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miércoles, 29 de julio de 2026

Los tontos del bulo alimentan los incendios

Junto a las llamas que este año devoran miles de hectáreas en Madrid, Castilla y León o el Arco Mediterráneo, prende otro fuego mucho menos visible y bastante más difícil de extinguir: el de los charlatanes, tanto analógicos como digitales.

Hago una parada en las vacaciones para sacarle punta a "los tontos del bulo" de los incendios forestales


'Los tontos del bulo alimentan los incendios' | El Independiente de Granada

Tontos del bulo, (también) en los incendios forestales
Sacando punta
Ignacio Henares Civantos

Mientras los servicios de extinción se juegan la vida en los montes de toda España, una humareda digital tóxica se extiende por las pantallas de los móviles, tablets y ordenadores. Los bulos sobre los incendios forestales no son simples ingenuidades veraniegas, constituyen una irresponsabilidad criminal espoleada por la meteorología extrema y la pereza intelectual.

Cada verano, cuando el mapa de España se tiñe del rojo de la alerta máxima, nuestro país no solo asiste al drama del fuego en nuestros montes. Juntos a los incendios forestales, que este año están devorando miles de hectáreas en Madrid, Castilla-León o en el arco mediterráneo, brota un fuego menos visible y más difícil de extinguir: el de los charlatanes, analógicos y digitales.

La regla del triple 30 describe las condiciones ambientales para que la propagación de los incendios llegue a un peligro extremo, (temperaturas superiores a 30 °C, humedad relativa del aire inferior al 30 % y vientos superiores a 30 km/h). Lo asombroso es que estas mismas variables meteorológicas parecen operar de forma simétrica en las cabezas de los ingenieros del embuste, provocando un calentamiento cerebral severo que activa sus impulsos más irracionales.

    "La coincidencia de las condiciones ambientales de la regla del triple 30 son críticas para la propagación de los incendios forestales; lo asombroso es que esas mismas variables parecen operar en los ingenieros del embuste, provocando un calentamiento cerebral severo."

Los bulos sobre los incendios forestales buscan generar desconfianza institucional o difundir teorías conspirativas de carácter político y económico. Durante las olas de incendios de este verano, plataformas de verificación y organismos oficiales han desmentido ya numerosas narrativas falsas, y lo que nos queda (de incendios y de bulos).

El catálogo vuelve a rozar el delirio patológico. La fauna de la desinformación despliega su arsenal de teorías conspirativas para consumo de mentes perezosas. Sostienen que los montes se queman intencionadamente para instalar megaproyectos de energías renovables o abrir minas. Da igual que la Ley de Montes prohíba de forma tajante cualquier cambio de uso del suelo forestal quemado durante un plazo mínimo de treinta años. Afirman que misteriosas directrices de la Agenda 2030 prohíben limpiar el monte y que en los espacios naturales protegidos (esta falsedad me duele especialmente) no se permite ‘mover ni una piedra, ni cortar una rama’, por culpa de los ecologistas. Pero, antes contrario, lo que sostenemos desde los gestores y los científicos es que el pastoreo extensivo, la trashumancia y una gestión racional y duradera de los montes contribuyen a reducir el riesgo de incendios. La retirada de restos vegetales y el desbroce no solo están permitidos, sino que además la legislación actual exige a las comunidades autónomas contar con planes anuales para la prevención activa de incendios. Lo que ocurre es que que en determinadas épocas del año, en situaciones con alto riesgo de incendio, como el verano o durante las olas de calor, existen limitaciones que afectan a actividades con riesgo de ignición, como la realización de barbacoas, la quema de rastrojos o el uso de maquinaria que genere chispas. Se trata de medidas preventivas y temporales, no de prohibiciones absolutas.

Pero, desgraciadamente para el tonto del bulo, la realidad tangible nunca debe estropear una buena conspiración que sirva para alimentar sus propios sesgos ideológicos o sus fobias políticas.

Este año se ha elevado especialmente la temperatura del negacionismo climático. A pesar de las evidencias siguen en su narrativa de “siempre ha hecho calor en verano” y aunque la verea se acabe los tontos (del bulo) siguen adelante desconociendo o ignorando la emergencia climática. La gravedad de la situación que estamos viviendo, y el hecho de que la Comunidad de Madrid esté sufriendo uno de los incendios más grandes, está haciendo que circulen más bulos, nuevos o recurrentes, y que los tontos del bulo se hayan multiplicado tanto como la superficie calcinada.

Uno de los más virales ha sido una supuesta portada de “El País” de 24 de julio que afirma que "el Estado recorta más de la mitad de su aportación a la prevención de incendios" y compara 423 millones de euros en 2018 con 181 millones en 2016. Ni el contenido de la noticia es cierto ni esa era la portada de ese día del periódico. Es fácil comprobarlo consultando la propia hemeroteca de ese medio.  

Otros bulos con ‘éxito’ de la temporada de verano son los que muestran un vídeo de un bombero encendiendo un fuego, (imagen sacada de contexto de un fuego prescrito, una maniobra de extinción usada en el incendio de Los Gallardos), o el que se ve a una multitud de personas apagando un fuego con ramas (una imagen grabada en el norte de Argelia). Especial ‘puta gracia’ me hace el de la supuesta intervención de un avión de la Real Fuerza Aérea de Marruecos, que en realidad corresponde a una aeronave de la Sécurité Civile de Francia, (fácil comprobarlo en la rotulación lateral), que depende directamente del Ministerio del Interior francés y que fue publicado en el país vecino que también sufre las secuelas de los incendios, y de los tontos del bulo. En nuestro territorio, a través de la petición del gobierno español a la Comisión Europea, se han movilizado cuatro aviones de extinción: dos de Grecia y dos de Italia.

Entre los bulos que circulan hay también un audio de un piloto español que denuncia que los vecinos no dejan usar el agua de sus piscinas para apagar los incendios que no corresponde a los incendios de Madrid, sino que viene de un incendio en Chile, ¡en 2023!

