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martes, 27 de mayo de 2025

Premios In Memoriam de Hermelindo Castro


En la Ejecutiva Regional del PSOE-A a la que me incorporé tras el pasado congreso (de joven promesa a vieja gloria) celebrado en Granada, en mi Granada, hemos creado unos Premios de Medio Ambiente, impulsados desde el Área de Transición Ecológica Justa y Cambio Climático, que toman el nombre de Hermelindo Castro, que fue mi amigo, compañero, jefe, maestro... y sobre todo un ejemplo de compromiso con la conservación de la naturaleza y de gestión ambiental. 

Melo, como lo conocíamos, falleció en el verano de 2023 y su figura es reconocida, dentro y fuera del Partido como un ejemplo de trabajo en la interfaz ciencia-gestión y de la enorme productividad para el medio ambiente cuando hay una estrecha implicación entre la 'Academia' y la Administración. Igualmente a lo largo de toda su trayectoria política y profesional trabajó por el equilibrio entre la conservación y el desarrollo (sostenible por supuesto) y por la participación ciudadana en la gestión ambiental. 

Con esta referencia los socialistas andaluces nos proponemos asumir el reto de liderar la transición ecológica justa y la descarbonización de  nuestra economía apoyada en la transición energética, la economía circular y  la restauración de la naturaleza. Desde la conquista de la autonomía andaluza, el PSOE-A ha colocado el medio ambiente en el centro de su agenda liderando políticas pioneras en ordenación del territorio, conservación de la naturaleza, materia forestal, aguas... Gobiernos socialistas andaluces lograron sacar a nuestra tierra del subdesarrollo y conducirla hacia modelos de desarrollo sostenible en los que se buscaba compatibilizar el crecimiento socioeconómico con la conservación de nuestro rico patrimonio natural y cultural, configurando la red de espacios naturales protegidos más rica y extensa de Europa. 

Nos toca ahora, re-conectar con una mayoría social de progreso para afrontar este reto. Podemos, sabemos y queremos volver a situar a Andalucía al frente de políticas ambientales avanzadas. 

Los Premios y Distinciones ‘Hermelindo Castro’ son una creación del taller de cerámica artesanal Sal de Coco, fundado por María José Guzmán y Rafael Molina que suponen un homenaje a la persona que da nombre a los premios y que se caracterizó por la promoción y defensa del Parque Natural Cabo de Gata. 


Las Distinciones Provinciales tienen una medida de 25 cm de diámetro y escenifican con delicado relieve el paisaje del Cabo de Gata. En el centro de la composición se representa la silueta del Pico del Fraile, en Los Escullos, con sus características ‘jorobas’. En la zona del cielo, tres flamencos sobrevuelan el horizonte, simbolizando la biodiversidad ornitológica del entorno (‘Melo’ hizo su tesis doctoral sobre aves de las salinas del Cabo de Gata). En la tierra árida, se alza un azufaifo, especie botánica singular del lugar. Finalmente, en la parte inferior, incluye el nombre de Hermelindo Castro. 
















Los Premios Regionales consisten en unos torreones de 40 cm de alto y entre 15 y 17 cm de ancho y relatan la misma escena que los platos añadiendo además las singularidades de estas características fortificaciones. 

Todas las piezas han sido realizadas a mano, están numeradas, y en su elaboración se ha utilizado gres de alta temperatura para garantizar calidad y durabilidad.

Os dejo aquí lo que he escrito para recordar quién fue Hermelindo Castro.

Un gran docente, un magnífico gestor y un enamorado de la naturaleza y la biodiversidad de Andalucía”

Hermelindo Castro Nogueira nació en Compostela en 1949 aunque la mayor parte de su vida ha estado ligada a Andalucía adónde llegó como profesor de bachillerato impartiendo docencia de Ciencias Naturales primero en el Instituto de El Ejido y luego en el Alhadra, en Almería. Posteriormente, como catedrático de bachillerato estuvo en el ‘Celia Viñas’ de la capital almeriense.

