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viernes, 22 de agosto de 2025

Competencias versus incompetentes

 Mi contribución al debate sobre los incendios forestales. 

Competencias 'versus' incompetentes | El Independiente de Granada


Competencias versus incompetentes

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


Espóiler: los incendios forestales que están asolando especialmente a las regiones de Galicia, Castilla-León y Extremadura no es un problema de falta de competencias de esas comunidades autónomas sino de incompetencia en su prevención y en su gestión de los gobiernos regionales.



Como en el famoso chiste de Gila me he debatido repetidamente estos días con el “¿me meto, no me meto?”, en el debate en el que, como siempre, y ante cualquier tema, los todólogos o expertos en todo, saltan a la palestra con el atrevimiento que les da su ignorancia y con la seguridad que les proporciona la cobertura que van a disponer arrimando el ascua a su sardina, (perdóneseme la metáfora en un asunto tan delicado en el que desgraciadamente se está produciendo, además del desastre ecológico, la pérdida de vidas humanas).


Finalmente he decidido mojarme en el asunto, respetando a todas las personas que intervienen, de buena fe, e incluso aquellos que lo hacen de manera más o menos interesada, en este debate, pero despreciando las opiniones que se están vertiendo por los negacionistas del cambio climático o por aquellos que se apuntan a un bombardeo, siempre que sea contra ‘el Sánchez’, (he sentido vergüenza ajena al escuchar al presidente de una comunidad autónoma referirse así al presidente del gobierno, en comparecencia pública, lo que da muestra del nivel barriobajero al que han llegado algunos representantes institucionales).


Escribo desde la experiencia de haber trabajado durante muchos años años en la gestión forestal, de haberme aterrorizado por el ruido y el calor de las llamas, incluso a mucha distancia del fuego; de haber llorado al sobrevolar en helicóptero un incendio días después de la catástrofe, y de haber pateado todo el perímetro de varios de ellos para elaborar un proyecto de restauración; de conocer a muchos profesionales que trabajan en la prevención y en la extinción de incendios (de los que se juegan la vida literalmente); y escribo desde mi actual dedicación como profesor de restauración de la biodiversidad en la Universidad de Granada, en el que analizamos hacia dónde deben ir dirigidas las políticas forestales y la gestión de los espacios naturales en un contexto de cambio global en el que se incluye el cambio climático como uno de los principales motores, aunque no el único. En este campo hay, afortunadamente, mucha ciencia y lo que debe hacer la Política es aplicar el conocimiento disponible a la acción pública en esta materia.


A esta alturas del verano, estamos ante uno de los peores años en incendios forestales en España. Según datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales y del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a fecha del 21 de agosto, 2025 se ha posicionado ya como el año más destructivo de la última década. Se estima que más de 396.791 hectáreas (datos provisionales) han sido arrasadas por el fuego, una cifra que supera las 306.555 hectáreas quemadas en 2022, que hasta ahora era el peor año de este siglo.


Las estadísticas señalan también que estamos ante un año con menos incendios pero más grandes (230 fuegos hasta mediados de 2025, en comparación, por ejemplo, con los 493 del año 2022) siguiendo la tendencia en la que hay menos eventos pero los que ocurren son de una magnitud mucho mayor, conocidos como Grandes Incendios Forestales (GIF), -aquellos que superan las 500 hectáreas-. Estos GIFs, aunque representan un pequeño porcentaje del total de siniestros (alrededor del 0,2% en la última década), son responsables de aproximadamente el 50% de la superficie total quemada.

Esta situación pone de manifiesto la vulnerabilidad de nuestros bosques y la complejidad de su gestión. El debate sobre sus causas y soluciones es tan recurrente como las llamas que arrasan nuestro territorio cada verano, pero suele ocurrir con demasiado calor ambiental y en las cabezas. Analizaré el fenómeno desde tres perspectivas que considero clave: la división de competencias, el papel del cambio climático y la urgente necesidad de adaptar nuestras políticas de gestión forestal, dejando para el final algunas conclusiones que espero sirvan como “call the action”.


La división de competencias: un entramado complejo.