Conviene, por tanto, hacer pedagogía frente a la manipulación y delimitar las responsabilidades con precisión. Hay que dejar claro que el cambio climático no es el causante del origen del fuego; las llamas nacen casi siempre de una chispa humana, ya sea por una negligencia agrícola, un accidente, un rayo o la mano deliberada de un incendiario. Sin embargo, el cambio climático es el culpable absoluto de que esos incendios sean hoy mucho más dañinos, veloces y destructivos. Las olas de calor más prolongadas y las sequías crónicas convierten la vegetación en polvorines listos para estallar, transformando fuegos que antes eran controlables en auténticos monstruos ingobernables de sexta generación que desafían los sistemas de extinción modernos. Y este año con el agravante de que las abundantes lluvias previas hayan incrementado el material combustible en muchos de nuestros montes.

    "El cambio climático no es el causante del origen del fuego, pero es el culpable absoluto de que los incendios sean hoy mucho más dañinos, veloces y destructivos al convertir los montes en polvorines."

Sin embargo, lo verdaderamente alarmante no es el miserable que inventa el bulo, manipula un video o crea una imagen irreal con inteligencia artificial para generar inestabilidad. Lo trágico es la inmensa legión de ciudadanos, aparentemente normales y corrientes, que comparte esa basura informativa sin pestañear. En la era de la hiperconectividad, el reenvío compulsivo en redes sociales, incluyendo los grupos familiares de WhatsApp, se ha convertido en un deporte de riesgo nacional. "Yo lo paso por si acaso", suele ser la frase-escudo. Bajo ese por si acaso se cuelan audios antiguos de otros países o imágenes descontextualizadas de hace una década. Ese por si acaso es el oxígeno, el viento racheado y el combustible seco que necesita la mentira para calcinar la verdad a la velocidad del rayo.

    "El reenvío compulsivo bajo el pretexto del 'yo lo paso por si acaso' es el oxígeno, el viento racheado y el combustible seco que necesita la mentira para calcinar la verdad a la velocidad del rayo por las pantallas."

Propagar un bulo durante una emergencia de protección civil no es una simple muestra de ingenuidad; es una irresponsabilidad de dimensiones criminales. Mientras los profesionales se juegan el pellejo a pie de llama, los difusores de falsedades saturan las redes con ruido inútil. Bloquean los canales de comunicación, confunden a la población sobre qué zonas son seguras y siembran una desconfianza institucional que debilita de forma drástica la respuesta colectiva ante la catástrofe.

Hemos sustituido el noble ejercicio de pensar por el acto mecánico de pulsar la pantalla. Hoy en día, verificar una noticia sospechosa cuesta exactamente el mismo esfuerzo físico que compartirla: un par de clics. Desmentir que una foto corresponde a un incendio actual o comprobar si una ley dice lo que un tuitero afirma es tan sencillo como abrir el navegador del teléfono y consultar las plataformas de verificación o los perfiles oficiales del 112 y la AEMET. No se requiere un doctorado; se requiere voluntad, responsabilidad y decencia.

Contrastar la información antes de darle difusión no es un lujo intelectual reservado a los académicos; es un deber ciudadano de primer orden, una obligación ética con la comunidad. Quien comparte un contenido alarmista sin verificar su procedencia se convierte en ‘cooperador necesario’ de una industria de la mentira que busca dinamitar los puentes de la convivencia.

España sufre cada año el azote de las llamas debido a factores estructurales complejos que requieren debates serios y una acción coordinada de todas las administraciones públicas. Lo que no podemos permitirnos es añadir a esa ecuación el fuego cruzado de la estupidez organizada. Ya va siendo hora de exigirnos un mínimo de higiene mental. Si no somos capaces de apagar el ventilador que esparce la infamia, terminaremos devorados por un incendio mucho peor que el forestal: el de la ignorancia consentida. Saquemos punta a la cordura antes de que los tontos del bulo nos quemen, definitivamente, el juicio social. Y recuerda que, según la Ley de Fraga, “tan tonto del bulo es el que inventa como el que propaga”.


viernes, 17 de julio de 2026

Un verano complicado

No basta con hacer llamadas a la precaución y encomendarse a las vírgenes y santos. Al gobierno andaluz se le ha echado el verano encima sin hacer los deberes en las actuaciones en prevención de incendios pero tampoco en la planificación ni en la dotación de medios necesarios para la extinción.

'Un verano complicado' | El Independiente de Granada




Un verano complicado 

Sacando Punta 

Ignacio Henares Civantos 

No basta con hacer llamadas a la precaución y encomendarse a las vírgenes y santos. El gobierno andaluz se le ha echado el verano encima sin hacer los deberes ni en actuaciones en prevención de incendios ni en la planificación y dotación de medios para la extinción. 

El presidente de la Junta de Andalucía, MpuntoBonilla, ha comparecido días atrás ante los medios de comunicación con el rostro circunspecto y esa carita de no haber roto un plato para advertirnos de que afrontamos un verano “muy duro y muy difícil”. Ha enfatizado que nos espera un “verano complicado”, por los incendios forestales, como queriendo poner el parche antes de las heridas. 

Pero lo ha hecho arrastrando ya el peso insoportable de 13 víctimas mortales sobre la mesa en el trágico incendio de Los Gallardos (Almería), que lo convierten en el más letal de la historia forestal de Andalucía. En lo que va de campaña Andalucía ya ha registrado el triple de superficie quemada que en el mismo periodo del año anterior. Ante un escenario en el que "queda mucho verano y habrá más incendios", Juanma Moreno ha trasladado parte de la responsabilidad a la sociedad civil pidiendo una cultura de autoprotección y la colaboración vecinal inmediata llamando al 112 para la detección precoz y para perseguir a los incendiarios. 

El diagnóstico oficial, el libreto argumentario que sale de la factoría mediática del gobierno andaluz, recurre a los sospechosos habituales: el desorden climático, la virulencia de los incendios de nueva generación y un invierno inusualmente lluvioso que llenó el monte de un combustible que ha pasado de pólvora de invierno a luto de verano. Pero estos argumentos son verdades a medias que funcionan como una pantalla de humo, dicho sin la menor intención humorística, dada la gravedad del tema. 

