Mostrando entradas con la etiqueta Vega. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vega. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de junio de 2026

La VAU-5, un error que puede convertirse en horror.

 Ante tanto #debatedepollas que se da en nuestra ciudad y su entorno, ahora se plantea uno verdaderamente importante y de gran trascendencia para el futuro del Área Metropolitana. Yo me he mojado al respecto y he reflejado mi posición política que, más allá del debate concreto sobre esta infraestructura viaria, nos interpela sobre la movilidad, la sostenibilidad, la salud, el medio ambiente... 

En conclusión: que no nos entretengan ni engañen con juegos de palabras. Una autovía que atraviesa la Vega de Granada no es solución a la movilidad en el Área Metropolitana.

La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror | El Independiente de Granada



La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


El necesario debate sobre la nueva autovía que atravesará la Vega de Granada, (desde el Parque Tico Medina hasta conectar con la segunda circunvalación), no es un problema (solo) de proyecto. Es un problema de modelo de movilidad, de ordenación del territorio, ambiental y de salud pública.


La Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda ha sometido a información pública el anteproyecto y el estudio de impacto ambiental de la vía de aglomeración urbana VAU-5, Esta es una vía de alta capacidad, que conectará la primera y la segunda circunvalación de Granada con una carretera de dos carriles por sentido.


Esta infraestructura viaria que sale desde la capital y atraviesa Armilla, Churriana de la Vega y Las Gabias, ha pasado a denominarse, por arte de birlibirloque, “corredor verde”. Lo hacen por la inclusión de plataformas reservadas para transporte público, carriles-bici y “abundante masa forestal”. Los términos entrecomillados y en cursiva forman parte de la propaganda con la que se nos intenta vender la moto (una amplia vía de hormigón, por mucho adorno que la rodee). Además muestran un preocupante desconocimiento del significado de estos conceptos. Si llamamos corredor verde a una autovía y se confunde plantar árboles con reforestar es que la cosa va de intento de maquillaje lingüístico... y ambiental.


Estos juegos de palabras pueden ser efectivos para enmascarar algunos de los aspectos más agresivos de la nueva carretera. Sin embargo, no pueden esconder las carencias de un proyecto que ni es metropolitano ni es sostenible, las dos condiciones iniciales básicas a las que debería responder. La movilidad sostenible no consiste en pintar de verde unos planos como para que los coches circulen con remordimientos ecológicos.


Se pretende orientar el debate público hacia el trazado y contenido del proyecto. Hay que hay que reconocer que ha mejorado su diseño inicial, aunque requeriría mitigar todavía sus graves impactos ambientales, incluidos los paisajísticos. Pero no nos engañemos: el problema no es el diseño del proyecto, ni el color de los planos. Laalternativa elegida es una vuelta de tuerca más hacia un modelo obsoleto que favorece el tráfico privado y la dependencia del automóvil. Con esta actuación nos alejamos de los parámetros de sostenibilidad, reducción de emisiones y lucha contra el cambio climático que debe inspirar toda actuación sobre la movilidad, (y la accesibilidad) en el área metropolitana.


Este proyecto es un error estratégico porque consolida un modelo que favorece el uso intensivo del transporte privado. Además, no resuelve, ni siquiera a corto plazo, los problemas que se plantean. Es bien sabido que estas vías de mayor capacidad de absorción generan, por su propia definición, más flujos de vehículos y un desplazamiento hacia otros puntos de los problemas de saturación y congestión. 


El error que subyace en ese modelo de movilidad caduco puede convertirse en este caso en un horror ya que produciría una nueva y potente fragmentación de la Vega. Además va acompañado de un modelo de ocupación del territorio, que favorece el desarrollo especulativo y que supone un ataque mortal a la Vega de Granada. La apertura de un nuevo y amplio ‘corredor’, por muy ‘verde’ que sea, provocaría procesos de degradación territorial y facilitaría futuras actuaciones urbanísticas e infraestructuras en los espacios residuales generados por estas nuevas barreras físicas.


De llevarse a cabo, la nueva carretera producirá la pérdida directa de elementos fundamentales del paisaje histórico de la Vega. Provocará la desaparición de árboles frutales y cultivos, junto a tramos del sistema tradicional de riego formado por acequias históricas, pagos, dulas y terrazas. También afectará a cortijos, secaderos y otras construcciones agrarias tradicionales.


Quiero hacer especial hincapié en la necesidad de proteger la Vega de Granada. Es un territorio mosaico de elevado valor paisajístico que destaca por sus excepcionales condiciones agrobiológicas y productivas. Además, desempeña una importante función como pulmón verde de toda el área metropolitana. Salvar la Vega de Granada no es un capricho de románticos y nostálgicos del azadón; es una urgencia de salud pública.


El futuro de la movilidad sostenible del área metropolitana, pasa por invertir el modelo, (en el sentido literal y original del término, de “dar la vuelta”), e invertir, (en este caso en asignar los presupuestos disponibles), en mejorar las líneas del metro, (inversiones millonarias que tienen como objetivo principal ‘quitar coches’), crear una red de autobuses metropolitanos eléctricos, (con frecuencias que hagan olvidar el vehículo particular) y cuidar los caminos rurales que ya tenemos, conectando nuestros pueblos con vías ciclistas y peatonales seguras. Y trabajar ya, en serio, para implantar la integración tarifaria con bonos mensuales asequibles.


