He
participado los días 7 al 9 de noviembre en el II Encuentro
Internacional de Educación Ambiental celebrado en Bogotá, la
capital de Colombia. Recibí la invitación a participar en este
evento organizado por la Dirección
de Cultura Ambiental y Servicio al Ciudadano,
de la Corporación Autónoma
Regional de Cundinamarca, (cuyo
sugerente lema institucional es “Protección Ambiental,responsabilidad
de todos”),gracias
a la mediación de mi amigo Juan Carlos García de los Reyes, que
había propuesto a los organizadores mi nombre. Él y su ciudad
comprometida han tenido la ocasión de 'predicar' por aquellas lides
y me consta que es una persona influyente.
La
Primera Edición, celebrada el año pasado, tuvo como título
“Perspectivas de la relación ser humano/naturaleza”y todo su
contenido está incluido en este documento.
Esta
segunda edición se ha desarrollado bajo el
título de “Miradas
Políticas de la Educación Ambiental”y de acuerdo con los organizadores encuadré mi charla en la parte de
presentaciones institucionales, abordando la experiencia de la
gestión del parque nacional y natural de Sierra Nevada en esta
materia, aunque 'trufada' de reflexiones acumuladas sobre la
educación ambiental en toda mi carrera profesional y algunos apuntes
sobre los retos del futuro de la EA en las Áreas Protegidas en
los que ya había trabajado para el movimiento #EA26, un encuentro
mensual virtual, de una hora, en twitter, de educadores ambientales.Y
también tomé algunas ideas prestadas de mi amiga MariLuz Díaz,
ella sí que sabe de #EducaciónAmbiental, mi última protagonista de
las entrevistas en el periódico Granada Hoy que he realizado bajo el
epígrafe “Sierra Nevada, Paisaje y Paisanaje”. Puedes leer el reportaje aquí.
En
realidad mi intervención fue una 'intromisión' desde el campo de la
gestión de espacios naturales protegidos y desde 'Occidente' que me
permitió aportar un punto de vista complementario a los interesantes
debates desarrollados durante el Encuentro. Como expresé a los más
de 300 inscritos en el Encuentro al iniciar mi presentación, no fui
a contarles una 'experiencia modélica' sino un modelo de
experiencia, y aunque hice referencia a las ‘sombras’, puse el
acento en ejemplos de buenas prácticas, en equipamientos,
actividades, programas y campañas de educación ambiental que hemos
desarrollado en Sierra Nevada que han tenido ‘éxito’ y que
pueden ser útiles y extrapolables a otros lugares.
El
'abstract' de mi ponencia, titulada “Educación
Ambiental en Áreas Protegidas, el caso de la Reserva de la Biosfera
de Sierra Nevada (España)”,
es el siguiente:
La
Educación Ambiental debe ser una parte importante de la gestión de
las Áreas Protegidas y debe implicar al conjunto del personal, desde
el propio equipo directivo a la 'guardería', desde el Área de Uso
Público a los técnicos de conservación de flora y fauna e
ingenieros forestales.
En
el siglo XXI la Educación Ambiental en Áreas Protegidas se plantea
tres
nuevos
retos:
*
De
Espacios Protegidos a Espacios Protectores:reorientar
el valor de los espacios naturales como fuente de bienes y servicios
ecosistémicos más que como reservas de biodiversidad.
*
Reforzar
su papel como instrumento
para la participación de la población en la gobernanza
de las
Áreas Protegidas.
*
Adaptar
para conservar.Trasladar
a la ciudadanía el papel de los
espacios naturales protegidos como
observatorios
del
proceso de cambio global y como
laboratorios
de ensayo de una gestión
adaptativa, que
contribuyen a la acción contra el cambio climático, fomentando una
actitud activa responsable frente a la emergencia climática.
La
Reserva de la Biosfera de Sierra Nevada, formada
por un Parque Nacional y un Parque Natural, con una gestión
integrada de sus diferentes figuras de protección, cuenta
con un Plan
Sectorial de Uso Público, que
tiene entre sus líneas de actuación la
“Educación
ambiental,
interpretación. comunicación e información, para sensibilizar,
concienciar y dar a conocer los valores del espacio protegido a los
visitantes y población en general”. Para
desarrollar esta tarea cuenta con una serie de equipamientos (aulas
de naturaleza, jardines botánicos, centros de visitantes y puntos de
información)
y de programas de
educación ambiental 'formal' pero se considera que esta es una tarea
transversal al conjunto de la gestión que debe impregnar todas las
áreas. La
lucha contra el cambio climático se ha convertido en los últimos
años en uno de los ejes vertebradores de la gestión de este Área
Protegida.
Como introducción a Sierra Nevada como espacio natural protegido aproveché dos pequeños vídeos que muestran algunas claves del 'éxito' de nuestro parque nacional y natural, nuestro trabajo en alianza con los científicos en el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada...