Lo que el relato gubernamental calla es que los incendios de verano se apagan en invierno, y que es precisamente ahí, en los meses de frío, donde la Junta de Andalucía ha dejado los deberes sin hacer, atrapada en sus propias contradicciones ideológicas y en la precariedad de su gestión. Culpar sistemáticamente a la crisis climática o a las negligencias ciudadanas no puede eximir de responsabilidad a las administraciones por sus acciones u omisiones. 

 Además hemos llegado a este peligroso escenario, especialmente este año, advertidos de sus consecuencias, sin haber ejecutado los presupuestos necesarios destinados a selvicultura preventiva, limpieza de cortafuegos y apoyo a la ganadería extensiva. El pasado invierno los retenes preventivos han operado bajo mínimos al 75% de su capacidad. Y además hemos llegado al verano con una reducción de la plantilla de agentes forestales de extinción del 14%, como han denunciado los sindicatos. A estas deficiencias hay que sumar otros problemas que se arrastran de campañas anteriores, como los vehículos inapropiados, falta de material y equipos de protección individual profesionales adecuados. 

A esta alarmante falta de personal y de inversión sobre el terreno se suma un caos administrativo y urbanístico colosal. La ley es clara, pero en Andalucía es papel mojado. De los 593 municipios andaluces declarados oficialmente en ‘zona de peligro’, que tienen la obligación legal de contar con un Plan Local de Emergencia por Incendios Forestales, apenas algo más de un centenar disponen de él. 

El 76% de nuestros ayuntamientos carece de esta herramienta crítica actualizada, colocándose Granada en la cabeza de esta Lista Roja con 146 municipios en peligro y menos de una decena con Planes en vigor. La peor de Andalucía. Las consecuencias que hemos visto en el incendio de la provincia de Almería pueden repetirse en otras comarcas andaluzas en las próximas semanas. Urbanizaciones e interfaces urbanas sin Planes de Autoprotección privados integrados, ausencia total de mapas de confinamiento, carencia de hidrantes operativos y, lo más grave, vías de evacuación inexistentes o ciegas. 

Las víctimas no murieron en el corazón de un bosque impenetrable; murieron atrapadas en sus coches o a pie en barrancos y caminos rurales mientras intentaban huir a ciegas de una ratonera que nadie se había molestado en planificar sobre el papel y en realizar los simulacros oportunos. 

Lo primero que tiene que hacer el gobierno andaluz es sustituir la política de escaparate con multimillonarias inversiones en macrohelicópteros ante los que se busca ‘el reel’, por inversiones reales en el medio rural, entendiendo que los incendios forestales en la actualidad están asociados al fenómeno del cambio global ya que derivan tanto de una crisis social, (abandono del medio rural), como de una crisis climática (que si bien no es el origen de la chispa sí los hace más graves e intensos, más difíciles de apagar). 

 Pero el verdadero y principal lastre que impide atajar esta emergencia no es técnico, es político. El reciente pacto de gobierno entre el PP y Vox en la Junta de Andalucía se ha convertido en el principal obstáculo para articular una respuesta decidida ante los incendios forestales con base técnica y científica. No se puede combatir con eficacia un fenómeno global cuando mantienes como socio a un partido anclado en el negacionismo del cambio climático, una fuerza política que criminaliza las normativas ambientales, que nos insulta llamándonos fanáticos climáticos y que considera la transición ecológica una agenda ideológica prescindible. 

El troyano que ha metido M.Bonilla en el gobierno andaluz y los acuerdos firmados con la ultraderecha hacen poco creíbles sus manifestaciones y ponen en evidencia las contradicciones entre los mensajes a la sociedad andaluza que hace ante los medios de comunicación el presidente de la Junta y lo que suelta, con desparpajo y desvergüenza, por su boquita el vicepresidente de Vox. No podemos permitir que la inacción invernal y los peajes ideológicos de San Telmo se cobren más vidas humanas y arriesguemos miles de hectáreas de nuestro rico patrimonio natural. 

El cambio climático no es una hipótesis de futuro, es un presente que puede acabar en muchas cenizas y montes arrasados por el fuego. Y para combatirlo hace falta menos fatalismo meteorológico y mucha más valentía política para sacar de la ecuación a quienes niegan la evidencia mientras el sur peninsular arde. 

Los incendios forestales (también) matan y no solamente a árboles y animales. Guardar silencio ante el dolor de las familias es un deber, pero guardar silencio ante las carencias operativas que exponen la vida de los trabajadores del sector y de nuestros vecinos sería una total irresponsabilidad.

viernes, 3 de julio de 2026

De verde propaganda a marrón populista

He realizado una primera evaluación del acuerdo de gobierno en Andalucía entre PP y Vox, centrado en los aspectos medioambientales, quizás el apartado en el que de manera más evidente Mpunto Bonilla se 'ha bajado los pantalones' y ha certificado la defunción de la 'vía andaluza' convertida en autovía, como en Extremadura, Aragón y Castilla-León, en autovía de dos carriles a la (ultra) derecha. 

'De verde propaganda a marrón populista' | El Independiente de Granada



miércoles, 1 de julio de 2026

Renovables SÍ, pero NO ASÍ

Al despliegue de las energías renovables en Andalucía le falta planificación y sensibilidad ambiental y le sobra especulación y oscurantismo. Las fotovoltaicas de Padul es un ejemplo paradigmático del grito que resuena en muchos rincones de nuestra tierra: "Renovables SÍ, pero NO ASÍ".

Renovables ‘SÍ’, pero ‘NO ASÍ’ | El Independiente de Granada




viernes, 19 de junio de 2026

La VAU-5, un error que puede convertirse en horror.

 Ante tanto #debatedepollas que se da en nuestra ciudad y su entorno, ahora se plantea uno verdaderamente importante y de gran trascendencia para el futuro del Área Metropolitana. Yo me he mojado al respecto y he reflejado mi posición política que, más allá del debate concreto sobre esta infraestructura viaria, nos interpela sobre la movilidad, la sostenibilidad, la salud, el medio ambiente... 

En conclusión: que no nos entretengan ni engañen con juegos de palabras. Una autovía que atraviesa la Vega de Granada no es solución a la movilidad en el Área Metropolitana.

