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viernes, 3 de julio de 2026

De verde propaganda a marrón populista

He realizado una primera evaluación del acuerdo de gobierno en Andalucía entre PP y Vox, centrado en los aspectos medioambientales, quizás el apartado en el que de manera más evidente Mpunto Bonilla se 'ha bajado los pantalones' y ha certificado la defunción de la 'vía andaluza' convertida en autovía, como en Extremadura, Aragón y Castilla-León, en autovía de dos carriles a la (ultra) derecha. 

'De verde propaganda a marrón populista' | El Independiente de Granada



miércoles, 1 de julio de 2026

Renovables SÍ, pero NO ASÍ

Al despliegue de las energías renovables en Andalucía le falta planificación y sensibilidad ambiental y le sobra especulación y oscurantismo. Las fotovoltaicas de Padul es un ejemplo paradigmático del grito que resuena en muchos rincones de nuestra tierra: "Renovables SÍ, pero NO ASÍ".

Renovables ‘SÍ’, pero ‘NO ASÍ’ | El Independiente de Granada




viernes, 19 de junio de 2026

La VAU-5, un error que puede convertirse en horror.

 Ante tanto #debatedepollas que se da en nuestra ciudad y su entorno, ahora se plantea uno verdaderamente importante y de gran trascendencia para el futuro del Área Metropolitana. Yo me he mojado al respecto y he reflejado mi posición política que, más allá del debate concreto sobre esta infraestructura viaria, nos interpela sobre la movilidad, la sostenibilidad, la salud, el medio ambiente... 

En conclusión: que no nos entretengan ni engañen con juegos de palabras. Una autovía que atraviesa la Vega de Granada no es solución a la movilidad en el Área Metropolitana.

La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror | El Independiente de Granada



La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


El necesario debate sobre la nueva autovía que atravesará la Vega de Granada, (desde el Parque Tico Medina hasta conectar con la segunda circunvalación), no es un problema (solo) de proyecto. Es un problema de modelo de movilidad, de ordenación del territorio, ambiental y de salud pública.


La Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda ha sometido a información pública el anteproyecto y el estudio de impacto ambiental de la vía de aglomeración urbana VAU-5, Esta es una vía de alta capacidad, que conectará la primera y la segunda circunvalación de Granada con una carretera de dos carriles por sentido.


Esta infraestructura viaria que sale desde la capital y atraviesa Armilla, Churriana de la Vega y Las Gabias, ha pasado a denominarse, por arte de birlibirloque, “corredor verde”. Lo hacen por la inclusión de plataformas reservadas para transporte público, carriles-bici y “abundante masa forestal”. Los términos entrecomillados y en cursiva forman parte de la propaganda con la que se nos intenta vender la moto (una amplia vía de hormigón, por mucho adorno que la rodee). Además muestran un preocupante desconocimiento del significado de estos conceptos. Si llamamos corredor verde a una autovía y se confunde plantar árboles con reforestar es que la cosa va de intento de maquillaje lingüístico... y ambiental.


Estos juegos de palabras pueden ser efectivos para enmascarar algunos de los aspectos más agresivos de la nueva carretera. Sin embargo, no pueden esconder las carencias de un proyecto que ni es metropolitano ni es sostenible, las dos condiciones iniciales básicas a las que debería responder. La movilidad sostenible no consiste en pintar de verde unos planos como para que los coches circulen con remordimientos ecológicos.


Se pretende orientar el debate público hacia el trazado y contenido del proyecto. Hay que hay que reconocer que ha mejorado su diseño inicial, aunque requeriría mitigar todavía sus graves impactos ambientales, incluidos los paisajísticos. Pero no nos engañemos: el problema no es el diseño del proyecto, ni el color de los planos. Laalternativa elegida es una vuelta de tuerca más hacia un modelo obsoleto que favorece el tráfico privado y la dependencia del automóvil. Con esta actuación nos alejamos de los parámetros de sostenibilidad, reducción de emisiones y lucha contra el cambio climático que debe inspirar toda actuación sobre la movilidad, (y la accesibilidad) en el área metropolitana.


Este proyecto es un error estratégico porque consolida un modelo que favorece el uso intensivo del transporte privado. Además, no resuelve, ni siquiera a corto plazo, los problemas que se plantean. Es bien sabido que estas vías de mayor capacidad de absorción generan, por su propia definición, más flujos de vehículos y un desplazamiento hacia otros puntos de los problemas de saturación y congestión. 


El error que subyace en ese modelo de movilidad caduco puede convertirse en este caso en un horror ya que produciría una nueva y potente fragmentación de la Vega. Además va acompañado de un modelo de ocupación del territorio, que favorece el desarrollo especulativo y que supone un ataque mortal a la Vega de Granada. La apertura de un nuevo y amplio ‘corredor’, por muy ‘verde’ que sea, provocaría procesos de degradación territorial y facilitaría futuras actuaciones urbanísticas e infraestructuras en los espacios residuales generados por estas nuevas barreras físicas.


De llevarse a cabo, la nueva carretera producirá la pérdida directa de elementos fundamentales del paisaje histórico de la Vega. Provocará la desaparición de árboles frutales y cultivos, junto a tramos del sistema tradicional de riego formado por acequias históricas, pagos, dulas y terrazas. También afectará a cortijos, secaderos y otras construcciones agrarias tradicionales.


Quiero hacer especial hincapié en la necesidad de proteger la Vega de Granada. Es un territorio mosaico de elevado valor paisajístico que destaca por sus excepcionales condiciones agrobiológicas y productivas. Además, desempeña una importante función como pulmón verde de toda el área metropolitana. Salvar la Vega de Granada no es un capricho de románticos y nostálgicos del azadón; es una urgencia de salud pública.


El futuro de la movilidad sostenible del área metropolitana, pasa por invertir el modelo, (en el sentido literal y original del término, de “dar la vuelta”), e invertir, (en este caso en asignar los presupuestos disponibles), en mejorar las líneas del metro, (inversiones millonarias que tienen como objetivo principal ‘quitar coches’), crear una red de autobuses metropolitanos eléctricos, (con frecuencias que hagan olvidar el vehículo particular) y cuidar los caminos rurales que ya tenemos, conectando nuestros pueblos con vías ciclistas y peatonales seguras. Y trabajar ya, en serio, para implantar la integración tarifaria con bonos mensuales asequibles.


No se trata de enfrentar a los que dependen de su vehículo para llegar al trabajo con los colectivos ambientales y en defensa de la Vega. Se trata de tener una visión global, con luces largas, y de valorar el patrimonio colectivo, natural y cultural que es común a toda la población. No es un problema de libertad individual de movimientos, sino de apuesta por unas mejores condiciones ambientales y de infraestructura verde para toda la población; para los de ahora y para los que vienen detrás.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Malditos roedores

A propósito de la crisis del hantavirus, saco punta hoy a otro virus del grupo de los 'sociovirus', término que me acabo de inventar, igual que es nuevo el 'rataplanismo' del presidente canario. 

También recupero otra vez el nymbismo, de origen inglés pero que aquí se cría bien también y sobre el que ya escribí hace poco más de un año (Nymbismo, otro ‘palabro’ | El Independiente de Granada). Todos estos sociovirus son como la malafollá, síndrome que pese a ser de transmisión genética, también se contagian por contacto directo e indirecto. 

