domingo, 8 de febrero de 2026

Más pegado que una lapa gigante

 Puntualmente a la cita con la Mar de Biodiversidad en Granada Hoy.

Más pegado que una lapa gigante

Y el sábado la edición, más reducida en papel. 


Y aquí la versión original completa, sin filtros y sin retoques:

Más pegado que una lapa gigante

La Mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos

  • La lapa gigante es, junto a la nacra, el invertebrado marino más amenazado del Mediterráneo.

  • La recolección intensiva y la transformación del litoral, redujeron sus poblaciones hasta reducirlas a pequeños núcleos aislados.


    Patella ferruginea. web: litoraldegranada.ugr.es


Pegada a la roca, donde el mar golpea y el sol abrasa, vive una de las especies más antiguas y amenazadas del Mediterráneo. La lapa gigante (Patella ferruginea), es uno de los invertebrados marinos más escasos de Europa y, sin duda, uno de los más emblemáticos. Algunos ejemplares superan los 10 centímetros de longitud, lo que la convierte en la mayor lapa mediterránea. En la actualidad sobrevive en pequeños enclaves del mar de Alborán como testigo de un litoral que casi hemos perdido. Su historia es la de un molusco discreto, pero también la de un mar que lucha por conservar su memoria biológica.

Este raro molusco gasterópodo es un bioindicador de parajes bien conservados y tiene un papel ecológico único en las costas rocosas, simbolizando, quizá más que ninguna otra especie, los desafíos de la conservación marina en nuestra región.

Morfología: diseñada para resistir

La lapa gigante es un prodigio de adaptación al intermareal rocoso, la franja de costa que queda alternativamente sumergida y expuesta, un entorno extremo donde pocas especies pueden prosperar. Allí soporta insolación, desecación, golpes de mar y cambios bruscos de salinidad.

Cuando sube la marea, se activa, desplazándose lentamente para raspar microalgas y biofilm con su rádula, una lengua dentada que actúa como una lima biológica. Al bajar el agua, regresa con precisión milimétrica a su punto de reposo, una pequeña cavidad excavada en la roca que encaja con su concha como una huella dactilar.

    Concha de lapa gigante, vista ventral y dorsal. Wikipedia


A primera vista puede pasar como una simple protuberancia más sobre la roca, inmóvil, casi mineral. Pero basta acercarse y observar con atención para descubrir una concha poderosa, maciza, excepcionalmente gruesa, reforzada por fuertes costillas radiales que disipan la energía de las olas. Exteriormente adopta colores pardos, anaranjados o herrumbrosos, por dentro exhibe un color blanco nacarado. Esta concha no solo protege: actúa como escudo térmico, barrera contra depredadores y herramienta de sellado para conservar la humedad.

Bajo ella se oculta un pie musculoso capaz de generar fuerzas de adhesión enormes. Cuando la lapa se fija a la roca, resulta casi imposible despegarla sin romperla. Esa sujeción le permite sobrevivir a temporales que barren por completo su hábitat.

Lejos de ser un simple habitante pasivo, la lapa gigante es una ingeniera del ecosistema: regula el crecimiento de algas, mantiene superficies limpias y contribuye al equilibrio de las comunidades intermareales.



        Patella ferruginea. Diputación de Málaga



Del pasado abundante al presente fragmentado

En tiempos prehistóricos, esta lapa era abundante en el Mediterráneo occidental: sus restos aparecen en numerosos concheros neolíticos, lo que indica que ya era explotada por los primeros habitantes humanos del litoral. Durante siglos formó parte del paisaje habitual de las costas mediterráneas. Pero a partir del siglo XIX su declive se aceleró. La recolección intensiva, unida al crecimiento urbano, la construcción de puertos y la transformación del litoral, redujeron sus poblaciones hasta convertirlas en pequeños núcleos aislados.

Hoy en día, su distribución conocida es relicta y fragmentada: persiste en unas pocas áreas del norte de África (desde el estrecho de Gibraltar hasta Túnez), algunas costas de España (incluyendo Granada, Málaga y Almería), poblaciones en Córcega y Cerdeña, y en islotes del Mediterráneo central.

Las amenazas que la cercan

El retroceso de Patella ferruginea responde a una combinación de factores principalmente de carácter antrópico:

  • Recolección histórica (para consumo alimentario, como cebo e incluso para coleccionismo), que redujo drásticamente su distribución y abundancia. El furtivismo, incluso ocasional, tiene un impacto enorme debido a la baja densidad actual de las poblaciones.

