sábado, 16 de mayo de 2026

Pequeñas ninfas de mar

Esta semana mi propuesta en La mar de biodiversidad une zoología y mitología; desafiando de nuevo la barrera entre ciencias y letras, sacamos partido a la etimología de las gorgonias de la mitología griega, Medusa, Euríale y Esteno, capaces de petrificar con su mirada, y buceamos en la historia de las Nereidas, una de las cuales Eurice, da nombre a un género de estos corales blandos.

De nuevo tengo como coautor a Javier Morillo, el joven biólogo de Iberozoa con el que publicamos el artículo de los tiburones, aprovechando que su TFG ha sido sobre las poblaciones de gorgonias en el litoral granadino. 

Así quedó la versión en la web del periódico Granada Hoy  Pequeñas ninfas de mar

Y así ha quedado, la versión en papel este sábado


Y así era la versión original tal y como la mandé a redacción.

Pequeñas ninfas de mar

La mar de biodiversidad

Ignacio Henares y Javier Morillo


    Las gorgonias son corales ‘blandos’ que se enfrentan a diversas amenazas y problemas de conservación. Son especies bioingenieras clave en fondos marinos.


Enlace al video Población de gorgonia amarilla. Web Litoral de Granada

https://litoraldegranada.ugr.es/wp-content/uploads/2018/08/pc5555.mp4?_=1)


El litoral granadino alberga una gran diversidad de gorgonias, con especies que colonizan los arrecifes rocosos y otras especializadas en habitar sus llanuras de arena. Estos corales son particularmente frecuentes entre los 10 y los 100 m de profundidad, aunque su rango de distribución, en términos de profundidad, puede llegar a ser muy amplio. Sus características como especies bioingenieras las convierten en una pieza clave de los ecosistemas bentónicos mediterráneos, son el “pilar” de hábitats enormemente complejos y gracias a ellas, muchas otras especies encuentran refugio, sustento y la posibilidad de sobrevivir en un medio tan hostil como las profundidades del mar. Se trata de especies animales sensibles, altamente vulnerables a cambios ambientales y a la presión antrópica, y depende de nosotros asegurar su futuro.


Encuadre taxonómico

Los corales pertenecen al filo de los Cnidarios compuesto por más de 10.000 especies de animales (mayoritariamente marinos), caracterizados por tener simetría radial y células urticantes, de donde deriva el nombre (del griego ‘knide’=ortiga). En este grupo se encuentran también medusas, anémonas, hidras y ‘avispas de mar’.

Su origen es muy antiguo, pues aparecieron hace unos 540 millones de años. Antes de que existiese la vida terrestre como la conocemos, ya suponían un pilar fundamental alrededor del cual se articulaban verdaderos ‘bosques marinos’. Su presencia ha sido un factor decisivo para el desarrollo de la vida en el mar, y han sobrevivido a numerosas extinciones masivas.

La gran mayoría de los corales pertenecen a la clase de los Antozoos, término que deriva también del griego y que se traduce como ‘animales con forma de flor’. Los Antozoos a su vez se dividen en dos subclases, Hexacorales (donde encontramos la mayoría de corales duros, corales negros y las anémonas) y los Octocorales (que agrupan a diferentes tipos de corales blandos, como las gorgonias o las plumas de mar).

    Detalle pólipos gorgonia rsarmiento. Javier Morillo


En los octocorales, los pólipos tienen 8 tentáculos, generalmente pinnados, con una cavidad gastrovascular dividida en 8 cámaras separadas por 8 tabiques. Las gorgonias conforman un término “paraguas” bajo el que se agrupan más de 1.900 especies que comparten 2 características: su estructura ramificada y arborescente, y la presencia de un esqueleto o eje flexible, formado por un material proteico. Muchas de ellas tienen a su vez diferentes morfotipos, (individuos con diferentes patrones de coloración y formas), por lo que la distinción entre unas especies y otras es muy complicada, incluso para los expertos y la taxonomía está en continua revisión conforme avanzan los estudios genéticos.


¿
Sabías que… las estructuras vivas más grandes que se conocen en el planeta han sido generadas por corales?

Diversidad de especies:

Gorgonias blancas y rosadas (género Eunicella).



