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lunes, 6 de julio de 2026

In memoriam de "la Carmela de Bobadilla "

Arranco la semana escribiendo sobre una noticia triste, el fallecimiento de "la Carmela de Bobadilla". Que la tierra le sea leve.  DEP. 

He escrito una elegía en su memoria que Lola Quero, la directora de Granada Hoy, ha tenido a bien guardarme un hueco en la edición digital y papel del periódico, en el que no caben tantas y tantas historias y anécdotas con Carmela pero que dan testimonio de mi cariño, respeto y admiración. 








            Creo que es mi una de las últimas fotos con Carmela en una visita a la Residencia. 

lunes, 23 de febrero de 2026

Disputar el presente para ganar el futuro

Hoy publico un artículo de (mi) opinión al debate en la izquierda (las izquierdas) para ganar a las derechas (la derecha). La cita de W. Brandt, ", y la entradilla, la izquierda ante la tesitura del mínimo común múltiplo o el máximo común divisor, resumen mi visión.

Hemos utilizado el título del encuentro celebrado en Madrid la semana pasada que ha servido de acicate, provocación, animación y empuje de este necesario debate que luego ha tenido continuidad con el acto del nuevo Sumar, junto con Izquierda Unida, Más Madrid y los Comuns celebrado el pasado sábado 21.   

'Disputar el presente para ganar el futuro' | El Independiente de Granada



Disputar el presente para ganar el futuro

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

No nos vencerán las dificultades sino nuestra propia resignación”. Willy Brandt.


La izquierda ante la tesitura del mínimo común múltiplo o el máximo común divisor


La izquierda ha mostrado una habilidad casi artesanal para discutir el perímetro exacto de sus matices mientras la derecha se caracteriza por dibujar los trazos gruesos de un mapa entero. No es un problema nuevo. Es, de hecho, un clásico de nuestra historia política: la tensión permanente entre identidad y eficacia, entre coherencia interna y capacidad de gobierno.

Resulta paradójico en la política europea, España en esto tampoco es diferente, que la izquierda debata con pasión la fórmula para la conquista de los cielos” mientras la derecha nos lleva al infierno con una claridad estratégica casi quirúrgica, orillando sus diferencias. En algunas ocasiones hasta llegar al ridículo, simbolizado recientemente por los vaivenes de la presidenta de Extremadura, que lo ha elevado a la máxima potencia cuando ha expresado que compartía “el mismo feminismo de Vox”.

No, no es que carezcan de diferencias internas, sino que han decidido que su prioridad es otra: ocupar todo el poder, todos los poderes, y consolidarlos. Y ese cemento, aunque haya que repartirlo y compartirlo, une mucho.

En el espacio progresista, en cambio, el debate identitario tiende a convertirse en debate existencial. Las diferencias programáticas, legítimas y necesarias, se sobredimensionan hasta adquirir rango de frontera moral. Y, mientras tanto, buena parte del electorado observa con una mezcla de desconcierto y fatiga.

Aquí es donde la metáfora matemática adquiere sentido. La izquierda suele operar bajo la lógica del máximo común divisor: aquello que separa, lo que define la diferencia más pura. Pero gobernar exige pensar en términos de mínimo común múltiplo: aquello que, compartido, multiplica capacidad institucional y base social. No se trató, no se trata ahora, de diluir identidades, sino de jerarquizar prioridades.

Conviene recordar un dato básico: el primer gobierno de coalición de la democracia reciente, encabezado por Pedro Sánchez, no nació de la afinidad plena, sino que fue fruto de la aritmética parlamentaria y de una voluntad política que arrancaba de la inconveniencia de la otra alternativa, (como algún despistado y/o intruso sigue defendiendo en la actualidad): dejar gobernar a la derecha ‘menos mala’, la derecha moderada y útil que anunció Feijóo cuando descabalgaron a Fra-Casado. El acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos primero, y más tarde con Sumar, como actor central del espacio a la izquierda de los socialistas, permitió articular una mayoría que ha sacado adelante reformas de gran calado: la subida sostenida del salario mínimo, la reforma laboral pactada con sindicatos y patronal, el despliegue del escudo social durante la pandemia, la revalorización de las pensiones conforme al IPC…

El balance de lo logrado y las expectativas sobre el futuro de la coalición pueden diferir pero lo relevante es que ha permitido gobernar en una línea opuesta al neoliberalismo y a la tendencia al desmantelamiento de los servicios públicos. Y, si quitamos el ruido, las voces y los bulos, no es que España no se haya roto ni se haya hundido, sino que al contrario se ha convertido en una referencia internacional, en un modelo a seguir. En términos macroeconómicos estamos, de manera objetiva, infinitamente mejor que cuando el guiñol del más tonto del trío de las Azores repetía “España va bien”.

El Partido Popular y Vox se disputan la hegemonía de la derecha pero sin hacerse daño entre ellos, sino sumando arietes desde el ámbito judicial, económico, político y mediático contra ‘el enemigo común’, contra los amigos de los herederos de ETA, los independentistas catalanes, los peligrosos bolivarianos…

No nos confundamos, allí donde los números lo permitan, las derechas van a pactar. Allí donde las diferencias incomoden, se aplazan. No porque compartan una identidad monolítica, sino porque comparten una prioridad: desplazar el eje político y consolidar una agenda conservadora que incluye recentralización competencial, privatización de los servicios públicos, revisión de políticas de memoria democrática o retrocesos en igualdad de género. El resultado no es solo aritmético: es cultural. Ellos sí que son auténticos herederos de los que dieron el golpe en el 36 y ganaron la guerra, aunque se sienten perdedores del periodo democrático más amplio que ha disfrutado España y creen que se ha ido demasiado lejos en el Estado del Bienestar y en derechos civiles y sociales.

La cuestión de fondo no es si existen diferencias estratégicas entre las fuerzas de izquierda, las hay, (y sería preocupante que no existieran), sino qué lugar ocupan en la escala de prioridades. Dicho de manera clara, lo importante ahora ya no es defender qué izquierda y pelearse por quién se queda con las esencias, sino luchar juntos, aunque no revueltos, contra el fascismo y, de nuevo le toca a la izquierda apechugar con la tarea de defender y sostener la democracia.

Ese mínimo común podría articularse en torno a tres ejes: defensa de los servicios públicos, ampliación de derechos civiles y sociales, y seguridad económica para las clases medias y trabajadoras en un contexto de transición ecológica, y modernización digital. Y convertir el derecho a la vivienda digna en el quinto pilar del Estado del Bienestar, junto a la educación, sanidad, servicios sociales y las pensiones.

No debe verse como un programa cerrado, sino como un perímetro común. Es nada más, y nada menos, lo que las bases de los partidos políticos intentan hacer cada día, partiéndose la cara, (en algún caso de manera literal), contra los que dice que “no son de derechas ni de izquierdas”, (ahora ampliado con) “yo lo que quiero es que se vaya Pedro Sánchez” o contra los ignorantes que afirman que con Franco se vivía mejor y reniegan de la democracia. Me remito al pregón de Carnaval de Cádiz que ha hecho Manu Sánchez para no extenderme en este asunto.

Tenemos que se conscientes que la ciudadanía no vota para asistir a debates internos, sino para que se gestionen sus problemas. Para frenar el avance conservador, no hay que renunciar a la pluralidad, sino ordenarla. Y entiendo que es muy difícil con tanto #tontodelbulo y tanto ‘tonto pollas’ como abunda, pero estamos obligados a no resignarnos y a dar la batalla, contra “los otros”, en el café, en el trabajo, en el comedor de casa o en la parroquia, aunque en muchos casos nos quedemos en minoría.