La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror | El Independiente de Granada



La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


El necesario debate sobre la nueva autovía que atravesará la Vega de Granada, (desde el Parque Tico Medina hasta conectar con la segunda circunvalación), no es un problema (solo) de proyecto. Es un problema de modelo de movilidad, de ordenación del territorio, ambiental y de salud pública.


La Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda ha sometido a información pública el anteproyecto y el estudio de impacto ambiental de la vía de aglomeración urbana VAU-5, Esta es una vía de alta capacidad, que conectará la primera y la segunda circunvalación de Granada con una carretera de dos carriles por sentido.


Esta infraestructura viaria que sale desde la capital y atraviesa Armilla, Churriana de la Vega y Las Gabias, ha pasado a denominarse, por arte de birlibirloque, “corredor verde”. Lo hacen por la inclusión de plataformas reservadas para transporte público, carriles-bici y “abundante masa forestal”. Los términos entrecomillados y en cursiva forman parte de la propaganda con la que se nos intenta vender la moto (una amplia vía de hormigón, por mucho adorno que la rodee). Además muestran un preocupante desconocimiento del significado de estos conceptos. Si llamamos corredor verde a una autovía y se confunde plantar árboles con reforestar es que la cosa va de intento de maquillaje lingüístico... y ambiental.


Estos juegos de palabras pueden ser efectivos para enmascarar algunos de los aspectos más agresivos de la nueva carretera. Sin embargo, no pueden esconder las carencias de un proyecto que ni es metropolitano ni es sostenible, las dos condiciones iniciales básicas a las que debería responder. La movilidad sostenible no consiste en pintar de verde unos planos como para que los coches circulen con remordimientos ecológicos.


Se pretende orientar el debate público hacia el trazado y contenido del proyecto. Hay que hay que reconocer que ha mejorado su diseño inicial, aunque requeriría mitigar todavía sus graves impactos ambientales, incluidos los paisajísticos. Pero no nos engañemos: el problema no es el diseño del proyecto, ni el color de los planos. Laalternativa elegida es una vuelta de tuerca más hacia un modelo obsoleto que favorece el tráfico privado y la dependencia del automóvil. Con esta actuación nos alejamos de los parámetros de sostenibilidad, reducción de emisiones y lucha contra el cambio climático que debe inspirar toda actuación sobre la movilidad, (y la accesibilidad) en el área metropolitana.


Este proyecto es un error estratégico porque consolida un modelo que favorece el uso intensivo del transporte privado. Además, no resuelve, ni siquiera a corto plazo, los problemas que se plantean. Es bien sabido que estas vías de mayor capacidad de absorción generan, por su propia definición, más flujos de vehículos y un desplazamiento hacia otros puntos de los problemas de saturación y congestión. 


El error que subyace en ese modelo de movilidad caduco puede convertirse en este caso en un horror ya que produciría una nueva y potente fragmentación de la Vega. Además va acompañado de un modelo de ocupación del territorio, que favorece el desarrollo especulativo y que supone un ataque mortal a la Vega de Granada. La apertura de un nuevo y amplio ‘corredor’, por muy ‘verde’ que sea, provocaría procesos de degradación territorial y facilitaría futuras actuaciones urbanísticas e infraestructuras en los espacios residuales generados por estas nuevas barreras físicas.


De llevarse a cabo, la nueva carretera producirá la pérdida directa de elementos fundamentales del paisaje histórico de la Vega. Provocará la desaparición de árboles frutales y cultivos, junto a tramos del sistema tradicional de riego formado por acequias históricas, pagos, dulas y terrazas. También afectará a cortijos, secaderos y otras construcciones agrarias tradicionales.


Quiero hacer especial hincapié en la necesidad de proteger la Vega de Granada. Es un territorio mosaico de elevado valor paisajístico que destaca por sus excepcionales condiciones agrobiológicas y productivas. Además, desempeña una importante función como pulmón verde de toda el área metropolitana. Salvar la Vega de Granada no es un capricho de románticos y nostálgicos del azadón; es una urgencia de salud pública.


El futuro de la movilidad sostenible del área metropolitana, pasa por invertir el modelo, (en el sentido literal y original del término, de “dar la vuelta”), e invertir, (en este caso en asignar los presupuestos disponibles), en mejorar las líneas del metro, (inversiones millonarias que tienen como objetivo principal ‘quitar coches’), crear una red de autobuses metropolitanos eléctricos, (con frecuencias que hagan olvidar el vehículo particular) y cuidar los caminos rurales que ya tenemos, conectando nuestros pueblos con vías ciclistas y peatonales seguras. Y trabajar ya, en serio, para implantar la integración tarifaria con bonos mensuales asequibles.


No se trata de enfrentar a los que dependen de su vehículo para llegar al trabajo con los colectivos ambientales y en defensa de la Vega. Se trata de tener una visión global, con luces largas, y de valorar el patrimonio colectivo, natural y cultural que es común a toda la población. No es un problema de libertad individual de movimientos, sino de apuesta por unas mejores condiciones ambientales y de infraestructura verde para toda la población; para los de ahora y para los que vienen detrás.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Malditos roedores

A propósito de la crisis del hantavirus, saco punta hoy a otro virus del grupo de los 'sociovirus', término que me acabo de inventar, igual que es nuevo el 'rataplanismo' del presidente canario. 

También recupero otra vez el nymbismo, de origen inglés pero que aquí se cría bien también y sobre el que ya escribí hace poco más de un año (Nymbismo, otro ‘palabro’ | El Independiente de Granada). Todos estos sociovirus son como la malafollá, síndrome que pese a ser de transmisión genética, también se contagian por contacto directo e indirecto. 

'Malditos roedores' | El Independiente de Granada



Malditos roedores

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

El hantavirus ha puesto de manifiesto que nuestro país tiene instituciones fuertes y sólidas para afrontar con éxito y solvencia una grave crisis sanitaria, pero también que tenemos otros ‘sociovirus’ para los que carecemos de herramientas eficaces para combatirlos.

Hay virus que atacan los pulmones y otros que se instalan directamente en la conversación pública. A estas alturas hay ya muchas personas que (parece que) saben del hantavirus una ‘jartá’ y se atreven a intervenir en tertulias, sobremesas y redes sociales con auténtico desparpajo.