La gestión de los incendios forestales en España es un perfecto ejemplo de la estructura administrativa del país, derivada de la arquitectura constitucional del Estado Autonómico. Las comunidades autónomas ostentan las competencias en materia de prevención y extinción de incendios. Ellas son las responsables de elaborar los planes de prevención, de organizar los equipos de bomberos forestales y de coordinar las labores de extinción a nivel regional. Sin embargo, el Gobierno central, a través del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, mantiene un papel de coordinación y apoyo, en el caso de incendios de gran magnitud, movilizando medios aéreos y terrestres de la Unidad Militar de Emergencias (UME) del Ministerio de Defensa y del propio MITECO para reforzar a las comunidades autónomas.


En el momento en el que escribo hay 2.400 militares de la UME en acción (1.400 en ataque directo y 2.000 en misiones de apoyo y relevo) que cuentan con 450 medios (maquinaria, drones, vehículos…). El MITECO tiene en los diferentes frentes activos 640 bomberos forestales con 56 medios aéreos, 7 autobombas y las pick-ups necesarias para el funcionamiento del operativo. A la aportación del gobierno central habría que añadir la inestimable colaboración de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado (5.000 agentes de la guardia civil, 350 policías nacionales y 200 miembros de Protección Civil a día de hoy).


No parece por tanto adecuada la queja de algunos dirigentes políticos regionales y del líder de la oposición que, como en otras ocasiones, están orientadas a desviar la atención y a intentar difuminar la disminución de las inversiones en prevención y extinción de incendios forestales y utilizar de nuevo una catástrofe para confrontar con el gobierno de Pedro Sánchez. Pondré solo un ejemplo que puede resultar ilustrativo. Mientras el gobierno de Castilla-León reclamaba más medios al gobierno de la nación, mantenía aparcados, inutilizados, otros medios recibidos. Al desvelarse el asunto y ser pillados con el carrito de los helados, se han despachado con un simple “lo siento, no volverá a ocurrir”, emulando al ‘emérito’.


Lo que sí está resultando evidente es la incompetencia en la gestión de los dispositivos regionales contra incendios, (fallos de coordinación, falta de previsión en algunas contrataciones, opacidad informativa...), la disminución de la inversión de las comunidades autónomas en los últimos años, tanto en prevención como en extinción y, en algún caso, la deriva hacia la privatización de estos servicios públicos.


El cambio climático: el acelerador de la tragedia.


Negar la incidencia del cambio climático en los incendios forestales es ignorar la realidad. Todas aquellas personas que declaran que “siempre ha hecho calor en agosto” o los que nos llaman ‘fanáticos climáticos’ a los que señalamos que estamos ante un escenario diferente al que nos enfrentábamos hace unas décadas, están haciendo un flaco favor a la hora de enfrentar y resolver la delicada situación. El aumento de las temperaturas, la reducción de las precipitaciones y la proliferación de fenómenos meteorológicos extremos -como la prolongada ola de calor de este mes de agosto- crean un escenario perfecto para la propagación de las llamas. La vegetación se seca, se convierte en un combustible altamente inflamable y los días de alto riesgo se multiplican. El cambio climático no provoca los incendios -es cierto que la gran mayoría son de origen humano, ya sea intencionado o accidental-, pero sí aumenta su probabilidad, los magnifica y dificulta su extinción. Convierte fuegos pequeños en gigantes, conocidos como megaincendios o incendios de sexta generación, que escapan al control de los equipos de extinción, ya que alteran la dinámica de las capas altas de la atmósfera y generan vientos que pueden ser muy difíciles de modelar, por lo que se hace muy difícil predecir el comportamiento del fuego.


Pero igualmente influyente son otros motores de cambio global como la urbanización en interfaces urbano-forestales, la ausencia de medidas de gestión adaptativa en nuestros montes o, en algunos casos, el insuficiente dimensionamiento de los dispositivos de prevención y extinción y la precariedad de salarios y de medios con la que trabajan los profesionales.

La adaptación de los montes: la clave para el futuro.

Si el cambio climático ha cambiado el tablero de juego, nuestras políticas forestales también deben hacerlo. Es urgente dejar atrás la visión de ‘bosques intocables’ y adoptar una gestión forestal activa. Ello implica silvicultura preventiva, impulso de la ganadería extensiva tradicional, recuperación del mosaico agroforestal y una adecuada ordenación del territorio.


