domingo, 9 de agosto de 2026

Frente al chantaje y los tontos útiles: asertividad

Aprovecho la crisis migratoria y humanitaria en Ceuta para explicar, en torno al término asertividad, qué debe hacer el gobierno y qué están haciendo nuestros 'socios europeos', algunos aliados y algunos compatriotas. 

Adivina quiénes son los tontos útiles a los que me refiero en mi columna Sacando punta vía Independiente de Granada. 

 'Frente al chantaje y los tontos útiles: asertividad'



Frente al chantaje y los tontos útiles: asertividad.

Sacando Punta

Ignacio Henares Civantos


La crisis fronteriza en Ceuta destapa la pinza internacional contra nuestra integridad territorial y la hipocresía de sectores nacionales que callan ante Trump y Netanyahu, olvidando que la firmeza soberana es inseparable de la dignidad humana.

La asertividad es la habilidad social que nos permite expresar opiniones, derechos, necesidades y sentimientos de forma clara, directa y honesta, defendiendo nuestra postura sin caer en la agresividad ni en la pasividad”.

La reciente y brutal sacudida sufrida en la frontera de Ceuta no es un fenómeno casual de flujos migratorios, sino un pulso geopolítico diseñado al milímetro. Ante la magnitud de este desafío a nuestra soberanía nacional, la única respuesta posible para el gobierno español debe ser realizada desde la asertividad. Ello implica defender con absoluta firmeza y claridad nuestros derechos fundamentales, sin complejos ni titubeos pasivos, pero también sin histerias estériles. Consiste en llamar a las cosas por su nombre y trazar líneas rojas infranqueables ante quienes pretenden debilitar nuestras fronteras estratégicas, que son a la vez las fronteras de la Unión Europea.

Hay que señalar sin ambages al verdadero ‘ingeniero’ de esta crisis: la monarquía absolutista de Marruecos, un régimen dictatorial que utiliza de forma sistemática el drama humano y la desesperación de miles de personas como un arma de presión diplomática y chantaje político contra el Estado español. Rabat abre y cierra el grifo de sus fronteras según sus intereses de expansión regional, asumiendo una actitud de constante deslealtad vecinal.

Sin embargo, el sátrapa alauita Mohamed VI no actúa solo en este tablero de ajedrez. Su osadía se asienta sobre el respaldo explícito y el blindaje estratégico de potencias internacionales de peso, concretamente los Estados Unidos de América e Israel. El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y las alianzas militares derivadas de los Acuerdos de Abraham han envalentonado a un vecino que se siente intocable. Mientras Washington mira hacia otro lado protegiendo a su gendarme en el Magreb, España se ve forzada a lidiar en solitario con las consecuencias de un juego geopolítico ajeno que amenaza de forma directa nuestra propia integridad territorial.

Lamentablemente, algunos de nuestros socios europeos se han sumado a esta pinza internacional. En lugar de ponerse la camiseta de la Unión Europea y disponerse a articular una respuesta humanitaria común, han querido aprovechar la coyuntura para atacar al Gobierno de España. Lo hacen presionando para solicitar el despliegue inmediato de la agencia Frontex o la apertura de centros de deportación externos; una maniobra que busca desentenderse de la gestión de la frontera sur comunitaria, dejando desamparadas a las ciudades autónomas españolas. En el fondo, tras esta revuelta subyacen los celos y la envidia malsana hacia Pedro Sánchez por la firmeza de su posicionamiento político en defensa de la legalidad internacional.

Pero lo que es verdaderamente incomprensible de este escenario es constatar la existencia de lo que bien podríamos definir como "tontos útiles" dentro de nuestras propias fronteras. Entre ellos, el grupo más flagrante y paradójico es el de aquellos que pasan el día presumiendo de patriotas y erigiéndose en los únicos defensores de la unidad de España, pero que ahora guardan un silencio sepulcral ante este ataque directo a nuestra soberanía e integridad territorial. Callan de forma cobarde porque la agresión cuenta con el aval explícito de Donald Trump y de Benjamín Netanyahu, líderes a los que admiran y consideran sus "amigos" internacionales. Anteponer la pleitesía a sus referentes ideológicos extranjeros por encima de la defensa de la patria es la mayor muestra de hipocresía política, que los convierte en inútiles para la necesaria política de país.