                Eunicella verrucosa. Web Litoral de Granada

Género que incluye a E. labiata, E. verrucosa y E. gazella en sustratos duros y E. filiformis en fondos arenosos. La primera se distingue por su color grisáceo-rosado, más claro en los cálices de los pólipos. E. verrucosa es blanca o color salmón, y se caracteriza por la prominencia de sus pólipos, que pueden parecer “verrugas”. E. gazella es siempre de color blanco y los cálices de los pólipos no son prominentes. E. filiformis, además de tener un hábitat completamente distinto, destaca por la escasez de ramificaciones.


Gorgonia sarmiento (Leptogorgia sarmentosa).

    Gorgonia sarmiento

Una de las gorgonias más frecuentes en los arrecifes de nuestro litoral. Se trata de una especie enormemente polimórfica, con colores que varían entre amarillo, naranja, rojo y violeta. La forma de sus ramificaciones es igualmente variable: largas, cortas, angulosas o curvas. Prefiere lugares poco iluminados y con corriente, en zonas someras pueden observarse a la entrada de cuevas o grietas. 

    Gorgonia amarilla


Gorgonia amarilla (Paramuricea baetica).

Especie endémica del litoral andaluz, descrita en 2022. Se caracteriza por su color, amarillo intenso. Aparece en zonas más profundas, dominando los arrecifes de la parte inferior de la Punta de la Mona. Su llamativo color le da nombre a uno de los lugares más singulares de este entorno: la piedra amarilla.

Principales amenazas



                    La contaminación y los impactos de la pesca son una de sus mayores amenazas.                     Javier Morillo.

Algunas características biológicas de las gorgonias las hacen especialmente vulnerables, como su crecimiento lento o su dependencia de un sustrato al que viven fijas.

Entre sus principales amenazas encontramos la destrucción de su hábitat por obras costeras, la contaminación (vertidos, turbidez, microplásticos) y la pesca, ya sea por extracción accidental, enganches de las artes o roturas de las colonias.

De igual manera el buceo irresponsable puede tener efectos muy negativos.

Los enredos con diferentes tipos de basura marina también suponen una presión importante, pues impiden la alimentación del animal y aumentan la tracción que ejerce la corriente.



    Mortalidad por estrés térmico en un ejemplar de Eunicella labiata



El aumento de la temperatura del agua del mar, como consecuencia del cambio climático, produce un estrés térmico que debilita al animal y puede dar lugar a episodios de mortalidad.

La llegada de especies invasoras que compiten por el espacio y producen alteraciones en los ecosistemas son otra de las grandes amenazas para las gorgonias.









Medidas de conservación

  • Creación de áreas marinas protegidas

  • Restauración ecológica activa (trasplantes de colonias, podas de tejido muerto)

  • Colaboración con pescadores para devolver ejemplares capturados accidentalmente y la regulación de las artes

  • Monitoreo científico, con seguimiento de poblaciones, establecimientos de indicadores de salud ecosistémica y control de especies invasoras

  • Educación ambiental y buenas prácticas de buceo

Importancia ecológica


Las gorgonias juegan un papel clave como ‘ingenieras de ecosistemas’ ya que generan complejidad estructural y sirven de refugio, lugar donde depositar las puestas, alimento y zona de cría, para diferentes especies de peces y crustáceos. Especies como Balssia gasti (pequeñas gambas que viven camufladas sobre las gorgonias) o Simnia spelta (caracolas diminutas que se alimentan de los pólipos) entre otras, viven estrechamente ligadas a las gorgonias, y dependen de ellas para sobrevivir.



    Los corales blandos dan refugio a especies como los nudibranquios. Javier Morillo


Como otros corales, funcionan en muchos casos como un bosque en miniatura, por lo que con su protección conseguimos favorecer la conservación de todas las especies que de alguna forma interactúan con ellos.