  • Fragmentación, pérdida y artificialización del hábitat, con puertos, espigones y paseos marítimos sustituyendo al litoral rocoso natural, quizás sea la causa principal que además rompe la continuidad espacial que la especie necesita.

  • Presión recreativa sin control, especialmente en zonas accesibles durante mareas bajas, que perjudica la reproducción natural.

  • Contaminación del agua y otras alteraciones ambientales, propias de un mar rodeado de grandes focos urbanos y navegación intensa.

A estas causas hay que sumar los condicionantes biológicos propios de estos organismos tales como baja fecundidad, dispersión larvaria limitada o la dependencia de poblaciones densas para una reproducción eficaz.

Cada una de estas amenazas actúa como una muesca más en una especie que ya se encuentra al límite.

    La lapa gigante es una especie en peligro de extinción. Consejería de Medio Ambiente

Proteger a la lapa gigante: medidas y estrategias

La lapa gigante está protegida por múltiples marcos legales internacionales y europeos, incluida la Directiva de Hábitats de la Unión Europea y los convenios de Berna y Barcelona, que obligan a su protección estricta.

Está incluida en los listados y catálogos de fauna silvestre amenazada, español y andaluz, como “en peligro crítico de extinción” y en el Libro Rojo de Invertebrados de Andalucía como “en peligro de extinción”, lo que significa que su estatus se asemeja al de especies como el lince ibérico o el águila imperial. Su captura, manipulación o destrucción está prohibida.

España aprobó en 2008 una Estrategia de Conservación de Patella ferruginea, actualizada en 2023, con el objetivo de orientar políticas y acciones técnicas para recuperar a la especie y reducir el riesgo de extinción. Esta estrategia define medidas clave como:

  • Seguimiento científico de poblaciones, con censos regulares.

  • Identificación de zonas críticas y sensibles para priorizar protección.

  • Evaluación y mitigación del impacto ambiental de obras costeras o actividades recreativas.

  • Investigación sobre biología y dinámica poblacional mortalidad no natural, para comprender mejor las amenazas actuales y proteger los enclaves productores.

Parientes cercanos: un árbol familiar numeroso

Las lapas pertenecen al Filo de los moluscos, el grupo más numeroso y diverso de invertebrados marinos, (casi la cuarta parte de las especies). Se incluyen dentro de la Clase de los gasterópodos que abarcan desde los conocidos caracoles con concha hasta las coloridas babosas de mar sin ella. Su nombre proviene del griego (gastro = estómago + podo = pie), ya que poseen un pie musculoso en posición ventral que utilizan para reptar.

Patella ferruginea pertenece al grupo de las conocidas como lapas verdaderas, consideradas uno de los linajes más antiguos de gasterópodos actuales. Su diseño corporal, concha simple, no enrollada, ausencia de opérculo, y pie musculoso, es el resultado de millones de años de evolución adaptada al oleaje.

Dentro del género Patella se agrupan especies muy comunes en nuestras costas, como P. rustica, que ocupa niveles más altos del intermareal, o P. caerulea, muy común en zonas más bajas. Sin embargo, P. ferruginea representa una línea evolutiva singular, endémica del Mediterráneo occidental y hoy confinada a parajes muy concretos. La lapa gigante se diferencia de ellas por su mayor tamaño, concha más robusta y distribución extremadamente restringida

Es, en cierto modo, una reliquia viviente de un litoral más salvaje. Los estudios genéticos confirman que es una especie bien delimitada, con escasa conectividad entre poblaciones. Esta falta de intercambio biológico la hace única… y especialmente vulnerable.

    Patella rustica, P ferruginea y P. caerulea. Tomado web: litoraldegranada.ugr.es



Un futuro en nuestras manos

El caso de la lapa gigante no es solo una historia de declive, sino también de resistencia biológica y de esfuerzos coordinados de conservación. Aunque sus poblaciones son escasas y fragmentadas, aún hay indicios de reproducción y reclutamiento en ciertos enclaves, lo que sugiere que, con el apoyo correcto, es posible mantener o incluso reforzar estos reductos.

La clave está en una combinación de políticas públicas sólidas, investigación científica permanente y, muy importante, una ciudadanía bien informada y comprometida. Cada vez que evitamos recolectar una lapa, que no perturbamos un acantilado o que respetamos zonas protegidas, contribuimos a su supervivencia.

Porque en las rocas del Mar de Alborán, esa lapa gigante que a simple vista puede pasar desapercibida, guarda el relato de un mar que queremos preservar: biodiverso, resiliente y lleno de vida. Y su futuro dependerá, en gran medida, de nuestra propia voluntad de protegerlo.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Regularizar para humanizar: justicia social frente al bulo y la hipocresía.