Ante este complejo panorama, el Gobierno de España debe abandonar la diplomacia del apaciguamiento y aplicar una asertividad institucional implacable: exigir formalmente a la Unión Europea la corresponsabilidad jurídica y económica total de la frontera sur, y condicionar cualquier acuerdo comercial o de seguridad con Marruecos al respeto escrupuloso de nuestra integridad. Por su parte, la sociedad española debe despertar de la polarización estéril, rechazar los discursos dictados desde despachos extranjeros y unirse en un consenso cívico que signifique la prioridad del interés nacional.

Sin embargo, una mirada asertiva y verdaderamente patriótica no puede ser ciega al dolor de la gente. Desde nuestras profundas raíces de humanismo cristiano, resulta desgarrador e intolerable el silencio mediático que sepulta a los muertos en el mar y en las vallas; seres humanos con nombres y familias reducidos a meras cifras de un asalto fronterizo. No podemos permitir que la geopolítica nos anestesie el alma.

Ser asertivos con el régimen opresor, que empuja y utiliza a estas personas, nos obliga, por pura coherencia moral, a señalar las causas estructurales: la miseria extrema, la falta de futuro y la desesperación de quienes lo arriesgan todo huyendo del horror. La firmeza en la defensa de nuestra soberanía nacional debe ser plenamente compatible con la compasión y solidaridad hacia las víctimas de este macabro juego. Salvar la soberanía de España exige, hoy más que nunca, no perder nuestra propia dignidad en el intento.

Conviene recordar, por tanto, que la asertividad NO ES: proponer ir cazando o pescando seres humanos uno a uno para llevarlos de vuelta por donde han venido; exigir la militarización permanente de la frontera; ni acusar alegremente al Gobierno de favorecer la avalancha migratoria mientras se le reprocha estar regalando papeles. Eso no es firmeza; es, simplemente, barbarie.


domingo, 2 de agosto de 2026

La final (que no podemos perder)

 ¿Qué tiene que ver el fútbol con la emergencia climática? (Casi) Nada, pero me las he apañado para fabular esta metáfora de "La final" (que no podemos perder),  a ver si conseguimos adeptos de esta forma a la causa.

'La final' | El Independiente de Granada




La final

Sacando Punta

Ignacio Henares Civantos

Hay victorias que duran una noche. Otras permanecen durante generaciones.



Todavía celebramos el último Mundial. Durante unos días olvidamos diferencias, discutimos alineaciones como si todos lleváramos un seleccionador dentro y volvimos a comprobar que los grandes campeonatos no los ganan las individualidades, sino los equipos que saben jugar juntos. El fútbol tiene esa rara capacidad de convertir un país entero en un mismo vestuario.

Quizá por eso me ronda una idea desde hace días. Mientras festejamos una copa que recordaremos durante años, España y especialmente Andalucía estamos disputando otra final mucho menos vistosa, pero infinitamente más decisiva. No habrá himnos, ni confeti, ni una fotografía levantando un trofeo. El premio será mucho más humilde y, precisamente por eso, mucho más importante: conservar la tierra que habitamos.

Lo preocupante es que seguimos comportándonos como si esta final pudiera aplazarse.

Hay encuentros en los que se puede especular con el empate, dejar correr el reloj o confiar en una genialidad de última hora. Las finales no funcionan así. En las finales cada minuto perdido pesa en el marcador y cada decisión equivocada acaba pasando factura.

Con el cambio climático ocurre exactamente lo mismo.

Durante demasiado tiempo hemos discutido si el rival era tan fuerte como decían los científicos. Mientras debatíamos, el marcador empezó a moverse. Las sequías dejaron de ser una excepción. Los veranos comenzaron antes y terminaron más tarde. Los incendios adquirieron una violencia desconocida. Los embalses enseñaron un fondo que muchos nunca habían visto y el agua pasó de ser una certeza a convertirse en una preocupación cotidiana.

No es alarmismo. Es el resultado que señala el marcador a estas alturas del partido.

Si hubiera una clasificación europea de vulnerabilidad climática, Andalucía ocuparía uno de los primeros puestos. No porque lo diga un gobierno u otro, sino porque así lo describen nuestro clima, nuestra geografía y una realidad que cualquiera puede observar sin necesidad de leer los informes científicos del IPCC.

Ahí está Doñana, donde cada gota cuenta. Ahí está Sierra Nevada, viendo cómo la nieve pierde terreno. Ahí están nuestros montes, soportando campañas de incendios cada vez más largas. Ahí está el mar de Alborán, calentándose a un ritmo que transforma la vida bajo sus aguas y condiciona la de quienes viven de ellas.

Este no es un partido del futuro. Se está jugando ahora.