En definitiva, la alternativa es clara: o la izquierda construye un mínimo común que multiplique, o insiste en un máximo común que divida. En política, cuando unos suman y otros se fragmentan, el resultado rara vez es neutro. Lo han expresado Rufián (ERC) y Delgado (Más Madrid) esta semana para el ámbito de la atomizada izquierda a la izquierda del PSOE, de manera clara, y en la cumbre del movimiento Sumar. En mi opinión esta lógica política y matemática debe completarse con un pacto de no agresión y de suma estratégica, también con los socialistas, con todos los socialistas.

Ahora bien, no es solo cuestión de aritmética ni de ejercicios sociológicos. Sin diluir los proyectos ni uniformizar discursos, se trata de dar la batalla contra el enemigo común en lugar de especular con arañar votos dentro del bloque. ¿Es más relevante la competencia por el liderazgo simbólico del espacio o la consolidación de una mayoría social primero y luego parlamentaria que blinde el Estado del Bienestar? ¿Es más urgente ajustar cuentas internas o articular un relato común en defensa de la democracia social frente a la motosierra neoliberal? Pues si sabemos el qué, vamos a ver el cómo, sin pisarnos la manguera.

Porque esa es la disputa real: el modelo de sociedad futuro. De un lado, la la defensa de lo público, un Estado activo, redistributivo y garante de derechos. Del otro, la apelación a un mercado desregulado, a la reducción fiscal como dogma y a una concepción restrictiva de los derechos civiles. Y para colmo unas derechas negacionistas o retardistas de la lucha contra el cambio climático.

Si las fuerzas progresistas no son capaces de construir una arquitectura estable de cooperación, el riesgo no es únicamente perder las próximas elecciones. Es permitir que el marco conservador se convierta en sentido común. Y cuando eso ocurre, revertirlo exige décadas. Porque estos imitadores baratos de Trump y Milei no son la alternancia saludable en una democracia sino un ataque salvaje a los cimientos de nuestra sociedad y al modelo que surgió después del desastre de dos guerras mundiales libradas en el corazón de la vieja Europa.

En política, como en matemáticas, hay operaciones que suman y operaciones que dividen. La cuestión es cuál se elige cuando el resultado afecta al conjunto del país. Quizá por eso convendría recordar una obviedad que en política suele olvidarse: las mayorías no se heredan, se construyen. Y se construyen no desde la comodidad de la trinchera propia, sino desde la incomodidad productiva del acuerdo.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Regularizar para humanizar: justicia social frente al bulo y la hipocresía.

 'Regularizar para humanizar: justicia social frente al bulo y la hipocresía' | El Independiente de Granada

Arranco la semana como un apóstol intruso, escribiendo una carta, de buena fe, a los cristianos de buena fe. No quiero que, cuando dentro de un tiempo nos avergoncemos de cómo hemos tratado a otras personas, me recriminen mis hijos o mis nietos que yo qué opinaba.

Perdonad la homilía. 


Regularizar para humanizar:

justicia social frente al bulo y la hipocresía



SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos



Carta abierta a los CRISTIANOS,

de buena fe, sobre la inmigración



El debate público sobre el Real Decreto sobre inmigración aprobado por el gobierno para iniciar el proceso de regularización de personas migrantes en situación administrativa irregular”, se está viendo contaminado por bulos, miedos interesados y discursos que deshumanizan. Frente a este ruido, conviene recuperar una mirada serena, informada y profundamente humana. Hay que recordar que esta propuesta política parte de una Iniciativa Legislativa Popular presentada en el Congreso de los Diputados y respaldada por cientos de miles de firmas y por una amplia red de organizaciones sociales, sindicales, eclesiales y académicas. Desde mi punto de vista y de mi manera de entender nuestra sociedad, es una propuesta jurídicamente viable, socialmente necesaria y moralmente inaplazable.

Defenderla, desde un humanismo cristiano, no es una concesión al ‘buenismo’, como algunos pretenden caricaturizar. Es, ante todo, una exigencia ética profundamente arraigada en la Doctrina Social de la Iglesia y coherente con la defensa de los principios básicos de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho consagrados en nuestra Carta Magna.

Vivimos momentos en los que algunos se empeñan en meter a la Iglesia en la esfera pública, y la propia jerarquía eclesiástica se mete en política, (incluso el presidente de la Conferencia Episcopal se ha atrevido a pedir elecciones generales anticipadas). Momentos en los que, ante la tragedia de un desgraciado accidente ferroviario, nos han impuesto un funeral religioso público, en directo, urbi et orbe. Y sin embargo en un asunto como el tema de la inmigración que requiere la implicación social directa y comprometida, se echa de menos la presencia activa y la falta de liderazgo desde una visión cristiana.

Yo me he criado en una sociedad de valores en los que la dignidad de la persona es el principio irrenunciable que debe orientar cualquier política pública. Por ello me repatea que se hable de ‘ilegales’, cuando nos referimos a hombres y mujeres que trabajan honradamente, que cuidan de nuestros familiares, que sostienen sectores de nuestra economía y que forman parte de nuestras comunidades.

Acudiendo a las Sagradas Escrituras (Éxodo) encontramos una interpelación directa: “no oprimirás al extranjero; vosotros conocéis la suerte del extranjero, porque extranjeros fuisteis”. Obvia decir que como españoles deberíamos ser sensibles a los inmigrantes, nosotros que hemos sido emigrantes como bien debería saber el gallego Núñez Feijóo. Y es más, el propio Jesucristo fue claro al respecto como podemos leer en el evangelio (Mateo), “fui forastero y me acogisteis”. La hospitalidad, la justicia y la defensa del vulnerable no son añadidos opcionales del humanismo cristiano, forman parte de su núcleo esencial, no como un llamamiento piadoso, sino como un criterio de juicio ético y social. Como emigrante durante cinco años en mi juventud, quizás yo haya desarrollado una empatía espacial, al haber estado “metido en esos zapatos”.

Quiero creer que muchas personas de pensamiento cristiano estén siendo víctimas de las campañas de desinformación que, con el objetivo de derrocar al gobierno progresista, buscan el odio y la confrontación y persiguen infundir miedos. Esa debe ser la finalidad del argumento que algunos tontos del bulo propagan cuando señalan repetidamente que la regularización genera un ‘efecto llamada’. La experiencia, por el contrario demuestra que las personas migran históricamente empujadas por causas estructurales (conflictos, pobreza, cambio climático, desigualdades globales), no por procesos administrativos complejos y limitados en el tiempo. No se trata de proponer fronteras abiertas ni una regularización automática per secula seculorum, sino una medida excepcional para una realidad ya existente y enquistada. Negar derechos no frena la migración, solo la hace más vulnerable.

Otro argumento recurrente, más falaz aún, sostiene que las personas migrantes “quitan trabajo” o “viven de ayudas”. La realidad es que miles de personas en situación irregular ya están trabajando, muchas veces en condiciones precarias, sin contratos ni derechos, especialmente en sectores como la agricultura, la hostelería, los cuidados sociales o la construcción. Regularizar no quita empleo, ordena el mercado laboral, combate la economía sumergida y protege tanto a trabajadores migrantes como autóctonos frente al abuso. Además, con la regularización aumentan las cotizaciones y los ingresos públicos, fortaleciendo el Estado del Bienestar.

También se difunde el miedo con una supuesta amenaza a la seguridad o a la convivencia. Este discurso no solo carece de base empírica, sino que resulta profundamente injusto. Y no solamente porque la regularización tiene como requisito imprescindible no tener antecedentes penales ni suponer amenaza para el orden público. La exclusión administrativa es la que genera marginalidad, la inclusión genera cohesión. ‘Dar papeles’ es dar derechos, pero también deberes, visibilidad y responsabilidad compartida. Una sociedad más justa es, siempre, una sociedad más segura.