... y nuestra asociación con otras instituciones y la iniciativa privada en torno a la Carta Europea de Turismo Sostenible.
Una
parte importante de mi charla, como es obvio, la dediqué a contar
cosas que hacemos de educación ambiental en Sierra Nevada pero la
idea más importante que quise subrayar es la de que la educación
ambiental “No
se enseña, se contagia”
y que aunque esta tarea
está liderada por el Área de Uso Público, implica a todo el
personal del Parque Nacional y Natural, incluyendo a 'mis' técnicos
del Área de Conservación y a 'mis' agentes de medio ambiente y
celadores forestales, y
al propio equipo directivo, dada
su importancia y trascendencia para la gestión de este espacio
natural protegido. Nuestros guías e intérpretes de la naturaleza
desarrollan su trabajo de manera diversificada, desde
actividades
realizadas en las aulas
con charlas, talleres, debates, hasta una interpretación
teatralizada con representantes de la fauna y flora de Sierra Nevada,
o disfrazándose
de
personajes que viven en la Sierra (pastores, neveros, cazadores,
manzanilleros, senderistas…), hasta convertirse en trovadores o
viajeros románticos contando historias y leyendas; estas
y muchas ideas más son llevadas a cabo por el
Área de Uso Público con
el objetivo de que los
destinatarios de estas actividades aprendan
la importancia de la conservación de los espacios naturales
protegidos, el valor de la biodiversidad y los múltiples bienes y
servicios que aportan nuestros espacios naturales para la salud y el
bienestar de nuestra sociedad.
A
modo de conclusiones cerré mi intervención con dos ideas:
La
educación ambiental (como la poesía) es un arma cargada de futuro.
El futuro de nuestros espacios naturales protegidos dependerá en
gran medida de la Educación Ambiental, especialmente de la población
que vive en las áreas de influencia socioeconómica de los espacios
naturales protegidos, de nuestros parques nacionales y naturales, y
deberá basarse en el siempre difícil, pero necesario, equilibrio
entre la conservación de nuestra biodiversidad, de nuestro
patrimonio natural y cultural y el desarrollo de los territorios que
los albergan. Una amenaza pende (¿de nuevo o no se ha ido nunca?)
sobre las áreas protegidas -véase el caso más dramático de la
Amazonía- para inclinar la balanza en la que no se tiene en cuenta
la sostenibilidad (económica, ambiental, social y cultural),
sostenibilidad sincrónica y diacrónica, en el espacio y en el
tiempo. Sólo una sociedad formada, responsable y consciente puede
ponerle freno a la miopía cortoplacista. La EDUCACIÓN AMBIENTAL,
todo en mayúsculas, es nuestra herramienta para levantarnos en pie
de paz, porque aquí también podemos afirmar que “no hemos
heredado la Tierra (nuestros espacios naturales protegidos) de
nuestros padres, (de nuestros
abuelos), los tenemos prestados de nuestros hijos (de
nuestros nietos)”.
Parques
para Educar, Educar para los Parques. Podemos concluir
finalmente que los Parques Nacionales y Parques Naturales, las Áreas
Protegidas son una oportunidad, un recurso privilegiado para la
Educación, sin apellidos y con mayúscula, y en especial para la
educación ambiental y a la vez hay que dirigir la Educación, y en
concreto la Educación Ambiental (en el sentido estricto que señalaba
al principio de esta comunicación, hacia la conservación de
nuestras áreas protegidas y de nuestro patrimonio natural en
general, por lo que estamos condenados a reforzar los lazos entre la
educación, formal y no formal, y los Parques y todos los agentes
sociales y económicos que intervienen en su gestión implicando en
la gobernanza muy especialmente a la población local.
Aún
en un lugar con tanta biodiversidad y riqueza natural como es
Colombia, pude presumir de nuestra Sierra, de su patrimonio natural y
cultural, desde el principio de mi charla con dos fotos 'otoñales'
de Luis Ordóñez, de la 'Estrella de los Senderos' y del 'Bosque
Encantado'...
... hasta el final con una panorámica de un atardecer en las cumbres, cuyo autor es Ernesto Sofos, que me permitía 'colocar' a Federico García Lorca y a Granada en mi despedida.
La
última jornada del Encuentro fue destinada a conocer ‘experiencias
exitosas’ (léase esitossas). Entre las cinco opciones propuestas,
todas muy atractivas, elegí conocer la Hacienda 5ta SaRoCo, situada
en Silvania en el paraje Agua Bonita. Allí se desarrolla “un
‘negocio’ verde ecoturístico y de producción
agro-ecológica y manufactura más limpia alineada con los ODS+17. Su
misión se basa en 3 principios: permacultura,
autosostenibilidad y soberanía alimentaria, con una visión clara a
2 objetivos: desarrollo de economías de mercado local y conservación
de la cuenca protectora del Río LaVictoria. Interesados en recuperar saberes ancestrales
y revalorizar el patrimonio cultural material e inmaterial del
territorio con productos limpios y servicios socio ambientalmente
responsables”.