Y, sin embargo, seguimos actuando como si estuviéramos ante un derbi político en lugar de una final compartida. Hay responsables públicos más pendientes de discutir quién diseñó la alineación que de organizar la defensa. Se protesta al árbitro, se cuestiona el reglamento y hasta hay quien sigue convencido de que el marcador exagera. Pero el árbitro de este partido tiene una peculiaridad: no admite reclamaciones al VAR cuando quien protesta es la física.

La atmósfera no vota. Los termómetros no leen programas electorales.

El agua no entiende de siglas. Ésa debería ser la primera lección. La segunda es aún más sencilla: el verdadero rival no viste ninguna camiseta. Se llama sequía. Se llama incendio. Se llama desertificación. Se llama pérdida de biodiversidad. Y contra ese adversario no sirven los eslóganes ni las victorias de un solo día. Hace falta un plan de partido, pero no el de un Partido.

Los científicos llevan años haciendo el trabajo del ‘cuerpo técnico’. Han estudiado al rival, conocen sus movimientos y llevan demasiado tiempo avisando por dónde llegará el peligro. Ignorarlos sería tan absurdo como despedir al entrenador en la víspera de la final.

Después llega el equipo. Quienes gestionan nuestros montes. Quienes investigan. Quienes producen alimentos. Quienes protegen el agua. Quienes diseñan ciudades más habitables. Quienes toman decisiones desde las administraciones. Cada uno ocupa una posición distinta sobre el terreno de juego, pero todos comparten la misma responsabilidad. Porque ningún equipo gana un campeonato si sus jugadores compiten entre ellos.

Esa es, probablemente, la mayor enseñanza que ha dejado este Mundial. El talento individual puede decidir una jugada. Los grandes títulos sólo los conquista un grupo capaz de compartir un objetivo común. También Andalucía necesita ese espíritu. No para ganar un debate parlamentario, sino para afrontar el mayor desafío ambiental, económico y social de las próximas décadas. Adaptarnos al cambio climático ya no es una opción ideológica; es una condición para proteger nuestra agricultura, nuestra salud, nuestros bosques, nuestro litoral y, en definitiva, nuestra forma de vivir.

Dentro de unos años casi nadie recordará quién tuvo razón en esta discusión. Como ocurre con tantos partidos, el resultado acabará perdido entre titulares y estadísticas. Lo que sí recordaremos será si supimos reconocer que había una final en juego cuando todavía estábamos a tiempo de disputarla.

Porque hay victorias que llenan las plazas durante una noche. Y hay otras que mantienen un bosque en pie, permiten que un agricultor vuelva a sembrar o que un niño conozca el mismo paisaje que heredamos nosotros. Ésos trofeos bien merecen una celebración.

Andalucía no puede perder esta final. Le pido a Moreno Bonilla que se quite la equipación del Partido Popular y la deje aparcada para otros torneos. Ahora debe jugar con la camiseta de Andalucía en el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática.


miércoles, 29 de julio de 2026

Los tontos del bulo alimentan los incendios

Junto a las llamas que este año devoran miles de hectáreas en Madrid, Castilla y León o el Arco Mediterráneo, prende otro fuego mucho menos visible y bastante más difícil de extinguir: el de los charlatanes, tanto analógicos como digitales.

Hago una parada en las vacaciones para sacarle punta a "los tontos del bulo" de los incendios forestales


'Los tontos del bulo alimentan los incendios' | El Independiente de Granada

Tontos del bulo, (también) en los incendios forestales
Sacando punta
Ignacio Henares Civantos

Mientras los servicios de extinción se juegan la vida en los montes de toda España, una humareda digital tóxica se extiende por las pantallas de los móviles, tablets y ordenadores. Los bulos sobre los incendios forestales no son simples ingenuidades veraniegas, constituyen una irresponsabilidad criminal espoleada por la meteorología extrema y la pereza intelectual.

Cada verano, cuando el mapa de España se tiñe del rojo de la alerta máxima, nuestro país no solo asiste al drama del fuego en nuestros montes. Juntos a los incendios forestales, que este año están devorando miles de hectáreas en Madrid, Castilla-León o en el arco mediterráneo, brota un fuego menos visible y más difícil de extinguir: el de los charlatanes, analógicos y digitales.

La regla del triple 30 describe las condiciones ambientales para que la propagación de los incendios llegue a un peligro extremo, (temperaturas superiores a 30 °C, humedad relativa del aire inferior al 30 % y vientos superiores a 30 km/h). Lo asombroso es que estas mismas variables meteorológicas parecen operar de forma simétrica en las cabezas de los ingenieros del embuste, provocando un calentamiento cerebral severo que activa sus impulsos más irracionales.