En el proceso iniciado se trata de regularizar a quienes ya están aquí, ya viven entre nosotros y ya contribuyen. Es una medida de realismo social que se incardina en un Plan de Integración y Convivencia y debe tener continuidad con una estrategia de migración regular, segura y ordenada. Mirar hacia otro lado perpetúa una hipocresía colectiva: nos beneficiamos del trabajo de estas personas mientras les negamos el reconocimiento legal y la plena dignidad cívica.

Esta regularización no es la primera ni será la última, ni aquí ni en el resto de la Unión Europea. La propia Meloni por ejemplo, (de la que presumen amistad y a la que admiran tanto la derecha extrema como la extrema derecha española), aunque mantiene la retórica anti-inmigrantes con la que llegó al gobierno italiano, autorizó entre 2023 y 2025 más de 400.000 contratos a extranjeros. Con la última regularización del verano pasado se prevén en ese país hasta 500.000 nuevos visados de trabajo para migrantes extraeuropeos en los próximos tres años.

La regularización de inmigrantes fue apoyada explícitamente por el PP votando a favor de la toma en consideración de la Iniciativa Legislativa Popular. Entonces su presidente afirmaba hay un debate que debemos de dar y debemos de zanjar con los inmigrantes que viven en España y que trabajan en España pero que no obtienen o no han obtenido de momento papeles. Y esos pueden estar tranquilos” y el portavoz, por entonces del PP, Borja Sémper, reconoció que había cientos de miles de personas trabajando en la economía sumergida, sin cotizar y sin derechos defendiendo que “a estos seres humanos hay que darles una salida”.

Bajo los gobiernos de José María Aznar, con Mariano Rajoy de ministro del Interior para más inri, se produjeron tres regularizaciones: en 1996, en 2000 y en 2001, que alcanzaron a unas 500.000 personas. Y antes, a principios de los 90 el PP apoyó las medidas al respecto tomadas por el gobierno del expresidente (y exsocialista), Felipe González, defendiéndolas siempre con argumentos humanistas y económicos.

Mucha gente se preguntará ¿qué ha cambiado para que un asunto que se supone cuenta con un amplio consenso social se convierta ahora en nuevo caballo de batalla? Pues, si la realidad migratoria ni la evidencia no son diferentes, lo único que se ha trastocado es la estrategia política del PP que se pasó hace tiempo de integrar a la extrema derecha y democratizarla a sucumbir a sus postulados y a arrastrarse a su discurso y a su programa antidemocrático.

Lo de Vox es previsible, el racismo es uno de los puntos principales de su programa político como muestra que en su propaganda aparezcan memes de Pedro Sánchez entregando pasaportes a jóvenes de aspecto magrebí. Curiosamente serán inmigrantes latinoamericanos los que más se beneficien de este proceso, esos que prefería la Ayuso y que decía “que estaban como en casa”.

El líder de Vox, Santiago Abascal también ha vuelto a hacer el ridículo queriendo implicar a la Unión Europea afirmando que estas medidas perjudican “el correcto funcionamiento del espacio Schengen”, confundiendo y/o ignorando que conseguir un permiso de trabajo en España no se extiende a otros países.

Núñez Feijóo, y sus portacoces del PP, han comprado también otro bulo de la ultraderecha al acusar a Pedro Sánchez de intentar ganar votos entre los extranjeros. Todavía escucho y leo a algunos hooligans agarrados a esta burda mentira, ocultando que un permiso de trabajo no significa obtener la nacionalidad que es la que da derecho al voto en unas elecciones generales o autonómicas. Y que la residencia legal permite el voto solamente en las elecciones municipales, en determinadas condiciones y con tres años de vigencia, por lo que no llegaría a tiempo para las próximas. Se vuelve a repetir aquello de “que la verdad no te estropee el titular”.

Cuando escucho estos prejuicios no puedo dejar de pensar en el refrán de “piensa el ladrón que todos son de su condición” e imaginar qué son capaces de hacer (el que pueda hacer que haga) por conseguir el poder o desde el poder. Un refrán, por cierto, que algunos asocian a paisajes bíblicos como el comportamiento de Judas Iscariote al juzgar las acciones de otros sobre el uso del dinero.

Ahora bien, debo confesar que me decepciona e indigna cuando oigo a quienes defienden la regularización solo desde argumentos económicos: porque “faltan trabajadores”, porque “mejoran las cotizaciones” o porque “conviene al PIB”. Sin negar que estos efectos existan, reducir la dignidad humana a su utilidad económica es profundamente preocupante.

Y aquí es donde me gustaría encontrar a cientos, miles, millones de personas que pregonan la doctrina de Jesús de Nazaret. Me gustaría que en todas las misas, en todas las iglesias españolas, se extendiera la Doctrina Social de la Iglesia que señala que “el trabajo está al servicio de la persona, y no la persona al servicio del trabajo”. Me gustaría que en las homilías se predicara que la regularización es justa, no porque sea rentable, sino porque reconoce derechos a personas humanas, a hijos de Dios. Defenderla solo porque “nos conviene” es aceptar, implícitamente, que si un día dejara de ser rentable, dejaría de ser justa. Y eso es inaceptable desde un pensamiento humanista cristiano. Cuando el orden administrativo se antepone sistemáticamente a la dignidad humana, algo se ha torcido profundamente en nuestra escala de valores.

¡Tan lejos han quedado ya los buenos sentimientos navideños cuando se celebraba el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios bajado del cielo para impartir la buena nueva de amar al prójimo!

¡A ver si pasan pronto las carnestolendas, en las que muchos parecen estar instalados permanentemente, y llega la Semana de Pasión en la que vivimos con fervor la muerte y resurrección de nuestro Salvador y se renuevan las devociones marianas a la madre de Jesús y nos ayudan a recuperar el espíritu y el modo de vida ejemplar de los cristianos! Amén. Y ojalá. 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Yo SÍ las creo

Me mojo en el asunto de las agresiones sexuales. 

Me indican en el periódico que es una de mis entradas más leídas, no sé si es el tema, el día o que lo he movido o lo han movido más desde mi comunidad de amigos (y de algún enemigo) y en general he recibido comentarios interesantes, la mayoría favorables. Me han sorprendido dos. Uno de un compañero y amigo que ha dicho, en privado, que hay que cederle el protagonismo a las mujeres y que hay mucha gente (hombres) en el PSOE que están en esta causa y en esta posición que podría parecer que mi opinión es aislada. Le he respondido que eso se soluciona con una declaración pública en la que diga: yo (también) las creo. La otra puya recibida ha sido más pública. Una mujer casi me ha acusado de intrusismo en este debate y de cómplice. Se han encargado de contestarle otras mujeres de su error.

'Yo SÍ las creo' | El Independiente de Granada




Yo SÍ las creo

SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos



Durante décadas, el acoso sexual ha sido uno de esos delitos que ocurrían a plena vista y, sin embargo, permanecían ocultos. En España, los avances legislativos, las políticas de igualdad y el debate público han ampliado el foco sobre el consentimiento, el abuso de poder y los entornos laborales y educativos, pero no han podido minar suficientemente los cimientos del patriarcado en que se asientan las conductas que lo originan. El acoso y la violencia hacia las mujeres es el resultado de un machismo estructural y sistémico, presente aún en muchos ámbitos de nuestra sociedad. Las organizaciones políticas, por desgracia, no están exentas de estos comportamientos.

En esta tesitura, en las últimas semanas, España ha vuelto a mirarse en un espejo incómodo. Las denuncias y testimonios por acoso sexual que estamos conociendo, que atraviesan todo el arco parlamentario, y a diferentes estratos sociales, han activado un reflejo casi automático en nuestra política: contener el daño, ganar tiempo y desplazar el foco. No es una reacción nueva ni exclusiva ante esta coyuntura, pero sí especialmente reveladora de la complejidad y profundidad del problema que hay que abordar.