'Malditos roedores' | El Independiente de Granada



Malditos roedores

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

El hantavirus ha puesto de manifiesto que nuestro país tiene instituciones fuertes y sólidas para afrontar con éxito y solvencia una grave crisis sanitaria, pero también que tenemos otros ‘sociovirus’ para los que carecemos de herramientas eficaces para combatirlos.

Hay virus que atacan los pulmones y otros que se instalan directamente en la conversación pública. A estas alturas hay ya muchas personas que (parece que) saben del hantavirus una ‘jartá’ y se atreven a intervenir en tertulias, sobremesas y redes sociales con auténtico desparpajo.

Nuestro país está gestionando exitosamente una grave y complicada crisis sanitaria como ha reconocido la Organización Mundial de la Salud y los veintitrés países implicados. Hemos demostrado que nuestros sistemas nacionales de salud y de protección civil son fuertes.

Pero seguimos padeciendo una epidemia nacional más difícil de controlar sus efectos: la del todólogo. Este personaje endémico, lo mismo te explica geopolítica de Oriente Medio, que pontifica sobre ingeniería hidráulica aprendidas en la ‘universidad de la vida’, con tanta seguridad como ausencia de base técnica y científica. Los mismos que hace tres años eran expertos vulcanólogos, hace dos disertaban sobre inflación energética y el año pasado daban lecciones de inteligencia artificial, ahora son eminentes virólogos y epidemiólogos, chatgpt mediante.

Cualquier crisis se convierte en un concurso de ocurrencias. Apenas apareció el hantavirus en los titulares, antes incluso de que los epidemiólogos terminaran de cruzar datos, ya teníamos una alineación completa de autoproclamados expertos repartidos entre televisiones, radios, canales de YouTube y bares con serrín o sin él.

Y junto al todólogo en esta ocasión ha reaparecido uno de sus primos hermanos: el nymbista patrio. Ese que dice “que se haga lo que haya que hacer, pero lejos de mi pueblo, de mi familia, de mi negocio”. Los mismos que pedían controles estrictos mientras no perjudicaran al turismo, a los festivales, a las reservas hoteleras o al chiringuito de su cuñado. En España han proliferado ciudadanos que quieren Estado fuerte para los demás y barra libre para sí mismos.

La mayoría de la población no distinguía anteayer un hantavirus de una marca de fertilizante pero, de repente, todo el mundo opinaba sobre el origen del brote, las medidas de contención o la idoneidad de los protocolos. Vaya si opinaban. La ignorancia nunca ha sido un obstáculo para hablar con solemnidad. Ahora se está convirtiendo en un requisito previo.

He escuchado estos días a dirigentes políticos ‘posicionarse’, a la contra del gobierno, (lo que es la norma y la moda), que ignoran qué es una zoonosis, que han llamado seres vivos a los virus y que desconocen qué es el ARN: ellos juegan todas sus bazas al ‘sentido común’. ¡Ah, el sentido común: ese invento nacional con el que se pretende sustituir a médicos, biólogos y expertos desde tiempos de la carabela!

Pero entre todos los números de este circo ambulante la palma se la ha llevado el presidente canario. En lugar de transmitir prudencia y coordinación institucional, ha optado por la vieja táctica del agravio territorial combinada ahora con los ataques al gobierno de Sánchez. Al incompetente Clavijo que así se llama el susodicho, no le importó negarse a autorizar un fondeo (cuestión en la que no tiene competencias dicha autonomía), porque la Inteligencia Artificial le había chivatado que podía haber ratas en el barco y podían llegar nadando a la costa. Ha inventado el ‘rataplanismo’, otra forma de negacionismo que sumar a la retahíla encabezada por los negacionistas climáticos, creacionistas y terraplanistas. Pero la IA y él la han cagado, porque las ratas no son el origen del problema, sino los ratones colilargos silvestres que viven en bosques andinos y zonas cercanas a las estepas, roedores que no destacan por sus habilidades nadadoras. La hipótesis más sólida que se baraja por los especialistas que están investigando este brote apunta, como portador del virus, a un ornitólogo holandés y su esposa que habían recorrido Chile y Argentina antes de embarcar en el MV Hondius. En el barco no se han detectado ratas, en tierra sí hay muchos malditos roedores, y buitres, y gaviotas.

De nuevo las dos Españas se han contrapuesto: de un lado los que han estado a favor del desarrollo de una compleja operación internacional para dar cobertura y atención a un grupo de seres humanos a la deriva, liderando una acción que le venía muy grande a un pequeño país como Cabo Verde, y cumpliendo con las indicaciones de las autoridades sanitarias europeas y mundiales. Del otro lado la de los que se han opuesto obstinadamente con el argumento de que había que cargarle el marrón (incluido el de los españoles que viajaban en el crucero) a otros, a Holanda por ejemplo. Que cada cual se coloque en la España que quiera, en el lado de la Historia que prefiera. Yo estoy, de nuevo, en el de la ciencia y en el de la solidaridad y el cumplimiento del deber (también internacional) de socorro.

Lo que más me fastidia es que haya tanta gente que lo pase mal cuando las cosas se hacen y salen bien y siendo tan ‘españoles y muy españoles’, no se sientan orgullosos de que su gobierno sea aplaudido mundialmente. Hay demasiadas personas que siguen instaladas en el ¡cuánto peor, mejor! en el que apostaron todo contra el rojo, para los que la verdad no importa, porque la realidad no debe estropear ni el titular ni el mantra. Siguen erre que erre en el ‘España se rompe’ y ‘España se hunde’ aunque en la actualidad no se sostienen esos axiomas y han tenido que dar un doble salto mortal al discurso del infierno fiscal y de la invasión de los inmigrantes.

Y lo verdaderamente agotador no es luchar contra el hantavirus, (la globalización y el cambio climático nos traerán más crisis sanitarias para las que hay que estar preparados), sino escuchar a personas que no soportan que exista un solo asunto sobre el que no tengan opinión contundente. La duda les parece una humillación intelectual. El “no lo sé” les provoca urticaria moral. No soportan el vacío de opinión.

En nuestro país los expertos deben justificar cada dato mientras el todólogo de turno puede inventarse cualquier barbaridad sin el menor coste social. Un epidemiólogo necesita varios estudios revisados pero un tertuliano solamente un micrófono o cualquier persona una cuenta en redes sociales.

Y aquí sí que tenemos un problema sanitario grave por lo insólito del mal que nos ha invadido. Este ‘sociovirus’ de la arrogancia que convierte la ocurrencia en doctrina y la ignorancia en identidad política, tiene un origen genético, (hay partidos políticos que lo llevan en su ADN), pero a la vez curiosamente tiene una tasa de contagio muy elevada. Todo se pega menos lo bonico” que decía mi madre.

Porque aquí se funciona con dos velocidades: la ciencia, la Medicina, los protocolos de protección civil y salud pública, avanzan despacio, (con los tiempos necesarios para realizar analíticas o esperar los tiempos de incubación), pero la verborrea viaja a velocidad de fibra óptica.