    "La coincidencia de las condiciones ambientales de la regla del triple 30 son críticas para la propagación de los incendios forestales; lo asombroso es que esas mismas variables parecen operar en los ingenieros del embuste, provocando un calentamiento cerebral severo."

Los bulos sobre los incendios forestales buscan generar desconfianza institucional o difundir teorías conspirativas de carácter político y económico. Durante las olas de incendios de este verano, plataformas de verificación y organismos oficiales han desmentido ya numerosas narrativas falsas, y lo que nos queda (de incendios y de bulos).

El catálogo vuelve a rozar el delirio patológico. La fauna de la desinformación despliega su arsenal de teorías conspirativas para consumo de mentes perezosas. Sostienen que los montes se queman intencionadamente para instalar megaproyectos de energías renovables o abrir minas. Da igual que la Ley de Montes prohíba de forma tajante cualquier cambio de uso del suelo forestal quemado durante un plazo mínimo de treinta años. Afirman que misteriosas directrices de la Agenda 2030 prohíben limpiar el monte y que en los espacios naturales protegidos (esta falsedad me duele especialmente) no se permite ‘mover ni una piedra, ni cortar una rama’, por culpa de los ecologistas. Pero, antes contrario, lo que sostenemos desde los gestores y los científicos es que el pastoreo extensivo, la trashumancia y una gestión racional y duradera de los montes contribuyen a reducir el riesgo de incendios. La retirada de restos vegetales y el desbroce no solo están permitidos, sino que además la legislación actual exige a las comunidades autónomas contar con planes anuales para la prevención activa de incendios. Lo que ocurre es que que en determinadas épocas del año, en situaciones con alto riesgo de incendio, como el verano o durante las olas de calor, existen limitaciones que afectan a actividades con riesgo de ignición, como la realización de barbacoas, la quema de rastrojos o el uso de maquinaria que genere chispas. Se trata de medidas preventivas y temporales, no de prohibiciones absolutas.

Pero, desgraciadamente para el tonto del bulo, la realidad tangible nunca debe estropear una buena conspiración que sirva para alimentar sus propios sesgos ideológicos o sus fobias políticas.

Este año se ha elevado especialmente la temperatura del negacionismo climático. A pesar de las evidencias siguen en su narrativa de “siempre ha hecho calor en verano” y aunque la verea se acabe los tontos (del bulo) siguen adelante desconociendo o ignorando la emergencia climática. La gravedad de la situación que estamos viviendo, y el hecho de que la Comunidad de Madrid esté sufriendo uno de los incendios más grandes, está haciendo que circulen más bulos, nuevos o recurrentes, y que los tontos del bulo se hayan multiplicado tanto como la superficie calcinada.

Uno de los más virales ha sido una supuesta portada de “El País” de 24 de julio que afirma que "el Estado recorta más de la mitad de su aportación a la prevención de incendios" y compara 423 millones de euros en 2018 con 181 millones en 2016. Ni el contenido de la noticia es cierto ni esa era la portada de ese día del periódico. Es fácil comprobarlo consultando la propia hemeroteca de ese medio.  

Otros bulos con ‘éxito’ de la temporada de verano son los que muestran un vídeo de un bombero encendiendo un fuego, (imagen sacada de contexto de un fuego prescrito, una maniobra de extinción usada en el incendio de Los Gallardos), o el que se ve a una multitud de personas apagando un fuego con ramas (una imagen grabada en el norte de Argelia). Especial ‘puta gracia’ me hace el de la supuesta intervención de un avión de la Real Fuerza Aérea de Marruecos, que en realidad corresponde a una aeronave de la Sécurité Civile de Francia, (fácil comprobarlo en la rotulación lateral), que depende directamente del Ministerio del Interior francés y que fue publicado en el país vecino que también sufre las secuelas de los incendios, y de los tontos del bulo. En nuestro territorio, a través de la petición del gobierno español a la Comisión Europea, se han movilizado cuatro aviones de extinción: dos de Grecia y dos de Italia.

Entre los bulos que circulan hay también un audio de un piloto español que denuncia que los vecinos no dejan usar el agua de sus piscinas para apagar los incendios que no corresponde a los incendios de Madrid, sino que viene de un incendio en Chile, ¡en 2023!