No se trata de enfrentar a los que dependen de su vehículo para llegar al trabajo con los colectivos ambientales y en defensa de la Vega. Se trata de tener una visión global, con luces largas, y de valorar el patrimonio colectivo, natural y cultural que es común a toda la población. No es un problema de libertad individual de movimientos, sino de apuesta por unas mejores condiciones ambientales y de infraestructura verde para toda la población; para los de ahora y para los que vienen detrás.

sábado, 14 de febrero de 2009

Más que ayer, menos que mañana

Existen varias teorías acerca del nacimiento del Día de San Valentín, entrre otras cosas porque hay varios santos Valentines (no confundir con Ballantines que serviría para celebrar la fiesta no obstante, aunque yo soy más de Barceló por si alguien lee esto y piensa en regalarme algo), y además, porque estas fiestas que se remontan a la antigüedad, siempre tienen un origen pagano que luego se ha mezclado con el cristianismo. Curiosamente a mediados de febrero en Roma y en la Grecia clásica había fiestas en las que se podía haber inspirado esta tradición.

Pero de todas las teorías la que más éxito ha tenido, quizás porque tiene dos ingredientes mágicos, drama y romanticismo, que mezclados lo aseguran, es la historia, (allá por el siglo III), del sacerdote romano de ese nombre que casaba a enamorados en secreto. Por esos tiempos se perseguía al cristianismo y estaba prohibido el matrimonio de los soldados, pues en Roma se creía que los hombres solteros eran mejores soldados de batalla, que los que estaban casados, por estar emocionalmente ligados a sus familias.
-
Ante esta situación nace la figura del sacerdote cristiano Valentín, que considera injusta la obligación a los soldados de no casarse y decide unir en matrimonio a las parejas –a escondidas de los jefes romanos– con la bendición cristiana.

Como ocurre siempre en estas historias, en ésta también hay martirio, (el sacerdote presumiblemente fue ejecutado un 14 de febrero), que conducirá a la santidad y un milagro, el que realizó curando de ceguera a la hija de un tal Asterius, lugarteniente de Roma que lo apresó y se convirtió al cristianismo, aunque no sirvió para evitar la condena del sacerdote.

Varios siglos después (cuando ya no había testigos ni pruebas) la Iglesia reaviviría el caso y le daría fama y notoriedad para promover su canonización y la festividad aunque los que más han hecho por esta fiesta han sido los grandes almacenes como El Corte Inglés y ahora Internet que tienen intereses no relacionados ni con el amor ni con la religión precisamente.
-
Para celebrar el día y como muestra de una nueva declaración-renovación de amor, he colocado dos globos con forma de corazón junto a un espejo que me regalaron en mi boda y una estatua de Rama y Sita que nos trajimos de un viaje por el sureste asiático. Todo muy simbólico, muy visual pero creo que explica bien mis sentimientos aunque no sé si volveré a encontrar metáforas mejores para la Vega que la de la arena del desierto.

Rama es una encarnación (la séptima creo recordar) de Vishnú que tomó vida sobre la tierra para establecer la Rectitud y recompensar la Virtud. La historia de su vida es el tema de Ramayana. Su vida fue un ejemplo de perfección y responsabilidad. Rama y Sita representan la relación devocional ideal en una pareja. Ambos constituyen un modelo para todos los casados y personas con responsabilidades familiares.

lunes, 16 de junio de 2008

El Parque de las Ciencias, nuevo símbolo de la identidad de Granada

Ya queda poco para la inauguración de la cuarta fase del Parque de las Ciencias de Granada. Tuve la oportunidad de ver las obras hace unos meses aprovechando la visita del presidente Chaves y espero con impaciencia la apertura de los nuevos pabellones y la gran exposición de la Antártida que empezará en julio.

El nuevo edificio responde a un proyecto arquitectónico ideado como los dedos desplegados de una mano que se abren hasta tocar el río Genil. Las cubiertas son un manto que simboliza la unión entre la Sierra (así conocemos los granadinos a Sierra Nevada aunque hay otras sierras en el entorno) y la Vega (igual sucede con la parte –cada vez más exigua- de la vega que conecta con la ciudad por el este y que se convierte en "la Vega" por antonomasia).

Curiosamente con lo orgullosos que estamos de estos dos referentes paisajísticos, ecológicos y culturales, en estos dos símbolos de la identidad de Granada, de manera reincidente, (con lo que la pena es más grave), hemos elegido un alcalde que tiene un gran desprecio hacia estos elementos simbólicos y se ha convertido en su principal amenaza. En un caso apoyando proyectos como el del timoférico (perdón, quise decir teleférico) y la ampliación de la estación de esquí, lo que significaría un enorme impacto ambiental y paisajístico al parque nacional y parque natural de Sierra Nevada y el primer paso de un ataque especulativo y de un modelo de desarrollo insostenible.

