domingo, 3 de mayo de 2026

Golondrinas de mar

He superado ya los 50 artículos de la serie "La mar de biodiversidad" que inicié hace un par de años como una parte de mi "dejé los montes y me vine al mar". Un reto personal, divulgar temas ambientales en los que no soy experto, y una manera de 'huir' (o al menos de retirarme un poco) de los temas de la 'gran montaña mediterránea' que habían supuesto buena parte de mi carrera laboral y sobre los que había girado mi (prolija) actividad editorial y divulgativa, con varias series de artículos  entre noviembre de 2014 y junio de 2019 agrupados en varias colecciones:

  • Sierra Nevada, Paraíso de biodiversidad (74)
  • Una montaña de oportunidades (66) 
  • La huella del cambio global en Sierra Nevada (10)
  • Paisaje y paisanaje (30) 

En total 180 artículos, si no he contado mal y no se me ha escapado alguno, muchos de ellos a doble página, y a todo color, que muestran Sierra Nevada, su flora y su fauna desde diferentes perspectivas, lugares más famosos y los más recónditos y también hombres y mujeres relacionados con Sierra Nevada. En este blog están 'escondidos' todos y pueden localizarse a través de las etiquetas correspondientes a cada serie.

En esta nueva colección estoy conociendo a todo el ecosistema en torno al mar, la mar, que a veces está tan lejos de la ciudad y con el que tenemos una relación muy tangencial y a veces mediatizada por el cine, la cocina, las leyendas u olvidadas en un rincón de nuestras memorias infantiles. 

Esta semana he cruzado este rubricón con otro reportaje dedicado a aves marinas, en esta ocasión, los charranes, conocidos como golondrinas de mar, que en el litoral granadino podemos ver en invierno o en los pasos migratorios y para el que he contado con la colaboración extraordinaria de Lucía García Alcántara que ya colaboró en Gigantes del cielo sobre el Mar de Alborán (el artículo que dedicamos al albatros y al cormorán). 

Adjunto enlace a la edición digital en la web del periódico:

‘Golondrinas de mar’

Y así quedó la versión impresa del pasado sábado.



 ‘Golondrinas de mar’

La mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos y Lucía García Alcántara

Los charranes son aves marinas que podemos observar en invierno y en los periodos de migración. Su diseño aerodinámico les permite realizar impresionantes acrobacias.


        Charranes patinegros en la orilla


Popularmente conocidos como ‘golondrinas de mar’, los charranes son visitantes habituales en nuestro litoral granadino, especialmente durante los periodos de migración (primavera y otoño) y en invierno, pescando activamente cerca de la orilla o descansando en playas y acantilados o en infraestructuras portuarias. Aunque nuestra orografía carece de grandes marismas o deltas tranquilos, el hábitat idóneo de estas aves para anidar, sí utilizan nuestra costa como ‘estación de servicio’ para alimentarse y descansar.

Estos ‘acróbatas del viento’ son el vivo ejemplo de la biodiversidad que esconde el litoral granadino, una joya estratégica en la ruta migratoria entre Europa y África. Poseen un vuelo de batidos profundos que se vuelve errático cuando buscan alimento. Realizan un magistral ‘cernido’ de observación, quedándose suspendidos en el aire, lanzándose en un picado vertical al localizar su objetivo.

En nuestro litoral podemos encontrar dos especies: el esquivo charrán común (Sterna hirundo) y el espectacular, y mucho más abundante, charrán patinegro (Thalasseus sandvicensis).

El charrán patinegro hace honor a su nombre con unas inconfundibles patas negras. Es pálido, esbelto y luce un característico pico largo y negro rematado por una llamativa punta amarilla. En los adultos reproductores, destaca una cresta hirsuta y despeinada de color negro en la nuca. Es un residente invernal muy frecuente y se le ve a menudo en playas urbanas, en el Puerto de Motril o en espigones.