El hantavirus, remitirá. Lo otro tiene peor cura.

jueves, 7 de mayo de 2026

La ciencia expulsada del debate electoral

El insulto sustituye al argumento cuando se señala como ‘fanáticos climáticos’ a los científicos que advierten de la vulnerabilidad de Andalucía a los efectos del cambio climático. He sacado punta en mi columna en El Independiente de Granada a un aspecto del debate electoral en televisión que me ha molestado bastante que me ha impulsado a denunciar públicamente la deriva que está tomando la falta de ciencia y de consciencia de una gran parte de la sociedad. 

'La ciencia expulsada del debate electoral' | El Independiente de Granada



La ciencia expulsada del debate electoral

SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos

El insulto sustituye al argumento cuando se señala como ‘fanáticos climáticos’ a los científicos que advierten de la vulnerabilidad de Andalucía a los efectos del cambio climático.

Para los que el pasado lunes, en el debate entre los candidatos, y la candidata, a la presidencia de la Junta de Andalucía, tuvieran que soportar la demagógica intervención, trufada de bulos, del representante de Vox, no les pasaría desapercibida la repetida murga contra la que atacaba acusando, acusándonos, a los que defendemos la emergencia climática, de ser unos ‘fanáticos climáticos’.

Estas palabras describen más al que las pronuncia que a los aludidos y por mucho que se empeñe la persona designada por Abascal para Andalucía (por ahora, ya sabemos cómo se las gasta con los suyos el dirigente ultraderechista), y por mucho que se empeñe la extrema derecha con esas palabras, no puede describir la realidad, solamente puede deformarla.

Estas etiquetas, (me resisto a utilizar el anglicismo #hashtag), no nacen para explicar un fenómeno sino para intentar deslegitimarlo. Funcionan con eficacia en titulares y tertulias, en barras de bar y comentarios de ‘cuñaos’. Al no poder hacer frente a un debate racional, la extrema derecha, empoderada por la derecha extrema y esta a su vez acomplejada ante la otra, quieren convertir una preocupación basada en evidencias en una supuesta obsesión irracional. Un atajo retórico para evitar el debate de fondo. No hablar en esta campaña del cambio climático, de lo que hay que hacer, de lo que se ha hecho, (en Andalucía es más fácil hablar de lo que se ha dejado de hacer), no va a evitar sus amenazas, los efectos que está produciendo.

Dura est veritas, sed veritas est”. El cambio climático existe, es una verdad incómoda. La ciencia del clima lleva décadas acumulando datos, afinando modelos y contrastando hipótesis. No se trata de una corriente ideológica ni de una moda pasajera, sino de un cuerpo de conocimiento construido con el método más exigente que tenemos para entender el mundo. Temperaturas que suben, glaciares que retroceden, océanos que se acidifican, patrones de lluvia que cambian. No son opiniones: son mediciones. En realidad la base del activismo climático proviene de décadas de investigación en disciplinas como la climatología, la física atmosférica y la oceanografía a la que se han ido sumando otras materias que piden la emergencia climática y han ido certificando la huella que el cambio global está dejando en los ecosistemas.

El consenso científico sobre el calentamiento global es sólido. Informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que sintetizan miles de estudios revisados por pares, concluyen que el calentamiento observado desde el siglo XX se debe principalmente a emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Este consenso no es una ‘opinión’, sino el resultado acumulado de evidencias: mediciones de temperatura, concentraciones de CO₂, retroceso de glaciares, cambios en ecosistemas, etc. Y ni los miles de fakes news ni los centenares de tontos del bulo pueden dar la vuelta a esta realidad científicamente incontestable. Como que la Tierra es (más o menos) redonda y que venimos, metafóricamente, del mono, (más correcto sería decir que compartimos un antepasado común con chimpancés, gorilas y orangutanes).

Las derechas carecen de conciencia ecológica, esto ha sido siempre así, pero en este punto lo que están haciendo es un desprecio a uno de los grandes retos de la Humanidad por prejuicios ideológicos (y por defender a las poderosas industrias principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero). Y, contradiciendo a Serrat, esta verdad es triste pero (aún) tiene remedio si pensamos en las próximas elecciones teniendo muy en cuenta a las próximas generaciones.

El recurso al empleo del término “fanatismo” retrata más a quien lo utiliza que a quiénes lo recibimos. Yo no me siento ofendido, casi que a estas alturas me siento honrado que tengan que utilizar estas butades y que coloquen este tema a la par de su racismo, xenofobia y machismo. Es una forma de orientarse moralmente también.

Por lo demás es una estrategia conocida, si no puedes refutar los hechos, cuestiona la motivación de quien los expone. Si no puedes desmontar los datos, caricaturiza al mensajero. Así, quien alerta de un problema sistémico pasa a ser un exagerado; quien pide medidas, un radical; quien exige responsabilidad, un enemigo del progreso. Santiago Abascal ha ido más lejos e incluso llegó a decir aquí en Granada, (aparte de hijo de puta al presidente del gobierno), que el “fanatismo climático tiene graves consecuencias económicas y sociales y arruina a la población”.

Pero la realidad no se deja domesticar por el lenguaje. Los fenómenos extremos, olas de calor más frecuentes, incendios más intensos, sequías persistentes, no necesitan adjetivos para manifestarse. Tampoco entienden de marcos ideológicos. La ciencia es prudente al atribuir causas: no dice que cada evento concreto tenga un único origen, pero sí mide cómo el calentamiento global aumenta su probabilidad o agrava su impacto. Ese matiz, fundamental, suele desaparecer en el ruido del debate político.

Reconocer el cambio climático, conviene subrayarlo, no obliga a una única respuesta política. Ahí sí hay espacio legítimo para la discrepancia. Cómo hacer la transición energética, a qué ritmo, con qué costes y con qué prioridades sociales sí son cuestiones abiertas al debate. Pero discutir las soluciones no debería implicar negar el problema ni ridiculizar a quienes lo señalan.

El término “fanatismo climático” cumple, además, otra función menos visible: tranquiliza, anestesia, tiene un efecto placebo. Permite a quien lo pronuncia situarse en una cómoda equidistancia, como si entre la evidencia científica y su negación hubiera un punto medio razonable. Como si la moderación consistiera en no tomarse demasiado en serio los datos científicos y las evidencias. Es una forma de convertir la irresponsable inacción en aparente sensatez.

Y, sin embargo, lo verdaderamente razonable, lo verdaderamente prudente, es atender a la ciencia y sus evidencias. No por alarmismo, sino por responsabilidad. Porque las decisiones que se tomen hoy, o que se eviten, tendrán consecuencias acumulativas durante décadas. Si no enfrentamos y afrontamos ahora, ya, los perjuicios serán mayores y los costes de reparación mayores. Mirar hacia otro lado será mucho más caro que actuar a tiempo.

Quizá el problema no sea el supuesto “fanatismo” de quienes advierten del riesgo, sino la ligereza con la que se descalifica el conocimiento cuando incomoda. Quizá lo preocupante no sea el exceso de celo, sino la escasez de rigor en el debate público. Y quizá, solo quizá, haya llegado el momento de abandonar los eslóganes y enfrentarse a los hechos, aunque no encajen en el relato.

lunes, 27 de abril de 2026

Del retardismo al negacionismo

El análisis de los pactos en Extremadura y Aragón entre PP y vox se están centrando en la disparatada propuesta de la 'prioridad nacional' y ha dejado menos protagonismo a la desregulación ambiental, al negacionismo climático y otras 'rebajas' ambientales. He sacado el lápiz verde y le he 'sacado punta' en mi blog digital en 'el Inde'  y ahora lo hago en mi blog personal. 