Por otra parte, Terminatorres Hurtado, apoya la destrucción de la Vega con la excusa de la ampliación de la Universidad o la del Campus de la Salud o con la coartada menor de la instalación del nuevo Ferial. Me preocupa que haya gente que se lo crea o que piense que esa es la única alternativa a las supuestas necesidades de suelo para equipamientos públicos. Alternativas hay sin sacrificar estos iconos que nos distinguen y hacen que seamos admirados. Sin ellos y sin la Alhambra, Granada perdería su identidad, su personalidad.

Vuelvo al “nuevo” Parque de las Ciencias. Es una construcción de gran belleza arquitectónica, está concebida para cumplir con su funcionalidad y no como otros edificios dedicados a la divulgación científica en los que se ha realizado un fastuoso megaproyecto para lucimiento de su arquitecto y vanagloria política de su promotor y luego a ver qué y cómo se mete dentro y cómo se gestiona y no quiero dar más pistas de a cuáles me refiero. En nuestro “museo de la ciencia”, desde el inicio, desde su concepción, arquitectura y contenidos han ido de la mano.

El Macroscopio, qué es como se llama el nuevo edificio sobre el que se vertebrarán las visitas y las actividades en breve, pone en evidencia el papel de uno de los protagonistas principales: el director del Parque de las Ciencias, Ernesto Páramo. Recuerdo una conversación, hace ya muchos años, a la luz de las velas, tras una cena en la terraza de mi antiguo apartamento albaicinero, en la que estaban, al menos, Manolo Chirosa y Maribel Benitez, Javier Medina y Roser Buscarons y Francesco Tonucci, (el invitado especial que había dado una charla esa tarde en el ayuntamiento). Hablábamos de que la ciencia había avanzado especializándose cada vez en ramas más concretas y que había inventado artefactos para ver las cosas que están muy lejos (telescopios) y las que son muy pequeñas (microscopios) pero que faltaba un invento, que no era un aparato sino una forma de pensar, que fuera capaz de unir todos esos conocimientos y “verlos” de manera integrada. Ese era el macroscopio término del que desconozco su verdadera paternidad pero que he empleado con frecuencia para definir lo que hacemos los ambientólogos, los especialistas en generalidades ambientales.

Me siento muy vinculado al Parque de las Ciencias y cada vez que lo visito me siento como en casa y me tratan como si estuviera en ella tanto Ernesto como el resto del personal, los que están desde el comienzo (Javier, Paz, Vicente, Manolo, MariAngustias…), como los que se han ido incorporando (Juanjo, Pilar, …). Estoy orgulloso de haber pertenecido al gobierno municipal que apostó por este equipamiento, en aquél momento con muchas dificultades, con poco apoyo y mucha incomprensión y ceguera política de la entonces oposición del PP. Nunca he contado mi conversación con Jesús Quero, a la sazón alcalde, cuando me incorporé al ayuntamiento de Granada, a mitad de la legislatura 91-95, y me preguntó qué concejalía quería o podría llevar. Cuando me encargó el área de participación ciudadana me pareció bien pero solicité que quería llevar también Educación para gestionar el Parque de las Ciencias, y el Patronato de Escuelas Infantiles (el que se quiere cargar ahora el PP). Por entonces acababan de iniciarse las obras y yo había participado en el parto de la idea.

Meses después cuando Manolo Pezzi, que era teniente alcalde y delegado de Urbanismo y Obras Públicas, fue nombrado consejero del gobierno andaluz, me encargaron el Área de Obras Públicas, y heredé también la dirección, en su fase final, de las obras. Y así fue como me incorporé a la gestación de esta gran obra que debe hacernos sentir orgullosos colectivamente y que justifica por sí sola la dedicación a la cosa pública. Siempre presumo de haber colaborado, modestamente, a su desarrollo sobre todo porque el camino inicial no fue nada fácil y en cierto sentido tuvimos que nadar contra corriente, remar y dar pedales durante un tiempo muy solos y combatiendo el escepticismo y la indolencia, (dos de los males de una de las almas de esta ciudad).

Sólo hubo que confiar y apostar por el parque de las ciencias como una prioridad del mandato. El éxito, como luego ha ocurrido, estaba asegurado. Lo importante, y en eso sí estuvimos acertados los responsables políticos de entonces, y los que han venido después lo han continuado, estaba en ser los pioneros y conseguir que tuviera dimensión andaluza, que fuera, si no el único, sí el principal Museo de las Ciencias de Andalucía y ha ello ha contribuido definitivamente el desarrollo de esta cuarta fase.
-
Los otros dos ingredientes vienen también de esta concepción original: de un lado, un equipo multidisciplinar profesional en la dirección, con una enorme vocación y compromiso por la Educación y por lo Público; por otro, la fórmula de gestión consorciada, con implicación de todas las administraciones, Junta de Andalucía que aportó la mayor parte de la inversión y ahora lo hace del presupuesto, Diputación y ayuntamiento de Granada, la Universidad de Granada, el CSIC y las dos entidades financieras granadinas, Caja Granada y Caja Rural de Granada.