El charrán común es más pequeño que el patinegro; en verano luce un capirote negro total, contrastando con el pico y las patas de un rojo intenso. En invierno su frente se vuelve blanca y su pico oscuro. Las aves jóvenes de esta especie lucen una conspicua franja oscura en el borde del ala.


OTRAS CITAS. En nuestra costa se ha citado también la presencia, muy esporádica, del charrancito común (Sternula albifrons), el más pequeño y nervioso de la familia, que podemos identificar por su frente blanca, el pico amarillo de punta negra y su vuelo batido muy rápido. Más raro aún es observar al charrán bengalí (Thalasseus bengalensis), aunque algunos expertos han notificado unos pocos avistamientos e intentos de reproducción en la zona. Destaca por su inconfundible pico de color zanahoria.





Curiosas adaptaciones

  • Visión de precisión. Sus ojos están adaptados para corregir la refracción de la luz en el agua. Ven al pez exactamente donde está, no donde parece estar debido al reflejo.

  • Impermeabilización extrema. Poseen una glándula (uropigial) muy desarrollada que segrega un aceite con el que ‘barnizan’ sus plumas. Tras el chapuzón, un simple sacudido en vuelo los deja secos al instante.

  • Sal de sobra. Al beber agua de mar y comer presas saladas, cuentan con unas glándulas situadas encima de los ojos que filtran el exceso de sal, expulsándola en forma de gotas por las fosas nasales.

¿Dónde y cuándo observarlos?

Los charranes son especies mucho más sensibles a la presencia humana que otras aves marinas como las gaviotas.

  • El Puerto de Motril y la Azucarera del Guadalfeo son los mejores ‘hoteles’ para el descanso. En los pantalanes y embarcaderos es fácil ver grupos de patinegros descansando al sol tras una jornada de pesca.

  • La desembocadura del Guadalfeo es una zona clave para el descanso de aves marinas y limícolas, un punto crítico para la biodiversidad. Aquí, el agua dulce y salada se mezclan, ofreciendo un buffet de pequeños peces que atraen a muchas especies, especialmente en los meses más fríos.

  • Cabo Sacratif. Para los amantes del birdwatching, este saliente es el mejor palco para observar los charranes durante los pasos migratorios.

  • Los Acantilados de Calahonda-Castell y Cerro Gordo destacan por sus colonias de gaviotas, pero ofrecen buenas oportunidades para ver charranes pescando en aguas abiertas.

    Amenazas para su conservación

    El futuro de estas aves pende de un hilo. Al efecto negativo de la sobrepesca de las especies de las que se alimenta, hay que sumar la alteración extrema de su hábitat debido al desarrollo urbanístico de todo el litoral o la ocupación para la agricultura, que les han privado de lugares de cría y descanso. Además, se enfrentan a depredadores naturales y a la agresiva competencia de especies como la gaviota patiamarilla. Una de sus mayores fragilidades es que las puestas, en un agujero que hacen escarbando en la arena, están muy expuestas.

    A todo ello debemos añadir los efectos de la contaminación por vertidos y plásticos, y la subida del nivel del mar derivada del cambio climático, que erosiona y devora los escasos islotes y dunas donde intentan nidificar.

            Charrán común. Silueta en vuelo

                Charrán patinegro. Silueta en vuelo

















¿Cómo distinguirlos? Siluetas y vuelo

A diferencia de las gaviotas (más robustas y de alas anchas), los charranes tienen una silueta de golondrina: alas largas y muy estrechas, terminadas en punta. Su cola es profundamente ahorquillada, lo que les da una agilidad extrema para las maniobras áereas. El vuelo de los charranes es ‘nervioso’, con un aleteo constante, rápido y rítmico que contrasta con el planeo de forma señorial de las gaviotas.

Pero la firma personal de estas aves es la técnica del "cernido". Se quedan suspendidos en un punto fijo en el aire, batiendo las alas con fuerza mientras apuntan con el pico hacia abajo, antes de plegarse como un paraguas y caer en picado. El patinegro es especialmente espectacular: se zambulle desde alturas de 10 a 15 metros, ejecutando un buceo profundo para atrapar peces, en una maniobra digna de los grandes alcatraces. El charrán común, en cambio, suele capturar a sus presas zambulléndose desde menor altura y de forma más superficial.


