendo buscar complicidad en el comisario de Justicia al que quieren usar contra el gobierno español como si fuera el primo de Zumosol, ahora también con la Ley de Amnistía. Pero incluso el liberal Didier Reynders, lo que ha afirmado, de manera repetida, es su preocupación con este bloqueo y que lo primero y urgente es renovar el Consejo General del Poder Judicial, de acuerdo con la ley vigente, y después plantear su posible reforma mediante una negociación entre los partidos políticos, avalando así la posición del gobierno español.


La oposición del Partido Popular para justificar el bloqueo de la renovación de los miembros del CGPJ está fundamentada en argumentos de palmaria falsedad que empiezan cuando afirman que la responsabilidad es del gobierno; pero los que han impedido el acuerdo, primero Casado y luego Feijóo, han sido los dirigentes del PP que, además del inicial frustrado como he relatado por culpa de la filtración señalada, en varias ocasiones más han dado marcha atrás a las negociaciones, la más señalada cuando, hace poco más de un año, le tembló el pulso al ‘moderado’ Feijóo tras el aviso/amenaza, en público, recibido desde la portada de un medio de comunicación y, en privado, desde el ala más radical de su partido. El presidente del PP y líder de la oposición se la envainó entonces y se parapetó en nuevas excusas y en nuevas mentiras.


Es curioso que el PP se haya enrocado en la posición de que sólo aceptará un modelo de elección directa de los vocales por parte de los jueces y que ese argumento haya calado en una parte de la población como bienintencionado. Pero esa fórmula es contraria a la ley y el Congreso ya ha rechazado esta modificación en varias ocasiones con lo que su propuesta supondría una imposición desde una minoría parlamentaria, una especie de extorsión al gobierno. En su defensa el PP argumenta que Europa pide a España que los jueces elijan a los jueces pero también en esto mienten porque el sistema actual da un extraordinario peso a los jueces que proponen 50 nombres, de los que las Cortes eligen a 12 y en todo caso el PP siempre ha aplicado el modelo vigente cuando ha gobernado y lo ha defendido públicamente y nunca tramitó su reforma hasta que perdió el control del Congreso en 2016 y ya en 2018 cuando Pedro Sánchez llegó al gobierno. Una prueba más de la hipocresía de la derecha extrema y de que la ley que más les gusta no es la Constitución sino la “ley del embudo”, lo ancho para mí, lo estrecho para ti.


Más gracioso es el argumento de que el objetivo del presidente del Gobierno es “controlar a los miembros del Consejo” y lo dicen sin rubor y con desparpajo. Yo admiro esta capacidad, esta facultad que tienen los del PP que deben ser instruidos por la fundación FAES en este aspecto, dado que el líder JoseMari Aznar, (el del Trío de las Azores y las bombas de destrucción masiva, el de que los terroristas que idearon el 11M no estaban en desiertos remotos ni en montañas lejanas), es un campeón en cuestión de mentiras. El nuevo portavoz en el Congreso ha vuelto a repetir la semana pasada este argumento reconociendo ímplicitamente que ahora tiene el control el PP y lo que tienen miedo es a perderlo. Pero es que además el argumento es falso porque siempre se ha respetado la proporcionalidad y con la actual composición de las Cámaras ningún partido tendría el ‘supuesto control’. Y digo supuesto porque una vez nombrados los vocales no dependen de quién los propuso ni de quién los nombró que para eso está el carácter de no removilidad y de permanencia durante todo el mandato de sus miembros. Y esto no es una opinión personal sino que el hecho de que la independencia de un organismo no depende tanto del modelo de elección como del blindaje que tenga frente a las presiones, lo dijo con claridad el Tribunal Constitucional cuando falló a favor del actual modelo resaltando que hay una prohibición del mandato imperativo y un plazo determinado, (5 años, no 10 señores caducados que siguen cobrando un sobresueldo suculento), que precisamente no coincide con el de las Cámaras por estos motivos.


Esta conversión del PP, cuando no tiene mayoría, a favor de un sistema del que ‘se ha aprovechado’ y quería aprovecharse, como ellos mismos confesaron, para blanquear sus numerosos casos de corrupción, no se sostiene por ningún lado, no es creíble. Si el actual modelo, según su teoría, compromete la independencia de los jueces significa que los jueces que llevan cinco años caducados están comprometidos, con el PP, y su renovación es más urgente y necesaria que nunca. En este caso lo que está comprometida en la separación de poderes es la soberanía popular representada en las Cortes Generales por la injerencia de un sector de los jueces utilizados como marionetas por el Partido Popular.


Porque, a pesar de las arengas y soflamas de los voceros del PP, afinados y sincronizados como una sinfónica enlatada, la independencia del Poder Judicial no tiene nada que ver con el nombramiento de los miembros del CGPJ, (tampoco son palabras mías sino del Tribunal Constitucional que ya en 1986 sentenció que “ni la autonomía ni la facultad de autogobierno de jueces y magistrados está reconocida en la Constitución, ni se derivan lógicamente de su existencia, composición y funciones”); lo que nuestra Carta Magna consagra es la la independencia de los jueces a la hora de impartir justicia no que derive de un supuesto autogobierno de los jueces que los sitúe en una esfera por encima del bien y del mal. Una cosa es un gobierno de los jueces que con autonomía desempeñe determinadas funciones atribuidas por el propio constituyente, y otra cosa es un gobierno independiente.


Pero a excusas y a mentiras no le gana nadie al Partido Popular. En esto sí que son los vencedores y no tienen rival, sobre todo con la cantidad de plumillas, tertulianos y portacoces, todólogos todos, en nómina a su disposición. ¿Seguirán abonados en el PP a las excusas, nuevas o viejas, y a las mentiras y argumentos falsos? ¿Alguien apuesta porque Feijóo y Sánchez lleguen a un acuerdo al respecto en la próxima cita? Sólo se producirá si los dos entienden que España gana mucho y que ellos pueden ganar mucho aunque no lo ganen todo. Si los dejan…




lunes, 31 de octubre de 2022

'4 años y 20 excusas después…' | El Independiente de Granada

He 'sacado punta' yo también a la enésima excusa del PP para continuar su bloqueo a la renovación del Consejo General del poder Judicial. A resultas de cómo se están volcando en contrarrestar este incumplimiento del PP de la Constitución y de cómo ha quedado 'clavado' Feijóo, hay que deducir que ha hecho mella mi artículo en las élites conservadoras ;) 



'4 años y 20 excusas después…' | El Independiente de Granada