'Del retardismo al negacionismo' | El Independiente de Granada



martes, 21 de abril de 2026

Yo soy 'woke' (y a mucha honra)

Esta semana le saco punta en mi columna en El Independiente de Granada y me declaro woke, aunque en el verdadero sentido de la palabra y no en el que ha derivado por la fachosfera y la carcundia. Lo hago sin chulería pero también sin complejos, y lo uso mas en legítima defensa que como ataque. Si me van a llamar así que se sepa qué significa y por qué lo soy.

Enlace al blog Sacando punta 👉 'Yo soy 'woke' (y a mucha honra)' | El Independiente de Granada



lunes, 6 de abril de 2026

Tontos del bulo en Semana Santa

Me he inventado la ley de Praga, tan tonto del bulo es el que crea como el que propaga y le he sacado punta a los tontos del bulo en esta Semana Santa. ¡Qué cansinos! Ni siquiera santifican las Fiestas.     

La Ley de Praga, tan tonto del bulo es el que inventa como el que propaga.

'Tontos del bulo en Semana Santa' | El Independiente de Granada




martes, 31 de marzo de 2026

No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema

Sigo "sacando punta" desde mi columna, ya en precampaña. Yo también me apunto a "el que haga hacer que pueda" pero desde otra perspectiva a la que exhortaba Jose Mari el que quería engañarnos con lo de las armas nucleares en otra guerra ilegal como la que sufrimos actualmente. 

'No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema' | El Independiente de Granada


No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

Ya tenemos fecha para las elecciones autonómicas andaluzas, un poco más precipitadas de lo que se apuntaba, probablemente, entre otras razones, por el temor del presidente del gobierno andaluz a que a partir de ahora sólo le cabe ir empeorando.

La estrategia, ideada e impuesta por los gurús de Génova, de celebrar elecciones anticipadas en varias regiones para desgastar a Pedro Sánchez y sacudirse la dependencia de Vox, ha resultado en gran parte fallida. Tanto en Extremadura como en Aragón y Castilla-León, la extrema derecha ha mejorado sus posiciones con respecto a la derecha extrema y los barones del PP han errado en el objetivo principal perseguido.

En este panorama ha resurgido un argumento que ya benefició al PP andaluz en las pasadas elecciones cuando se comió todo el voto de centro, buena parte provenía de sectores conservadores, pero también arañó en un espacio sociológico andaluz que históricamente ha sido reacio a la derecha, por su comportamiento histórico en nuestra tierra, antes y después, de la conquista de la autonomía, y en parte también por los agravios comparativos y abandonos de los gobiernos de Aznar y Rajoy.

Hace cuatro años funcionó un ‘peligroso’ argumento al que ahora vuelven a recurrir: votar al Partido Popular es necesario para frenar a Vox. Una consigna que podría sonar razonable en la superficie, ‘un mal menor’, dicen algunos, pero que en realidad funciona como la mejor herramienta de consolidación de la extrema derecha en el gobierno andaluz y, por extensión, en España. Recordemos que el cordón sanitario se rompió aquí en Andalucía con el pacto, nunca bien explicado con Ciudadanos y Vox, con el que el PP quedó desvirgado, la ultraderecha blanqueada y empezó la cuenta atrás de la desaparición de los naranjitos.

Desde que irrumpieron los parlamentos autonómicos con un discurso abiertamente reaccionario, el Partido Popular ha pasado de fingir distancia ideológica a normalizar la colaboración con Santiago Abascal y los suyos. Hoy, incluso las diferencias programáticas son tan finas que cuesta distinguir dónde termina la derecha ¿moderada? y donde empieza la extrema derecha. Lo que antes se consideraba una línea roja, pactar con un partido que cuestiona derechos básicos, niega la violencia machista o el cambio climático, hoy es la base de las negociaciones de gobierno en media España.

Recientemente Alberto Núñez Feijóo ha dado luz verde a una estrategia de acuerdos con Vox “donde sea necesario” para alcanzar el poder, abandonando cualquier pretensión de aislamiento político. Lo que se presenta como un pragmatismo electoral ha terminado por diluir la frontera entre conservadurismo y extremismo. El propio líder, (por ahora) del PP sabe que su mayoría, tanto autonómica como nacional, depende en última instancia de quienes pretenden suplantar la Constitución por un programa de pureza moral y nacionalista.

El proceso se ha acelerado. Se han intensificado las negociaciones en las comunidades autónomas pendientes de formar gobierno y pretenden cerrar acuerdos antes de que la campaña andaluza entre en su fase decisiva. Vox, por pura táctica electoral, no quiere que se perciba su posición como de bloqueo. Su líder ya ha dejado claro que no volverá a conformarse con un papel de apoyo externo, exigiendo formar parte de los gobiernos autonómicos para “demostrar utilidad política”.

Paradójicamente esa aceleración de los pactos para el PP puede representar más que un síntoma de fuerza, una muestra de debilidad. Feijóo y Juanma Moreno necesitan a Vox tanto como Vox los necesita a ellos. A ambos les interesa más la foto de la “derecha unida, jamás será vencida” como trampolín hacia Sevilla y de tapón para otra alternativa. Ambos partidos forman parte de un ecosistema político en el que las diferencias se diluyen bajo una fórmula de poder compartido. Pero cuando el PP gobierna con Vox, la agenda política deja de ser la del centro reformista del que presumen para convertirse en el vehículo de las ideas ultraconservadoras que decían querer frenar.

Andalucía de nuevo se va a convertir en terreno de experimentos políticos a escala nacional como ocurrió en 2018. Desde entonces, Juanma Moreno ha ido cultivando meticulosamente una imagen de aparente moderación: pose serena, declaraciones conciliadoras, apelación constante al sentido común y ahora, (a falta de una buena gestión que echarse a la boca), con el discurso de la estabilidad y “que no haya líos”.

Hasta ahora la extrema derecha no ha necesitado ocupar consejerías para influir: su presencia en el debate público ha bastado para marcar la agenda. Si ahora el PP obtiene un resultado ajustado y necesita nuevamente su apoyo, ese margen de influencia se convertirá en poder ejecutivo real. Si el PP necesita su respaldo, la cesión será explícita: vicepresidencias, consejerías, control mediático y la legitimación institucional de un partido que niega los cimientos democráticos básicos del pacto constitucional. Un troyano en la Junta de Andalucía que la acabará destruyendo; quizás sea la justificación que necesita el PP para continuar su programa de desmantelamiento de los servicios públicos, mediante la re-centralización y la externalización.

Es en este marco político en el que se plantea el dilema de la tesis del voto útil que ya se repite en tertulias, columnas y campañas, abonadas a la consigna “el que pueda hacer que haga”. Ahora nos bombardearán con el mantra de “si la izquierda está débil y dividida y el miedo a la ultraderecha crece, lo prudente es votar al PP para evitar que Vox entre en el gobierno”. Pero esa lógica olvida que el PP ya ha asumido de facto gran parte de su programa. Cuando se derogan leyes de memoria democrática, se aprueban discursos sobre inmigración descontrolada o ideología de género, no hace falta que Vox gobierne: ya gobierna a través del PP.