Yo, SÍ las creo, significa comprender que este silencio histórico no es ni fue casual, sino inducido por un sistema que penaliza a quien habla y que ha pretendido, y pretende, desplazar este asunto al ámbito privado como hace con otras manifestaciones de la misma causa estructural. La presunción de inocencia no debe invalidarse, (da risa escuchar a algunos alegarla después de ver cómo se ha pisoteado este principio jurídico en el caso del fiscal general del estado), pero hay que huir del descrédito automático de las víctimas que ha sido, durante demasiado tiempo, una práctica social.

Yo, SÍ las creo, es poner en evidencia la diferencia entre la igualdad formal y la real, la brecha entre el discurso y la práctica, la (enorme) distancia que nos queda todavía por recorrer a pesar del gran trayecto realizado, lo que indica el gran hueco entre el punto de partida y el destino que anhelamos. Es curioso que estos episodios estén ocurriendo o aflorando cuando desde muchos sectores de la sociedad se intenta desprestigiar el feminismo que llaman ‘radical’, considerándolo demodé, cuando y algunos siguen negando directamente la violencia hacia las mujeres.

En la actualidad está emergiendo un pensamiento que de manera más sutil o subterránea cuestiona las políticas de igualdad recuperando en las conversaciones de bar o incluso en las mesas familiares aquello de “es que van provocando” o soltando “ya sé yo cómo ha ascendido esa”; pero lo más grave es que están encontrado eco y calor en medios y redes sociales y respaldo en determinadas capas sociales de hombres que se sienten ‘perjudicados’ por el ascenso social de la mujer y que igual que culpan al extranjero de sus problemas económicos, señalan en la diana al sexo femenino como causa de sus dificultades y su infelicidad.

A nadie debe escapársele la contribución de las fuerzas políticas más conservadoras a la siembra de estas semillas misóginas y el riego a diario de este estado de opinión. Ello nos obliga al conjunto de la sociedad a dar una respuesta contundente a este neo-machismo y a aplicar, en este nuevo escenario, las ‘lecciones aprendidas’ en la lucha por la igualdad, haciendo un gran esfuerzo pedagógico y siendo ejemplares en las organizaciones políticas progresistas.

La primera lección que quiero señalar es que la existencia de protocolos no garantiza su aplicación efectiva; la retórica feminista o institucional no inmuniza frente a la tentación de minimizar, dilatar o desacreditar cuando el denunciado pertenece al propio espacio político. Los casos mediáticos han reactivado de nuevo las mismas dudas y sospechas sobre las denunciantes que ya conocíamos: ¿por qué ahora?, ¿por qué no antes?, ¿por qué no denunció entonces?, ¿por qué siguió trabajando allí? Rara vez estas preguntas se formulan a quienes ostentan poder. Yo, SÍ las creo, responde a ese patrón con una inversión necesaria: la duda razonable no puede convertirse en una duda selectiva.

Porque estas revelaciones, no han ocurrido antes por falta de víctimas, sino por exceso de miedo, vergüenza y descrédito. Frente a esta realidad, el lema Yo, SÍ las creo, no es un acto de fe ciega ni una consigna ideológica: es una toma de posición ética y política ante una desigualdad estructural que ha silenciado sistemáticamente a las mujeres. En España, este posicionamiento ha avanzado en paralelo, aunque con tiempos y resistencias propias, a lo que supuso el movimiento Me Too en USA y en un contexto socio-político que hace más difícil afrontarlo con el necesario amplio pacto social.

En Estados Unidos, el Me Too obligó a partidos, empresas y organizaciones a asumir que la neutralidad es una forma de complicidad. En España, los casos recientes ofrecen una prueba de estrés similar: o se investiga con independencia y transparencia, o se confirma la percepción de que el poder se protege a sí mismo, sea cual sea su color político. Allí donde hay jerarquías rígidas, dependencia económica o reputacional, y culturas organizativas opacas, el acoso encuentra terreno fértil.

Defender hoy, aquí y ahora, Yo, SÍ las creo, como están haciendo muchas mujeres en el interior del PSOE, en el conjunto del feminismo, (y debieran hacer también muchos hombres socialistas), no es una consigna cómoda ni una pose moral. Es una posición difícil porque obliga a señalar responsabilidades políticas concretas. Obliga a decir que, cuando surgen denuncias que afectan a cargos, asesores o entornos de poder, no basta con comunicados genéricos ni con apelaciones vacías a la prudencia. Prudencia no es silencio; prudencia no es sospechar de quien denuncia mientras se protege la reputación de quien ostenta poder.

El PSOE, ha hecho bandera del feminismo hasta elevarlo a una seña de identidad pública, y puede presumir de haber impulsado, cuando no liderado, (muchas veces con otras fuerzas políticas en contra, en las Cortes, en la calle y en los tribunales), los grandes cambios legislativos y sociales en pos de la igualdad entre hombres y mujeres en todos los campos. Pero la reacción inicial, marcada por la cautela comunicativa y la gestión interna, ha transmitido un mensaje peligroso: que la prioridad era controlar el impacto político antes que garantizar una investigación rápida, independiente y transparente. Cuando el feminismo se invoca como marca pero se diluye si se producen costes internos, deja de ser una convicción y pasa a ser una etiqueta o un eslogan.

En este momento no debe importar tanto a los socialistas, lo que hagan en el PP o en otros partidos, si tienen protocolos y los activan o si se amparan en la presunción de inocencia, como escudo político; no podemos recrearnos en la comparación sino centrarnos en impedir que se intente desacreditar implícitamente a quien denuncia y no reducir el problema a un ataque partidista. Obviamente hay que asumir que los adversarios van a incluir los acosos sexuales en la desaforada estrategia de acoso y derribo del gobierno que llevan haciendo desde hace años, sin importarles realmente el sufrimiento de las víctimas, que dejan relegadas a daño colateral.

Por eso, Yo, SÍ las creo, significa tomarse las denuncias en serio desde el minuto uno, activar protocolos reales y externos, apartar cautelarmente cuando sea necesario, y comunicar con transparencia sin convertir a las víctimas en un problema de imagen. Hay, además, una responsabilidad política añadida que rara vez se menciona: el ejemplo. Si fallamos en la respuesta estamos lanzando un mensaje devastador a miles de mujeres en entornos laborales, institucionales o educativos: denunciar no compensa. Si incluso cuando el foco mediático es máximo las organizaciones dudan, minimizan o dilatan, ¿qué puede esperar quien no tiene altavoces ni respaldo?

Quienes hacen un uso partidista del acoso sexual están agravando aún más el problema. Convertirlo en munición política es otra forma de desprotección de las mujeres. Si el compromiso con las víctimas solo existe cuando sirve para erosionar al adversario, entonces no es compromiso: es oportunismo.

Defender Yo, SÍ las creo, hoy, es asumir que creer es escuchar sin prejuicios, no condenar sin pruebas; es corregir una balanza históricamente inclinada, no volcarla al otro lado.

Escribo para exigir que las denuncias se tomen en serio, que se investiguen con garantías reales y que quien denuncia no sea tratado como un problema a gestionar. Escribo porque cada reacción defensiva envía un mensaje claro a quienes aún dudan si hablar: mejor callar. Creer no es condenar. Creer es escuchar, investigar y no mirar hacia otro lado. Hay que huir de la falsa neutralidad cuando hablamos de acoso sexual y poder. He visto, he sufrido, cómo la duda siempre cae del mismo lado. He visto, he padecido, cómo la prudencia se convertía en coartada y cómo el silencio se disfrazaba de rigor.

