Junto a las llamas que este año devoran miles de hectáreas en Madrid, Castilla y León o el Arco Mediterráneo, prende otro fuego mucho menos visible y bastante más difícil de extinguir: el de los charlatanes, tanto analógicos como digitales.
Hago una parada en las vacaciones para sacarle punta a "los tontos del bulo" de los incendios forestales
'Los tontos del bulo alimentan los incendios' | El Independiente de Granada
Tontos
del bulo, (también)
en los incendios forestales
Sacando
punta
Ignacio
Henares Civantos
Mientras
los servicios de extinción se juegan la vida en los montes de toda
España, una humareda digital tóxica se extiende por las pantallas
de
los móviles, tablets y ordenadores.
Los bulos sobre los incendios forestales no son simples ingenuidades
veraniegas, constituyen una irresponsabilidad criminal espoleada por
la meteorología extrema y la pereza intelectual.
Cada
verano, cuando el mapa de España se tiñe del rojo de la alerta
máxima, nuestro país no solo asiste al drama del fuego en nuestros
montes. Juntos a los incendios forestales, que este año están
devorando miles de hectáreas en Madrid, Castilla-León o en el arco
mediterráneo, brota un fuego menos visible y más difícil de
extinguir: el de los charlatanes, analógicos y digitales.
La
regla del
triple 30 describe las condiciones ambientales para que la
propagación de los incendios llegue a un peligro extremo,
(temperaturas superiores a 30
°C,
humedad relativa del aire inferior al 30
%
y vientos superiores a 30
km/h).
Lo asombroso es que estas mismas variables meteorológicas parecen
operar de forma simétrica en las cabezas de los ingenieros del
embuste, provocando un calentamiento cerebral severo que activa sus
impulsos más irracionales.
"La
coincidencia de las condiciones ambientales de la regla del triple
30 son críticas para la propagación de los incendios forestales;
lo asombroso es que esas mismas variables parecen operar en los
ingenieros del embuste, provocando un calentamiento cerebral
severo."
Los
bulos sobre los incendios forestales buscan generar desconfianza
institucional o difundir teorías conspirativas de carácter político
y económico. Durante las olas de incendios de este verano,
plataformas de verificación y organismos oficiales han desmentido ya
numerosas narrativas falsas, y lo que nos queda (de incendios y de
bulos).
El
catálogo vuelve a rozar el delirio patológico. La fauna de la
desinformación despliega su arsenal de teorías conspirativas para
consumo de mentes perezosas. Sostienen que los montes se queman
intencionadamente para instalar megaproyectos de energías renovables
o abrir minas. Da igual que la Ley de Montes prohíba de forma
tajante cualquier cambio de uso del suelo forestal quemado durante un
plazo mínimo de treinta años. Afirman que misteriosas directrices
de la Agenda 2030 prohíben limpiar el monte y que en los espacios
naturales protegidos (esta falsedad me duele especialmente) no se
permite ‘mover ni una piedra, ni cortar una rama’, por culpa de
los ecologistas. Pero, antes contrario, lo que sostenemos desde los
gestores y los científicos es que el pastoreo extensivo, la
trashumancia y una gestión racional y duradera de los montes
contribuyen a reducir el riesgo de incendios. La retirada de restos
vegetales y el desbroce no solo están permitidos, sino que además
la legislación actual exige a las comunidades autónomas contar con
planes anuales para la prevención activa de incendios. Lo que ocurre
es que que en determinadas épocas del año, en situaciones con alto
riesgo de incendio, como el verano o durante las olas de calor,
existen limitaciones que afectan a actividades con riesgo de
ignición, como la realización de barbacoas, la quema de rastrojos o
el uso de maquinaria que genere chispas. Se trata de medidas
preventivas y temporales, no de prohibiciones absolutas.
Pero,
desgraciadamente para
el tonto del bulo, la realidad tangible nunca debe estropear una
buena conspiración que sirva para alimentar sus propios sesgos
ideológicos o sus fobias políticas.
Este
año se
ha elevado especialmente
la
temperatura del negacionismo
climático. A
pesar de las evidencias siguen
en su narrativa de “siempre
ha hecho calor en verano”
y aunque la verea se acabe los tontos (del
bulo) siguen
adelante
desconociendo
o ignorando la
emergencia climática.
La
gravedad
de la situación que estamos viviendo, y el hecho de que la Comunidad
de Madrid esté sufriendo uno de los incendios más grandes, está
haciendo que circulen más bulos, nuevos o recurrentes, y que los
tontos del bulo se hayan multiplicado tanto como la superficie
calcinada.
Uno
de los más virales ha sido una supuesta portada de “El País” de
24 de julio que afirma que "el Estado recorta más de la mitad de su aportación a la prevención de incendios" y compara 423 millones de euros en 2018 con 181 millones en 2016. Ni el contenido de la noticia es cierto ni esa era la portada de ese día del periódico. Es fácil comprobarlo consultando la propia hemeroteca de ese medio.