 'Regularizar para humanizar: justicia social frente al bulo y la hipocresía' | El Independiente de Granada

Arranco la semana como un apóstol intruso, escribiendo una carta, de buena fe, a los cristianos de buena fe. No quiero que, cuando dentro de un tiempo nos avergoncemos de cómo hemos tratado a otras personas, me recriminen mis hijos o mis nietos que yo qué opinaba.

Perdonad la homilía. 


Regularizar para humanizar:

justicia social frente al bulo y la hipocresía



SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos



Carta abierta a los CRISTIANOS,

de buena fe, sobre la inmigración



El debate público sobre el Real Decreto sobre inmigración aprobado por el gobierno para iniciar el proceso de regularización de personas migrantes en situación administrativa irregular”, se está viendo contaminado por bulos, miedos interesados y discursos que deshumanizan. Frente a este ruido, conviene recuperar una mirada serena, informada y profundamente humana. Hay que recordar que esta propuesta política parte de una Iniciativa Legislativa Popular presentada en el Congreso de los Diputados y respaldada por cientos de miles de firmas y por una amplia red de organizaciones sociales, sindicales, eclesiales y académicas. Desde mi punto de vista y de mi manera de entender nuestra sociedad, es una propuesta jurídicamente viable, socialmente necesaria y moralmente inaplazable.

Defenderla, desde un humanismo cristiano, no es una concesión al ‘buenismo’, como algunos pretenden caricaturizar. Es, ante todo, una exigencia ética profundamente arraigada en la Doctrina Social de la Iglesia y coherente con la defensa de los principios básicos de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho consagrados en nuestra Carta Magna.

Vivimos momentos en los que algunos se empeñan en meter a la Iglesia en la esfera pública, y la propia jerarquía eclesiástica se mete en política, (incluso el presidente de la Conferencia Episcopal se ha atrevido a pedir elecciones generales anticipadas). Momentos en los que, ante la tragedia de un desgraciado accidente ferroviario, nos han impuesto un funeral religioso público, en directo, urbi et orbe. Y sin embargo en un asunto como el tema de la inmigración que requiere la implicación social directa y comprometida, se echa de menos la presencia activa y la falta de liderazgo desde una visión cristiana.

Yo me he criado en una sociedad de valores en los que la dignidad de la persona es el principio irrenunciable que debe orientar cualquier política pública. Por ello me repatea que se hable de ‘ilegales’, cuando nos referimos a hombres y mujeres que trabajan honradamente, que cuidan de nuestros familiares, que sostienen sectores de nuestra economía y que forman parte de nuestras comunidades.

Acudiendo a las Sagradas Escrituras (Éxodo) encontramos una interpelación directa: “no oprimirás al extranjero; vosotros conocéis la suerte del extranjero, porque extranjeros fuisteis”. Obvia decir que como españoles deberíamos ser sensibles a los inmigrantes, nosotros que hemos sido emigrantes como bien debería saber el gallego Núñez Feijóo. Y es más, el propio Jesucristo fue claro al respecto como podemos leer en el evangelio (Mateo), “fui forastero y me acogisteis”. La hospitalidad, la justicia y la defensa del vulnerable no son añadidos opcionales del humanismo cristiano, forman parte de su núcleo esencial, no como un llamamiento piadoso, sino como un criterio de juicio ético y social. Como emigrante durante cinco años en mi juventud, quizás yo haya desarrollado una empatía espacial, al haber estado “metido en esos zapatos”.

Quiero creer que muchas personas de pensamiento cristiano estén siendo víctimas de las campañas de desinformación que, con el objetivo de derrocar al gobierno progresista, buscan el odio y la confrontación y persiguen infundir miedos. Esa debe ser la finalidad del argumento que algunos tontos del bulo propagan cuando señalan repetidamente que la regularización genera un ‘efecto llamada’. La experiencia, por el contrario demuestra que las personas migran históricamente empujadas por causas estructurales (conflictos, pobreza, cambio climático, desigualdades globales), no por procesos administrativos complejos y limitados en el tiempo. No se trata de proponer fronteras abiertas ni una regularización automática per secula seculorum, sino una medida excepcional para una realidad ya existente y enquistada. Negar derechos no frena la migración, solo la hace más vulnerable.