Conviene, por tanto, hacer pedagogía frente a la manipulación y delimitar las responsabilidades con precisión. Hay que dejar claro que el cambio climático no es el causante del origen del fuego; las llamas nacen casi siempre de una chispa humana, ya sea por una negligencia agrícola, un accidente, un rayo o la mano deliberada de un incendiario. Sin embargo, el cambio climático es el culpable absoluto de que esos incendios sean hoy mucho más dañinos, veloces y destructivos. Las olas de calor más prolongadas y las sequías crónicas convierten la vegetación en polvorines listos para estallar, transformando fuegos que antes eran controlables en auténticos monstruos ingobernables de sexta generación que desafían los sistemas de extinción modernos. Y este año con el agravante de que las abundantes lluvias previas hayan incrementado el material combustible en muchos de nuestros montes.

    "El cambio climático no es el causante del origen del fuego, pero es el culpable absoluto de que los incendios sean hoy mucho más dañinos, veloces y destructivos al convertir los montes en polvorines."

Sin embargo, lo verdaderamente alarmante no es el miserable que inventa el bulo, manipula un video o crea una imagen irreal con inteligencia artificial para generar inestabilidad. Lo trágico es la inmensa legión de ciudadanos, aparentemente normales y corrientes, que comparte esa basura informativa sin pestañear. En la era de la hiperconectividad, el reenvío compulsivo en redes sociales, incluyendo los grupos familiares de WhatsApp, se ha convertido en un deporte de riesgo nacional. "Yo lo paso por si acaso", suele ser la frase-escudo. Bajo ese por si acaso se cuelan audios antiguos de otros países o imágenes descontextualizadas de hace una década. Ese por si acaso es el oxígeno, el viento racheado y el combustible seco que necesita la mentira para calcinar la verdad a la velocidad del rayo.

    "El reenvío compulsivo bajo el pretexto del 'yo lo paso por si acaso' es el oxígeno, el viento racheado y el combustible seco que necesita la mentira para calcinar la verdad a la velocidad del rayo por las pantallas."

Propagar un bulo durante una emergencia de protección civil no es una simple muestra de ingenuidad; es una irresponsabilidad de dimensiones criminales. Mientras los profesionales se juegan el pellejo a pie de llama, los difusores de falsedades saturan las redes con ruido inútil. Bloquean los canales de comunicación, confunden a la población sobre qué zonas son seguras y siembran una desconfianza institucional que debilita de forma drástica la respuesta colectiva ante la catástrofe.

Hemos sustituido el noble ejercicio de pensar por el acto mecánico de pulsar la pantalla. Hoy en día, verificar una noticia sospechosa cuesta exactamente el mismo esfuerzo físico que compartirla: un par de clics. Desmentir que una foto corresponde a un incendio actual o comprobar si una ley dice lo que un tuitero afirma es tan sencillo como abrir el navegador del teléfono y consultar las plataformas de verificación o los perfiles oficiales del 112 y la AEMET. No se requiere un doctorado; se requiere voluntad, responsabilidad y decencia.

Contrastar la información antes de darle difusión no es un lujo intelectual reservado a los académicos; es un deber ciudadano de primer orden, una obligación ética con la comunidad. Quien comparte un contenido alarmista sin verificar su procedencia se convierte en ‘cooperador necesario’ de una industria de la mentira que busca dinamitar los puentes de la convivencia.

España sufre cada año el azote de las llamas debido a factores estructurales complejos que requieren debates serios y una acción coordinada de todas las administraciones públicas. Lo que no podemos permitirnos es añadir a esa ecuación el fuego cruzado de la estupidez organizada. Ya va siendo hora de exigirnos un mínimo de higiene mental. Si no somos capaces de apagar el ventilador que esparce la infamia, terminaremos devorados por un incendio mucho peor que el forestal: el de la ignorancia consentida. Saquemos punta a la cordura antes de que los tontos del bulo nos quemen, definitivamente, el juicio social. Y recuerda que, según la Ley de Fraga, “tan tonto del bulo es el que inventa como el que propaga”.


viernes, 17 de julio de 2026

Un verano complicado

No basta con hacer llamadas a la precaución y encomendarse a las vírgenes y santos. Al gobierno andaluz se le ha echado el verano encima sin hacer los deberes en las actuaciones en prevención de incendios pero tampoco en la planificación ni en la dotación de medios necesarios para la extinción.

'Un verano complicado' | El Independiente de Granada




Un verano complicado 

Sacando Punta 

Ignacio Henares Civantos 

No basta con hacer llamadas a la precaución y encomendarse a las vírgenes y santos. El gobierno andaluz se le ha echado el verano encima sin hacer los deberes ni en actuaciones en prevención de incendios ni en la planificación y dotación de medios para la extinción. 