Este debe ser el verdadero significado de los que se ha dado en llamar, de manera simplista, “apagar los fuegos en invierno”, o actuaciones de gestión de las masas forestales para la prevención de los incendios. Sería más adecuado considerar que lo que debemos realizar es una gestión adaptativa de nuestros montes, lo que en Andalucía se ha bautizado como una transición hacia el paisaje mediterráneo del siglo XXI, esto es, montes con discontinuidades, heterogéneos, multifuncionales, lo que implica políticas públicas de restauración de la naturaleza basadas en la gestión adaptativa ante el cambio global. El objetivo es avanzar hacia ecosistemas con mayor biodiversidad, más resilientes y más resistentes ante el fuego y también ante otros agentes agresivos causados o favorecidos por el cambio climático: decaimiento forestal, incendios, plagas, sequías extremas, pérdida de biodiversidad… Esta reorientación de la política forestal debe servir además para frenar la despoblación y para la creación de empleo en el medio rural, así como para dinamizar un tejido económico asociado a estas actividades.


Lo que debemos desterrar de nuestro lenguaje (y sobre todo de nuestras cabezas) es lo de “los montes están sucios y llenos de matojos y maleza”, y por lo tanto hay que dejarlos ‘limpios’ (lo que algunos entienden sin ninguna vegetación). Es cierto que desgraciadamente hay mucha suciedad, mucha basura, en algunos espacios naturales, como en los ríos o en las playas, que proviene de la mala educación (así, sin el apellido ambiental) y del comportamiento irrespetuoso con la naturaleza de demasiadas personas. Pero no es adecuado referirse a que el monte está sucio cuando hay diferentes estratos de vegetación, que forman parte de una sucesión natural, en muchos casos originada por el abandono rural y que en función de las condiciones meteorológicas va variando cada temporada.


En primer lugar debemos entender que a mayor biodiversidad los montes son más ricos y más resilientes y en segundo lugar hay que saber que no es sostenible (ni económica ni ambientalmente) mantener los bosques como si fueran un parque urbano. La teoría, que ya ha calado en USA en la segunda era Trump, de cortar los árboles para que no se quemen, encierra un concepto antiguo y productivista de los montes muy alejado del papel que en la actualidad debe otorgárseles como fuentes de bienes y servicios ecosistémicos necesarios para el bienestar de nuestra sociedad. El monte no tiene la culpa de que alguien lo queme, a veces con un interés más o menos oculto (urbanístico, generación de pastos… o ahora probablemente en algún caso para el despliegue irracional de energías renovables).


En este contexto el Pacto de Estado frente a la emergencia climática, ofrecido por el presidente del Gobierno, no solo es oportunísimo sino que es necesario para establecer una más clara co-gobernanza, (que implique también a los ayuntamientos), lo que supone un gran desafío para la colaboración y coordinación entre administraciones, dejando claro que las competencias en extinción y prevención de incendios, residen fundamentalmente en las comunidades autónomas.


También debe resultar meridianamente claro que la necesaria respuesta debe ser abordada con políticas basadas en la evidencia de la emergencia climática, dispositivos públicos de extinción bien dotados y profesionales bien formados y dignamente remunerados, que implica, entre otras cuestiones, una mayor inversión en la capacidad de detección y en la extinción temprana.


En todo caso debemos aprender, de una vez por todas, que la lucha contra los incendios forestales no se libra solamente en verano con cubas de agua, mangueras, aviones, drones y toda la parafernalia que se quiera, sino durante todo el año con políticas activas en los montes y con una mayor conciencia de la sociedad. El cambio climático exige anticipación y una transformación de la gestión forestal hacia “paisajes adaptados” que reduzcan la vulnerabilidad y aumenten su resiliencia.


Hablemos, en caliente si queremos, de quién tiene la culpa de los incendios forestales, echémonos en cara “quién puso más” como dice la canción, pero cuando llegue el otoño, no nos olvidemos de la necesaria reorientación de las políticas públicas de prevención y extinción de incendios teniendo en cuenta el impacto del cambio global en los ecosistemas mediterráneos.