Otro argumento recurrente, más falaz aún, sostiene que las personas migrantes “quitan trabajo” o “viven de ayudas”. La realidad es que miles de personas en situación irregular ya están trabajando, muchas veces en condiciones precarias, sin contratos ni derechos, especialmente en sectores como la agricultura, la hostelería, los cuidados sociales o la construcción. Regularizar no quita empleo, ordena el mercado laboral, combate la economía sumergida y protege tanto a trabajadores migrantes como autóctonos frente al abuso. Además, con la regularización aumentan las cotizaciones y los ingresos públicos, fortaleciendo el Estado del Bienestar.

También se difunde el miedo con una supuesta amenaza a la seguridad o a la convivencia. Este discurso no solo carece de base empírica, sino que resulta profundamente injusto. Y no solamente porque la regularización tiene como requisito imprescindible no tener antecedentes penales ni suponer amenaza para el orden público. La exclusión administrativa es la que genera marginalidad, la inclusión genera cohesión. ‘Dar papeles’ es dar derechos, pero también deberes, visibilidad y responsabilidad compartida. Una sociedad más justa es, siempre, una sociedad más segura.

En el proceso iniciado se trata de regularizar a quienes ya están aquí, ya viven entre nosotros y ya contribuyen. Es una medida de realismo social que se incardina en un Plan de Integración y Convivencia y debe tener continuidad con una estrategia de migración regular, segura y ordenada. Mirar hacia otro lado perpetúa una hipocresía colectiva: nos beneficiamos del trabajo de estas personas mientras les negamos el reconocimiento legal y la plena dignidad cívica.

Esta regularización no es la primera ni será la última, ni aquí ni en el resto de la Unión Europea. La propia Meloni por ejemplo, (de la que presumen amistad y a la que admiran tanto la derecha extrema como la extrema derecha española), aunque mantiene la retórica anti-inmigrantes con la que llegó al gobierno italiano, autorizó entre 2023 y 2025 más de 400.000 contratos a extranjeros. Con la última regularización del verano pasado se prevén en ese país hasta 500.000 nuevos visados de trabajo para migrantes extraeuropeos en los próximos tres años.

La regularización de inmigrantes fue apoyada explícitamente por el PP votando a favor de la toma en consideración de la Iniciativa Legislativa Popular. Entonces su presidente afirmaba hay un debate que debemos de dar y debemos de zanjar con los inmigrantes que viven en España y que trabajan en España pero que no obtienen o no han obtenido de momento papeles. Y esos pueden estar tranquilos” y el portavoz, por entonces del PP, Borja Sémper, reconoció que había cientos de miles de personas trabajando en la economía sumergida, sin cotizar y sin derechos defendiendo que “a estos seres humanos hay que darles una salida”.

Bajo los gobiernos de José María Aznar, con Mariano Rajoy de ministro del Interior para más inri, se produjeron tres regularizaciones: en 1996, en 2000 y en 2001, que alcanzaron a unas 500.000 personas. Y antes, a principios de los 90 el PP apoyó las medidas al respecto tomadas por el gobierno del expresidente (y exsocialista), Felipe González, defendiéndolas siempre con argumentos humanistas y económicos.

Mucha gente se preguntará ¿qué ha cambiado para que un asunto que se supone cuenta con un amplio consenso social se convierta ahora en nuevo caballo de batalla? Pues, si la realidad migratoria ni la evidencia no son diferentes, lo único que se ha trastocado es la estrategia política del PP que se pasó hace tiempo de integrar a la extrema derecha y democratizarla a sucumbir a sus postulados y a arrastrarse a su discurso y a su programa antidemocrático.

Lo de Vox es previsible, el racismo es uno de los puntos principales de su programa político como muestra que en su propaganda aparezcan memes de Pedro Sánchez entregando pasaportes a jóvenes de aspecto magrebí. Curiosamente serán inmigrantes latinoamericanos los que más se beneficien de este proceso, esos que prefería la Ayuso y que decía “que estaban como en casa”.

El líder de Vox, Santiago Abascal también ha vuelto a hacer el ridículo queriendo implicar a la Unión Europea afirmando que estas medidas perjudican “el correcto funcionamiento del espacio Schengen”, confundiendo y/o ignorando que conseguir un permiso de trabajo en España no se extiende a otros países.

Núñez Feijóo, y sus portacoces del PP, han comprado también otro bulo de la ultraderecha al acusar a Pedro Sánchez de intentar ganar votos entre los extranjeros. Todavía escucho y leo a algunos hooligans agarrados a esta burda mentira, ocultando que un permiso de trabajo no significa obtener la nacionalidad que es la que da derecho al voto en unas elecciones generales o autonómicas. Y que la residencia legal permite el voto solamente en las elecciones municipales, en determinadas condiciones y con tres años de vigencia, por lo que no llegaría a tiempo para las próximas. Se vuelve a repetir aquello de “que la verdad no te estropee el titular”.