Nuestro país está gestionando exitosamente una grave y complicada crisis sanitaria como ha reconocido la Organización Mundial de la Salud y los veintitrés países implicados. Hemos demostrado que nuestros sistemas nacionales de salud y de protección civil son fuertes.

Pero seguimos padeciendo una epidemia nacional más difícil de controlar sus efectos: la del todólogo. Este personaje endémico, lo mismo te explica geopolítica de Oriente Medio, que pontifica sobre ingeniería hidráulica aprendidas en la ‘universidad de la vida’, con tanta seguridad como ausencia de base técnica y científica. Los mismos que hace tres años eran expertos vulcanólogos, hace dos disertaban sobre inflación energética y el año pasado daban lecciones de inteligencia artificial, ahora son eminentes virólogos y epidemiólogos, chatgpt mediante.

Cualquier crisis se convierte en un concurso de ocurrencias. Apenas apareció el hantavirus en los titulares, antes incluso de que los epidemiólogos terminaran de cruzar datos, ya teníamos una alineación completa de autoproclamados expertos repartidos entre televisiones, radios, canales de YouTube y bares con serrín o sin él.

Y junto al todólogo en esta ocasión ha reaparecido uno de sus primos hermanos: el nymbista patrio. Ese que dice “que se haga lo que haya que hacer, pero lejos de mi pueblo, de mi familia, de mi negocio”. Los mismos que pedían controles estrictos mientras no perjudicaran al turismo, a los festivales, a las reservas hoteleras o al chiringuito de su cuñado. En España han proliferado ciudadanos que quieren Estado fuerte para los demás y barra libre para sí mismos.

La mayoría de la población no distinguía anteayer un hantavirus de una marca de fertilizante pero, de repente, todo el mundo opinaba sobre el origen del brote, las medidas de contención o la idoneidad de los protocolos. Vaya si opinaban. La ignorancia nunca ha sido un obstáculo para hablar con solemnidad. Ahora se está convirtiendo en un requisito previo.

He escuchado estos días a dirigentes políticos ‘posicionarse’, a la contra del gobierno, (lo que es la norma y la moda), que ignoran qué es una zoonosis, que han llamado seres vivos a los virus y que desconocen qué es el ARN: ellos juegan todas sus bazas al ‘sentido común’. ¡Ah, el sentido común: ese invento nacional con el que se pretende sustituir a médicos, biólogos y expertos desde tiempos de la carabela!

Pero entre todos los números de este circo ambulante la palma se la ha llevado el presidente canario. En lugar de transmitir prudencia y coordinación institucional, ha optado por la vieja táctica del agravio territorial combinada ahora con los ataques al gobierno de Sánchez. Al incompetente Clavijo que así se llama el susodicho, no le importó negarse a autorizar un fondeo (cuestión en la que no tiene competencias dicha autonomía), porque la Inteligencia Artificial le había chivatado que podía haber ratas en el barco y podían llegar nadando a la costa. Ha inventado el ‘rataplanismo’, otra forma de negacionismo que sumar a la retahíla encabezada por los negacionistas climáticos, creacionistas y terraplanistas. Pero la IA y él la han cagado, porque las ratas no son el origen del problema, sino los ratones colilargos silvestres que viven en bosques andinos y zonas cercanas a las estepas, roedores que no destacan por sus habilidades nadadoras. La hipótesis más sólida que se baraja por los especialistas que están investigando este brote apunta, como portador del virus, a un ornitólogo holandés y su esposa que habían recorrido Chile y Argentina antes de embarcar en el MV Hondius. En el barco no se han detectado ratas, en tierra sí hay muchos malditos roedores, y buitres, y gaviotas.

De nuevo las dos Españas se han contrapuesto: de un lado los que han estado a favor del desarrollo de una compleja operación internacional para dar cobertura y atención a un grupo de seres humanos a la deriva, liderando una acción que le venía muy grande a un pequeño país como Cabo Verde, y cumpliendo con las indicaciones de las autoridades sanitarias europeas y mundiales. Del otro lado la de los que se han opuesto obstinadamente con el argumento de que había que cargarle el marrón (incluido el de los españoles que viajaban en el crucero) a otros, a Holanda por ejemplo. Que cada cual se coloque en la España que quiera, en el lado de la Historia que prefiera. Yo estoy, de nuevo, en el de la ciencia y en el de la solidaridad y el cumplimiento del deber (también internacional) de socorro.

Lo que más me fastidia es que haya tanta gente que lo pase mal cuando las cosas se hacen y salen bien y siendo tan ‘españoles y muy españoles’, no se sientan orgullosos de que su gobierno sea aplaudido mundialmente. Hay demasiadas personas que siguen instaladas en el ¡cuánto peor, mejor! en el que apostaron todo contra el rojo, para los que la verdad no importa, porque la realidad no debe estropear ni el titular ni el mantra. Siguen erre que erre en el ‘España se rompe’ y ‘España se hunde’ aunque en la actualidad no se sostienen esos axiomas y han tenido que dar un doble salto mortal al discurso del infierno fiscal y de la invasión de los inmigrantes.

Y lo verdaderamente agotador no es luchar contra el hantavirus, (la globalización y el cambio climático nos traerán más crisis sanitarias para las que hay que estar preparados), sino escuchar a personas que no soportan que exista un solo asunto sobre el que no tengan opinión contundente. La duda les parece una humillación intelectual. El “no lo sé” les provoca urticaria moral. No soportan el vacío de opinión.

En nuestro país los expertos deben justificar cada dato mientras el todólogo de turno puede inventarse cualquier barbaridad sin el menor coste social. Un epidemiólogo necesita varios estudios revisados pero un tertuliano solamente un micrófono o cualquier persona una cuenta en redes sociales.

Y aquí sí que tenemos un problema sanitario grave por lo insólito del mal que nos ha invadido. Este ‘sociovirus’ de la arrogancia que convierte la ocurrencia en doctrina y la ignorancia en identidad política, tiene un origen genético, (hay partidos políticos que lo llevan en su ADN), pero a la vez curiosamente tiene una tasa de contagio muy elevada. Todo se pega menos lo bonico” que decía mi madre.