El presidente de la Junta de Andalucía, MpuntoBonilla, ha comparecido días atrás ante los medios de comunicación con el rostro circunspecto y esa carita de no haber roto un plato para advertirnos de que afrontamos un verano “muy duro y muy difícil”. Ha enfatizado que nos espera un “verano complicado”, por los incendios forestales, como queriendo poner el parche antes de las heridas. 

Pero lo ha hecho arrastrando ya el peso insoportable de 13 víctimas mortales sobre la mesa en el trágico incendio de Los Gallardos (Almería), que lo convierten en el más letal de la historia forestal de Andalucía. En lo que va de campaña Andalucía ya ha registrado el triple de superficie quemada que en el mismo periodo del año anterior. Ante un escenario en el que "queda mucho verano y habrá más incendios", Juanma Moreno ha trasladado parte de la responsabilidad a la sociedad civil pidiendo una cultura de autoprotección y la colaboración vecinal inmediata llamando al 112 para la detección precoz y para perseguir a los incendiarios. 

El diagnóstico oficial, el libreto argumentario que sale de la factoría mediática del gobierno andaluz, recurre a los sospechosos habituales: el desorden climático, la virulencia de los incendios de nueva generación y un invierno inusualmente lluvioso que llenó el monte de un combustible que ha pasado de pólvora de invierno a luto de verano. Pero estos argumentos son verdades a medias que funcionan como una pantalla de humo, dicho sin la menor intención humorística, dada la gravedad del tema. 

Lo que el relato gubernamental calla es que los incendios de verano se apagan en invierno, y que es precisamente ahí, en los meses de frío, donde la Junta de Andalucía ha dejado los deberes sin hacer, atrapada en sus propias contradicciones ideológicas y en la precariedad de su gestión. Culpar sistemáticamente a la crisis climática o a las negligencias ciudadanas no puede eximir de responsabilidad a las administraciones por sus acciones u omisiones. 

 Además hemos llegado a este peligroso escenario, especialmente este año, advertidos de sus consecuencias, sin haber ejecutado los presupuestos necesarios destinados a selvicultura preventiva, limpieza de cortafuegos y apoyo a la ganadería extensiva. El pasado invierno los retenes preventivos han operado bajo mínimos al 75% de su capacidad. Y además hemos llegado al verano con una reducción de la plantilla de agentes forestales de extinción del 14%, como han denunciado los sindicatos. A estas deficiencias hay que sumar otros problemas que se arrastran de campañas anteriores, como los vehículos inapropiados, falta de material y equipos de protección individual profesionales adecuados. 

A esta alarmante falta de personal y de inversión sobre el terreno se suma un caos administrativo y urbanístico colosal. La ley es clara, pero en Andalucía es papel mojado. De los 593 municipios andaluces declarados oficialmente en ‘zona de peligro’, que tienen la obligación legal de contar con un Plan Local de Emergencia por Incendios Forestales, apenas algo más de un centenar disponen de él. 

El 76% de nuestros ayuntamientos carece de esta herramienta crítica actualizada, colocándose Granada en la cabeza de esta Lista Roja con 146 municipios en peligro y menos de una decena con Planes en vigor. La peor de Andalucía. Las consecuencias que hemos visto en el incendio de la provincia de Almería pueden repetirse en otras comarcas andaluzas en las próximas semanas. Urbanizaciones e interfaces urbanas sin Planes de Autoprotección privados integrados, ausencia total de mapas de confinamiento, carencia de hidrantes operativos y, lo más grave, vías de evacuación inexistentes o ciegas. 

Las víctimas no murieron en el corazón de un bosque impenetrable; murieron atrapadas en sus coches o a pie en barrancos y caminos rurales mientras intentaban huir a ciegas de una ratonera que nadie se había molestado en planificar sobre el papel y en realizar los simulacros oportunos. 

Lo primero que tiene que hacer el gobierno andaluz es sustituir la política de escaparate con multimillonarias inversiones en macrohelicópteros ante los que se busca ‘el reel’, por inversiones reales en el medio rural, entendiendo que los incendios forestales en la actualidad están asociados al fenómeno del cambio global ya que derivan tanto de una crisis social, (abandono del medio rural), como de una crisis climática (que si bien no es el origen de la chispa sí los hace más graves e intensos, más difíciles de apagar). 