Cuando escucho estos prejuicios no puedo dejar de pensar en el refrán de “piensa el ladrón que todos son de su condición” e imaginar qué son capaces de hacer (el que pueda hacer que haga) por conseguir el poder o desde el poder. Un refrán, por cierto, que algunos asocian a paisajes bíblicos como el comportamiento de Judas Iscariote al juzgar las acciones de otros sobre el uso del dinero.

Ahora bien, debo confesar que me decepciona e indigna cuando oigo a quienes defienden la regularización solo desde argumentos económicos: porque “faltan trabajadores”, porque “mejoran las cotizaciones” o porque “conviene al PIB”. Sin negar que estos efectos existan, reducir la dignidad humana a su utilidad económica es profundamente preocupante.

Y aquí es donde me gustaría encontrar a cientos, miles, millones de personas que pregonan la doctrina de Jesús de Nazaret. Me gustaría que en todas las misas, en todas las iglesias españolas, se extendiera la Doctrina Social de la Iglesia que señala que “el trabajo está al servicio de la persona, y no la persona al servicio del trabajo”. Me gustaría que en las homilías se predicara que la regularización es justa, no porque sea rentable, sino porque reconoce derechos a personas humanas, a hijos de Dios. Defenderla solo porque “nos conviene” es aceptar, implícitamente, que si un día dejara de ser rentable, dejaría de ser justa. Y eso es inaceptable desde un pensamiento humanista cristiano. Cuando el orden administrativo se antepone sistemáticamente a la dignidad humana, algo se ha torcido profundamente en nuestra escala de valores.

¡Tan lejos han quedado ya los buenos sentimientos navideños cuando se celebraba el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios bajado del cielo para impartir la buena nueva de amar al prójimo!

¡A ver si pasan pronto las carnestolendas, en las que muchos parecen estar instalados permanentemente, y llega la Semana de Pasión en la que vivimos con fervor la muerte y resurrección de nuestro Salvador y se renuevan las devociones marianas a la madre de Jesús y nos ayudan a recuperar el espíritu y el modo de vida ejemplar de los cristianos! Amén. Y ojalá. 

sábado, 24 de enero de 2026

La brótola, vida discreta de un pez de fondo

Seguro que muchas personas han oído o utilizado la expresión "ojos como brótolas". Probablemente incluso hayan comido este rico pescado blanco parecido a la merluza. Ya tengo más dudas de que haya tantas que lo hayan visto "vivo y entero". Esta semana escribo sobre las brótolas en "La mar de biodiversidad", mi colaboración periódica de divulgación en Granada Hoy.



Enlace a la edición digital XL: La brótola, vida discreta de un pez de fondo

Y así quedó a color, hoy sábado, la versión en papel. 


La brótola, vida discreta de un pez de fondo

La mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos


  • Es uno de los peces más representativos y desconocidos del mar de Alborán.

  • Habitante de taludes y plataformas, cumple un papel clave en los ecosistemas bentónicos.

  • Comparte parentesco evolutivo con pescados comerciales muy comunes como la merluza o el bacalao.

    Brótola de roca.  Web: litoraldegranada.ugr.es



En la frontera de la luz

En el mar de Alborán, donde confluyen las aguas atlánticas que entran por el Estrecho y las mediterráneas que regresan hacia levante, las aguas superficiales son un hervidero de vida. Plancton, peces pelágicos, aves y cetáceos construyen un paisaje marino visible, dinámico y relativamente bien conocido. Pero basta descender unos cientos de metros para que el escenario cambie por completo. La luz se atenúa, el frío se instala y el relieve submarino se transforma en una sucesión de plataformas, cañones y taludes. Es ahí, en esa frontera entre la claridad y la sombra, donde vive uno de los peces más característicos y discretos, de nuestros fondos marinos: la brótola.

Su variada dieta se compone de crustáceos, gusanos marinos, pequeños peces y cefalópodos, piezas que captura en emboscadas breves y precisas. Aunque rara vez protagoniza documentales, la brótola cumple una función ecológica clave en las redes tróficas profundas como depredadora intermedia controlando poblaciones de invertebrados y pequeños peces; a su vez sirve de alimento a cazadores de profundidad como tiburones o grandes meros.