El PSOE, el gobierno progresista, tiene que fijar la mirada en la sociedad más igualitaria que quiere seguir construyendo, reafirmando su voluntad de promover la reforma constitucional para blindar el derecho al aborto y defendiendo la abolición de la prostitución en el Congreso. Para ello necesita altas dosis de crédito que va a medirse en su respuesta política en esta crisis. Las mujeres, su protección y sus derechos, deben seguir siendo su prioridad política. Porque el PSOE sigue siendo la herramienta más poderosa para avanzar en igualdad y erradicar el machismo de nuestra sociedad.


lunes, 7 de julio de 2025

¡Ay, Felipe de mi vida!

 '¡Ay, Felipe de mi vida!' | El Independiente de Granada



¡Ay, Felipe de mi vida!

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


No tenía pensado entrar al trapo de las continuas declaraciones que el ex presidente del Gobierno y ex secretario general del PSOE realiza de un tiempo a esta parte cuestionando a la dirección de su partido (todavía) y del gobierno actual de España. Siempre he pensado que el ‘jarrón chino’ no se resistía a salir del ‘candelabro’ encontrando mayor facilidad para que lo enfocaran las cámaras cuando sus comentarios podían ser utilizados contra sus compañeros de partido.


Felipe González, desde su salida de la primera plana, siempre se las había ingeniado para colarse o colocarse, siempre desde un plano superior, a la hora de analizar la situación política y para marcar lo que él entendía que eran los ‘verdaderos retos’ de nuestra sociedad. Entonces me parecía que incluso se divertía en ese papel y que se consideraba útil como conciencia crítica, de reserva de las esencias o de ‘adelantado’ visionario de lo que estaba pasando en el mundo.


Este deseo de seguir en la pomada tomó un giro con la llegada de Pedro Sánchez a la dirección socialista en las primarias de 2014, (él había preferido a Eduardo Madina), y sobre todo con su vuelta en 2017, tras ganar de nuevo unas primarias en 2017, (él había apostado fuerte, muy fuerte, por Susana Díaz). Entonces inició una búsqueda del protagonismo público cuestionando primero y arremetiendo después, en algunos casos de manera frontal, contra las propuestas políticas y alianzas del PSOE y contra la figura de Pedro Sánchez en particular.


Felipe Sánchez no debe ignorar que consigue portadas y titulares, muy especialmente en aquellos medios y pseudomedios que tienen como objetivo, desde hace 7 años, desde el minuto cero, derribar al gobierno progresista. Aquellos que titulaban día sí, día también, “Váyase Señor González”, los que conspiraban contra su gobierno, e intentaban destruir al Partido Socialista o al menos conducirlo hacia la irrelevancia como ha ocurrido con los partidos socialistas en otros países europeos, ahora lo utilizan (y él se deja), para lanzar los mismos ataques que él, al frente del Partido y del gobierno, sufrió.


No hay que acudir solo a lo que opinaban y dijeron de él (de nosotros) entonces, sino lo que verdaderamente siguen pensando de él (de nosotros) esos que aprovechan sus ‘oportunas’ comparecencias en algunos foros. Lamento advertirle que cuando no sea útil a esa causa volverán a la carga contra él, y contra otros que siguen su estela, más o menos agazapados o resguardados por su escudo protector.


Pero mi decisión de comentar sus comentarios solo en ámbitos privados e internos ha cambiado por varios motivos. El primero ha sido el salto cualitativo que ha dado Felipe González en los últimos días cuando ha manifestado que no votará a su partido, una invitación a que se le siga si se quiere ser ‘buen socialista’ y gozar de un prestigio y una buena consideración en determinados medios de comunicación. Esta provocación intencionada a la subversión y a la rebelión interna se ha comprobado que no tiene mucho tirón. En todo caso entre la militancia según he comprobado de manera repetida “tira p’atrás”, cada vez más.


Pero sus meditados y medidos mensajes, como el colocado ahora, que le sitúan en el centro de atención, (cosa que parece que a él le sigue encantando), persiguen un efecto secundarlo, y él lo sabe, que es la confusión y desmovilización del electorado progresista. Con ello se convierte, y no creo que no sea consciente, en uno de los principales aliados de la derecha en esa estrategia para que el PP alcance una “mayoría de banda ancha”, como ha propugnado Núñez Feijóo, en las próximas elecciones, (que convertirían en manga ancha posteriormente contra los servicios públicos).


La segunda razón que me ha hecho cambiar mi decisión de no opinar públicamente sobre Felipe González ha sido que he recibido en los últimos días varias preguntas directas de gente más o menos cercana al respecto e incluso alguna interpelación sobre si mi opinión “de lo de Felipe contra Pedro”. En muchos casos recordándome mi pasado felipista (en algún momento se utilizó este calificativo como una acusación), y mi defensa, aún hoy, del trascendental papel que tuvo en la modernización de nuestro país, la consolidación de la democracia y en sentar las bases del Estado del Bienestar. Me siento de alguna forma obligado a dar mi testimonio ante personas que pueden estar desconcertadas y que tienen el derecho a saber qué opinamos socialistas que entonces les pedimos el voto para Felipe González y que hoy no estamos de acuerdo con sus posiciones políticas a los que no basta con decir simplemente que “este no es mi Felipe que me lo han cambiado” y merecen un análisis más amplio.


Es innegable el impacto inicial provocado por una ‘bomba’ informativa de tal calibre y las dudas que genera en parte del electorado socialista; de la misma forma los comentarios del expresidente son acogidos por los ‘conservaduros’ ahora como grandes certezas y todas las afirmaciones del que fue su bestia odiada, ahora son aclamadas e incluso su gestión santificada olvidando todas aquellas ocasiones en las que rechazaban e incluso recurrían las medidas que ahora aplauden con fervor y ardor guerrero.


Lo más fácil es despachar el asunto diciendo que Felipe está chocheando, (algo de eso es innegable, los 83 años no perdonan), y señalando que sufre un profundo ataque de celos políticos, del protagonismo del presidente del gobierno, sobre todo en el ámbito internacional, (no hay que ser experto en psicología para reconocer esta evidencia); pero ambos aspectos no son suficientes para entender de manera correcta y completa el por qué de su cruzada antisanchista. Lo que sí tengo claro es que Felipe González no lleva bien que las bases no lo sigan, no haber conectado con el sentir mayoritario de los militantes en ninguna de las ocasiones en las que se ha abierto a su participación directa. Sus biógrafos lo analizarán con mayor detenimiento en el futuro pero mi olfato me dice que su egolatría le hace soportar mal esta desafección de la militancia que en otra época estuvo literalmente a sus pies.


Yo albergo mis dudas aún sobre si Felipe, por las razones apuntadas u otras, va buscando hoy las cámaras y los ‘poderosos enemigos’ del gobierno aprovechan la cuestión o si hay alguna especie de acuerdo más o menos tácito o expreso en la estrategia. Pero me cuesta creer que Felipe no haya encontrado hueco en los últimos meses para, además de arrearle a Pedro Sánchez, legitimando la campaña de acoso y derribo y dándole munición al PP, utilizar su facilidad y accesibilidad a los medios y sus todavía indudables dotes pedagógicas y capacidad de influencia social para defender las ideas y valores socialistas. Podría, por ejemplo, aprovechar para soltar algunas frases, un poner, sobre la invasión rusa de Ucrania, el avance del fascismo, la locura de las medidas de Donald Trump o, para condenar el genocidio en Gaza; o en definitiva para decirle a los jóvenes que “la democracia es el peor sistema de gobierno a excepción de todos los demás que se han inventado”. En todo caso, con lo listo que es, Felipe González debe saber que el impacto mediático de cuando llama “matón de colegio” al del pelo naranja o cuando se refiere a “los juegos entre Mazón y Feijóo”, es inversamente proporcional al que alcanza cuando cuestiona la amnistía, la quita de la deuda o cualquier posición del Gobierno.