¿Sabías que...?

  • Ofrendas de amor: en época de celo, el macho ofrece un pececito ‘de plata’ a la hembra. Si ella lo acepta, el compromiso está sellado.

  • A diferencia de las gaviotas, que son carroñeras y oportunistas, los charranes comen peces vivos, especialmente boquerón y sardina joven.

Nota: Las imágenes corresponden a la web de SEOBirdLife, Sociedad Española de Ornitología, la ONG de conservación de la naturaleza más antigua de España.

 

 

lunes, 27 de abril de 2026

Del retardismo al negacionismo

El análisis de los pactos en Extremadura y Aragón entre PP y vox se están centrando en la disparatada propuesta de la 'prioridad nacional' y ha dejado menos protagonismo a la desregulación ambiental, al negacionismo climático y otras 'rebajas' ambientales. He sacado el lápiz verde y le he 'sacado punta' en mi blog digital en 'el Inde'  y ahora lo hago en mi blog personal. 

'Del retardismo al negacionismo' | El Independiente de Granada



martes, 21 de abril de 2026

Yo soy 'woke' (y a mucha honra)

Esta semana le saco punta en mi columna en El Independiente de Granada y me declaro woke, aunque en el verdadero sentido de la palabra y no en el que ha derivado por la fachosfera y la carcundia. Lo hago sin chulería pero también sin complejos, y lo uso mas en legítima defensa que como ataque. Si me van a llamar así que se sepa qué significa y por qué lo soy.

Enlace al blog Sacando punta 👉 'Yo soy 'woke' (y a mucha honra)' | El Independiente de Granada



sábado, 18 de abril de 2026

Sombras bajo el azul marino

¿Te parecen peligrosos los tiburones? Pues en el Mediterráneo nosotros somos el verdadero peligro para su supervivencia. 

Lo cuento esta semana en "La mar de biodiversidad" y de propina te hablo del 'finning' y de que los tiburones ya poblaban mares y océanos antes de que aparecieran los primeros árboles y los dinosaurios. En esta ocasión he contado con un 'socio' para su redacción, Javi Morillo, un joven biólogo, un auténtico experto en biología marina a pesar de su juventud y muy comprometido con la conservación  de la biodiversidad marina. 

Enlace a la versión digital

Sombras bajo el azul marino

Y así quedó la versión impresa 👇



lunes, 6 de abril de 2026

Tontos del bulo en Semana Santa

Me he inventado la ley de Praga, tan tonto del bulo es el que crea como el que propaga y le he sacado punta a los tontos del bulo en esta Semana Santa. ¡Qué cansinos! Ni siquiera santifican las Fiestas.     

La Ley de Praga, tan tonto del bulo es el que inventa como el que propaga.

'Tontos del bulo en Semana Santa' | El Independiente de Granada




domingo, 5 de abril de 2026

Gigantes del cielo sobre el Mar de Alborán

Este fin de semana, en mi sección de "La mar de biodiversidad" en Granada Hoy, comparto protagonismo con una joven bióloga, Lucía García Alcántara, experta en aves marinas, que me inspiró este artículo cuando impartió un taller en una jornada de 'basuraleza' con Iberozoa (lo conté aquí), lo ha supervisado y me ha ayudado a la redacción de los textos. 

Así quedó la versión digital: Gigantes del cielo sobre el Mar de Alborán

y así la versión en papel de este domingo (ayer no había periódico en papel por ser sábado santo). 


 Así eran los 'brutos' enviados a la redacción del periódico para que pudieran maquetarlo a quién le tocara de guardia en esta 'Semana de Pasión'.


Gigantes del cielo sobre el Mar de Alborán

La mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos. Lucía García Alcántara

El cormorán es un maestro consumado del buceo y el albatros el rey del planeo sobre el mar.