Un cuerpo hecho para la penumbra

La brótola no es un pez llamativo. No tiene colores brillantes ni formas espectaculares... ni falta que le hace en el hábitat en el que se desenvuelve. La coloración es variable, pero suele moverse entre pardos, grisáceos y violáceos, a veces con reflejos metálicos. En ambientes donde predominan el fango, la arena oscura o la roca cubierta de invertebrados, estos tonos proporcionan un excelente camuflaje. La brótola no necesita huir a toda velocidad: su estrategia es pasar desapercibida.

Su cuerpo está también perfectamente adaptado a un mundo que apenas imaginamos desde la orilla. Es alargado, ligeramente comprimido lateralmente, flexible y con una piel fina y mucosa que reduce el rozamiento y facilita los desplazamientos lentos sobre el fondo.





Brótola de roca. Web: litoraldegranada.ugr.es



La cabeza es relativamente grande, rematada por una boca amplia provista de pequeños dientes cónicos, adecuados para sujetar presas resbaladizas. Los ojos, bien desarrollados, están adaptados a captar la escasa luz que llega a las profundidades.

Uno de sus rasgos más característicos es el barbillón mentoniano, una pequeña prolongación carnosa ricamente inervada que actúa como un ‘radar biológico’, un sensor químico y táctil que le permite detectar movimientos y olores en el sedimento.

Las aletas dorsal y anal son largas y continuas, recorriendo buena parte del cuerpo. No están hechas para grandes carreras, sino para ondulaciones suaves, casi felinas, con las que la brótola se desliza sobre el fondo o se mantiene suspendida a escasa altura. Las aletas pectorales, relativamente amplias, le ayudan a apoyarse y maniobrar entre irregularidades del terreno.

    Brótola de fango. Internares

Reproducción: un viaje vertical

La vida de la brótola transcurre casi por completo en la penumbra, pero su reproducción comienza en un escenario muy distinto. Entre invierno y primavera, los adultos liberan al agua huevos pelágicos, microscópicos y flotantes. Estos huevos ascienden hacia capas más superficiales, donde la temperatura es más alta y la productividad del plancton favorece el desarrollo embrionario. De ellos nacen larvas transparentes, apenas reconocibles como peces, que pasan un periodo formando parte del plancton. Durante semanas, son transportadas por las corrientes, participando en un intercambio biológico entre zonas y profundidades.

Solo cuando alcanzan un cierto nivel de desarrollo comienzan un descenso progresivo hacia el fondo, donde su cuerpo se va alargando, aparecen las aletas definitivas y se forma el característico barbillón. Es entonces cuando abandonan la vida pelágica y adoptan definitivamente el modo de vida bentónico.

Este ciclo, que conecta las aguas superficiales con los fondos profundos, convierte a la brótola en un auténtico eslabón entre dos mundos que rara vez asociamos.

El valor de lo invisible

Además de su interés ecológico, la brótola ha sido tradicionalmente apreciada por su carne blanca y firme, muy utilizada en caldos, guisos y platos marineros. Sin embargo, su crecimiento relativamente lento y su dependencia de hábitats profundos hacen que sea vulnerable a la sobreexplotación, un aspecto cada vez más tenido en cuenta por la investigación pesquera.

La presencia, abundancia y estructura de tallas de las poblaciones de brótola se utilizan como indicadores del estado de conservación de los ecosistemas profundos. Donde las brótolas son frecuentes y muestran poblaciones equilibradas, suele haber fondos relativamente bien conservados.

Quizá la próxima vez que el nombre de la brótola aparezca en una pescadería o en un menú convenga recordarlo: ese pez humilde viene de un mundo sin luz, de un paisaje de fangos y rocas donde late una biodiversidad tan rica como desconocida. El mar de Alborán no termina en la orilla; empieza, muchas veces, donde dejamos de verlo.

De roca y de fango

Las principales diferencias entre la brótola de fango (Phycis blennoides) y la brótola de roca (Phycis phycis) radican en su hábitat, coloración y morfología.


                                           Arriba: brótola de fango. Abajo: brótola de roca.

La brótola de fango habita en fondos blandos de fango o arena. Es una especie de mayor profundidad, pudiendo alcanzar los 600-800 metros. Tiende a ser más clara, con tonos rosáceos o amarronados pálidos y, a menudo, presenta una mancha oscura en la segunda aleta dorsal. Los radios de las aletas pélvicas, (filamentos bajo la cabeza), son más largos y pueden superar el origen de la aleta anal.

Aunque es comestible y apreciada en ciertas regiones, su carne es más blanda y se deteriora más rápido, por lo que tiene un valor comercial ligeramente inferior.