Por una vez, y a ver si sirve de precedente, la derecha centrada y moderada, la que aspira a gobernar, aunque se haya quedado anclada en ser oposición a todo, sin alternativas, (de la ultraderecha no espero nada positivo tampoco en este campo), debe apostar por políticas de Estado con mirada larga y abandonar el “cuanto peor, mejor”, que lleva practicando tantos años; Feijóo debe dejar de sucumbir al populismo demagógico y utilizar cualquier asunto como una política de confrontación contra el gobierno de Pedro Sánchez. Y, si le queda autoridad, el líder de la oposición debe ordenar a sus barones, y baronesas, que se sienten a dibujar una estrategia, que más allá de pensar en las próximas elecciones sirva para dejar una mejor herencia a las siguientes generaciones. Si el PP gobernara en el futuro se vería beneficiado de este asunto de gran calado y, aunque no llegara a hacerlo, también porque demostraría, al menos en esta ocasión, que es capaz de llegar a acuerdos de interés general. En ambos casos, la sociedad en su conjunto vería que sus representantes públicos son capaces de alcanzar un consenso ante la acción ante el cambio climático lo que serviría para cambiar el clima político, cada vez menos respirable.


domingo, 10 de octubre de 2021

Transición ecológica justa

He reaparecido, momentánea y accidentalmente, en el periódico Granada Hoy para publicar este artículo en la antesala del Congreso Federal del PSOE. Creo que es el primer Congreso al que no asisto presencialmente desde hace muchos años. He estado de delegado por Granada, delegado por la sectorial de Medio Ambiente, por Juventudes (hace décadas) de invitado 'fraternal'... En esta ocasión lo veré desde casa. Hay cosas que se ven mejor y otras que te pierdes... 

En todo caso mi contribución, en forma de enmiendas de adición a la ponencia marco, aprobadas en nuestra agrupación y en la OSMA, estará en Valencia y he querido con este artículo subrayar uno de los ejes fundamentales de lo que "nos jugamos" en este 40 Congreso.  

Enlace a la edición digital 👉https://www.granadahoy.com/granada/Transicion-ecologica-justa_0_1618338500.html



TRANSICIÓN ECOLÓGICA JUSTA

Ignacio Henares Civantos. 

Organización Sectorial de Medio Ambiente PSOE.


El PSOE va a celebrar en pocos días su congreso federal, en un momento crucial para este Partido y de gran trascendencia social, por el papel que le ha tocado jugar desde el gobierno de la Nación afrontando la mayor crisis sanitaria, económica y social de nuestra historia y liderando el proceso de recuperación y transformación económica con unos parámetros diferentes a los de anteriores crisis que podemos sintetizar en la aspiración de ‘que nadie quede atrás’.

Desde la recuperación de la democracia los socialistas han estado en la vanguardia de las reformas sociales en nuestro país (educación, salud, dependencia, nuevos derechos y libertades sociales)… La nueva ‘modernización’, que es en buena medida tecnológica, debe suponer también un punto de inflexión en los postulados ideológicos de la socialdemocracia con respecto a las políticas ambientales.

Así se expresa en el capítulo de la ponencia marco ‘Transición ecológica justa y biodiversidad’, que se debate en estas fechas en las delegaciones que acudirán a este 40 Congreso, XL en sus siglas romanas, (y también llamado así por la extensión de los documentos en discusión). No es casualidad que esta parte del texto se encabece con una declaración de En rojo y verde’ que significa que toda la organización socialista asume los postulados ecologistas como una seña de identidad. Por la combinación de estos colores somos conocidos como los ‘sandías’ los miembros de la organización sectorial de medio ambiente. De la misma manera que el PSOE se define ya sin complejos como feminista, la incorporación de esta visión debe ir percolando en toda la organización socialista.

Desde la Segunda Guerra Mundial, la socialdemocracia europea, ha estado más en que lo primero era el crecimiento y el desarrollo económico, y posteriormente la redistribución de la riqueza y el bienestar, que en un modelo de desarrollo que asegurara la sostenibilidad y el bienestar presente y futuro. Tenemos que ser capaces de comprender y de asumir que ahora no se trata sólo de corregir déficits ambientales ni de ser más o menos ambiciosos en la protección de nuestros espacios naturales. Ya no es posible afrontar la compleja problemática ambiental desde soluciones paliativas que se sitúen al final del proceso productivo. Sin duda, todavía durante algún tiempo, tendremos que rehabilitar y restañar los errores y las consecuencias de prácticas y modos de proceder que han provocado profundos daños a los ecosistemas. Pero, sólo, eso no es ya suficiente. Ahora toca transitar hacia un nuevo modelo de desarrollo, sostenible, en su múltiple dimensión: económica, social, ambiental y cultural.