Enlace al video “La vida en una gorgonia”. litoraldegranada.ugr.es

https://litoraldegranada.ugr.es/wp-content/uploads/2020/11/09-11-2020-3.mp4?_=1


Alimentación

Mientras que la mayoría de corales tropicales obtienen su alimento gracias a algas simbióticas llamadas zooxantelas, las gorgonias de nuestras aguas se han especializado en una estrategia totalmente distinta. Son suspensívoras, capturando microplancton y partículas orgánicas con sus tentáculos. Esta adaptación les ha permitido desvincularse en gran medida de la luz solar, colonizando regiones más septentrionales, zonas profundas y aguas más turbias.


Etimología

El término gorgonia proviene del latín, derivado a su vez del griego antiguo gorgoneion, haciendo referencia a las Gorgonas, de la mitología griega (Medusa, Euríale y Esteno). El nombre alude a la semejanza de estas colonias marinas con la cabellera de serpientes de estos monstruos femeninos, capaces de petrificar (de la raíz griega gorgós, terrible o fiero) con su mirada.


El nombre del género Eunicella, proviene del griego Eunice, formado por eu=bueno y nice=victoria. En la mitología griega, era una de las 50 Nereidas, ninfas del mar, hijas de Nereo y Doris, que representan la belleza y la calma del mar Mediterráneo. Eran conocidas por ser bondadosas, protegían a los marineros, y formaban parte del séquito del Dios Poseidón, siendo representadas como jóvenes hermosas sobre delfines o caballos marinos. El sufijo -ella, significa pequeñez por lo que hará referencia a una ninfa del mar en miniatura, encajando con la estructura arborescente y delicada de estos organismos.








miércoles, 13 de mayo de 2026

Malditos roedores

A propósito de la crisis del hantavirus, saco punta hoy a otro virus del grupo de los 'sociovirus', término que me acabo de inventar, igual que es nuevo el 'rataplanismo' del presidente canario. 

También recupero otra vez el nymbismo, de origen inglés pero que aquí se cría bien también y sobre el que ya escribí hace poco más de un año (Nymbismo, otro ‘palabro’ | El Independiente de Granada). Todos estos sociovirus son como la malafollá, síndrome que pese a ser de transmisión genética, también se contagian por contacto directo e indirecto. 

'Malditos roedores' | El Independiente de Granada



Malditos roedores

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

El hantavirus ha puesto de manifiesto que nuestro país tiene instituciones fuertes y sólidas para afrontar con éxito y solvencia una grave crisis sanitaria, pero también que tenemos otros ‘sociovirus’ para los que carecemos de herramientas eficaces para combatirlos.

Hay virus que atacan los pulmones y otros que se instalan directamente en la conversación pública. A estas alturas hay ya muchas personas que (parece que) saben del hantavirus una ‘jartá’ y se atreven a intervenir en tertulias, sobremesas y redes sociales con auténtico desparpajo.

Nuestro país está gestionando exitosamente una grave y complicada crisis sanitaria como ha reconocido la Organización Mundial de la Salud y los veintitrés países implicados. Hemos demostrado que nuestros sistemas nacionales de salud y de protección civil son fuertes.

Pero seguimos padeciendo una epidemia nacional más difícil de controlar sus efectos: la del todólogo. Este personaje endémico, lo mismo te explica geopolítica de Oriente Medio, que pontifica sobre ingeniería hidráulica aprendidas en la ‘universidad de la vida’, con tanta seguridad como ausencia de base técnica y científica. Los mismos que hace tres años eran expertos vulcanólogos, hace dos disertaban sobre inflación energética y el año pasado daban lecciones de inteligencia artificial, ahora son eminentes virólogos y epidemiólogos, chatgpt mediante.

Cualquier crisis se convierte en un concurso de ocurrencias. Apenas apareció el hantavirus en los titulares, antes incluso de que los epidemiólogos terminaran de cruzar datos, ya teníamos una alineación completa de autoproclamados expertos repartidos entre televisiones, radios, canales de YouTube y bares con serrín o sin él.

Y junto al todólogo en esta ocasión ha reaparecido uno de sus primos hermanos: el nymbista patrio. Ese que dice “que se haga lo que haya que hacer, pero lejos de mi pueblo, de mi familia, de mi negocio”. Los mismos que pedían controles estrictos mientras no perjudicaran al turismo, a los festivales, a las reservas hoteleras o al chiringuito de su cuñado. En España han proliferado ciudadanos que quieren Estado fuerte para los demás y barra libre para sí mismos.