La brótola de roca vive preferentemente en fondos rocosos, cuevas y grietas. Se encuentra a profundidades menores, generalmente hasta los 200 metros. Suele tener un color marrón oscuro o café más uniforme. Los radios de las pélvicas son proporcionalmente más cortos.

Es considerada de mayor calidad culinaria debido a que su carne es más firme y sabrosa, similar a la de la merluza.

Etimología

La etimología del género Phycis proviene directamente del griego antiguo phykon, que significa alga o planta marina. Este nombre fue asignado por los naturalistas debido a las características biológicas y de comportamiento de estas especies que viven escondidas entre las algas y praderas marinas o en fondos rocosos cubiertos de vegetación.

El origen del nombre común, brótola, es discutido. Unos lingüistas consideran que el término es un catalanismo que se extendió por el levante español hasta generalizarse. Se cree que deriva del catalán brota (equivalente a brote o rama), en alusión a sus aletas pélvicas filamentosas, que parecen delgados tallos o brotes que salen de su cuerpo.

Hay otra teoría que lo vincula al nombre de la planta abrótano, que viene del griego abrótonon, y que significa suave o blando. Esta relación se establecería por la textura extremadamente blanda de su carne.

Una hipótesis menos extendida propone que podría derivar del latín merula=mirlo, (nombre que también se da a otros peces oscuros), a través de una forma diminutiva evolucionada como merulatula.




Ojos como brótolas”

O jos como brótolas es una expresión coloquial. Describe ojos muy rojos y/o hinchados y es usada para describir a alguien que ha llorado desconsoladamente o que tiene una mirada vidriosa por cansancio extremo o por estar bajo los efectos de alguna sustancia.

Esta gráfica metáfora, muy arraigada en el habla popular, se basa en los ojos redondos y de gran tamaño de este pez. Al ser un pez de profundidad, cuando es capturado y subido rápidamente a la superficie, el cambio de presión suele provocar que sus ojos se hinchen o sobresalgan, dándoles un aspecto desorbitado o ‘saltón’. El aspecto vidrioso y a veces rojizo de los ojos de este pez se produce también conforme pierde frescura. 

miércoles, 21 de enero de 2026

Los océanos ya tienen 'Constitución'

 El pasado fin de semana entró en vigor el Tratado de Alta Mar, una victoria del multilateralismo en tiempos del trumpismo. Decía el naturalista David Attenborough que “Si salvamos el mar, salvamos el mundo” por lo que la activación de este Tratado constituye una esperanza real para el corazón azul del planeta y representa un hito histórico en la gobernanza de los océanos y en la protección de la biodiversidad marina. La “Alta Mar” deja de ser ‘marritorio’ sin ley. 


Adjunto enlace al Inde en donde he dejado mi opinión al respecto en mi columna SACANDO PUNTA. 

Los océanos ya tienen una ‘Constitución' | El Independiente de Granada


Los océanos ya tienen una ‘Constitución’

SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos

El Tratado de Biodiversidad Marina más allá de la Jurisdicción Nacional, conocido como Tratado de Alta Mar o BBNJ, ha entrado en vigor el pasado fin de semana. La normativa ofrece por primera vez un marco legal vinculante para conservar y usar de forma sostenible la vida marina en casi dos tercios de los mares y océanos que hasta ahora carecían de protección eficaz.

Su activación constituye una esperanza real para el corazón azul del planeta y representa un hito histórico en la gobernanza de los océanos y en la protección de la biodiversidad marina. La “Alta Mar” deja de ser ‘marritorio’ sin ley.

Para España, primer país de la Unión Europea que lo ratificó, representa la reafirmación de un compromiso con la salud de los océanos y plantea nuevos retos en investigación, gobernanza y cooperación internacional.

Un océano al límite: los retos del Cambio Global

  • La Alta Mar es vital para la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la economía mundial ya que sostiene grandes caladeros y soporta el transporte marítimo internacional. Facilita el alimento de más de 3.000 millones de personas y soporta la economía directa de cientos de millones.

    También es un pilar fundamental para la estabilidad climática. Los mares y océanos sanos generan la mitad del oxígeno que respiramos y absorben enormes cantidades del CO₂ que emitimos, lo que atenúa el efecto invernadero causado por el cambio climático.

    Protegerlos es, por tanto, una medida imprescindible para frenar la crisis climática y ecológica.