        Grupo de albatros en alta mar


Si fijamos la mirada en el horizonte de nuestra Costa Tropical durante los meses de invierno, es probable que seamos testigos del espectáculo del vuelo de dos aves marinas, que, por su envergadura y destreza, ostentan el título de los 'gigantes' del Mar de Alborán.

Del picado vertiginoso del alcatraz al buceo táctico del cormorán

Estas especies que comparten el espacio aéreo del litoral granadino, son el resultado de adaptaciones evolutivas para sobrevivir en el medio marino.

    El alcatraz atlántico (Phalacrocorax carbo) constituye un auténtico proyectil viviente. Su adaptación más asombrosa es su capacidad de realizar picados a casi 100 km/h desde alturas de 30 metros, emboscando sin previo aviso grandes bancos de peces y explotando un nicho ecológico al que la mayoría de las aves marinas le es imposible acceder. Para no sucumbir al impacto, posee sacos aéreos bajo la piel que actúan como ‘airbags’ y carece de orificios nasales externos, evitando que el agua penetre a presión en sus pulmones.

La principal adaptación del cormorán grande (Morus bassanus) es que, a diferencia de otras aves acuáticas como las anátidas, tiene un plumaje que no es totalmente impermeable. Su glándula uropígea no es tan activa por lo que al absorber agua, pierde flotabilidad y puede sumergirse con una agilidad pasmosa para perseguir peces. Por esta razón, tras la inmersión, está obligado a posarse con las alas extendidas al sol, para secar su traje de faena, constituyendo una estampa icónica muy habitual de estas aves.

        Cormorán grande secando sus alas



    Desafíos para la conservación

La presencia de estas aves es un indicador de la salud de nuestros ecosistemas. Proteger enclaves como el paraje natural Maro-Cerro Gordo o las ZECS Acantilados y Fondos Marinos de la Punta de la Mona, Tesorillo-Salobreña y Calahonda-Castell de Ferro, o la Reserva Natural Concertada de la Charca de Suárez, no es solo una cuestión ética y estética, sino una necesidad ecológica para garantizar que estos titanes sigan patrullando el cielo sobre el mar cada invierno.

A pesar de su majestuosidad, estas especies enfrentan diferentes amenazas silenciosas en nuestras aguas:

Interacciones pesqueras: Los enredos accidentales en artes de pesca siguen siendo una causa de mortalidad relevante.

    Contaminación por plásticos: Al ser depredadores acumulan microplásticos a través de sus presas y, en ocasiones, confunden restos flotantes con material para nidos o alimento.

    Degradación del litoral: El aumento de la presión humana en acantilados y zonas de descanso puede alterar sus ciclos de invernada.

    Por desgracia, una de sus principales amenazas sigue siendo la persecución furtiva, especialmente en el caso del cormorán. Existen muchos mitos infundados extendidos en la población que le dan mala imagen, pero la realidad es que no esquilman las poblaciones, sino que suelen capturar especies de escaso valor comercial o individuos enfermos, evitando además la propagación de parásitos en la población de peces. Asociaciones de conservación y organismos científicos rechazan los controles de sus poblaciones y coinciden en que las mejores medidas de gestión es mantener en buen estado los ecosistemas y ‘dejarlas en paz’. En los últimos años se están realizando esperanzadores proyectos de colaboración entre pescadores y ornitólogos hacia una pesca artesanal sostenible, actuando este sector primario como un aliado en el estudio y conservación de las aves marinas.


            Silueta de alcatraz atlántico en vuelo



Silueta de cormorán en vuelo













¿Cómo identificarlos?