Felipe debe saber, y si no se lo hacéis llegar de mi parte, que en la posición que ha adoptado, muchos socialistas ya no lo van a seguir ni cuando tenga razón porque ya se ha ganado el título de estar “bailando siempre con el enemigo” (y no me refiero al significado de la canción del mismo título de Bunbury). A ver si eso le puede hacer cambiar su posición, o matizar al menos, que tanto daña a su partido y a sus militantes de toda la vida, por los que él hizo tanto y por lo que nosotros hicimos por él, a las duras y a las maduras.


En todo caso anuncio que, menos uno, de los de mi ‘bando’ que me han preguntado o interpelado por mi opinión sobre Felipe González, estaban de acuerdo con mis reflexiones y planteamientos y todos los de la otra ‘banda’ se manifestaron muy contentos y entusiasmados con sus ‘salidas’ reconociéndolo como un gran estadista. ¡Qué pena no tener guardado lo que decían hace unos años! Aunque bien es cierto que mi memoria todavía es fuerte y la hemeroteca está repleta de testimonios para recobrar...



viernes, 6 de junio de 2025

Perro Sanxe en Granada

 Perro Sanxe en Granada | El Independiente de Granada


SACANDO PUNTA

Ignacio Henares


Perro Sanxe en Granada


El pasado lunes aparecía por nuestro Palacio de Congresos la consejera de Fomento de la Junta de Andalucía, acompañada por la alcaldesa de Granada, para informar de “la mayor remodelación en sus más de 30 años de historia”, una inversión de casi 6 millones de euros ( 5.855.926,66 para ser exactos es la cantidad por la que se ha adjudicado el contrato). Como es habitual en los miembros del gobierno andaluz en sus declaraciones y en la nota de prensa de la Junta de Andalucía aparecen expresiones grandilocuentes impregnadas de ese adanismo que escupen cada vez que hacen algo: reforma integral para que el edificio sea plenamente funcional y accesible, salto de calidad en eficiencia energética, momento clave para Granada…


Dejo para otro día lo que decía el PP cuando un gobierno socialista en la Junta de Andalucía y un equipo de gobierno en el Ayuntamiento de la ciudad construyeron el Palacio de Congresos de Granada, por entonces y por ahora, uno de los mejores de España, y de los pocos ubicados en el centro de una ciudad con las ventajas competitivas que eso supone para el turismo MICE (acrónimo en inglés de Meetings, Incentives, Conferences and Exhibitions, que podemos traducir por “reuniones, incentivos, conferencias y eventos”). Y para otro día aparco contar cómo Moreno Bonilla ha estado torpedeando este proyecto de remodelación mientras era alcalde Paco Cuenca.


Hasta ahí ninguna novedad a la que no estemos acostumbrados aunque la mayoría de las veces estas comparecencias de los viernes o los lunes de la consejera suelen ser para hablar de cosas menos tangibles (humo), de ideas vacías, ya que en la ciudad en estos dos años de Marifrán Carazo y los ya siete de Moreno Bonilla, inversiones reales y proyectos que lleven su firma, se pueden contar con los dedos de la mano y sobran dedos.


Manifestaban las dirigentes del PP en la Junta y en el Ayuntamiento de la capital que la actuación que se va a desarrollar en el Palacio de Congresos y Exposiciones era un “importante esfuerzo económico” y la segunda agradecía a la primera “la colaboración de la Junta de Andalucía”, subrayando ”la importancia del trabajo conjunto entre administraciones para abordar proyectos de gran calado”.


Hasta ahí todo perfecto, cualquier persona que viera, oyera o leyera la noticia aplaudiría esas palabras que la inmensa mayoría de los medios han transcrito tal cual. Pero, (el pero en Granada es consustancial), si se pone uno a estudiar la financiación del proyecto anunciado se advierte que se ha ocultado la participación del gobierno de España, o escondido bajo el epígrafe de que viene de los fondos Next Generation; nada más y nada menos que el 80% del presupuesto de adjudicación del contrato 4.684,741,33 € los pone el ‘malvado Perro Sanxe’ y entre la Marifrán y la Rocío juntan el 20% restante, (les ahorro que hagan la cuenta: redondeando 773.982 € la Junta y 398.200 el ayuntamiento). Nadie va a creer que este desliz ha sido un olvido de las protagonistas ni un descuido de sus asesor@s.


Pero más allá de la guerra de cifras de “quien puso más”, de apropiarse de proyectos ajenos, (a veces se han atribuido iniciativas sin poner ni un duro), que podría parecer hasta ridículo, lo que es lamentable es que este no sea un caso aislado sino que sea la norma del comportamiento de los representantes del gobierno de la Junta de Andalucía, que se saltan todas las normas de protocolo institucional cada vez que pueden, que se están comportando con absoluta deslealtad y que en lugar de aprovechar una iniciativa como la que analizo para reforzar la bondad de los acuerdos, de la cooperación entre diferentes administraciones, se dedican a buscar la confrontación de manera continua con el gobierno de la Nación.


El objetivo manifestado en privado y que circula por los argumentarios del partido de la gaviota que salen desde Génova (para los despistados les recuerdo que es la calle en la que está la sede nacional del PP, la que se pagó con dinero negro proveniente de la corrupción sistémica del PP -me ahorro poner aquí presunta porque ese asunto quedó probado y condenado por la Justicia-). Desde esa factoría de bulos e insultos sale el mandato a los dirigentes regionales y provinciales de que hay que ‘opacar’ (la palabrota no es mía, es copiada), hay que ‘anticiparse’ a las visitas y hay que invisibilizar o intentar apropiarse de cualquier acción en la que intervenga el gobierno de España. Los codazos que pegan para ponerse en las fotos del IFMIF-DONES son el ejemplo más palpable de lo que estoy relatando.


Pero lamento anunciarles que se les va a acumular el trabajo porque el espigón de Motril que financia el Ministerio de Transición Ecológica -unos 5 millones de euros- progresa a buen ritmo y traerá a la nueva ministra del ramo cuando se acabe, este mismo mismo mes, a nuestra Costa; el proyecto de integración del tren en la ciudad progresa adecuadamente, gracias, sobre todo, al impulso del ministro de Transportes, Oscar Puente, de la misma manera que se avanza en las conexiones ferroviarias gracias a los cerca de 800 millones de euros de inversión; están en ejecución diferentes actuaciones necesarias para superar el aislamiento en que nos dejó el gobierno de MpuntoRajoy con su chapuza de avecillo de una única vía, (que imposibilita el tráfico de mercancías), y sin la variante de Loja. Esas obras nos permitirán además poder conectarnos con Murcia, finalizando el Corredor Mediterráneo. A finales de este año se terminarán también las obras del bypass de Almodóvar del Río y el año próximo se acabará el tramo Loja-Riofrío…


En materia de carreteras también se está realizando una inversión multimillonaria por parte del gobierno de Pedro Sánchez como las actuaciones de la Segunda Circunvalación, la GR-43 Atarfe-Granada, el enlace de Vegas del Genil y Cúllar-Vega o las actuaciones de emergencia en el viaducto de Rules.


Van a tener que echarle imaginación para inventar estratagemas y utilizar muchas aplicaciones para sacar de la foto a los miembros del gobierno cuando vengan a visitar o inaugurar todas las actuaciones en marcha. Porque lo que no se puede ocultar es el firme compromiso de Pedro Sánchez con nuestra provincia que supera con mucho el de gobiernos anteriores, por más que la propaganda intente sembrar la idea contraria y los dirigentes populares se empeñen en diferentes ardiles para disimularlo como el anecdótico ejemplo de la remodelación del Palacio de Congresos.




viernes, 29 de diciembre de 2023

Balance de la presidencia española en la Unión Europea

 



Termino el año mi colaboración periódica con el periódico digital "El Independiente de Granada" con mi particular balance del semestre de turno de la presidencia española en la Unión Europea. No he podido encontrar muchas referencias en la prensa española, atiborrada de 'polarización', la palabra del año.  Debo dar las gracias a mis amigos del Inde por dar cobertura a mis cosas a la vez que les animo a que no se rindan y sigan con esta aventura personal y periodística tan útil y necesaria. 