Porque aquí se funciona con dos velocidades: la ciencia, la Medicina, los protocolos de protección civil y salud pública, avanzan despacio, (con los tiempos necesarios para realizar analíticas o esperar los tiempos de incubación), pero la verborrea viaja a velocidad de fibra óptica.

El hantavirus, remitirá. Lo otro tiene peor cura.

jueves, 7 de mayo de 2026

La ciencia expulsada del debate electoral

El insulto sustituye al argumento cuando se señala como ‘fanáticos climáticos’ a los científicos que advierten de la vulnerabilidad de Andalucía a los efectos del cambio climático. He sacado punta en mi columna en El Independiente de Granada a un aspecto del debate electoral en televisión que me ha molestado bastante que me ha impulsado a denunciar públicamente la deriva que está tomando la falta de ciencia y de consciencia de una gran parte de la sociedad. 

'La ciencia expulsada del debate electoral' | El Independiente de Granada



La ciencia expulsada del debate electoral

SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos

El insulto sustituye al argumento cuando se señala como ‘fanáticos climáticos’ a los científicos que advierten de la vulnerabilidad de Andalucía a los efectos del cambio climático.

Para los que el pasado lunes, en el debate entre los candidatos, y la candidata, a la presidencia de la Junta de Andalucía, tuvieran que soportar la demagógica intervención, trufada de bulos, del representante de Vox, no les pasaría desapercibida la repetida murga contra la que atacaba acusando, acusándonos, a los que defendemos la emergencia climática, de ser unos ‘fanáticos climáticos’.

Estas palabras describen más al que las pronuncia que a los aludidos y por mucho que se empeñe la persona designada por Abascal para Andalucía (por ahora, ya sabemos cómo se las gasta con los suyos el dirigente ultraderechista), y por mucho que se empeñe la extrema derecha con esas palabras, no puede describir la realidad, solamente puede deformarla.

Estas etiquetas, (me resisto a utilizar el anglicismo #hashtag), no nacen para explicar un fenómeno sino para intentar deslegitimarlo. Funcionan con eficacia en titulares y tertulias, en barras de bar y comentarios de ‘cuñaos’. Al no poder hacer frente a un debate racional, la extrema derecha, empoderada por la derecha extrema y esta a su vez acomplejada ante la otra, quieren convertir una preocupación basada en evidencias en una supuesta obsesión irracional. Un atajo retórico para evitar el debate de fondo. No hablar en esta campaña del cambio climático, de lo que hay que hacer, de lo que se ha hecho, (en Andalucía es más fácil hablar de lo que se ha dejado de hacer), no va a evitar sus amenazas, los efectos que está produciendo.

Dura est veritas, sed veritas est”. El cambio climático existe, es una verdad incómoda. La ciencia del clima lleva décadas acumulando datos, afinando modelos y contrastando hipótesis. No se trata de una corriente ideológica ni de una moda pasajera, sino de un cuerpo de conocimiento construido con el método más exigente que tenemos para entender el mundo. Temperaturas que suben, glaciares que retroceden, océanos que se acidifican, patrones de lluvia que cambian. No son opiniones: son mediciones. En realidad la base del activismo climático proviene de décadas de investigación en disciplinas como la climatología, la física atmosférica y la oceanografía a la que se han ido sumando otras materias que piden la emergencia climática y han ido certificando la huella que el cambio global está dejando en los ecosistemas.

El consenso científico sobre el calentamiento global es sólido. Informes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), que sintetizan miles de estudios revisados por pares, concluyen que el calentamiento observado desde el siglo XX se debe principalmente a emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Este consenso no es una ‘opinión’, sino el resultado acumulado de evidencias: mediciones de temperatura, concentraciones de CO₂, retroceso de glaciares, cambios en ecosistemas, etc. Y ni los miles de fakes news ni los centenares de tontos del bulo pueden dar la vuelta a esta realidad científicamente incontestable. Como que la Tierra es (más o menos) redonda y que venimos, metafóricamente, del mono, (más correcto sería decir que compartimos un antepasado común con chimpancés, gorilas y orangutanes).

Las derechas carecen de conciencia ecológica, esto ha sido siempre así, pero en este punto lo que están haciendo es un desprecio a uno de los grandes retos de la Humanidad por prejuicios ideológicos (y por defender a las poderosas industrias principales responsables de la emisión de gases de efecto invernadero). Y, contradiciendo a Serrat, esta verdad es triste pero (aún) tiene remedio si pensamos en las próximas elecciones teniendo muy en cuenta a las próximas generaciones.

El recurso al empleo del término “fanatismo” retrata más a quien lo utiliza que a quiénes lo recibimos. Yo no me siento ofendido, casi que a estas alturas me siento honrado que tengan que utilizar estas butades y que coloquen este tema a la par de su racismo, xenofobia y machismo. Es una forma de orientarse moralmente también.

Por lo demás es una estrategia conocida, si no puedes refutar los hechos, cuestiona la motivación de quien los expone. Si no puedes desmontar los datos, caricaturiza al mensajero. Así, quien alerta de un problema sistémico pasa a ser un exagerado; quien pide medidas, un radical; quien exige responsabilidad, un enemigo del progreso. Santiago Abascal ha ido más lejos e incluso llegó a decir aquí en Granada, (aparte de hijo de puta al presidente del gobierno), que el “fanatismo climático tiene graves consecuencias económicas y sociales y arruina a la población”.

Pero la realidad no se deja domesticar por el lenguaje. Los fenómenos extremos, olas de calor más frecuentes, incendios más intensos, sequías persistentes, no necesitan adjetivos para manifestarse. Tampoco entienden de marcos ideológicos. La ciencia es prudente al atribuir causas: no dice que cada evento concreto tenga un único origen, pero sí mide cómo el calentamiento global aumenta su probabilidad o agrava su impacto. Ese matiz, fundamental, suele desaparecer en el ruido del debate político.

Reconocer el cambio climático, conviene subrayarlo, no obliga a una única respuesta política. Ahí sí hay espacio legítimo para la discrepancia. Cómo hacer la transición energética, a qué ritmo, con qué costes y con qué prioridades sociales sí son cuestiones abiertas al debate. Pero discutir las soluciones no debería implicar negar el problema ni ridiculizar a quienes lo señalan.