El alcatraz atlántico podemos denominarlo como ‘dardo blanco’ pues muestra una silueta con alas muy largas y estrechas con cuello y cola apuntados, formando una cruz o huso. Su envergadura (distancia entre la punta de las dos alas extendidas) roza los 2 metros y su longitud (distancia entre la cabeza y las patas) se aproxima al metro. El pico es fuerte y puntiagudo, de color azulado. En vuelo alterna aleteos potentes con planeos larguísimos, pero lo que le hace inconfundible es cuando se lanza en picado vertical. Los adultos son de un blanco radiante con las puntas de las alas negras (como si las hubiera mojado en tinta) y la cabeza con un sutil tono amarillento. Los juveniles son grisáceos o marrones oscuros, con motas blancas. Tardan 5 años en alcanzar el blanco puro del adulto; en los años intermedios parecen ‘sucios’ o a parches.

El cormorán grande tiene una envergadura de un metro y medio aproximadamente y una longitud próxima al metro. Muestra una silueta con cuerpo robusto, cuello largo, que suele llevar algo estirado o ligeramente doblado, y alas más cortas y redondeadas que la del alcatraz. Vuelan bajo, rozando el agua, a menudo en formación de "V" o en filas si van en grupo. Los adultos son casi totalmente negros. En época de celo, (final de invierno), tanto machos como hembras, cambian el plumaje, ya que que ambos participan activamente en el cortejo y la exhibición en el nido. Entonces desarrollan unas características manchas blancas en los ‘muslos’, una caperuza canosa y se acentúan los reflejos metálicos. Los juveniles son de color pardo oscuro, pero lo más fácil para reconocerlos es su pecho y vientre blanquecino o muy claro, que contrasta con el dorso oscuro.

Para saber más:

FICHA Alcatraz atlántico - SEO/BirdLife

FICHA Cormorán grande - SEO/BirdLife

Sabías que...

El alcatraz tiene una visión binocular excepcional que le permite calcular distancias con precisión milimétrica antes del impacto en el agua. Además, sus ojos cambian de color: los adultos tienen un iris azul pálido rodeado de un anillo de piel negra que parece ‘eyeliner’.


El futuro vuela sobre nuestras olas

Más allá de su valor ecológico, la presencia de estos gigantes es una oportunidad para el turismo ornitológico, una modalidad de ecoturismo en alza, que puede ser un complemento para una oferta turística desestacionalizada. Atraer a observadores de toda Europa, que acuden con sus cámaras y prismáticos a puntos de nuestra costa, pone en valor un patrimonio natural que no entiende de sombrillas ni de hamacas.

Cuidar de nuestros alcatraces y cormoranes es, en definitiva, cuidar de una marca de calidad para la Costa Tropical: la de un litoral vivo que ofrece espectáculos naturales de primer nivel a escasos metros de nuestras playas. Cada picado del alcatraz y cada silueta del cormorán secándose al sol son recordatorios de que el Mar de Alborán sigue siendo un santuario que merece ser admirado, respetado y, sobre todo, protegido.




       Alcatraz planeando sobre el mar



¿Cuándo y dónde observarlos en la costa granadina?


El alcatraz atlántico es un ave marina que se observa principalmente durante el otoño e invierno, cerca de la plataforma continental, en el cabo Sacratif, desembocadura del Guadalfeo y zonas de acantilados. La mayoría de los ejemplares avistados provienen de colonias del norte de Europa y Gran Bretaña que encuentran en nuestra costa un ‘balneario’ rico en alimento.

El cormorán grande es muy común durante la época invernal. Se puede observar reposando en espigones, rocas o pescando cerca de la costa, en zonas tranquilas como los acantilados de Cerro Gordo o de Calahonda. Se ha vuelto un vecino cada vez más habitual colonizando incluso humedales interiores como la Charca de Suárez y llegando hasta la Laguna de Padul, Cubillas, Bermejales o el Embalse de Negratín donde se ha observado una colonia reproductora.

Ambas especies también pueden observarse en los pasos migratorios pre- y postnupcial, cuando ocasionalmente también es posible avistar al cormorán moñudo.


         Cormorán en vuelo de inspección


* Las imágenes y dibujos de este artículo han sido tomados de la web de la ONG, SEO-Birdlife.