De nuevo escribo sobre el Parque de las Ciencias. Durante mucho tiempo escribía para felicitar los cumpleaños, destacando en ese sentido el reportaje que realicé en Granada Hoy en el vigésimo aniversario, con tres páginas en papel más entradilla en la portada, que en la edición digital podéis leer en los siguientes enlaces:
Hace 3 años y medio, me parece ya una eternidad, al inicio de una nueva etapa, tras la salida como director de Ernesto Páramo, 'ofrecí' públicamente unas ideas para afrontar el futuro, al haber quedado fuera del 'concurso de méritos' para optar a la gerencia. Sabía por mis conversaciones con muchas personas, de dentro y de fuera del Parque, que se encontraba en un momento crítico pero no imaginaba la deriva que iba a tomar después y que nos ha conducido al polémico momento actual. También Granada Hoy me brindó esa oportunidad y me salió este artículo: Apuntes para el futuro del Parque de las Ciencias de Granada. No tuvo mucho eco en los nuevos gestores y responsables públicos.
Hace ya casi un año hubo una movilización ciudadana para defender el Parque de las Ciencias, que retomó aquél momento de diciembre de 2019 en el que se produjo el abrazo simbólico de la sociedad granadina a este referente nacional e internacional de la divulgación científica. Yo contribuí con un artículo que, más que escribir, vomité ya que estaba especialmente enfadado y molesto por el ataque y desprecio que se estaba haciendo a nuestro Museo de la Ciencia. Hasta el título me salió fuerte: '¡Basta ya, ni pollas!' | El Independiente de Granada
Ahora vuelvo a la carga con mi particular análisis de por qué hemos llegado a la situación actual y quiénes son los responsables para intentar contribuir a la justa y necesaria movilización de los 'amigos del Parque de las Ciencias' que somos la inmensa mayoría de la sociedad granadina.
Sacando
punta.
Ignacio Henares Civantos
El
Parque de las Ciencias carece actualmente de un Plan Estratégico y
necesita la recomposición de la alianza social e institucional para
poder despejar su futuro. Las últimas decisiones nos alejan cada vez
más de definir y aclarar hacia dónde va este importante
equipamiento educativo, cultural y turístico para Granada.
En los
últimos días el Parque de las Ciencias, catedral
de la divulgación científica del sur de Europa,
(tengo el copyright
de esta expresión que utilicé públicamente por primera vez hace
más de 20 años y he repetido en diferentes ocasiones en distintos
artículos y conferencias), está siendo noticia desgraciadamente por
una
‘mala prensa’
que nada tiene que ver con los
objetivos
y actividades de
este equipamiento y que rompen con una tradición que lo había
acompañado desde hace (casi) 30 años, en
los que el Parque (casi)
siempre
aportaba nuevas y buenas noticias.
Conozco muy bien su historia y fui
protagonista, en vivo y en directo, de su génesis. El día
de su apertura oficial al público fui el primero en pasar la bóveda
del área ‘Biosfera’, junto a Ernesto Páramo, ya director del
Parque, acompañando a Jesús Quero, alcalde de Granada en aquel
momento y uno de los principales actores que propiciaron su
construcción, y a la por entonces consejera de Educación y Ciencia
de la Junta de Andalucía, que asistía a aquella solemne
inauguración. Era el 8 de mayo de 1995, que durante muchos años se
conmemoró con un “día de puertas abiertas”, que en los últimos
años se ha pasado al Día de Andalucía. Los reporteros gráficos de
los medios de comunicación granadinos presentes en aquél remoto día
me enviaron fotografías del dulce momento.