El término “fanatismo climático” cumple, además, otra función menos visible: tranquiliza, anestesia, tiene un efecto placebo. Permite a quien lo pronuncia situarse en una cómoda equidistancia, como si entre la evidencia científica y su negación hubiera un punto medio razonable. Como si la moderación consistiera en no tomarse demasiado en serio los datos científicos y las evidencias. Es una forma de convertir la irresponsable inacción en aparente sensatez.

Y, sin embargo, lo verdaderamente razonable, lo verdaderamente prudente, es atender a la ciencia y sus evidencias. No por alarmismo, sino por responsabilidad. Porque las decisiones que se tomen hoy, o que se eviten, tendrán consecuencias acumulativas durante décadas. Si no enfrentamos y afrontamos ahora, ya, los perjuicios serán mayores y los costes de reparación mayores. Mirar hacia otro lado será mucho más caro que actuar a tiempo.

Quizá el problema no sea el supuesto “fanatismo” de quienes advierten del riesgo, sino la ligereza con la que se descalifica el conocimiento cuando incomoda. Quizá lo preocupante no sea el exceso de celo, sino la escasez de rigor en el debate público. Y quizá, solo quizá, haya llegado el momento de abandonar los eslóganes y enfrentarse a los hechos, aunque no encajen en el relato.

lunes, 27 de abril de 2026

Del retardismo al negacionismo

El análisis de los pactos en Extremadura y Aragón entre PP y vox se están centrando en la disparatada propuesta de la 'prioridad nacional' y ha dejado menos protagonismo a la desregulación ambiental, al negacionismo climático y otras 'rebajas' ambientales. He sacado el lápiz verde y le he 'sacado punta' en mi blog digital en 'el Inde'  y ahora lo hago en mi blog personal. 

'Del retardismo al negacionismo' | El Independiente de Granada



martes, 21 de abril de 2026

Yo soy 'woke' (y a mucha honra)

Esta semana le saco punta en mi columna en El Independiente de Granada y me declaro woke, aunque en el verdadero sentido de la palabra y no en el que ha derivado por la fachosfera y la carcundia. Lo hago sin chulería pero también sin complejos, y lo uso mas en legítima defensa que como ataque. Si me van a llamar así que se sepa qué significa y por qué lo soy.

Enlace al blog Sacando punta 👉 'Yo soy 'woke' (y a mucha honra)' | El Independiente de Granada



lunes, 6 de abril de 2026

Tontos del bulo en Semana Santa

Me he inventado la ley de Praga, tan tonto del bulo es el que crea como el que propaga y le he sacado punta a los tontos del bulo en esta Semana Santa. ¡Qué cansinos! Ni siquiera santifican las Fiestas.     

La Ley de Praga, tan tonto del bulo es el que inventa como el que propaga.

'Tontos del bulo en Semana Santa' | El Independiente de Granada




martes, 31 de marzo de 2026

No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema

Sigo "sacando punta" desde mi columna, ya en precampaña. Yo también me apunto a "el que haga hacer que pueda" pero desde otra perspectiva a la que exhortaba Jose Mari el que quería engañarnos con lo de las armas nucleares en otra guerra ilegal como la que sufrimos actualmente. 

'No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema' | El Independiente de Granada


No se frena a la extrema derecha votando a la derecha extrema

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

Ya tenemos fecha para las elecciones autonómicas andaluzas, un poco más precipitadas de lo que se apuntaba, probablemente, entre otras razones, por el temor del presidente del gobierno andaluz a que a partir de ahora sólo le cabe ir empeorando.

La estrategia, ideada e impuesta por los gurús de Génova, de celebrar elecciones anticipadas en varias regiones para desgastar a Pedro Sánchez y sacudirse la dependencia de Vox, ha resultado en gran parte fallida. Tanto en Extremadura como en Aragón y Castilla-León, la extrema derecha ha mejorado sus posiciones con respecto a la derecha extrema y los barones del PP han errado en el objetivo principal perseguido.

En este panorama ha resurgido un argumento que ya benefició al PP andaluz en las pasadas elecciones cuando se comió todo el voto de centro, buena parte provenía de sectores conservadores, pero también arañó en un espacio sociológico andaluz que históricamente ha sido reacio a la derecha, por su comportamiento histórico en nuestra tierra, antes y después, de la conquista de la autonomía, y en parte también por los agravios comparativos y abandonos de los gobiernos de Aznar y Rajoy.

Hace cuatro años funcionó un ‘peligroso’ argumento al que ahora vuelven a recurrir: votar al Partido Popular es necesario para frenar a Vox. Una consigna que podría sonar razonable en la superficie, ‘un mal menor’, dicen algunos, pero que en realidad funciona como la mejor herramienta de consolidación de la extrema derecha en el gobierno andaluz y, por extensión, en España. Recordemos que el cordón sanitario se rompió aquí en Andalucía con el pacto, nunca bien explicado con Ciudadanos y Vox, con el que el PP quedó desvirgado, la ultraderecha blanqueada y empezó la cuenta atrás de la desaparición de los naranjitos.

Desde que irrumpieron los parlamentos autonómicos con un discurso abiertamente reaccionario, el Partido Popular ha pasado de fingir distancia ideológica a normalizar la colaboración con Santiago Abascal y los suyos. Hoy, incluso las diferencias programáticas son tan finas que cuesta distinguir dónde termina la derecha ¿moderada? y donde empieza la extrema derecha. Lo que antes se consideraba una línea roja, pactar con un partido que cuestiona derechos básicos, niega la violencia machista o el cambio climático, hoy es la base de las negociaciones de gobierno en media España.

Recientemente Alberto Núñez Feijóo ha dado luz verde a una estrategia de acuerdos con Vox “donde sea necesario” para alcanzar el poder, abandonando cualquier pretensión de aislamiento político. Lo que se presenta como un pragmatismo electoral ha terminado por diluir la frontera entre conservadurismo y extremismo. El propio líder, (por ahora) del PP sabe que su mayoría, tanto autonómica como nacional, depende en última instancia de quienes pretenden suplantar la Constitución por un programa de pureza moral y nacionalista.