La entrada en vigor de este Tratado Internacional se produce en un momento en el que el Cambio Global está cobrándose las facturas de los impactos ambientales que han sufrido, y siguen sufriendo, mares y océanos:

  • Los océanos se están ‘asfixiando’. Al absorber más del 90% del exceso de calor generado por las emisiones de gases de efecto invernadero, las aguas están perdiendo oxígeno.

  • Acidificación. El exceso de CO2 absorbido altera el pH del agua, disolviendo literalmente las conchas de moluscos y destruyendo los arrecifes de coral, la ‘guardería’ de la biodiversidad marina.

  • Sobreexplotación y Contaminación. La pesca industrial descontrolada y la acumulación de microplásticos han llevado a muchas especies al borde de la extinción.

Un hito histórico para los océanos

Después de casi 20 años de negociaciones internacionales, el Tratado de Alta Mar ha pasado de ser un ambicioso texto diplomático a una realidad jurídica que regirá la conservación de los océanos a escala planetaria. Su entrada en vigor se ha producido una vez superado el umbral de ratificación exigido, (60 Estados), ya que 83 países lo han incorporado ya a su derecho interno.

Este instrumento, articulado bajo el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, establece por primera vez reglas vinculantes para salvaguardar la biodiversidad en áreas situadas fuera de cualquier jurisdicción nacional, lo que incluye la inmensa mayoría del océano que se extiende más allá de las 200 millas náuticas de las costas. La biodiversidad marina, por primera vez, está por encima del beneficio económico inmediato.

Estos son los tres pilares en los que se fundamenta:

  • El Tratado es la pieza clave para cumplir el objetivo global de proteger el 30% de los océanos para 2030 (objetivo conocido como 30x30). A partir de hoy, se pueden crear Áreas Marinas Protegidas donde la actividad humana esté restringida para permitir que la vida se recupere.

  • Ninguna actividad, (como la minería submarina o nuevas rutas comerciales), podrá iniciarse en alta mar sin una Evaluación de Impacto Ambiental rigurosa y transparente.

  • Los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos deberán compartirse de forma equitativa entre países ricos y en desarrollo, fomentando una ciencia oceánica global.

Según Naciones Unidas, este acuerdo no solo cierra una brecha histórica en la gobernanza de los océanos, sino que también introduce mecanismos que transformarán el modo en que la comunidad internacional aborda la conservación marina, el uso sostenible de los recursos y la distribución equitativa de beneficios derivados de los recursos genéticos marinos.

España en la escena global

España ha desempeñado un papel activo en el proceso de promoción y ratificación del Tratado. Fue uno de los primeros países de la Unión Europea en depositar su instrumento de ratificación y ha respaldado los esfuerzos diplomáticos para que la Unión Europea en su conjunto impulse la protección de los océanos como prioridad estratégica.

La ratificación por parte de España se inscribe en un compromiso más amplio con la agenda internacional de conservación marina y otras metas globales como el objetivo 30×30, que el Tratado hace más viable.

Además, múltiples voces científicas y de organizaciones no gubernamentales han reclamado que estamos ante una gran oportunidad para reforzar la investigación oceánica, integrar mejores prácticas pesqueras y fortalecer la cooperación interinstitucional a nivel europeo y global.

Una oportunidad para un mar vivo

En un momento en que la crisis climática, la contaminación y la pérdida de biodiversidad ponen en peligro a millones de especies y a comunidades humanas que dependen del mar, la entrada en vigor del Tratado de Alta Mar no solo es motivo de celebración, sino también una llamada a la acción: el futuro de los océanos depende de cómo se ejerza este nuevo marco normativo en los años venideros.

Estamos ante un punto de inflexión en la historia de la protección oceánica. Por primera vez, la comunidad internacional cuenta con un marco legal global para defender, gestionar y restaurar los ecosistemas marinos más remotos del planeta. Si bien su éxito dependerá de la aplicación real y coordinada de sus disposiciones, este marco abre la puerta a un futuro donde los océanos sean reconocidos como bienes comunes globales que merecen protección activa.

  • Este Acuerdo es un logro a contracorriente, un triunfo del multilateralismo en la era del trumpismo, en el mismo mes en el que los EEUU han abandonado la Convención de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático.

    Y es también la demostración de que en un contexto de presión creciente sobre la vida marina, (sobrepesca, contaminación, cambio climático y otras amenazas emergentes), ante la policrisis a la que nos enfrentamos, la cooperación es la única vía de escape. Ningún país ni organismo sectorial puede afrontar estos desafíos por sí solo: hace falta una respuesta coordinada y basada en el mejor conocimiento científico disponible.