Aparte
de permitirme acercarme al bosque nubloso andino y a los policutivos
de la baja montaña, la
visita
fue un broche de oro a
las Jornadas y un ejemplo de gestión ambiental integrada muy
interesante del que podéis saber un poco más en este pequeño
vídeo:
Como
suele ser habitual en mí, me traje del viaje, del Encuentro, mucho más de lo que aporté,
aprendí mucho más de lo poco que pude enseñar, y además pude
tomarle el pulso a la vida de un país que me resultaba casi
desconocido hasta ese momento y al que ahora prestaré más atención
indudablemente por la fascinación que me ha producido y por el
momento de tensión que vive, como toda América Latina, como todo el
Planeta. NOTA: También me dio tiempo a dar una vuelta por el centro de la capital, una subida a Monserrate y algunos 'tragos' pero eso lo dejo para otra entrada.
Como en el chiste, este año me ha tocado un “viaje atunes” pero yo sí he sabido que hacer con “tanto pescado”.
He vuelto por tercera vez a este cercano, y desconocido para la inmensa mayoría de mi entorno, país del norte de África. Es curioso este desconocimiento o la imagen tan alejada de la realidad que tiene mucha gente con la que he comentado estos días mi lugar de vacaciones. En realidad yo tampoco conozco mucho ya que sólo he estado en unos cuantos lugares tunecinos, aunque en algunos de ellos (Cartago, Tunis capital, Sidi Bou Said) he estado ya en tres ocasiones: en 1995, hace cuatro años y ahora.
Pero en esta ocasión, sobre todo, ha sido un destino para disfrutar del sol, de playa y de piscina, para leer, para comer bien, desconectar del día a día y, muy especialmente, para pasar todo el tiempo con MA y con mis hijos pequeños, Ignacio, (que ha disfrutado de su segundo veraneo enormemente trasnochando y comiendo de todo) y Ángeles, (que ya lo cuenta ella en su propio blog personal).
Jazmine Hammamet, donde hemos estado, es un destino para turismo europeo que ha cumplido con nuestras exigencias y expectativas en cuanto a calidad, seguridad y oportunidades de ocio y de excursiones, un poco diezmadas en esta ocasión por la edad de Ignacio jr. que nos ha limitado un poco la “movilidad” e impedido la posibilidad de pasar una noche en un oasis en el desierto y ver anochecer y amanecer rodeados de arena como me hubiera gustado. Dejamos también para otras ocasiones otros lugares de la costa (para cuando tenga el yate) y del interior tunecino que he descubierto y que me han interesado mucho como un gran anfiteatro romano en el que hay un festival internacional de música, o la mezquita de Kairouan, una de las más grandes y antiguas del continente africano.
Para no dar demasiada envidia evitaré contar muchas historias y diré que en el vuelo Madrid/Túnez perdimos un bolso maleta, que habíamos comprado en nuestro viaje a China y al que teníamos un cariño especial, cargado con todo el calzado de MA y de los niños, el botiquín de emergencias, mis gafas de bucear y algunas otras cosillas. No ha aparecido todavía ni ya es probable que vuelva porque pienso que esta vez no fue culpa de la compañía aérea, sino de alguna otra de las "compañías" del vuelo, que se adelantaron en la cinta de recogida de equipajes ya que fuimos los últimos en salir del control policial y cuando llegamos ya había desaparecido casi todo el mundo y quedaban sólo unas cuantas maletas girando. Y además tampoco fue todo bien porque jugando al fútbol en la playa me lastimé un dedo y todavía tengo molestias.
A la vuelta de Túnez y antes de volver al trabajo en mi (lo utilizo en sentido afectivo, no posesivo) parque nacional y parque natural, he pasado unos días de nuevo en este maravilloso e inmenso espacio natural protegido. En esta ocasión nos hemos instalado en las Cuevas del Tío Tobas, en el área de Influencia Socioeconómica de Sierra Nevada, establecimiento pionero en nuestro proyecto de la Carta Europea de Turismo Sostenible. Desde allí teníamos a tiro de piedra (con una buena honda), el Picón de Jerez con los últimos y únicos neveros en el nacimiento del río Alhorí, la Dehesa del Camarate y toda la comarca del Marquesado del zenete. Pero lo mejor ha sido disfrutar de este ingenio constructivo desde el punto de vista bioclimático que nos ha hecho taparnos con mantas en estas, todavía calurosas, últimas noches de verano.
Así que he terminado las vacaciones (por ahora) cómo y dónde las empecé: en Sierra Nevada este admirado y admirable espacio natural al que vuelvo ahora a trabajar en su conservación y/o desarrollo sostenible. Un trabajo que me gusta y en un lugar que me encanta: “un trabajo por todo lo alto”.