Más tarde se doctoró en Ciencias Biológicas y fue Profesor Titular de Ecología en el Departamento de Biología y Geología de la Universidad de Almería, coordinado la emergente Titulación de Ciencias Ambientales en esta universidad. A pesar de sus múltiples tareas, se convirtió en un gran especialista en ecología aplicada y biología de la conservación, dejando constancia de su conocimiento de la biodiversidad de Andalucía, a través de los más de veinte libros publicados en colaboración con otros investigadores sobre aspectos naturales andaluces y sus ecosistemas representativos, los numerosos artículos de divulgación científica y los diferentes proyectos de gestión y conservación de los recursos naturales que dirigió.

Se afilió al PSOE en los años 80, pero siempre anduvo en los Grupos de Trabajo, organizaciones sectoriales o círculos asociados a los temas ambientales dentro del Partido, siendo una referencia entre los conocidos como “los sandías”, rojos y verdes, antes de que el medio ambiente tuviera el reconocimiento actual en el ideario socialista, especialmente a partir del 40 Congreso Federal.

Coautor del estudio Guía de la Naturaleza de Cabo de Gata, su encuentro con el paisaje almeriense supuso su compromiso con la naturaleza de la provincia de Almería siendo clave en la declaración del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar en 1987, anticipándose a la Ley del inventario de espacios naturales de Andalucía que se promulgó en julio de 1989. Preocupación y ocupación por este singular espacio natural marítimo-terrestre que le acompañó ya para siempre desde cualquier responsabilidad de las que ejerció, incluida la presidencia de su Junta Rectora durante varios años. Su implicación y tenacidad contribuyeron a que la UNESCO reconociera al Cabo de Gata como Reserva de la Biosfera y Geoparque Mundial, poniendo de relieve su geología, biodiversidad y paisajes exclusivos.

Aunque nunca dejó su militancia ambiental de base tuvo una dilatada trayectoria institucional que empezó siendo el primer director de la Agencia de Medio Ambiente y luego delegado provincial de Almería cuando se creó la Consejería de Medio Ambiente. Su buen hacer le llevó a Sevilla a la Dirección General de la Red de Espacios Naturales Protegidos de Andalucía y luego a la Dirección del Instituto del Agua de Andalucía.

Pero desafiando el dicho, aunque se fue a Sevilla, no perdió su silla, al contrario,Melo’, como casi todo el mundo le conocía, regresó a Almería con un importante proyecto innovador, la creación del Centro Andaluz de Evaluación y Seguimiento del Cambio Global, del que fue su director desde 2008 hasta 2020, centro que en 2024 tomó su nombre. Bajo su liderazgo el CAESCG creó un nuevo contexto donde científicos, gestores ambientales, educadores y stakeholders trabajan juntos para gestionar los sistemas socio-ecológicos bajo el paradigma del desarrollo sostenible. Aunque gran parte del trabajo de este Centro de Investigación se ha centrado en la mitigación y adaptación al cambio climático, la perspectiva que aplica ha sido más amplia, atendiendo no sólo a los desequilibrios generados por el cambio climático, sino también al conjunto de cambios ambientales que se derivan de las actividades humanas sobre el planeta y que determinan el funcionamiento del sistema Tierra, lo que se conoce como cambio global.

Podemos destacar en su curriculum vitae también que fue presidente de Europarc-España, la federación que agrupa a parques nacionales y parques naturales de nuestro país, entre los años 2008 y 2012. Uno de los mayores reconocimientos oficiales fue la concesión en 2019 del Premio Constitución por su compromiso esencial con la conservación del medio ambiente tal y como consagra nuestra Carta Magna en su artículo 45. En 2023, poco antes de su fallecimiento recibió una de banderas por el Día de Andalucía, como reconocimiento a toda su trayectoria académica y política y su compromiso inquebrantable con la defensa de la Naturaleza.

Hermelindo Castro desarrolló siempre una gran capacidad de diálogo y de concertación que hizo que Almería fuese la primera provincia en conmemorar el Día Mundial del Medio Ambiente, alertando ya de del calentamiento del planeta. Siempre planteó que para afrontar esta problemática no bastaba con las evidencias científicas y con la voluntad política, sino que exigía exige también una gran concienciación ciudadana por lo que practicaba una gran cercanía con asociaciones ecologistas y asociaciones de vecinos.