Balance de la presidencia española en la Unión Europea | El Independiente de Granada

Balance de la presidencia española en la Unión Europea

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


Algunas claves del semestre en el que España ha asumido la Presidencia del Consejo de la Unión Europea que no encontrarás en la mayoría de los medios de comunicación españoles y que sin embargo ha tenido gran eco en los internacionales.


Termina la presidencia española de turno en la Unión Europea que ‘algunillos’ se han encargado de torpedear y/o invisibilizar, en lo que yo aprecio que hay más envidia, por no haber podido impedir esta responsabilidad o por no haber podido gozar de esa oportunidad/privilegio, que verdaderas razones políticas de país, de Estado. Aunque el patriotismo de hojalata,“nos ha echado en el abandono”, el balance de la gestión del gobierno español merece que al menos lo “colmemos de algunas bendiciones”, siquiera por lo que ha supuesto para el futuro de Europa.


Hace unos días, el propio Pedro Sánchez, compareció en el Congreso de los Diputados para dar cuenta del balance del semestre en el que España ha estado al frente de la UE. Anteriormente lo había hecho ante el Pleno del Parlamento Europeo. Quizás no lo hayan visto en las teles ni hayan leído apenas al respecto. Aquí solemos estar enfrascados en la sempiterna confrontación política y en otros asuntos de ‘interés general’ como la ruptura de España, (ahora de nuevo supuestamente amenazada por la Ley de Amnistía) o el tema del terrorismo (desaparecido en España hace más de una década, gracias al conjunto de la sociedad española pero, –y esto les duele a algunos especialmente-, con un gobierno socialista al frente).


En algún mundano periódico a lo más que han podido llegar es a decir, y es literal, es que “la presidencia española del Consejo de la UE ha sido una decepción en términos de aprovechamiento de oportunidad y liderazgo, pero, a pesar de ello, un éxito claro a nivel técnico, diplomático y de resultados. Ello bastaría para concluir que, aunque los algunillos de la entradilla, instalados en el ‘cuanto peor mejor’, lo nieguen y no les haga gracia reconocerlo, España ha estado a la altura de la encomienda y ha cumplido con creces con Europa, y Pedro Sánchez, y esto sí que les corroe y les cuesta confirmar, ha reforzado su crédito y liderazgo a nivel internacional.


Por mi parte me he entretenido en consultar en medios internacionales, para apartar los problemas internos y el color del cristal del que se mira en la ‘canalla española’, y he podido extraer algunas conclusiones generales y prácticamente generalizadas al respecto de la gestión de la presidencia española, en la que se han aprobado, y este ya es un primer dato positivo, 43 expedientes relevantes y se han alcanzado importantes avances en materia legislativa y política.


Lo primero que destaca es el balance positivo que han realizado tanto la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, como el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, que la han calificado como un verdadero éxito. El recuerdo positivo de Ursula Von der Leyen, (incluido el regalo del pañuelo que le hizo Sumaya Abdelbi, guía oficial de la Alhambra), del éxito de la cumbre celebrada en nuestra ciudad, seguirá rindiendo créditos durante mucho tiempo. El propio comisario europeo de Justicia Didier Reynders, al que el Partido Popular quiere usar de ariete contra el gobierno español con el tema de la Ley de Amnistía, reconoció que el enmarañado traslado de este debate a Europa quizás había enturbiado el indudable balance muy positivo de la presidencia española.


Entre los ‘éxitos’ en la mayoría de los medios se destaca uno especialmente, que ha sido calificado como ‘hito histórico’: el inicio de las negociaciones para la adhesión de Ucrania y Moldavia a la UE. Este acuerdo tuvo su inicio en la visita que como presidente de turno, al principio del mandato, realizó Pedro Sánchez a Kiev para reunirse con Volodímir Zelenski. En Europa se valora la futura entrada de nuevos estados miembros no solo como una ampliación geográfica de Europa hacia el sur o hacia el este, que hará extender nuestras fronteras, sino también que nos hará más grandes en cada uno de los rincones de Europa, con más seguridad, más empleos y más prosperidad.


Europa ha avanzado en estos seis meses de manera decisiva en asuntos que significan mucho sobre el futuro de la UE y de nuestra sociedad. Uno de ellos es la aprobación del Reglamento de la Inteligencia Artificial, la primera regulación integral de esta materia en el mundo, que ayudará a impulsar el desarrollo y la adopción de esta compleja y revolucionaria tecnología, al tiempo que se evita la reproducción de sesgos, la discriminación, y el daño a las personas, protegiendo nuestros valores y nuestros derechos como europeos.


En este mandato el gobierno de España ha aprovechado para la avanzar en la consolidación del Pilar Social a escala europea, con avances notables como la puesta en marcha de la Tarjeta Europea de Discapacidad y el desarrollo de nuevas directivas para combatir la violencia contra las mujeres y la trata de seres humanos, así como la ampliación de los derechos de otros colectivos vulnerables. También se han aprobado medidas que refuerzan los derechos de los consumidores y mejoran las condiciones laborales de millones de trabajadores.


En el plano económico también se han dado pasos importantes a favor de la reforma del marco de la gobernanza económica, con nuevas reglas fiscales que reforzarán la dimensión social de nuestra política económica, dejando atrás los dogmas neoliberales y austericidas que tanto sufrimiento causaron en la anterior crisis a nuestro tejido empresarial y económico y que además se cebaron especialmente con las personas más vulnerables. Como uno de sus objetivos prioritarios, la Presidencia española ha tratado de impulsar la reindustrialización de Europa y su autonomía estratégica para garantizar la competitividad de aquellos sectores en los que ya somos punteros, e impulsar nuevas industrias de futuro que generen empleos de calidad y riqueza para nuestros ciudadanos. Como el presidente Sánchez ha señalado esta autonomía estratégica debe hacerse “con formación, innovación, más política industrial y más integración del Mercado Único, que acabe con las deslocalizaciones masivas y la dependencia ciega de las importaciones masivas”. En este sentido ha sido muy importante la aprobación de leyes para garantizar el abastecimiento de materias primas críticas y el impulso del liderazgo en las tecnologías verdes y digitales.


Esa combinación de una mayor justicia social y económica como prioridad de la Presidencia española ha llevado a pasos importantes, como los avances realizados hacia la reforma del mercado eléctrico para conseguir precios de la energía más bajos y estables, con mayor transparencia en el sistema para proteger a los ciudadanos frente a los posibles abusos de las multinacionales energéticas.


Quedan para la próxima presidencia de Bélgica numerosas e importantes tareas en este apartado como la actualización del marco financiero plurianual que se quedó a un suspiro, a falta de que la Hungría de Victor Orbán se sume al consenso alcanzado por los otros 26 estados miembros.


La presidencia española se ha cerrado con el Pacto sobre Migración y Asilo que, aunque no colma las expectativas de muchas organizaciones no gubernamentales al respecto, supone un importante avance para el conjunto de la Unión Europea en esta materia. En materia de política internacional también cabe destacar la firmeza del presidente del gobierno español censurando, con igual rotundidad, el ataque terrorista de Hamás y la petición de liberación de todos los rehenes, así como la legitimidad de la defensa del estado israelí, pero condenando simultáneamente los crímenes de guerra y el genocidio contra el pueblo palestino que está llevando a cabo el gobierno de Netanyahu.