La mayoría de la población no distinguía anteayer un hantavirus de una marca de fertilizante pero, de repente, todo el mundo opinaba sobre el origen del brote, las medidas de contención o la idoneidad de los protocolos. Vaya si opinaban. La ignorancia nunca ha sido un obstáculo para hablar con solemnidad. Ahora se está convirtiendo en un requisito previo.

He escuchado estos días a dirigentes políticos ‘posicionarse’, a la contra del gobierno, (lo que es la norma y la moda), que ignoran qué es una zoonosis, que han llamado seres vivos a los virus y que desconocen qué es el ARN: ellos juegan todas sus bazas al ‘sentido común’. ¡Ah, el sentido común: ese invento nacional con el que se pretende sustituir a médicos, biólogos y expertos desde tiempos de la carabela!

Pero entre todos los números de este circo ambulante la palma se la ha llevado el presidente canario. En lugar de transmitir prudencia y coordinación institucional, ha optado por la vieja táctica del agravio territorial combinada ahora con los ataques al gobierno de Sánchez. Al incompetente Clavijo que así se llama el susodicho, no le importó negarse a autorizar un fondeo (cuestión en la que no tiene competencias dicha autonomía), porque la Inteligencia Artificial le había chivatado que podía haber ratas en el barco y podían llegar nadando a la costa. Ha inventado el ‘rataplanismo’, otra forma de negacionismo que sumar a la retahíla encabezada por los negacionistas climáticos, creacionistas y terraplanistas. Pero la IA y él la han cagado, porque las ratas no son el origen del problema, sino los ratones colilargos silvestres que viven en bosques andinos y zonas cercanas a las estepas, roedores que no destacan por sus habilidades nadadoras. La hipótesis más sólida que se baraja por los especialistas que están investigando este brote apunta, como portador del virus, a un ornitólogo holandés y su esposa que habían recorrido Chile y Argentina antes de embarcar en el MV Hondius. En el barco no se han detectado ratas, en tierra sí hay muchos malditos roedores, y buitres, y gaviotas.

De nuevo las dos Españas se han contrapuesto: de un lado los que han estado a favor del desarrollo de una compleja operación internacional para dar cobertura y atención a un grupo de seres humanos a la deriva, liderando una acción que le venía muy grande a un pequeño país como Cabo Verde, y cumpliendo con las indicaciones de las autoridades sanitarias europeas y mundiales. Del otro lado la de los que se han opuesto obstinadamente con el argumento de que había que cargarle el marrón (incluido el de los españoles que viajaban en el crucero) a otros, a Holanda por ejemplo. Que cada cual se coloque en la España que quiera, en el lado de la Historia que prefiera. Yo estoy, de nuevo, en el de la ciencia y en el de la solidaridad y el cumplimiento del deber (también internacional) de socorro.

Lo que más me fastidia es que haya tanta gente que lo pase mal cuando las cosas se hacen y salen bien y siendo tan ‘españoles y muy españoles’, no se sientan orgullosos de que su gobierno sea aplaudido mundialmente. Hay demasiadas personas que siguen instaladas en el ¡cuánto peor, mejor! en el que apostaron todo contra el rojo, para los que la verdad no importa, porque la realidad no debe estropear ni el titular ni el mantra. Siguen erre que erre en el ‘España se rompe’ y ‘España se hunde’ aunque en la actualidad no se sostienen esos axiomas y han tenido que dar un doble salto mortal al discurso del infierno fiscal y de la invasión de los inmigrantes.

Y lo verdaderamente agotador no es luchar contra el hantavirus, (la globalización y el cambio climático nos traerán más crisis sanitarias para las que hay que estar preparados), sino escuchar a personas que no soportan que exista un solo asunto sobre el que no tengan opinión contundente. La duda les parece una humillación intelectual. El “no lo sé” les provoca urticaria moral. No soportan el vacío de opinión.

En nuestro país los expertos deben justificar cada dato mientras el todólogo de turno puede inventarse cualquier barbaridad sin el menor coste social. Un epidemiólogo necesita varios estudios revisados pero un tertuliano solamente un micrófono o cualquier persona una cuenta en redes sociales.