Melo era naturalista, amable, humilde a pesar de su erudición, un hombre bueno en el sentido machadiano del término, gran amigo de sus amigos (muchos), que como uno de ellos dijo “era una persona excepcional que tenía una gran capacidad para enfocarse en el lado bueno de la vida”.

En su epitafio podíamos colocar uno de sus deseos expresados públicamente: “queel siglo XXI sea definitivo en la reconciliación del hombre con los procesos ecológicos esenciales del planeta”. Que así sea.


jueves, 27 de marzo de 2025

No tenemos un PLANeta B.

Me he estrenado en mi nueva 'carga' como secretario de Acción Climática y Transición Energética de la Comisión Ejecutiva Regional del PSOE-A con la celebración del Día Mundial del Clima este 26 de marzo. Hemos impulsado un Manifiesto y hemos realizado varias acciones en redes sociales. Entre los diversos medios que han recogido mis declaraciones está 'mi Inde'. 

El PSOE-A "reafirma su compromiso" contra el cambio climático y rechaza "un negacionismo que no hará que desaparezca" | El Independiente de Granada







 






En la previa he publicado un artículo de esos que gustan tanto a mis amigos como 'pinchan' a mis contrarios que he titulado fanatismo climático que me ha servido para 'contextualizar el marco en el que se celebra esta efemérides que surgió en la Convención del Cambio Climático de la ONU allá por el año 1992. 



'Fanatismo climático' | El Independiente de Granada


Fanatismo climático’

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


En la semana en la que se celebra el Día Mundial del Clima nuestro columnista ambiental de cabecera nos facilita un argumentario para desmontar el fanatismo de los negacionistas climáticos.


No soy fanático, ni del clima ni de nada, ni siquiera del Barça mi equipo preferido, ni de ningún cantante o grupo musical, incluidos mis admirados Ceronoventayuno o Niños Mutantes. Pero como buen woke, tengo que asumir ser considerado así por los fanáticos, estos sí verdaderos y literalmente, negacionistas del cambio climático.


Pero me confieso woke en el sentido literal del término (=despierto), no en el despectivo que conservadores y ultraconservadores lo utilizan. Por eso me veo en la obligación ética de intentar despertar a los adormilados que se dejan llevar por lo que ahora peta/mola, por los que se han empoderado con el ascenso de la extrema derecha y el triunfo de Donald Trump, ridiculizando y haciendo chistes con el cambio climático, y sacando pecho cada vez más envalentonados.


Una sucesión de borrascas y una ‘deslumbrante’ capa de nieve a estas alturas de la temporada, bien venidas sean, les sirven para darle brillo al argumentario negacionista, confundiendo de nuevo tiempo (atmosférico) y clima. La osadía ha llegado a tal punto que en Valencia, sufridores de la bestial DANA del 29 de octubre del año pasado, (una consecuencia del cambio climático, según los científicos), han pactado PP y VOX incluyendo algunos puntos en el acuerdo presupuestario que lo niegan y que dan oxígeno a Carlos Mazón, el del Ventorro, y que han sido denominados como Pacto de la Vergüenza por este y otros motivos.


Fanatismo climático es lo que se vivió en la internacional fascista reunida en Madrid en la que se escucharon burradas como que “en lugar de restaurar la naturaleza lo que hay que hacer es dominarla”, que eructó el portavoz de VOX. Esta idea de la dominación es consustancial a la extrema derecha que se extiende al objetivo de dominar a las personas. Con estas proclamas están intentando (y consiguiendo en muchas ocasiones y ámbitos) arrinconar o acomplejar a las personas que usamos y nos apoyamos en la ciencia como primera aproximación a la interpretación de lo que ocurre a nuestro alrededor.