El socialismo democrático europeo tiene una vez más, con España, (y esperemos que pronto también con Alemania), a la cabeza, la responsabilidad de liderar un cambio hacia una economía baja en carbono basada en la transición energética y la economía circular, pero también en una nueva manera de relacionarnos con la Naturaleza. Ecología y Economía, que comparten origen etimológico, vuelven a correlacionarse, a entenderse como dos maneras de aproximación a un único destino posible a través de un proceso de transición ecológica justa.

En estas tres palabras, aparentemente simples, se encierra la propuesta, y la apuesta socialista más importante en mi opinión para los próximos años. Este asunto no debe verse como una cuestión sectorial sino como un elemento central y transversal del proyecto socialista que debe impregnar todo el discurso político cuando abordamos los temas de empleo, la salud, la política industrial, la movilidad y la accesibilidad, la política internacional, educación, investigación…

Cuando hablamos de transición ya estamos refiriéndonos a que pasamos de una situación (de un modelo) a otra, y estamos aludiendo a algo más que un cambio, que unas simples reformas (que ya no son suficientes). No es sólo una cuestión de salto tecnológico, aunque este pueda y deba ayudarnos en el camino, sino que el cambio de modelo de producción y consumo, debe ir acompañado de una ‘revolución’ cultural, de un cambio de mentalidad.

El planeta ya ha mostrado sus límites y si no advertimos las señales ecológicas, si no cambiamos de modelo económico, vamos abocados al colapso. La solución no puede consistir en volver a la situación de partida. La inacción, es también una no/solución. A ella vamos arrastrados por las ideologías neoliberales, de dejarlo en manos del mercado; el sálvese quien pueda que defienden al unísono las derechas españolas tiene unas consecuencias devastadoras, cada vez más graves y más costosas si vamos retrasando las decisiones. Por otra parte desde el otro extremo ideológico parecen resignarse a la vuelta al Neolítico, con las ideas que conducen al decrecimiento, lo que supone una pérdida de bienestar de nuestra sociedad en su conjunto pero que pagarán más caro, de manera injusta, los más pobres, los que menos han contribuido a esta situación de deterioro. En definitiva, nos puede dar miedo asomarnos a la incertidumbre de la transición ecológica pero la alternativa al susto es muerte.

Desde el PSOE acompañamos el adjetivo de justa a este nuevo concepto de transición ecológica, ya que el compromiso de una opción progresista no puede desligarse de la apuesta por la equidad, por dar respuesta a las necesidades de los sectores más necesitados, de los más vulnerables. Eso significa que la adaptación y la transición hacia un nuevo modelo productivo y de consumo debe llevarse a cabo de forma progresiva y no traumática. No habrá transición si no es justa, no es sostenible y no es social; de igual forma tampoco la habrá si no se hace mediante procesos participativos en su implantación. En la ponencia marco se resume esta cuestión con una idea: “donde el fin de mes no tenga que enfrentarse al fin del mundo”.

En el texto que se debatirá en el Congreso de Valencia esta transición ecológica justa viene acompañada de la palabra biodiversidad’. La conservación de la biodiversidad debe ser abordada no tanto como un objetivo en sí mismo sino como un instrumento, un indicador de la salud de los ecosistemas, del planeta. Cuanta más biodiversidad, más salud y además mayor resistencia y resiliencia para enfrentar el cambio global y el cambio climático en esta nueva era bautizada como Antropoceno. Nuestra sociedad debería aprender e interiorizar que cuánto más pierden las ‘fuerzas de la biodiversidad’ más ganan las ‘fuerzas del cambio’. Dicho de otro modo, la conservación de la biodiversidad es un seguro, una vacuna universal, contra el cambio global, contra nuevas pandemias, contra los desequilibrios ecológicos.

En este nuevo enfoque de la conservación de la biodiversidad hay que pasar de la consideración de Espacios Naturales Protegidos a Espacios Protectores, reorientando su valor como fuente de bienes y servicios ecosistémicos, (áreas protegidas para el bienestar humano, presente y futuro, en términos de los organismos internacionales), tanto como de reservas de biodiversidad. Además de este cambio de paradigma hay que dar un paso adicional y apostar por las ‘soluciones basadas en la naturaleza’ que implican proteger, restaurar y gestionar de manera sostenible los ecosistemas, de manera que aumenten su capacidad de adaptación y respuesta y podamos abordar los nuevos desafíos sociales al mismo tiempo que se salvaguarda la biodiversidad y se mejora el bienestar de nuestras sociedades.