Y aquí sí que tenemos un problema sanitario grave por lo insólito del mal que nos ha invadido. Este ‘sociovirus’ de la arrogancia que convierte la ocurrencia en doctrina y la ignorancia en identidad política, tiene un origen genético, (hay partidos políticos que lo llevan en su ADN), pero a la vez curiosamente tiene una tasa de contagio muy elevada. Todo se pega menos lo bonico” que decía mi madre.

Porque aquí se funciona con dos velocidades: la ciencia, la Medicina, los protocolos de protección civil y salud pública, avanzan despacio, (con los tiempos necesarios para realizar analíticas o esperar los tiempos de incubación), pero la verborrea viaja a velocidad de fibra óptica.

El hantavirus, remitirá. Lo otro tiene peor cura.

jueves, 7 de mayo de 2026

La ciencia expulsada del debate electoral

El insulto sustituye al argumento cuando se señala como ‘fanáticos climáticos’ a los científicos que advierten de la vulnerabilidad de Andalucía a los efectos del cambio climático. He sacado punta en mi columna en El Independiente de Granada a un aspecto del debate electoral en televisión que me ha molestado bastante que me ha impulsado a denunciar públicamente la deriva que está tomando la falta de ciencia y de consciencia de una gran parte de la sociedad. 

'La ciencia expulsada del debate electoral' | El Independiente de Granada



La ciencia expulsada del debate electoral

SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos

El insulto sustituye al argumento cuando se señala como ‘fanáticos climáticos’ a los científicos que advierten de la vulnerabilidad de Andalucía a los efectos del cambio climático.

Para los que el pasado lunes, en el debate entre los candidatos, y la candidata, a la presidencia de la Junta de Andalucía, tuvieran que soportar la demagógica intervención, trufada de bulos, del representante de Vox, no les pasaría desapercibida la repetida murga contra la que atacaba acusando, acusándonos, a los que defendemos la emergencia climática, de ser unos ‘fanáticos climáticos’.

Estas palabras describen más al que las pronuncia que a los aludidos y por mucho que se empeñe la persona designada por Abascal para Andalucía (por ahora, ya sabemos cómo se las gasta con los suyos el dirigente ultraderechista), y por mucho que se empeñe la extrema derecha con esas palabras, no puede describir la realidad, solamente puede deformarla.

Estas etiquetas, (me resisto a utilizar el anglicismo #hashtag), no nacen para explicar un fenómeno sino para intentar deslegitimarlo. Funcionan con eficacia en titulares y tertulias, en barras de bar y comentarios de ‘cuñaos’. Al no poder hacer frente a un debate racional, la extrema derecha, empoderada por la derecha extrema y esta a su vez acomplejada ante la otra, quieren convertir una preocupación basada en evidencias en una supuesta obsesión irracional. Un atajo retórico para evitar el debate de fondo. No hablar en esta campaña del cambio climático, de lo que hay que hacer, de lo que se ha hecho, (en Andalucía es más fácil hablar de lo que se ha dejado de hacer), no va a evitar sus amenazas, los efectos que está produciendo.

Dura est veritas, sed veritas est”. El cambio climático existe, es una verdad incómoda. La ciencia del clima lleva décadas acumulando datos, afinando modelos y contrastando hipótesis. No se trata de una corriente ideológica ni de una moda pasajera, sino de un cuerpo de conocimiento construido con el método más exigente que tenemos para entender el mundo. Temperaturas que suben, glaciares que retroceden, océanos que se acidifican, patrones de lluvia que cambian. No son opiniones: son mediciones. En realidad la base del activismo climático proviene de décadas de investigación en disciplinas como la climatología, la física atmosférica y la oceanografía a la que se han ido sumando otras materias que piden la emergencia climática y han ido certificando la huella que el cambio global está dejando en los ecosistemas.