Pero si hay algo en lo que particularmente me siento especialmente contento y orgulloso es que, a pesar de las dificultades y reticencias puestas por la familia política europea del Partido Popular, durante la presidencia española de la UE, haya salido adelante la Ley de Restauración de la Naturaleza, otra norma pionera en el mundo, para recuperar los ecosistemas degradados. En temas como la sostenibilidad y la transición ecológica además se ha dado un impulso importante a la revisión de las normas sobre Calidad del Aire y Europa ha tenido un papel importante en la COP28 de Dubái, en el que la UE, con la vicepresidenta del gobierno español al frente, se ha empleado a fondo para defender el fin de los combustibles fósiles. En este contexto, en los últimos meses se han aprobado además varios reglamentos que ayudarán a reutilizar mejor los residuos y a tener productos más duraderos, reparables y reciclables.


En definitiva que durante esta presidencia, España ha contribuido a afianzar esa Europa con la que soñamos, por la que merece la pena luchar. Una Europa que no se resigna a la lenta decadencia que preconizan aquellos que viven del miedo ante las grandes transformaciones de nuestro tiempo y se refugian en las banderas nacionales, intentando usar las desgracias internacionales sufridas en los últimos años para socavar los cimientos de la UE. Como ha afirmado la propia presidenta de la Comisión nuestro país simboliza el ideal de la construcción de una Europa fuerte y unida y “España se ha convertido en un ejemplo del alma europea”.


Si nos quitamos la camiseta de nuestros respectivos clubes españoles y nos colocamos la camiseta (roja, blanca o celeste) de la selección, podemos y debemos sentirnos orgullosos de nuestro gobierno, y del papel del presidente Pedro Sánchez, al frente de la presidencia rotatoria de la Unión Europea que termina oficialmente el mismo 31 de diciembre. Nuestra voz se escucha y se respeta como nunca antes y nuestras propuestas han forjado importantes acuerdos en base al diálogo y al consenso. Ojalá ocurra algo similar dentro de España en los próximos años. Algunos ya han demostrado que tienen voluntad y capacidad para llevarlos a cabo con diferentes países y con diferentes formaciones políticas. A ‘algunillos’ les falta demostrar voluntad, capacidad y autonomía para llevarlos a cabo. Ahora es su turno.  

domingo, 22 de mayo de 2022

Azul PP + Naranja C's = Gris cenizo

Es época de balances al término del mandato del autodenominado ‘gobierno del cambio’ en Andalucía. Y es momento para la evaluación del gobierno andaluz de coalición del PP y de Ciudadanos que necesitó para su investidura del voto de Vox y han contado con su apoyo externo a lo largo de la legislatura como por ejemplo en la aprobación de varios Presupuestos, por lo que pasará a la historia también, a pesar de sus protagonistas, como el gobierno trifachito.


Curiosamente la necesidad de contar con unos Presupuestos a final de este año es la razón esgrimida por el presidente andaluz Moreno Bonilla para la convocatoria adelantada, en medio año, de los comicios aunque tiene poco crédito el argumento después de que escucháramos hace unos meses, al vicepresidente de Ciudadanos, Juan Marín, (el ‘tonto útil’ del PP estos años), confesar que se podía gobernar con presupuestos prorrogados y "que no iban a retratarse con los recortes en vísperas de unas elecciones".


La pandemia ha funcionado como una capa que ha tapado una deficiente gestión del gobierno andaluz que ha ocultado sus carencias, además, con una estrategia de confrontación con el gobierno de la nación y una propaganda, que en ocasiones ha resultado vergonzosa, por lo babosa, y vergonzante, por realizarse con dinero público. Ha habido acciones del gobierno de las derechas que han gastado más en publicidad que en las propias actuaciones.


Quizás sea el área ambiental una de las que se puede apreciar de manera paradigmática esta pobre gestión y ausencia de impulso político y esa exagerada y vacua propaganda que en este caso además tiene su propia etiqueta (o hashtag que se dice ahora en redes): #RevoluciónVerde.


Arrancó el gobierno andaluz haciendo desaparecer la Consejería de Medio Ambiente que quedó diluida como una política sectorial y arrinconada en la Consejería de Agricultura, Ganadería y Pesca a la que se le añadió el ‘titulillo’ de Desarrollo Sostenible más como apunte cosmético que por contenido u orientación política. Más tarde la Consejería se dividiría en dos delegaciones territoriales, Agricultura, Ganadería y Pesca, por un lado, y Desarrollo Sostenible por el otro, quedando las políticas de Aguas en la primera parte y perdiendo en cualquier caso la política ambiental una visión integral y transversal. De paso, la cacareada supuesta reducción del tamaño de la Administración andaluza quedaba en entredicho ya que al final hay más puestos de libre designación al final del mandato.


No podemos decir que esta ausencia de una política ambiental sea una sorpresa ya que la derecha siempre ha considerado el medio ambiente como una rémora del desarrollo y con una intervención al final del proceso productivo, como políticas de saneamiento o de corrección de déficits ambientales, en el mejor de los casos. Es decir que los beneficios económicos son privados y el deterioro y los impactos al medio ambiente hay que pagarlos colectivamente.


Han querido maquillar JuanMa et al. este déficit con la muy manoseada ‘Revolución Verde’ con la que han querido dar brochazos para pintar la gestión ambiental, o la ausencia de ella más bien, en un claro y evidente intento de ejercicio de greenwashing y de adanismo, queriendo apuntarse como novedades muchas actuaciones que eran la mera inercia del trabajo de gobiernos anteriores.


Más peligroso se puede considerar, en este sentido, un segundo mandato de las derechas, eventualmente con el apoyo o en coalición con la ultraderecha sobre todo si tenemos en cuenta que la nueva legislación urbanística en desarrollo, y la visión neoliberal de la salida de la crisis, pueden ser usadas para la especulación e impulso de un modelo de desarrollo ya fracasado y de graves impactos y daños ambientales.


En el campo concreto de la lucha contra el cambio climático el panorama es aún más desolador. Heredaron una ley de medidas frente al cambio climático y para la transición hacia un nuevo modelo energético en Andalucía, que fue aprobada por unanimidad por el Parlamento Andaluz, publicada en octubre de 2018, pero han dedicado todo este tiempo a su desarrollo reglamentario, que debió haberse realizado antes del 16 de enero de 2021 (por propio ‘imperativo legal’ de la Disposición Adicional) pero que hasta octubre del año pasado no ha visto la luz. El Plan Andaluz de Acción por el Clima, finalmente aprobado en octubre del año pasado, contiene una serie de medidas fundamentalmente desiderativas que no han sido desarrolladas y que carecen de compromisos reales firmes. Por su parte el Consejo Andaluz del Clima, ha tardado otros tres años en constituirse y está hibernado. Como en otros múltiples ámbitos hay alergia a la participación ciudadana y a la coordinación con otras administraciones.


Este panorama ya de por sí desalentador podría ser aún peor… Los de Vox, versión política española del negacionismo climático, ya han anunciado que van a derogar las ‘leyes climáticas’. Una alianza entre los que pusieron el ‘impuesto al sol’ y los que niegan las evidencias del cambio climático puede tener consecuencias nefastas, también en el campo medio ambiental y en la lucha contra el gran reto que tiene planteada la Humanidad en estos momentos.

La ecuación quedaría reformulada en los siguientes términos: 



En esta ocasión, la triste verdad de esta posibilidad, tiene remedio, en las urnas el 19 de junio con un cambio del ‘cambiazo’.


#SiVotamosGanamos (ellos siempre van a votar y luego sumarán sus votos y sus intereses)

#AndalucíaQuiereMás (Medio Ambiente Más sano, Más conservación de sus espacios naturales, Más Lucha contra el cambio climático, Transición ecológica Más Justa, Más Economía Circular).