La presencia del gobierno andaluz no era una
casualidad ni meramente protocolaria. La especial invitación se
debía a que por aquellos días estábamos preparando desde el
ayuntamiento de Granada los estatutos del Consorcio y cerrando el
modelo de gestión que, tras algunos retoques posteriores, ha servido
para colocar al Parque de las Ciencias como uno de los referentes en
su materia dentro y fuera de España a la vez que una de las
instituciones públicas de las que la sociedad granadina se ha
sentido más orgullosa. Era una forma de implicarlos en la necesaria
colaboración en la gestión futura de la Junta, conscientes de la
dimensión que pretendíamos y que pronto se alcanzó. En este punto
fue especialmente determinante la influencia de Manuel Pezzi,
consejero de Medio Ambiente y de Educación en los 90, cuya apuesta
por el Parque de las Ciencias había arrancado siendo teniente de
alcalde de Obras Públicas y Urbanismo del ayuntamiento de Granada
con Jesús Quero hasta su marcha al gobierno andaluz, ya con las
obras bastante avanzadas del Parque de las Ciencias.
Últimamente desde ‘el Parque’ nos llegan
demasiadas noticias negativas. La más reciente que nos ha
deparado ha sido el despido, ‘ejecutado’ mediante
burofax la semana pasada, (aunque ya se rumoreaba con
anterioridad), de los tres asesores científicos. Al parecer
el cañonazo iba dirigido al anterior director y las otras dos
personas han sido lo que se llama víctimas colaterales. Hay que
considerar, al menos, que esta medida se ha realizado “con malas
artes”, si es que no hay también alguna irregularidad en la forma
en la que se ‘coló’ el acuerdo en el Consejo Rector, según las
manifestaciones recogidas por los asistentes a esta reunión en
distintos medios de comunicación.
Las explicaciones dadas por los responsables de
la Junta y el director ‘saliente’ no son satisfactorias y, ni los
implicados merecen esa respuesta, ni la opinión pública puede
quedar satisfecha ante esta inadecuada forma de proceder por lo que
las sospechas que circulan por los mentideros de que las verdaderas
razones están ocultas están más que justificadas.
Pero
puestos a dimensionar en justicia esta
última polémica hay
que relativizar su importancia. A
mí me parece lo
menos relevante de
los problemas que se están produciendo sobre el funcionamiento y la
gestión del Parque de las Ciencias en los últimos años. La más
grave quizá, y la que podrá tener peores consecuencias futuras, es
el anunciado
recorte en
más
de un millón de euros,
(un uno y seis ceros), del presupuesto que la Junta de Andalucía
aporta al Consorcio para el 2025. Y
no he visto ni escuchado una contundente respuesta social. Pero
supone que los problemas de infraestructuras
denunciados, la falta de personal (que no se ha aumentado
proporcionalmente al crecimiento del Parque), el evidente deterioro
de las instalaciones, (con módulos que deben ser sustituidos y
otros fuera de funcionamiento)... se verán agravados
inexorablemente con este tijeretazo del gobierno de Moreno Bonilla
que supone más del 10% del total del presupuesto con respecto a
ejercicios anteriores.
Igualmente se va a resentir uno de los atractivos que deberían ser
revulsivos pero que se está convirtiendo en uno de los grandes
déficits actuales de la oferta de actividades del Parque de las
Ciencias. La ausencia de exposiciones de gran nivel e interés
está suponiendo ya un ‘atascamiento’ que priva de captar
nuevos visitantes y supone una queja de los asiduos o
frecuentes. Como ejemplo paradigmático de esta carencia
tenemos la broma de la exposición secuela del Titanic del año
pasado de la que la gente salía preguntando: ¿por dónde
continúa la exposición?
En todo caso, este último incidente con el cese fulminante de los
asesores científicos honorarios, ¿qué prisa había, podían
haber seguido mientras sigue el que los propuso?, sí es un
síntoma de lo que está ocurriendo y del ‘mal
ambiente’ interno reinante que debe servir como toque de
atención, para los que aún no habían advertido la deriva que
acompaña al
Parque de las Ciencias de Granada de un tiempo para acá, y como
señal
de que requiere una reacción
de
la sociedad granadina
como la que se dio con la propuesta del
ejecutivo de Moreno Bonilla de creación
del Instituto
Andaluz de Divulgación Educativa. Esa
movilización
encabezada por
la Asociación de Amigos del Parque de las Ciencias sirvió para
frenar el intento del gobierno andaluz de llevarse a Málaga este
chiringuito de nuevo cuño. Les
toca ahora
de nuevo abanderar y vertebrar una respuesta ciudadana contundente y,
espero, que definitiva. Yo contribuí modestamente a sacudir el
avispero y fui, por lo menos, uno de los primeros en
alertar con mi columna en
el Independiente de Granada:
'¡Basta
ya, ni pollas!'