Otros
bulos con ‘éxito’ de la temporada de
verano
son los que muestran un vídeo de un bombero encendiendo un fuego,
(imagen sacada de contexto de un fuego prescrito, una maniobra de
extinción usada en el incendio de Los Gallardos), o el que se ve a
una multitud de personas apagando un fuego con ramas (una imagen
grabada en el norte de Argelia). Especial ‘puta gracia’ me hace
el de la supuesta intervención de un avión de la Real Fuerza Aérea
de Marruecos, que en realidad corresponde a una aeronave de la
Sécurité Civile de Francia, (fácil comprobarlo en la rotulación
lateral), que depende directamente del Ministerio del Interior
francés y que
fue publicado
en el
país vecino que
también sufre las secuelas de los incendios, y de los tontos del
bulo. En nuestro territorio, a través de la petición del gobierno
español a la Comisión Europea, se han movilizado cuatro aviones de
extinción: dos de Grecia y dos de Italia.
Entre
los bulos que circulan hay también un audio de un piloto
español que denuncia que los vecinos no dejan usar el agua de sus
piscinas para apagar los incendios que no corresponde a los incendios
de Madrid, sino que viene de un incendio en Chile, ¡en 2023!
Conviene,
por tanto, hacer pedagogía frente a la manipulación y delimitar las
responsabilidades con precisión. Hay que dejar claro que el cambio
climático no es el causante del origen del fuego; las llamas nacen
casi siempre de una chispa humana, ya sea por una negligencia
agrícola, un accidente, un rayo o la mano deliberada de un
incendiario. Sin embargo, el cambio climático es el culpable
absoluto de que esos incendios sean hoy mucho más dañinos, veloces
y destructivos. Las olas de calor más prolongadas y las sequías
crónicas convierten la vegetación en polvorines listos para
estallar, transformando fuegos que antes eran controlables en
auténticos monstruos ingobernables de sexta generación que desafían
los sistemas de extinción modernos. Y
este año con el agravante de que las abundantes lluvias previas
hayan incrementado el material combustible en muchos de nuestros
montes.
"El
cambio climático no es el causante del origen del fuego, pero es el
culpable absoluto de que los incendios sean hoy mucho más dañinos,
veloces y destructivos al convertir los montes en polvorines."
Sin
embargo, lo verdaderamente alarmante no es el miserable que inventa
el bulo, manipula un video o crea una imagen irreal con inteligencia
artificial para generar inestabilidad. Lo trágico es la inmensa
legión de ciudadanos, aparentemente normales y corrientes, que
comparte esa basura informativa sin pestañear. En la era de la
hiperconectividad, el reenvío compulsivo en redes sociales,
incluyendo los grupos familiares de WhatsApp, se ha convertido en un
deporte de riesgo nacional. "Yo lo paso por si acaso",
suele ser la frase-escudo. Bajo ese por si acaso se cuelan audios
antiguos de otros países o imágenes descontextualizadas de hace una
década. Ese por si acaso es el oxígeno, el viento racheado y el
combustible seco que necesita la mentira para calcinar la verdad a la
velocidad del rayo.
"El
reenvío compulsivo bajo el pretexto del 'yo lo paso por si acaso'
es el oxígeno, el viento racheado y el combustible seco que
necesita la mentira para calcinar la verdad a la velocidad del rayo
por las pantallas."
Propagar
un bulo durante una emergencia de protección civil no es una simple
muestra de ingenuidad; es una irresponsabilidad de dimensiones
criminales. Mientras los profesionales se juegan el pellejo a pie de
llama, los difusores de falsedades saturan las redes con ruido
inútil. Bloquean los canales de comunicación, confunden a la
población sobre qué zonas son seguras y siembran una desconfianza
institucional que debilita de forma drástica la respuesta colectiva
ante la catástrofe.
Hemos
sustituido el noble ejercicio de pensar por el acto mecánico de
pulsar la pantalla. Hoy en día, verificar una noticia sospechosa
cuesta exactamente el mismo esfuerzo físico que compartirla: un par
de clics. Desmentir que una foto corresponde a un incendio actual o
comprobar si una ley dice lo que un tuitero afirma es tan sencillo
como abrir el navegador del teléfono y consultar las plataformas de
verificación o los perfiles oficiales del 112 y la AEMET. No se
requiere un doctorado; se requiere voluntad, responsabilidad y
decencia.
Contrastar
la información antes de darle difusión no es un lujo intelectual
reservado a los académicos; es un deber ciudadano de primer orden,
una obligación ética con la comunidad. Quien comparte un contenido
alarmista sin verificar su procedencia se convierte en ‘cooperador
necesario’ de una industria de la mentira que busca dinamitar los
puentes de la convivencia.
España
sufre cada año el azote de las llamas debido a factores
estructurales complejos que requieren debates serios y una
acción coordinada de todas las administraciones públicas.
Lo que no podemos permitirnos es añadir a esa ecuación el fuego
cruzado de la estupidez organizada. Ya va siendo hora de exigirnos un
mínimo de higiene mental. Si no somos capaces de apagar el
ventilador que esparce la infamia, terminaremos devorados por un
incendio mucho peor que el forestal: el de la ignorancia consentida.
Saquemos punta a la cordura antes de que los tontos del bulo nos
quemen, definitivamente, el juicio social. Y
recuerda que, según la Ley de Fraga,
“tan tonto del bulo es el que inventa como el que propaga”.