El propio Juanma Moreno lo ha reconocido en más de una ocasión. En su intento de diferenciarse de Madrid, donde Ayuso hace gala de la confrontación ideológica, el presidente andaluz ha optado por una estrategia de asimilación silenciosa. No grita las tesis de Vox, las susurra, como hace a las vacas. Pero el resultado es el mismo: una normalización del discurso ultraconservador bajo el barniz de cortesía institucional.

El riesgo, por tanto, no es que Vox entre en el gobierno andaluz, sino que el propio PP se ha convertido en el vehículo eficiente de su ideario, legitimándolo con el voto de quienes creen estar votando estabilidad. Si algo demuestra la política española de los últimos años, es que la frontera entre el pragmatismo y la complacencia con el extremismo se cruza mucho antes de lo que parece.

Nuestra respuesta no puede ser la resignación. Ni sucumbir al falso voto útil para frenar a la ultraderecha, ni la abstención por pasividad, ni mucho menos la banalización del discurso ultra, resolverán el problema. La única vía para frenar la normalización de la extrema derecha es reconstruir una alternativa democrática de verdad: un proyecto progresista y plural que no compita en el terreno moral del miedo, sino en el de la justicia social, la igualdad y la defensa de los servicios públicos.

Necesitamos un liderazgo político potente, capaz, solvente, experimentado, capaz de sostener los principios de un nuevo y verdadero andalucismo, que confíe en el autogobierno y que deje de relamerse en los supuestos agravios comparativos. En Andalucía, donde conviven historia, orgullo y heridas, ceder el gobierno a quienes niegan la memoria y la diversidad sería volver atrás. Debemos liderar, otra vez, desde el sur, la reconfiguración del mapa de competencias y de financiación autonómica a partir del “ni más, ni menos” que otras regiones y nacionalidades.

La decisión, libre, soberana, responsable, de votar no es un ejercicio técnico sino una apuesta moral y ética. Cada papeleta dibuja una línea de futuro, y apostar por ese mal menor, puede ser ahora renunciar al mejor posible. Quien vote al PP pensando que así frena a Vox, en realidad lo fortalece. El verdadero freno a Vox no está en apoyar a su socio, sino en construir una mayoría progresista que no dependa de él.

Ahora que conozco a María Jesús Montero más de cerca, que la he visto trabajar, dirigir el PSOE-A, que estoy escuchando sus propuestas y sus apuestas de futuro defendiendo los servicios públicos con ‘ardor guerrero’, estoy mucho más convencido que es la persona que puede representar esa pulsión de cambio que está germinando en muchos sectores sociales que llevan años lamentándose de que vamos a peor pero no habían visto hasta ahora la posibilidad de darle la vuelta a las encuestas.

He leído en algún sitio que podemos explicar esta tesitura con el ejemplo de los Hermanos Calatrava. No vayamos otra vez a, huyendo del ‘feo/feo, caer en manos del otro hermano; si bien aparentemente era más serio, mejor presentado y cantaba algo mejor, no era guapo, sino un poco menos feo: Pero sobre todo, hay que tener en cuenta que los dos iban en el mismo paquete humorístico y formaban un dúo inseparable con un reparto de papeles y un apoyo mutuo.


martes, 24 de marzo de 2026

El presidente desnudo

Tenía escrita esta columna antes de la convocatoria electoral, con nocturnidad y oportunismo, de Moreno Bonilla, pero sirve de mi primer acto de precampaña para fijar criterio sobre mi opinión del presidente de la Junta.

No hay problema o situación que no pueda explicarse con un cuento, en este caso me he agarrado al del rey desnudo ¡Yo no sé qué le ven sus admiradores pero a mí me parece un PRESIDENTE DESNUDO! 

El presidente desnudo | El Independiente de Granada



El presidente desnudo


Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


Es difícil entender, si no se analiza con detalle, cómo Moreno Bonilla pasó de ser en 2018 el presidente del PP andaluz con los peores resultados electorales de su partido, (26 diputados, cuatro menos de los que tiene en la actualidad el PSOE), y alcanzar la presidencia de la Junta de Andalucía gracias a los apoyos parlamentarios de Ciudadanos y de Vox, a erigirse en una figura política que ‘trasciende’ su liderazgo por encima del de su partido y allende nuestras fronteras regionales. Un presidente del gobierno andaluz que alcanzó después la mayoría absoluta en 2022, al obtener 58 (de los 109) diputados, que aspira a repetir en las próximas elecciones autonómicas que se celebrarán previsiblemente el 31 de mayo.


Esta ‘transfiguración’ la ha logrado casi sin despeinarse, con un balance de gobierno que, de manera objetiva, podemos calificar de francamente pobre. Un amigo mío dice que es el presidente que ha llegado más lejos habiendo hecho menos. Por mucho que la potente maquinaria propagandística nos vaya a seguir machacando con ‘el éxito andaluz’, nuestra comunidad no está aprovechando el crecimiento económico de los últimos años para converger con otras regiones sino que al revés la distancia se agranda. Y el deterioro de los servicios públicos es evidente con una Junta de Andalucía cada vez más centralizada y externalizada. El éxito de JuanMa Moreno no se ha debido a una buena gestión, ni suya ni de los miembros de sus sucesivos equipos. Hemos visto desfilar a numerosos consejeros y consejeras, con más pena que gloria por el Consejo de Gobierno, en parte por su propia mediocridad y carencia de liderazgo externo e interno, y en parte porque la estrategia desde San Telmo los sacrifica y los convierte en peones de quita y pon al servicio del presidente. Y la mayoría de ellos, y ellas, con grandes prejuicios sobre lo público y sobre la administración autonómica y sobre sus emplead@s. No me lo ha contado ningún amigo en este caso, lo vivo en primera persona.


El triunfo de Moreno Bonilla ha estado apoyado en una fortísima y costosísima campaña de propaganda diaria basada en cuestiones de identidad, para ir ocupando el espacio transversal del andalucismo que había disfrutado el PSOE desde la conquista de la autonomía plena. A ello se ha sumado la creación de la ‘marca Juanma’, con pasta, con mucha pasta, que ha servido para convertir a una persona más bien sosa e insulsa, un candidato débil inicialmente, en un modelo de presidente al que se le ha conferido los adjetivos de tranquilo y moderado, elevados a categorías sagradas de virtudes humanas, a falta de otras cualidades de las que carece o debe tener muy escondidas, para el liderazgo político.


Y además ninguno de los atributos que se le atribuyen es cierto. El andalucismo que practica el PP es de pulserita, muy forzado y ha tenido éxito porque una gran mayoría no ha vivido o parece que ha olvidado que JuanMa es heredero político de los que se opusieron a la gran conquista del pueblo andaluz. Nuestra autonomía ha quedado estancada y hoy nos dedicamos más a quejarnos del autogobierno de otros que a ejercer el nuestro. Y el tiempo está mostrando además que lo de la supuesta centralidad es artificial y su aparente moderación es eso, apariencia. Sobre lo de hombre tranquilo y sereno ya es una cuestión más subjetiva aunque a mí me parece que es más bien una persona soberbia y déspota, atrapada por el personaje creado que se le ha subido a la cabeza.