Nuestro país, nuestra sociedad, debió enfrentarse a estos importantes retos sin que hubiera ocurrido la pandemia del covid 19 pero afrontarlos ahora se ha convertido en urgente y necesario si queremos acogernos y aprovechar el enorme influjo inversor de los Planes de Recuperación, Transformación y Resiliencia a las distintas escalas: europea, estatal y regional. Ahora, más que nunca, la sociedad debe implicarse en un proceso de cambio que necesita de todos: de líderes políticos conscientes y comprometidos, de profesionales capacitados, de empresas con visión de futuro, de agentes sociales y económicos que actúen proactivamente para construir ese nuevo modelo de desarrollo que nos permita mirar el futuro con mayor optimismo... El cambio de modelo requiere una nueva cultura del consumo, de la producción, de las relaciones personales, de nuestros hábitos de desplazamiento, del tipo de vivienda… un cambio de vida en definitiva. Las nuevas generaciones, en las próximas décadas, deben ser conscientes de su responsabilidad en la sostenibilidad de su entorno y también de su capacidad para protagonizar un cambio hacia una sociedad mejor. 

martes, 10 de junio de 2014

Celebrando el Día Mundial del Medio Ambiente

Este año me he sumado a la celebración del Día Mundial del Medio Ambiente dedicándole el contenido del mi programa semanal de radio en La Voz de Granada y haciendo un poco de “ruido” en las redes sociales aunque hay tanto ruido que apenas mi voz y mis palabras y las de los que gritamos por la conservación de nuestro medio ambiente se han escuchado. Pero como soy de los que piensan que “más vale encender una vela que maldecir la oscuridad” he aportado mi grano de arena.

El Día Mundial del medio Ambiente fue establecido por la Asamblea General de Naciones Unidas, en diciembre de 1972 con el inicio de la Conferencia de Estocolmo, Suecia, cuyo tema central fue el Medio Ambiente. Se celebra el 5 de junio de cada año desde 1973, que fue el día que arrancó aquella importante Conferencia que luego sería sucedida por la Cumbre de Río de Janeiro (Brasil) y la más reciente de Johannesburgo (Sudáfrica).

El Día Mundial del Medio Ambiente es una de las herramientas principales de las Naciones Unidas para impulsar la sensibilización y acción por el medio ambiente en todo el mundo. Los objetivos principales son brindar un contexto humano, motivar a las personas para que se conviertan en agentes activos del desarrollo sostenible y equitativo; promover el papel fundamental de las comunidades en el cambio de actitud hacia temas ambientales, y fomentar la cooperación internacional para todas las naciones y personas disfruten de un futuro más próspero y seguro.

El Día Mundial del Medio Ambiente es un evento en el que se realizan múltiples actividades: concentraciones en calles, conciertos ecológicos, actividades de educación ambiental, plantaciones de árboles, campañas de reciclaje y de limpieza…

Es además, un acontecimiento que lleva a periodistas a escribir y hacer reportajes críticos acerca del medio ambiente. Documentales televisivos, exhibiciones fotográficas, eventos intelectuales como seminarios, mesas redondas, conferencias, sólo por nombrar algunos.  El Día Mundial del Medio Ambiente es el momento para darse cuenta de que el cuidado de la Tierra es responsabilidad de todos y de convertirnos en agentes de cambio (“lo que podemos entre todos es lo que nadie puede”).

El año pasado, el Día Mundial del Medio Ambiente fue citado en un total de 200.000 entradas de blogs y en más de 26.000 artículos de prensa publicados únicamente entre el 1 y el 10 de junio de 2013. De lo 200 millones usuarios activos de Twitter, el Día Mundial del Medio Ambiente se convirtió en "trending topic" de al menos 15 países durante el 5 de junio provocando a su vez una cifra estimada de 47,6 millones de impresiones en Facebook. Este año no tengo todavía las estadísticas peor espero que no haya bajado la repercusión mediática ni la preocupación social.

Este año a nivel mundial el lema ha sido “Alza tu voz, no el nivel del mar” y ha girado en torno a los Pequeños Estados Insulares en Desarrollo en apoyo al nombramiento de las Naciones Unidas de 2014 como Año Internacional de los SIDS (siglas en inglés), relacionando este tema con el cambio climático, uno de los temas que más preocupan a nivel mundial y que se repiten, desde diferentes perspectivas en los últimos años. 
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En Sierra Nevada lo hemos celebrado con dos actividades: aves y plantas.