Es difícil
encontrar una explicación a por qué está ocurriendo esta
devaluación y adivinar por qué se está consintiendo por los
responsables políticos.
En conversaciones al respecto con personas que comparten este
análisis y preocupación, he
escuchado opiniones que señalan que esta doble circunstancia de no
tener en la presidencia del Consorcio, (ni alrededor), ni en la
dirección del Parque a nadie que le duela, conozca y tenga clara la
importancia
de
esta institución y lo que supone para nuestra ciudad desde el punto
de vista educativo, cultural, científico e incluso emocional. No
hay
nadie liderando el futuro y el Plan es que no hay planes.
Se vive de la inercia y lo que han hecho los nuevos directivos es
‘okupar’ físicamente el sitio pero no ocuparse de planificar y
gestionar.
Otros, por
contra, piensan
y temen
que sí hay planes y se están desarrollando y
los problemas que afloran son los síntomas que nos
conducen a una mayor externalización de la gestión, dicho
en
román paladino, a una privatización
encubierta.
En este sentido las preocupantes declaraciones de los responsables de
la Junta indicando que “estamos
en una etapa de transición”,
en la que no se sabe hacia dónde, confirmarían estas tesis.
Desde
mi estrecha relación con el Parque de las Ciencias y con sus
trabajadores desde
su origen
y
durante
estas
tres décadas, he
elaborado mi propia teoría, que
sumo a los argumentos anteriores, al
respecto de
la crisis económica,
de gestión y reputacional, que
está viviendo desde hace unos años.
Previamente quisiera señalar que en
mi opinión, una
de las razones del incuestionable éxito (de público y de crítica)
de nuestro Museo de Ciencia,
que ha supuesto a la vez una de sus fortalezas, ha sido que siempre
tuvo un Plan, uno a corto/medio plazo y otro con visión estratégica,
perfectamente alineados, que explican su evolución y crecimiento en
el
que se
han ido acometiendo diferentes fases que estaban en la cabeza, en los
planos y proyectos del equipo gestor capitaneados por el
hiper-liderazgo de su
director (que
fue muy
útil en algún momento pero al final se ha
convertido en una
rémora).
Asociada a esta visión
iba una implicación de todo el equipo (desde los principales
responsables hasta ‘el último mono’) en la misión
del Parque de las Ciencias, que podemos resumir en que remaban “todos
a una” para
convertirlo en el mejor de España. La complicidad de todos los
trabajadores y el acompañamiento y
respaldo
de
las instituciones, y de la
mayoría de la
sociedad granadina, han sido esenciales y decisivas en este difícil
logro.
Esta
visión y misión, que
han
sido claves
para entender la historia del Parque de las Ciencias, se
truncan coincidiendo con el nuevo modelo de gestión y la crisis de
crecimiento derivada de la inauguración de la Cuarta Fase. Desde
entonces se
han ido rompiendo lazos
internos y externos y
se ha ido deteriorando progresivamente la
gestión,
desde
fuera de
manera aparentemente
inexplicable.
Y
esta crisis se ha acelerado en los últimos años con
dos elementos objetivos: el cambio
de gobierno en Andalucía
primero y después el relevo
en la dirección.
La llegada
del Partido Popular al gobierno de la Junta de Andalucía supuso
un
distanciamiento,
no sé si intencionado, de
estos postulados y un desprecio a ‘lo granadino’. Primero,
consolidando
el alejamiento de la
toma de decisiones y desplazando hacia Sevilla la gestión hasta
de los más nimios asuntos cotidianos.