 Pero el verdadero y principal lastre que impide atajar esta emergencia no es técnico, es político. El reciente pacto de gobierno entre el PP y Vox en la Junta de Andalucía se ha convertido en el principal obstáculo para articular una respuesta decidida ante los incendios forestales con base técnica y científica. No se puede combatir con eficacia un fenómeno global cuando mantienes como socio a un partido anclado en el negacionismo del cambio climático, una fuerza política que criminaliza las normativas ambientales, que nos insulta llamándonos fanáticos climáticos y que considera la transición ecológica una agenda ideológica prescindible. 

El troyano que ha metido M.Bonilla en el gobierno andaluz y los acuerdos firmados con la ultraderecha hacen poco creíbles sus manifestaciones y ponen en evidencia las contradicciones entre los mensajes a la sociedad andaluza que hace ante los medios de comunicación el presidente de la Junta y lo que suelta, con desparpajo y desvergüenza, por su boquita el vicepresidente de Vox. No podemos permitir que la inacción invernal y los peajes ideológicos de San Telmo se cobren más vidas humanas y arriesguemos miles de hectáreas de nuestro rico patrimonio natural. 

El cambio climático no es una hipótesis de futuro, es un presente que puede acabar en muchas cenizas y montes arrasados por el fuego. Y para combatirlo hace falta menos fatalismo meteorológico y mucha más valentía política para sacar de la ecuación a quienes niegan la evidencia mientras el sur peninsular arde. 

Los incendios forestales (también) matan y no solamente a árboles y animales. Guardar silencio ante el dolor de las familias es un deber, pero guardar silencio ante las carencias operativas que exponen la vida de los trabajadores del sector y de nuestros vecinos sería una total irresponsabilidad.

sábado, 11 de julio de 2026

Torpedos de plata

 Esta semana ataco en "La mar de biodiversidad" de nuevo con un artículo dedicado a una de las especies con más capturas en la lonja de Motril que también está pasando como los jureles del reportaje anterior de 'pescado de pobres' a joya gastronómica. 



Así ha quedado la versión digital: https://www.granadahoy.com/blogs/la-mar-de-biodiversidad/torpedos-plata_0_2007372259.html

Y así la versión impresa en papel.


Torpedos de plata

LA MAR DE BIODIVERSIDAD

Ignacio Henares Civantos


  • Pariente de atunes y bonitos

  • Están pasando de ‘pescado de pobres’ a joyas gastronómicas


Las caballas pertenecen a la familia de los escómbridos un grupo de peces marinos pelágicos altamente evolucionados para el desplazamiento rápido y continuo. Incluye otras especies de gran importancia como los atunes y los bonitos. En nuestra costa distinguimos principalmente dos especies: la caballa o verdel y la caballa negra o tonino.



Ambas tienen el cuerpo alargado, con la sección algo redondeada, pedúnculo caudal estrecho y aleta caudal ahorquillada y forman grandes grupos hasta los 250-300 m de profundidad. Se distinguen por su coloración, una obra maestra del camuflaje marino. La primera tiene un dorso de color azul acero, con bandas sinuosas más oscuras y con los flancos y el vientre plateados, (este sin manchas). La segunda se distingue por el dorso azul-verdoso y los flancos y el vientre amarillo-plateados, con manchas grisáceas y una banda dorada en los flancos. Ambas especies están ampliamente distribuidas por todo el Mediterráneo, occidental y oriental y por una amplia banda en el océano Atlántico.


Aunque pueden llegar a los 50-60 cm, su talla comercial óptima ronda los 20-30 cm, estando sujeta a una estricta talla mínima biológica de 18 centímetros en el Mediterráneo, para garantizar su ciclo reproductivo.


Con vejiga o sin vejiga


La presencia o ausencia de vejiga natatoria define dos estrategias de nado y flotabilidad notablemente diferentes entre estas dos especies que conviven en el Mar de Alborán.

La caballa negra o tonino cuenta con vejiga natatoria lo que le otorga capacidad de frenado. Al conseguir una flotabilidad neutra gasta mucha menos energía para mantener su posición a una determinada profundidad. La principal desventaja es que no puede realizar cambios bruscos de profundidad.

La caballa común, por su parte, carece por completo de vejiga natatoria. Ello la convierte en un atleta insomne que para no hundirse debe nadar continuamente. La gran ventaja evolutiva es que puede realizar migraciones verticales relámpago. Este sistema tiene un alto coste energético lo que le obliga a ser un depredador sumamente voraz y activo.