La dedicada a las aves se ha desarrollado este sábado en el aula de la naturaleza “El Aguadero”, en Padul, que continúa su programa de dinamización con una nueva actividad de anillamiento, itinerario, talleres… y una exhibición de rapaces. 

La actividad central de la Junta de Andalucía en Granada se realizó el jueves pasado y ha girado en torno al 25 aniversario de la inauguración del jardín botánico de La Cortijuela con la presencia de la delegada del gobierno, Sandra García, y la delegada territorial de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente, Inma Oria, "mis jefas".


El jardín botánico La Cortijuela se encuentra en una zona de extremado valor ecológico dentro del Parque Nacional de Sierra Nevada: la falda del Cerro del Trevenque. El jardín botánico, con una extensión de 12,4 ha, es un conglomerado de fragmentos de bosque autóctono de Pinus sylvestris subsp. nevadensis, encinares de Quercus rotundifolia y repoblaciones de Pinus sylvestris y Pinus nigra estas, especies foráneas. Con un sotobosque de gran variedad de especies acompañantes, en los estratos inferiores de la vegetación veremos abundar la peonía (Paeonia coriacea), la salvia (Salvia lavandulifolia), oreja de burro (Phlomis crinita), piorno (Erinacea anthyllis), hierba de los ballesteros (Helleborus foetidus) o la gayuba (Arctostaphylos uva-ursi). 


En las zonas más frescas con arces granadinos (Acer opalus subsp. granatense), mostajos (Sorbus aria y Sorbus torminalis), durillo (Amelanchier ovalis), durillo dulce (Cotoneaster granatense) y tejo (Taxus baccata). También abundan los espinales como el rosal silvestre (Rosa canina), majuelo (Crataegus monogyna), agracejo (Berberis hispanica), zarzamora (Rubus ulmifolius), endrino (Prunus ramburii), carrasquilla (Rhamnus myrtifolius), enebro (Juniperus oxycedrus) y varias especies de orquídeas.


El interior del jardín está recorrido por dos arroyos donde podremos observar especies propias de riberas, como olmos (Ulmus minor) sauces y mimbres (Salix spp.), juncos (Juncus inflexus), mastranzo blanco (Mentha longifolia), abedul (Betula pendula subsp. fontqueri)...

Dentro del jardín hay 58 familias representadas, con más de 400 taxones de especímenes vegetales de Sierra Nevada y de otras sierras orientales de Andalucía. En el vivero, se cultivan plantas tanto de las que se encuentran en peligro de extinción, como las consideradas vulnerables. En peligro de extinción tales como: Acer opalus subsp. granatense (Arce de Granada), Erodium boissieri, Rothmaleria granatensis, Salix hastata subsp. sierrae-nevadae, Senecio elodes, Narcissus nevadensis (Narciso de Sierra Nevada) y Artemisa granatensis (Manzanilla real). De las consideradas vulnerables: Amelanchier ovalis (Guillomo), Celtis australis (Almez), Ilex aquifolium (Acebo), Quercus pyrenaica (Roble melojo), Santolina elegans (Santolina) y Sorbus aria (Mostajo).

Cómo llegar: Se encuentra a unos 30 Km. de la ciudad de Granada. Para llegar hay que dirigirse a la localidad de La Zubia. En el interior del núcleo de población, hay que circular hacia la zona denominada Cumbres Verdes, una empinada carretera de montaña que discurre entre pinares. Una vez en Cumbres Verdes se inicia un carril de tierra que llegará hasta la Fuente del Hervidero, un antiguo cortijo convertido en famoso merendero. Desde ese punto el carril continúa hasta una bifurcación que, a la derecha accede a un área de aparcamiento de la que salen dos sendas. El carril hacia la Cortijuela es el que ha quedado a la izquierda antes de acceder al aparcamiento y que, desde este punto, no es recomendable a vehículos que no sean todo terreno, ya que se encuentra muy irregular. Por este carril se llegará al “puente de los siete ojos”. El carril, que desde el Hervidero tiene un recorrido de 8 kilómetros, llega hasta el jardín de la Cortijuela. Allí nos encontramos con una casa forestal reconvertida en centro de recepción y punto de información. Unos cien metros más adelante se encuentra la entrada del jardín botánico.