En este alarde de exabruptos ha llegado a manifestar Santiago matamoros II que “el fanatismo climático mata”. ¡Qué manera de darle la vuelta a la tortilla! Porque es la contaminación la que mata verdaderamente y es el negacionismo climático el cómplice de las muertes que ocasiona y de las que ocasionará de ahora en adelante. Aunque la palma se la lleva Donald Trump cuando se proclama como abanderado del sentido común. Manda huevos que el más loco de los dirigentes mundiales, (y mira que está la cosa competida), utilice expresiones como “fanatismo climático” y “excesos ecologistas” para referirse a las advertencias del mundo científico sobre la crisis climática. La motosierra del chapa argentino de las patillas y el taladro del crazy yanki del pelo naranja convertidas en las herramientas para construir un nuevo mundo…


Los científicos nos llevan advirtiendo desde hace mucho tiempo que, si no frenamos el ascenso de la temperatura media del planeta, la seguridad alimentaria e hídrica estarán cada vez más comprometidas. Unas amenazas que vienen acompañadas de otros fenómenos como la fusión de la nieve de los Polos y el calentamiento (y aumento del nivel) del mar, pandemias o conflictos, que afectarán a las especies y a los ecosistemas más vulnerables pero que sobre todo afectará a millones de personas en el mundo y al bienestar de la inmensa mayoría de la población.


Es curioso como muchas personas, incluidos unos pocos científicos, habitualmente fuera de su campo de estudio, se atreven a cuestionar o a desprestigiar los informes del IPCC, Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, el organismo de las Naciones Unidas para evaluar la ciencia relacionada con el cambio climático; más curiosidad, si cabe, me despierta el silencio con el que una parte de los científicos asiste a este debate. Advierto mucha pasividad e incluso resignación a los ataques que se hacen a sus estudios o el desprecio e ignorancia del conocimiento atesorado y de las respuestas que aportan las ciencias (utilizo aquí el plural más comprensivo e inclusivo) a los problemas del mundo actual.


Lástima que estos conservadores en contra de todo lo que signifique progreso social hayan perdido la ocasión de abanderar una causa de la conservación de algo tan preciso y tan precioso como es la naturaleza. Y si además de conservadores son católicos se han debido quedar en lo de crecer y multiplicaos porque no tienen miedo a acabar con la obra del Creador.


Pero lo verdaderamente sorprendente es que se manejen con cuatro argumentos banales que no resisten el más mínimo debate. Yo estoy muy entrenado, he asistido a muchos debates sobre el cambio global y climático desde hace más de 20 años. Entonces costaba más trabajo desmontar sus fáciles y burdas consignas, era más difícil defender y entender los cambios que ya estaban ocurriendo pero, sobre todo, los que iban a venir; pero en la actualidad solo hay que tener un poco de memoria, abrir los ojos y ver las evidencias.


Suelen comenzar su relato los negacionistas afirmando que "los humanos no pueden influir en el clima global" pero lo cierto es que las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de actividades humanas han alterado el equilibrio climático. La quema de combustibles fósiles y la deforestación han aumentado la concentración de CO2 y metano en la atmósfera.


Uno de los argumentos de los negacionistas es que “el clima siempre ha cambiado, esto es natural”, ignorando o encubriendo -aquí se da la ignorancia y el cinismo a partes iguales- la magnitud y la velocidad del cambio climático actual sin precedentes en la historia geológica reciente. Valga como ejemplo que los 5 últimos años han sido los más cálidos desde que hay registros oficiales y que la concentración de CO2 en la atmósfera es la más alta de los últimos 800.000 años. Para defenderse suelen atacar al mensajero afirmando que “los modelos climáticos no son fiables”. Pero la verdad es la verdad, la diga Agamenon o su porquero y estos modelos climáticos no solo han predicho con precisión los patrones de temperatura y los eventos climáticos extremos como las olas de calor y los incrementos significativos en frecuencia e intensidad de estos eventos en todo el mundo, sino que en algunos casos incluso se están superando esas predicciones.