El consenso científico sobre el calentamiento global es sólido. Informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que sintetizan miles de estudios revisados por pares, concluyen que el calentamiento observado desde el siglo XX se debe principalmente a emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Este consenso no es una ‘opinión’, sino el resultado acumulado de evidencias: mediciones de temperatura, concentraciones de CO₂, retroceso de glaciares, cambios en ecosistemas, etc. Y ni los miles de fakes news ni los centenares de tontos del bulo pueden dar la vuelta a esta realidad científicamente incontestable. Como que la Tierra es (más o menos) redonda y que venimos, metafóricamente, del mono, (más correcto sería decir que compartimos un antepasado común con chimpancés, gorilas y orangutanes).

Las derechas carecen de conciencia ecológica, esto ha sido siempre así, pero en este punto lo que están haciendo es un desprecio a uno de los grandes retos de la Humanidad por prejuicios ideológicos (y por defender a las poderosas industrias principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero). Y, contradiciendo a Serrat, esta verdad es triste pero (aún) tiene remedio si pensamos en las próximas elecciones teniendo muy en cuenta a las próximas generaciones.

El recurso al empleo del término “fanatismo” retrata más a quien lo utiliza que a quiénes lo recibimos. Yo no me siento ofendido, casi que a estas alturas me siento honrado que tengan que utilizar estas butades y que coloquen este tema a la par de su racismo, xenofobia y machismo. Es una forma de orientarse moralmente también.

Por lo demás es una estrategia conocida, si no puedes refutar los hechos, cuestiona la motivación de quien los expone. Si no puedes desmontar los datos, caricaturiza al mensajero. Así, quien alerta de un problema sistémico pasa a ser un exagerado; quien pide medidas, un radical; quien exige responsabilidad, un enemigo del progreso. Santiago Abascal ha ido más lejos e incluso llegó a decir aquí en Granada, (aparte de hijo de puta al presidente del gobierno), que el “fanatismo climático tiene graves consecuencias económicas y sociales y arruina a la población”.

Pero la realidad no se deja domesticar por el lenguaje. Los fenómenos extremos, olas de calor más frecuentes, incendios más intensos, sequías persistentes, no necesitan adjetivos para manifestarse. Tampoco entienden de marcos ideológicos. La ciencia es prudente al atribuir causas: no dice que cada evento concreto tenga un único origen, pero sí mide cómo el calentamiento global aumenta su probabilidad o agrava su impacto. Ese matiz, fundamental, suele desaparecer en el ruido del debate político.

Reconocer el cambio climático, conviene subrayarlo, no obliga a una única respuesta política. Ahí sí hay espacio legítimo para la discrepancia. Cómo hacer la transición energética, a qué ritmo, con qué costes y con qué prioridades sociales sí son cuestiones abiertas al debate. Pero discutir las soluciones no debería implicar negar el problema ni ridiculizar a quienes lo señalan.

El término “fanatismo climático” cumple, además, otra función menos visible: tranquiliza, anestesia, tiene un efecto placebo. Permite a quien lo pronuncia situarse en una cómoda equidistancia, como si entre la evidencia científica y su negación hubiera un punto medio razonable. Como si la moderación consistiera en no tomarse demasiado en serio los datos científicos y las evidencias. Es una forma de convertir la irresponsable inacción en aparente sensatez.

Y, sin embargo, lo verdaderamente razonable, lo verdaderamente prudente, es atender a la ciencia y sus evidencias. No por alarmismo, sino por responsabilidad. Porque las decisiones que se tomen hoy, o que se eviten, tendrán consecuencias acumulativas durante décadas. Si no enfrentamos y afrontamos ahora, ya, los perjuicios serán mayores y los costes de reparación mayores. Mirar hacia otro lado será mucho más caro que actuar a tiempo.

Quizá el problema no sea el supuesto “fanatismo” de quienes advierten del riesgo, sino la ligereza con la que se descalifica el conocimiento cuando incomoda. Quizá lo preocupante no sea el exceso de celo, sino la escasez de rigor en el debate público. Y quizá, solo quizá, haya llegado el momento de abandonar los eslóganes y enfrentarse a los hechos, aunque no encajen en el relato.

domingo, 3 de mayo de 2026

Golondrinas de mar

He superado ya los 50 artículos de la serie "La mar de biodiversidad" que inicié hace un par de años como una parte de mi "dejé los montes y me vine al mar". Un reto personal, divulgar temas ambientales en los que no soy experto, y una manera de 'huir' (o al menos de retirarme un poco) de los temas de la 'gran montaña mediterránea' que habían supuesto buena parte de mi carrera laboral y sobre los que había girado mi (prolija) actividad editorial y divulgativa, con varias series de artículos  entre noviembre de 2014 y junio de 2019 agrupados en varias colecciones:

  • Sierra Nevada, Paraíso de biodiversidad (74)
  • Una montaña de oportunidades (66) 
  • La huella del cambio global en Sierra Nevada (10)
  • Paisaje y paisanaje (30) 

En total 180 artículos, si no he contado mal y no se me ha escapado alguno, muchos de ellos a doble página, y a todo color, que muestran Sierra Nevada, su flora y su fauna desde diferentes perspectivas, lugares más famosos y los más recónditos y también hombres y mujeres relacionados con Sierra Nevada. En este blog están 'escondidos' todos y pueden localizarse a través de las etiquetas correspondientes a cada serie.

En esta nueva colección estoy conociendo a todo el ecosistema en torno al mar, la mar, que a veces está tan lejos de la ciudad y con el que tenemos una relación muy tangencial y a veces mediatizada por el cine, la cocina, las leyendas u olvidadas en un rincón de nuestras memorias infantiles. 

Esta semana he cruzado este rubricón con otro reportaje dedicado a aves marinas, en esta ocasión, los charranes, conocidos como golondrinas de mar, que en el litoral granadino podemos ver en invierno o en los pasos migratorios y para el que he contado con la colaboración extraordinaria de Lucía García Alcántara que ya colaboró en Gigantes del cielo sobre el Mar de Alborán (el artículo que dedicamos al albatros y al cormorán). 

Adjunto enlace a la edición digital en la web del periódico:

‘Golondrinas de mar’

Y así quedó la versión impresa del pasado sábado.



 ‘Golondrinas de mar’

La mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos y Lucía García Alcántara

Los charranes son aves marinas que podemos observar en invierno y en los periodos de migración. Su diseño aerodinámico les permite realizar impresionantes acrobacias.


        Charranes patinegros en la orilla


Popularmente conocidos como ‘golondrinas de mar’, los charranes son visitantes habituales en nuestro litoral granadino, especialmente durante los periodos de migración (primavera y otoño) y en invierno, pescando activamente cerca de la orilla o descansando en playas y acantilados o en infraestructuras portuarias. Aunque nuestra orografía carece de grandes marismas o deltas tranquilos, el hábitat idóneo de estas aves para anidar, sí utilizan nuestra costa como ‘estación de servicio’ para alimentarse y descansar.

Estos ‘acróbatas del viento’ son el vivo ejemplo de la biodiversidad que esconde el litoral granadino, una joya estratégica en la ruta migratoria entre Europa y África. Poseen un vuelo de batidos profundos que se vuelve errático cuando buscan alimento. Realizan un magistral ‘cernido’ de observación, quedándose suspendidos en el aire, lanzándose en un picado vertical al localizar su objetivo.

En nuestro litoral podemos encontrar dos especies: el esquivo charrán común (Sterna hirundo) y el espectacular, y mucho más abundante, charrán patinegro (Thalasseus sandvicensis).

El charrán patinegro hace honor a su nombre con unas inconfundibles patas negras. Es pálido, esbelto y luce un característico pico largo y negro rematado por una llamativa punta amarilla. En los adultos reproductores, destaca una cresta hirsuta y despeinada de color negro en la nuca. Es un residente invernal muy frecuente y se le ve a menudo en playas urbanas, en el Puerto de Motril o en espigones.


El charrán común es más pequeño que el patinegro; en verano luce un capirote negro total, contrastando con el pico y las patas de un rojo intenso. En invierno su frente se vuelve blanca y su pico oscuro. Las aves jóvenes de esta especie lucen una conspicua franja oscura en el borde del ala.


OTRAS CITAS. En nuestra costa se ha citado también la presencia, muy esporádica, del charrancito común (Sternula albifrons), el más pequeño y nervioso de la familia, que podemos identificar por su frente blanca, el pico amarillo de punta negra y su vuelo batido muy rápido. Más raro aún es observar al charrán bengalí (Thalasseus bengalensis), aunque algunos expertos han notificado unos pocos avistamientos e intentos de reproducción en la zona. Destaca por su inconfundible pico de color zanahoria.