Además, desde que Moreno Bonilla es presidente, en estos últimos
seis años, la
cabeza del Consorcio ha estado fuera de Granada.
Hasta entonces siempre había habido algún granadino o granadina
ocupando este importante puesto que ejercía
de puente,
de defensor, de impulsor y
promotor,
de avalista principal... hacia dentro y
hacia
fuera del gobierno andaluz, de este Museo. Y
lo hicieron de
manera ejemplar
y extraordinaria,
todos
y todas con gran pasión y dedicación, destinando
una
parte importante de su agenda a estas tareas.
Un
proyecto
granadino
de
éxito, concebido e impulsado desde lo local, convertido,
por méritos propios, en una seña de identidad del conjunto de
Andalucía, como consta en el propio logotipo actual (Parque de las
Ciencias. Andalucía-Granada), se
está convirtiendo en un
problema
del
gobierno andaluz, (hasta los actuales dirigentes granadinos del
Partido en el gobierno de la Junta, de la Diputación y del
ayuntamiento lo consideran así y
pasan de tomar cartas en el asunto).
Y eso parece confirmarse cuando los
sucesivos presidentes/as
del Consorcio de los últimos años nos
los
han colocado desde Sevilla y todos/as
han pasado con más pena que gloria. A
ninguno/a
le ha
dolido y/o
no ha sabido entender el momento que vivía esta
institución y
proyectar el camino a
recorrer.
Por otra parte, la llegada de Luis Alcalá, al
relevo de Ernesto Páramo, a la vista está, ha supuesto uno de los
principales errores y herencias de su sempiterno director ya que él
tuvo una gran influencia en su aterrizaje por estos lares. El todavía
director, no sabemos si en funciones, interino o en prórroga, no
tenía ninguna conexión anterior, ni profesional ni
sentimental, con nuestro Parque de las Ciencias, y
su paso por la dirección-gerencia ha ahondado más en esta brecha de
conexión con la sociedad granadina y ha profundizado las grietas en
la gestión del equipo humano que trabaja en el Parque de las
Ciencias, a la vez que está conduciendo a una mayor precarización
del empleo en las empresas que trabajan para el Consorcio. Lamento
haber tenido razón en mis pre-juicios, pero hoy podemos constatar,
con pesar, que del todos a una se ha pasado a “que cada
uno va a su bola”, (menos el director y su nuevo
equipo que van a la suya). Y en el último tramo parece que se le ha
encomendado una suerte de limpiar la era para la nueva etapa que se
avecina. Este es uno de los lastres principales para la necesaria
reconducción de la situación actual.
La salida
anunciada en diferido
de Luis
Alcalá,
en
un momento crítico como es la celebración del 30 aniversario
y con
el consabido
recorte de los presupuestos por parte de la Junta de Andalucía, me
parece una irresponsabilidad, además acrecentada por la toma de
decisiones que se están produciendo. Pero
habrá que hacer de la necesidad virtud y construir en torno a este
cambio una solución al manifiesto problema de gestión interna,
económico-administrativa y de personal, que arrastra desde hace
años. En
honor a la verdad estos problemas son previos a
la llegada del actual director para
ser justos, aunque
también
es cierto que
en los últimos tres
años
no han
hecho más que empeorar.
De paso
hay que abordar la recomposición del
“lazo
(social) que se rompió cuando
el
abrazo.
La restauración de la conexión del Parque de las Ciencias con
nuestra sociedad, reforzando el sentimiento de identidad de los
granadinos con ‘su’ Museo de la Ciencia y el orgullo de contar
con este equipamiento emblemático en Granada, es una conditio
sine que non, para
relanzar su imagen y para afrontar los retos pendientes y futuros.
“Volver
a ser lo que fuimos”,
como dice nuestro himno, la catedral de la divulgación científica
del sur de Europa. Hagámoslo, por
Granada, Andalucía, España y la humanidad
siguiendo
con el estribillo (adaptado) de esa canción.