El proceso se ha acelerado. Se han intensificado las negociaciones en las comunidades autónomas pendientes de formar gobierno y pretenden cerrar acuerdos antes de que la campaña andaluza entre en su fase decisiva. Vox, por pura táctica electoral, no quiere que se perciba su posición como de bloqueo. Su líder ya ha dejado claro que no volverá a conformarse con un papel de apoyo externo, exigiendo formar parte de los gobiernos autonómicos para “demostrar utilidad política”.

Paradójicamente esa aceleración de los pactos para el PP puede representar más que un síntoma de fuerza, una muestra de debilidad. Feijóo y Juanma Moreno necesitan a Vox tanto como Vox los necesita a ellos. A ambos les interesa más la foto de la “derecha unida, jamás será vencida” como trampolín hacia Sevilla y de tapón para otra alternativa. Ambos partidos forman parte de un ecosistema político en el que las diferencias se diluyen bajo una fórmula de poder compartido. Pero cuando el PP gobierna con Vox, la agenda política deja de ser la del centro reformista del que presumen para convertirse en el vehículo de las ideas ultraconservadoras que decían querer frenar.

Andalucía de nuevo se va a convertir en terreno de experimentos políticos a escala nacional como ocurrió en 2018. Desde entonces, Juanma Moreno ha ido cultivando meticulosamente una imagen de aparente moderación: pose serena, declaraciones conciliadoras, apelación constante al sentido común y ahora, (a falta de una buena gestión que echarse a la boca), con el discurso de la estabilidad y “que no haya líos”.

Hasta ahora la extrema derecha no ha necesitado ocupar consejerías para influir: su presencia en el debate público ha bastado para marcar la agenda. Si ahora el PP obtiene un resultado ajustado y necesita nuevamente su apoyo, ese margen de influencia se convertirá en poder ejecutivo real. Si el PP necesita su respaldo, la cesión será explícita: vicepresidencias, consejerías, control mediático y la legitimación institucional de un partido que niega los cimientos democráticos básicos del pacto constitucional. Un troyano en la Junta de Andalucía que la acabará destruyendo; quizás sea la justificación que necesita el PP para continuar su programa de desmantelamiento de los servicios públicos, mediante la re-centralización y la externalización.

Es en este marco político en el que se plantea el dilema de la tesis del voto útil que ya se repite en tertulias, columnas y campañas, abonadas a la consigna “el que pueda hacer que haga”. Ahora nos bombardearán con el mantra de “si la izquierda está débil y dividida y el miedo a la ultraderecha crece, lo prudente es votar al PP para evitar que Vox entre en el gobierno”. Pero esa lógica olvida que el PP ya ha asumido de facto gran parte de su programa. Cuando se derogan leyes de memoria democrática, se aprueban discursos sobre inmigración descontrolada o ideología de género, no hace falta que Vox gobierne: ya gobierna a través del PP.

El propio Juanma Moreno lo ha reconocido en más de una ocasión. En su intento de diferenciarse de Madrid, donde Ayuso hace gala de la confrontación ideológica, el presidente andaluz ha optado por una estrategia de asimilación silenciosa. No grita las tesis de Vox, las susurra, como hace a las vacas. Pero el resultado es el mismo: una normalización del discurso ultraconservador bajo el barniz de cortesía institucional.

El riesgo, por tanto, no es que Vox entre en el gobierno andaluz, sino que el propio PP se ha convertido en el vehículo eficiente de su ideario, legitimándolo con el voto de quienes creen estar votando estabilidad. Si algo demuestra la política española de los últimos años, es que la frontera entre el pragmatismo y la complacencia con el extremismo se cruza mucho antes de lo que parece.

Nuestra respuesta no puede ser la resignación. Ni sucumbir al falso voto útil para frenar a la ultraderecha, ni la abstención por pasividad, ni mucho menos la banalización del discurso ultra, resolverán el problema. La única vía para frenar la normalización de la extrema derecha es reconstruir una alternativa democrática de verdad: un proyecto progresista y plural que no compita en el terreno moral del miedo, sino en el de la justicia social, la igualdad y la defensa de los servicios públicos.

Necesitamos un liderazgo político potente, capaz, solvente, experimentado, capaz de sostener los principios de un nuevo y verdadero andalucismo, que confíe en el autogobierno y que deje de relamerse en los supuestos agravios comparativos. En Andalucía, donde conviven historia, orgullo y heridas, ceder el gobierno a quienes niegan la memoria y la diversidad sería volver atrás. Debemos liderar, otra vez, desde el sur, la reconfiguración del mapa de competencias y de financiación autonómica a partir del “ni más, ni menos” que otras regiones y nacionalidades.

La decisión, libre, soberana, responsable, de votar no es un ejercicio técnico sino una apuesta moral y ética. Cada papeleta dibuja una línea de futuro, y apostar por ese mal menor, puede ser ahora renunciar al mejor posible. Quien vote al PP pensando que así frena a Vox, en realidad lo fortalece. El verdadero freno a Vox no está en apoyar a su socio, sino en construir una mayoría progresista que no dependa de él.

Ahora que conozco a María Jesús Montero más de cerca, que la he visto trabajar, dirigir el PSOE-A, que estoy escuchando sus propuestas y sus apuestas de futuro defendiendo los servicios públicos con ‘ardor guerrero’, estoy mucho más convencido que es la persona que puede representar esa pulsión de cambio que está germinando en muchos sectores sociales que llevan años lamentándose de que vamos a peor pero no habían visto hasta ahora la posibilidad de darle la vuelta a las encuestas.

He leído en algún sitio que podemos explicar esta tesitura con el ejemplo de los Hermanos Calatrava. No vayamos otra vez a, huyendo del ‘feo/feo, caer en manos del otro hermano; si bien aparentemente era más serio, mejor presentado y cantaba algo mejor, no era guapo, sino un poco menos feo: Pero sobre todo, hay que tener en cuenta que los dos iban en el mismo paquete humorístico y formaban un dúo inseparable con un reparto de papeles y un apoyo mutuo.