Esta operación de imagen no es original ni singular. La ciencia política tiene muy estudiados a los partidos atrapavotos, o los candidatos ‘atrapalotodo’ (catch-all) que se fabrican, bajo algunos supuestos sociológicos, para conseguir atraer a votantes a derecha e izquierda, ocultando los conflictos ideológicos para ampliar la base electoral. Se pone el foco en el líder, en su carisma (natural o impostado como en este caso) y se fabrica un discurso fácil y sencillo, a menudo vacuo, que replica la red clientelar creada a su alrededor y sus aduladores (sean convencidos o no, sean personas o robots). Importa poco la capacidad para la creación de equipos competentes o una buena gestión. Lo que interesa es que sea fiel al proyecto de los que lo financian y respaldan. En esto Moreno Bonilla está demostrando ser el ‘campeón’, que diría Javier Arenas, pues está siendo fiel a las directrices de Génova y a la estrategia de su partido sacrificando de manera repetida los intereses de los andaluces como ha ocurrido con el tema de la quita de la deuda o con la financiación autonómica, cuando todos hemos visto cómo el gobierno andaluz renuncia a que Andalucía mejore la cantidad que recibe del Estado, por encima incluso de lo que el mismo Bonilla había pedido solemnemente, nada más y nada menos que en la sede del Parlamento Andaluz.


Abramos los ojos y veamos la realidad. Tanto el ‘método Ayuso’ como la ‘marca JuanMa’, tienen el mismo objetivo: el desmantelamiento de los servicios públicos, en nuestro caso la sanidad y la educación, especialmente la universitaria y la formación profesional. Aunque las estrategias son diferentes, en Madrid se potencia la agresividad, el enfrentamiento directo y se presume incluso de saber usar las malas artes contra el enemigo, aquí se ha optado por el cartón piedra, modelando un perfil de suavón y buen yerno. De una manera tan simple que a mí me resulta insultante, nos han colocado un álbum de fotos y unos cuantos ‘reels’ (carretes), para convencernos de que estamos viendo una película que no es real.


He desafiado en muchas ocasiones a votantes del PP a que me digan en qué hemos mejorado en los últimos años que podamos atribuir al gobierno andaluz. Les he preguntado por qué leyes, qué acciones del gobierno andaluz, qué decisiones de Moreno Bonilla, nos han beneficiado directamente a los trabajadores y a las clases medidas y me he encontrado con respuestas vacías, con una repetición de la propaganda con la que continuamente nos bombardean desde teleJuanma (léase Canal Sur) o desde los medios privados afines bien regados desde lo público. Si se le quita la sobreprotección mediática que goza Moreno Bonilla nos encontramos con un dirigente vulgar, poco brillante, que la ha cagado en numerosas ocasiones. Un político recauchutado que si fuera mi yerno yo lo evitaría en las comidas familiares y si fuera mi cuñado… pues eso sería ‘un cuñado’.


Pero no se puede sostener ante todo el mundo y en todo momento esta artificialidad. Cada vez hay más personas que no se dejan llevar por el cuento del precioso traje que lleva el presidente. Crece el número de los que van desvelando que el rey (el presidente) va desnudo y creen más lo que ven sus propios ojos que lo que le cuentan machaconamente a través de los medios públicos y privados al servicio de la marca.


Entre los usuarios de la sanidad pública (que somos todos), son ya legiones los que consideran que Bonilla no ha estado a la altura de las circunstancias en esta materia que arroja las peores cifras de toda España en satisfacción. Nos han convertido de nuevo en ‘pacientes’, a tenor de los récords en tiempos de espera para la atención primaria, pruebas diagnósticas e intervenciones quirúrgicas. JuanMa ha pasado de “la culpa es de la herencia recibida” (después de 8 años gobernando suena bastante hueco), al “yo no lo sabía”, (mentira que se ha revelado definitivamente hace unos días cuando un medio de comunicación ha desvelado que se habían desoído los informes que advertían de los fallos en el sistema de cribado). Su frase de “Andalucía tiene la mejor sanidad de España” cuando se cerraban centros de salud el verano pasado o ahora con una realidad asistencial marcada por el colapso pasará a la historia de las pifias de un presidente de gobierno andaluz. Aunque peor fue cuando se le escapó que “el sistema de sanidad pública era inviable”, en un ataque de sinceridad quizás o más bien un anticipo de lo que tiene pensado.


Porque ante el malestar ciudadano, la sonrisa bobalicona de Juan Manuel Moreno resulta insultante y las declaraciones de que la sanidad andaluza tiene inversiones históricas, que no se traducen en bienestar para la ciudadanía, indican que hay un agujero negro en la gestión, situado en la deriva hacia la privada de miles de millones de euros en lo que resulta un plan deliberado con órdenes, conciertos y licitaciones bajo el pretendido paraguas de la urgencia para desviar fondos a los amiguetes. Es imposible que los andaluces y las andaluzas no vean que mientras se recortan plantillas o no se renuevan los contratos de refuerzo se firman contratos millonarios con grupos hospitalarios supuestamente para aliviar las listas de espera, (objetivo que no se cumple), con un coste muy superior al que se produciría si se reforzaran los servicios públicos.


No hay venda que pueda tapar los ojos para desvelar el truco del almendruco de que “bajar los impuestos a los ricos para recaudar más” solo ha beneficiado a 0,2% de los andaluces en los que yo al menos no me encuentro, (ni tú querido lector, no te engañes, ni te engañen).


Pido especialmente que abramos los ojos, especialmente y en solidaridad, junto a las víctimas de los cribados de cáncer de mama; con los los más de 6.500 familiares de los fallecidos el año pasado mientras estaban en las listas de espera de la dependencia; ellos ya están viendo desnudo al presidente; y, espero, que vean también los profesores y estudiantes de las universidades públicas, que el ropaje del que presume el presidente andaluz es postureo, por poner unos cuantos ejemplos.





sábado, 21 de marzo de 2026

Viendo al enemigo por dentro

Este sábado además de mi colaboración semanal en Granada Hoy aparezco junto al profesor de la UGR Javier Alba-Tercedor para dar a conocer la elaboración de un extraordinario y espectacular video de Euwallacea fornicatus, un escarabajo barrenador de la ambrosía, una especie exótica invasora. Las imágenes las podré utilizar la semana que viene en una jornada técnico-científica en la Universidad de Alicante sobre especies exóticas invasoras de la tribu Xileborini, una amenaza para nuestros cultivos, las especies ornamentales y para el medio ambiente.

La noticia, divulgada por el gabinete de comunicación de la UGR ha tenido un amplio eco en diversos medios de comunicación y mis alertas de noticias, sobre la especie y las de mi nombre, me han ido llegando durante toda la semana.

Un TAC de alta resolución desvela los secretos del diminuto escarabajo que amenaza los aguacates de la costa de Granada | Universidad de Granada

Por supuesto, "mis medios" están entre los que han recogido la noticia, con cariño.

Un viaje en alta resolución al interior del escarabajo de la ambrosía Granada Hoy

Un TAC de alta resolución desvela los secretos del diminuto escarabajo que amenaza los aguacates de la costa de Granada | El Independiente de Granada






sábado, 7 de marzo de 2026

8M ¡No te quedes en el banquillo!