Biología y frenesí alimentario



Durante los meses invernales las caballas buscan refugio en aguas profundas, donde apenas se alimentan. Sin embargo, con la llegada de la primavera y el calentamiento de las aguas se produce una explosión de vida, con grandes bancos que ascienden a la superficie y se aproximan a nuestra Costa Tropical. Se activan entonces como voraces cazadores. Su dieta es oportunista y puramente zooplanctónica, devorando con avidez pequeños crustáceos como el krill, larvas de moluscos y juveniles de otros peces. Esta intensa alimentación estival es la responsable de que acumule en sus tejidos ese extraordinario índice de ácidos grasos saludables que la vuelven tan jugosa.


Amenazas


A pesar de su abundancia histórica, estos ‘torpedos de plata’ no están exentos de amenazas ecológicas que pueden poner en jaque el equilibrio de sus poblaciones.


  • Captura accidental de ejemplares inmaduros.

  • Calentamiento global de las aguas marinas que modifican los patrones de migración estacional y fragmentan la disponibilidad del plancton.

  • Ingieren partículas plásticas suspendidas.

Vamos a la cocina

La caballa es un pescado azul delicioso y muy nutritivo. Fuente de grasas saludables como el omega-3, ayuda a reducir el colesterol ‘malo’, ideal para cuidar el corazón. Su contenido en proteínas ayuda a mantener la fuerza muscular. Además aporta vitamina B12 y vitamina D.


Habitualmente se ha consumido en nuestra región a la plancha o al horno, o se ha conservado en escabeche. Como otros pescados azules, se está revalorizando a partir de su uso en las mejores cocinas y su promoción por grandes chefs, que han desarrollado multitud de preparaciones diferentes. Tres propuestas a modo de ejemplo de cómo podemos aprovechar una de las especies con más capturas cada año en la lonja de Motril.


Tortillitas de caballa. Se limpian las caballas, se sacan los lomos y se desmigan manualmente, mezclándolos con ajo picado, cebolla y perejil hasta obtener una masa cremosa. En la sartén con abundante aceite de oliva virgen extra, bien caliente, se van colocando, con la ayuda de una cuchara sopera, los trozos de la masa, en apenas unos segundos por cada lado.


Sopa con albondiguitas de caballa. Para hacer las albóndigas se pica el ajo y la cebolla y se añaden los trocitos de caballa, sacados de los lomos limpios, junto a los huevos, el pan rallado bien mezclado y salpimentado. Podemos aprovechar las cabezas para hacer el caldo junto a zanahorias, puerro, apio y tomate. Cuando la sopa esté hecha sacamos las cabezas y trituramos y pasamos por el ‘chino’. Damos forma a las albóndigas, enharinamos y las freímos en AOVE. Después las dejamos cocer 5 minutos en el caldo y servimos.


Lomos de caballa al aroma de ajo y salsa de anchoas. Fileteamos la caballa para sacar los lomos limpios con su piel y salpimentamos. En una parrilla muy caliente, con un poco de aceite de oliva, se pasan los lomos con el cuidado de que no queden muy hechos sino jugosos. Se fríen los ajos laminados añadiéndoles las anchoas desmenuzadas con una cuchara de palo. Se añade un chorreón de vinagre de Jerez, muy despacio para que no salte. Se rocían los lomos con la salsa que servimos acompañados de una pipirrana fresca.


lunes, 6 de julio de 2026

In memoriam de "la Carmela de Bobadilla "

Arranco la semana escribiendo sobre una noticia triste, el fallecimiento de "la Carmela de Bobadilla". Que la tierra le sea leve.  DEP. 

He escrito una elegía en su memoria que Lola Quero, la directora de Granada Hoy, ha tenido a bien guardarme un hueco en la edición digital y papel del periódico, en el que no caben tantas y tantas historias y anécdotas con Carmela pero que dan testimonio de mi cariño, respeto y admiración. 








            Creo que es mi una de las últimas fotos con Carmela en una visita a la Residencia. 

viernes, 3 de julio de 2026

De verde propaganda a marrón populista

He realizado una primera evaluación del acuerdo de gobierno en Andalucía entre PP y Vox, centrado en los aspectos medioambientales, quizás el apartado en el que de manera más evidente Mpunto Bonilla se 'ha bajado los pantalones' y ha certificado la defunción de la 'vía andaluza' convertida en autovía, como en Extremadura, Aragón y Castilla-León, en autovía de dos carriles a la (ultra) derecha. 

'De verde propaganda a marrón populista' | El Independiente de Granada