Curiosas adaptaciones

  • Visión de precisión. Sus ojos están adaptados para corregir la refracción de la luz en el agua. Ven al pez exactamente donde está, no donde parece estar debido al reflejo.

  • Impermeabilización extrema. Poseen una glándula (uropigial) muy desarrollada que segrega un aceite con el que ‘barnizan’ sus plumas. Tras el chapuzón, un simple sacudido en vuelo los deja secos al instante.

  • Sal de sobra. Al beber agua de mar y comer presas saladas, cuentan con unas glándulas situadas encima de los ojos que filtran el exceso de sal, expulsándola en forma de gotas por las fosas nasales.

¿Dónde y cuándo observarlos?

Los charranes son especies mucho más sensibles a la presencia humana que otras aves marinas como las gaviotas.

  • El Puerto de Motril y la Azucarera del Guadalfeo son los mejores ‘hoteles’ para el descanso. En los pantalanes y embarcaderos es fácil ver grupos de patinegros descansando al sol tras una jornada de pesca.

  • La desembocadura del Guadalfeo es una zona clave para el descanso de aves marinas y limícolas, un punto crítico para la biodiversidad. Aquí, el agua dulce y salada se mezclan, ofreciendo un buffet de pequeños peces que atraen a muchas especies, especialmente en los meses más fríos.

  • Cabo Sacratif. Para los amantes del birdwatching, este saliente es el mejor palco para observar los charranes durante los pasos migratorios.

  • Los Acantilados de Calahonda-Castell y Cerro Gordo destacan por sus colonias de gaviotas, pero ofrecen buenas oportunidades para ver charranes pescando en aguas abiertas.

    Amenazas para su conservación

    El futuro de estas aves pende de un hilo. Al efecto negativo de la sobrepesca de las especies de las que se alimenta, hay que sumar la alteración extrema de su hábitat debido al desarrollo urbanístico de todo el litoral o la ocupación para la agricultura, que les han privado de lugares de cría y descanso. Además, se enfrentan a depredadores naturales y a la agresiva competencia de especies como la gaviota patiamarilla. Una de sus mayores fragilidades es que las puestas, en un agujero que hacen escarbando en la arena, están muy expuestas.

    A todo ello debemos añadir los efectos de la contaminación por vertidos y plásticos, y la subida del nivel del mar derivada del cambio climático, que erosiona y devora los escasos islotes y dunas donde intentan nidificar.

            Charrán común. Silueta en vuelo

                Charrán patinegro. Silueta en vuelo

















¿Cómo distinguirlos? Siluetas y vuelo

A diferencia de las gaviotas (más robustas y de alas anchas), los charranes tienen una silueta de golondrina: alas largas y muy estrechas, terminadas en punta. Su cola es profundamente ahorquillada, lo que les da una agilidad extrema para las maniobras áereas. El vuelo de los charranes es ‘nervioso’, con un aleteo constante, rápido y rítmico que contrasta con el planeo de forma señorial de las gaviotas.

Pero la firma personal de estas aves es la técnica del "cernido". Se quedan suspendidos en un punto fijo en el aire, batiendo las alas con fuerza mientras apuntan con el pico hacia abajo, antes de plegarse como un paraguas y caer en picado. El patinegro es especialmente espectacular: se zambulle desde alturas de 10 a 15 metros, ejecutando un buceo profundo para atrapar peces, en una maniobra digna de los grandes alcatraces. El charrán común, en cambio, suele capturar a sus presas zambulléndose desde menor altura y de forma más superficial.


¿Sabías que...?

  • Ofrendas de amor: en época de celo, el macho ofrece un pececito ‘de plata’ a la hembra. Si ella lo acepta, el compromiso está sellado.

  • A diferencia de las gaviotas, que son carroñeras y oportunistas, los charranes comen peces vivos, especialmente boquerón y sardina joven.

Nota: Las imágenes corresponden a la web de SEOBirdLife, Sociedad Española de Ornitología, la ONG de conservación de la naturaleza más antigua de España.