De nuevo presto mi columna, 'Sacando punta' en el Independiente de Granada, para la causa feminista. En esta ocasión creo que es necesario hacer un llamamiento especial a la participación en las actividades en torno al Día Internacional de la Mujer, por el momento que estamos viviendo, y considero que es obligado que los hombres también nos mojemos en esta causa y ayudemos a combatir bulos, a reforzar la idea de que la lucha por la igualdad nos hace a todos mejores. 

Como en otras ocasiones es de los artículos que más feedback tengo, la mayoría de los comentarios a favor pero también algunas puyas que recibo resignadamente y que siempre son un indicador de que alguien se ha leído, siquiera parcialmente mi artículo. 

8M, ¡no te quedes en el ‘banquillo’! | El Independiente de Granada



8M, ¡no te quedes en el ‘banquillo’!

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

Soy de los que consideran que el 8M y el 25N, que el feminismo es (también) cosa de hombres, frente a los/las que piensan que esto no va con nosotros y que hay que ceder el protagonismo a las mujeres. Estamos obligados a sumarnos a estas celebraciones reivindicativas aunque huyendo del paternalismo que la educación machista nos ha imbuido.

Este año especialmente me siento obligado, deberíamos sentirnos impelidos muchos hombres, a aprovechar simbólicamente esta fecha en el calendario, para manifestarme en la calle, en las redes, en donde se libra ahora buena parte de la batalla por la igualdad entre hombres y mujeres; siento el peligro que corre esta conquista, y otros avances sociales, que no solo debemos debemos defender, sino que debemos ampliar, desafiando los ataques de las fuerzas reaccionarias cuyos gritos y violencia quieren aparentar que son más y son superiores.

No, no es momento de dar un paso atrás, ni siquiera de colocarnos pasivamente al lado, de hacer caso a los que dicen sentirse atacados.

Este 2026 ha arrancado con unos datos que suponen una bofetada de realidad que no permite medias tintas. No podemos ignorar los resultados de las recientes encuestas sobre feminismo entre los más jóvenes ni perdernos en análisis extensos. Es alarmante ver cómo crece un sector de varones que percibe la igualdad como una amenaza a sus derechos. Hemos permitido que el discurso del odio y el bulo machista calen en las aulas, haciendo creer a nuestros hijos que el feminismo es un ataque al hombre, a los hombres.

Es momento de hacer frente abiertamente a los que dicen que no son ni machistas ni feministas como si una cosa fuera la contraria o antagonista de la otra.

Es la hora de defender que el feminismo no busca que nosotros perdamos, busca que todos ganemos en una sociedad más igualitaria, con los mismos derechos y oportunidades.

Es tiempo de pasar de la reflexión a la acción, de analizar una realidad que no nos gusta, y ponerse a trabajar para transformarla, día a día, familia a familia, en el entorno laboral, en ‘todos lo tajos’.

No podemos perdernos en debates estériles porque la realidad es tozuda y sangrienta. El incremento de casos de violencia machista y la crueldad de la violencia vicaria nos dictan que algo está fallando en la base de nuestra educación. La brecha salarial sigue siendo una anomalía democrática que, a igual trabajo, las manos que lo ejecutan cobren distinto según su género.

Debemos entender que el patriarcado también nos encorseta a nosotros en un modelo de hombre duro, insensible y competitivo que nos enferma y nos aísla. La neutralidad nos empobrece y mina la superación del modelo social que tenemos que superar.

Hay muchos hombres (y algunas mujeres) que piensan que la igualdad es un juego de suma cero, donde lo que unos pierden, otras ganan. Pero la anatomía de la igualdad nos enseña que esta balanza de equilibrio beneficia a la sociedad en su conjunto.

Si dejamos atrás la vieja masculinidad nos quitaremos el peso del pp (proveedores + protectores, lo siento pero esas son las iniciales también), nos quitaremos la represión de las emociones y el autocuidado o el miedo a no ser ‘suficientemente hombres’-

Por contra, ganaremos corresponsabilidad, salud mental y relaciones personales más auténticas y la libertad de ser quienes queramos ser.

En el ámbito familiar dejaremos atrás la paternidad ausente o de fin de semana y disfrutaremos de la crianza real y completa de nuestros hijos.

Este 8 de marzo, más que nunca, es necesario que los hombres también estemos presentes y activos. Pero ¡ojo!, no para protagonizar las fotos y videos, sino para completar y sostener el espacio común. Para escuchar, sin intermediarios, sin prejuicios, lo que nuestras compañeras, hermanas o madres tienen que decir, y para asumir que la lucha contra la violencia machista es, ante todo, una responsabilidad nuestra.

Somos nosotros quienes debemos señalar y rechazar el comentario machista en el grupo de WhatsApp, quienes debemos exigir igualdad en nuestras empresas y quienes debemos educar a nuestros hijos en el respeto absoluto.

Porque una sociedad con mujeres libres es una sociedad con hombres mejores. El feminismo es el puente hacia una humanidad más justa, y es hora de que avancemos por ese puente juntos, sin retroceder y sin mirar con una falsa nostalgia a un pasado que fue anterior pero no mejor.


lunes, 23 de febrero de 2026

Disputar el presente para ganar el futuro

Hoy publico un artículo de (mi) opinión al debate en la izquierda (las izquierdas) para ganar a las derechas (la derecha). La cita de W. Brandt, ", y la entradilla, la izquierda ante la tesitura del mínimo común múltiplo o el máximo común divisor, resumen mi visión.

Hemos utilizado el título del encuentro celebrado en Madrid la semana pasada que ha servido de acicate, provocación, animación y empuje de este necesario debate que luego ha tenido continuidad con el acto del nuevo Sumar, junto con Izquierda Unida, Más Madrid y los Comuns celebrado el pasado sábado 21.   

'Disputar el presente para ganar el futuro' | El Independiente de Granada



Disputar el presente para ganar el futuro

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

No nos vencerán las dificultades sino nuestra propia resignación”. Willy Brandt.


La izquierda ante la tesitura del mínimo común múltiplo o el máximo común divisor


La izquierda ha mostrado una habilidad casi artesanal para discutir el perímetro exacto de sus matices mientras la derecha se caracteriza por dibujar los trazos gruesos de un mapa entero. No es un problema nuevo. Es, de hecho, un clásico de nuestra historia política: la tensión permanente entre identidad y eficacia, entre coherencia interna y capacidad de gobierno.

Resulta paradójico en la política europea, España en esto tampoco es diferente, que la izquierda debata con pasión la fórmula para la conquista de los cielos” mientras la derecha nos lleva al infierno con una claridad estratégica casi quirúrgica, orillando sus diferencias. En algunas ocasiones hasta llegar al ridículo, simbolizado recientemente por los vaivenes de la presidenta de Extremadura, que lo ha elevado a la máxima potencia cuando ha expresado que compartía “el mismo feminismo de Vox”.

No, no es que carezcan de diferencias internas, sino que han decidido que su prioridad es otra: ocupar todo el poder, todos los poderes, y consolidarlos. Y ese cemento, aunque haya que repartirlo y compartirlo, une mucho.

En el espacio progresista, en cambio, el debate identitario tiende a convertirse en debate existencial. Las diferencias programáticas, legítimas y necesarias, se sobredimensionan hasta adquirir rango de frontera moral. Y, mientras tanto, buena parte del electorado observa con una mezcla de desconcierto y fatiga.

Aquí es donde la metáfora matemática adquiere sentido. La izquierda suele operar bajo la lógica del máximo común divisor: aquello que separa, lo que define la diferencia más pura. Pero gobernar exige pensar en términos de mínimo común múltiplo: aquello que, compartido, multiplica capacidad institucional y base social. No se trató, no se trata ahora, de diluir identidades, sino de jerarquizar prioridades.

Conviene recordar un dato básico: el primer gobierno de coalición de la democracia reciente, encabezado por Pedro Sánchez, no nació de la afinidad plena, sino que fue fruto de la aritmética parlamentaria y de una voluntad política que arrancaba de la inconveniencia de la otra alternativa, (como algún despistado y/o intruso sigue defendiendo en la actualidad): dejar gobernar a la derecha ‘menos mala’, la derecha moderada y útil que anunció Feijóo cuando descabalgaron a Fra-Casado. El acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos primero, y más tarde con Sumar, como actor central del espacio a la izquierda de los socialistas, permitió articular una mayoría que ha sacado adelante reformas de gran calado: la subida sostenida del salario mínimo, la reforma laboral pactada con sindicatos y patronal, el despliegue del escudo social durante la pandemia, la revalorización de las pensiones conforme al IPC…

El balance de lo logrado y las expectativas sobre el futuro de la coalición pueden diferir pero lo relevante es que ha permitido gobernar en una línea opuesta al neoliberalismo y a la tendencia al desmantelamiento de los servicios públicos. Y, si quitamos el ruido, las voces y los bulos, no es que España no se haya roto ni se haya hundido, sino que al contrario se ha convertido en una referencia internacional, en un modelo a seguir. En términos macroeconómicos estamos, de manera objetiva, infinitamente mejor que cuando el guiñol del más tonto del trío de las Azores repetía “España va bien”.

El Partido Popular y Vox se disputan la hegemonía de la derecha pero sin hacerse daño entre ellos, sino sumando arietes desde el ámbito judicial, económico, político y mediático contra ‘el enemigo común’, contra los amigos de los herederos de ETA, los independentistas catalanes, los peligrosos bolivarianos…

No nos confundamos, allí donde los números lo permitan, las derechas van a pactar. Allí donde las diferencias incomoden, se aplazan. No porque compartan una identidad monolítica, sino porque comparten una prioridad: desplazar el eje político y consolidar una agenda conservadora que incluye recentralización competencial, privatización de los servicios públicos, revisión de políticas de memoria democrática o retrocesos en igualdad de género. El resultado no es solo aritmético: es cultural. Ellos sí que son auténticos herederos de los que dieron el golpe en el 36 y ganaron la guerra, aunque se sienten perdedores del periodo democrático más amplio que ha disfrutado España y creen que se ha ido demasiado lejos en el Estado del Bienestar y en derechos civiles y sociales.

La cuestión de fondo no es si existen diferencias estratégicas entre las fuerzas de izquierda, las hay, (y sería preocupante que no existieran), sino qué lugar ocupan en la escala de prioridades. Dicho de manera clara, lo importante ahora ya no es defender qué izquierda y pelearse por quién se queda con las esencias, sino luchar juntos, aunque no revueltos, contra el fascismo y, de nuevo le toca a la izquierda apechugar con la tarea de defender y sostener la democracia.

Ese mínimo común podría articularse en torno a tres ejes: defensa de los servicios públicos, ampliación de derechos civiles y sociales, y seguridad económica para las clases medias y trabajadoras en un contexto de transición ecológica, y modernización digital. Y convertir el derecho a la vivienda digna en el quinto pilar del Estado del Bienestar, junto a la educación, sanidad, servicios sociales y las pensiones.

No debe verse como un programa cerrado, sino como un perímetro común. Es nada más, y nada menos, lo que las bases de los partidos políticos intentan hacer cada día, partiéndose la cara, (en algún caso de manera literal), contra los que dice que “no son de derechas ni de izquierdas”, (ahora ampliado con) “yo lo que quiero es que se vaya Pedro Sánchez” o contra los ignorantes que afirman que con Franco se vivía mejor y reniegan de la democracia. Me remito al pregón de Carnaval de Cádiz que ha hecho Manu Sánchez para no extenderme en este asunto.

Tenemos que se conscientes que la ciudadanía no vota para asistir a debates internos, sino para que se gestionen sus problemas. Para frenar el avance conservador, no hay que renunciar a la pluralidad, sino ordenarla. Y entiendo que es muy difícil con tanto #tontodelbulo y tanto ‘tonto pollas’ como abunda, pero estamos obligados a no resignarnos y a dar la batalla, contra “los otros”, en el café, en el trabajo, en el comedor de casa o en la parroquia, aunque en muchos casos nos quedemos en minoría.

En definitiva, la alternativa es clara: o la izquierda construye un mínimo común que multiplique, o insiste en un máximo común que divida. En política, cuando unos suman y otros se fragmentan, el resultado rara vez es neutro. Lo han expresado Rufián (ERC) y Delgado (Más Madrid) esta semana para el ámbito de la atomizada izquierda a la izquierda del PSOE, de manera clara, y en la cumbre del movimiento Sumar. En mi opinión esta lógica política y matemática debe completarse con un pacto de no agresión y de suma estratégica, también con los socialistas, con todos los socialistas.

Ahora bien, no es solo cuestión de aritmética ni de ejercicios sociológicos. Sin diluir los proyectos ni uniformizar discursos, se trata de dar la batalla contra el enemigo común en lugar de especular con arañar votos dentro del bloque. ¿Es más relevante la competencia por el liderazgo simbólico del espacio o la consolidación de una mayoría social primero y luego parlamentaria que blinde el Estado del Bienestar? ¿Es más urgente ajustar cuentas internas o articular un relato común en defensa de la democracia social frente a la motosierra neoliberal? Pues si sabemos el qué, vamos a ver el cómo, sin pisarnos la manguera.

Porque esa es la disputa real: el modelo de sociedad futuro. De un lado, la la defensa de lo público, un Estado activo, redistributivo y garante de derechos. Del otro, la apelación a un mercado desregulado, a la reducción fiscal como dogma y a una concepción restrictiva de los derechos civiles. Y para colmo unas derechas negacionistas o retardistas de la lucha contra el cambio climático.

Si las fuerzas progresistas no son capaces de construir una arquitectura estable de cooperación, el riesgo no es únicamente perder las próximas elecciones. Es permitir que el marco conservador se convierta en sentido común. Y cuando eso ocurre, revertirlo exige décadas. Porque estos imitadores baratos de Trump y Milei no son la alternancia saludable en una democracia sino un ataque salvaje a los cimientos de nuestra sociedad y al modelo que surgió después del desastre de dos guerras mundiales libradas en el corazón de la vieja Europa.

En política, como en matemáticas, hay operaciones que suman y operaciones que dividen. La cuestión es cuál se elige cuando el resultado afecta al conjunto del país. Quizá por eso convendría recordar una obviedad que en política suele olvidarse: las mayorías no se heredan, se construyen. Y se construyen no desde la comodidad de la trinchera propia, sino desde la incomodidad productiva del acuerdo.