Más ridículo es el argumento esgrimido de que “no hay consenso científico" cuando el 97% de los científicos especializados en el estudio del clima están de acuerdo en que el cambio climático es real y de origen antropogénico. Y no es sólo el IPCC al que atacan e intentan desprestigiar como un organismo ‘politizado’ sino también la NASA, (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio), la NOAA, (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica), y en nuestro país la AEMET, las que respaldan esta posición con investigaciones exhaustivas. Si llegamos a este punto del debate nos atacarán diciendo que “ la acción climática es demasiado costosa”, a lo que es fácil contrarrestar explicando que lo que verdaderamente nos está costando mucho es los daños por desastres naturales y la pérdida de biodiversidad por no actuar. Y cuanto más tardemos en reaccionar más caro nos saldrá. Un dato que les suele abrumar y descolocar es referirse a los 70.000 millones de dólares causados por el huracán Sandy en USA, a los que podemos sumar los más de 3.000 millones que ha costado por ahora la DANA en la Comunidad Valenciana.


Los que estén acostumbrados a los postulados de los fanáticos climáticos, los auténticos, caerán en que cuando se sienten acorralados saltarán por el asunto de que “las energías renovables son insuficientes”. Curiosamente las ‘factorías’ que fabrican los argumentarios negacionistas, y los bulos, están financiadas por los lobbys asociados a los combustibles fósiles, pero no pueden negar que las tecnologías de energías renovables han avanzado significativamente y pueden satisfacer ya gran parte de nuestras necesidades energéticas. España llegó el año pasado al 53% de la producción total de la matriz energética y alcanzará un 56% de energía renovable en 2025, liderada por la eólica con un 23% y seguida de cerca por la energía solar fotovoltaica. Nuestro país puede alcanzar el objetivo de alcanzar el 81% de energías renovables para 2030.


Cuando ninguno de estos argumentos funciona se pone en marcha la maquinaria para retrasar o aplazar las necesarias acciones con diferentes tácticas: desviar responsabilidades (el problema lo causa China, y las grandes empresas que conduce a la actitud de que no podemos hacer nada individualmente); confiar ciegamente en la tecnología que nos salvará aunque a veces se caiga en soluciones ridículas como la propuesta de capturar los gases de los tubos de escape; enfocarse en los aspectos negativos de la acción climática como cuando se dice que abandonar los combustibles fósiles aumentará los precios o rendirse al fatalismo: no merece la pena esforzarse, si nos vamos a morir todos al final” (curioso paralelismo con lo expresado por Isabel Díaz Ayuso en relación con los 7.291 fallecidos en las residencias de mayores de Madrid durante el covid).


Aunque hay una amplia mayoría de la población en España que rechaza a los fanáticos negacionistas climáticos, muchas personas se preguntarán, pero entonces ¿por qué hay tanta gente aún que se cree a los negacionistas? ¿por qué tienen tanto éxito sus incosistentes postulados? La respuesta no es fácil ni simple, pero en la actualidad sabemos que hay algunas causas psicológicas tras el negacionismo climático porque sus mensajes caen en un terreno abonado y sus mensajes se aprovechan de ello y se aplican de igual manera a otras creencias, como los terraplanistas o los seguidores de otras teorías conspiranoicas.


Hasta ahora una de las ventajas principales con las que contaban era que había una distancia en el tiempo en el que se percibirían los peores efectos del cambio climático, lo que lo convertía en algo complejo y abstracto. Pero les cuesta trabajo rechazar algo que ya está aquí.


Muchos mensajes fatalistas han conducido a ver el cambio climático como algo inevitable, muy complicado y caro abordarlo, y ya sabemos que el paso entre el catastrofismo y la anestesia es muy estrecho. Pero lo más significativo es que se produce una identidad cultural y política con las personas que niegan el cambio climático, (o contra las personas que lo defendemos), a las que muchas personas se aferran para evitar el conflicto con sus referentes.


Finalmente parece que pesa mucho lo que se conoce como disonancia cognitiva que funcionaría como una resistencia a los cambios culturales, de modelo de vida y de consumo que requeriría tomar conciencia del problema, vértigos al cambio que muchas personas resuelven negándolo o metiendo la cabeza en el agujero.


Sobre estas bases psicológicas se apoyan las fuerzas políticas que alientan y sustentan, de manera irresponsable y con gran cinismo en muchas ocasiones, que han hecho del discurso negacionista uno de sus principales argumentos que aderezados con el antifeminismo, el racismo y la xenofobia han hecho un cóctel explosivo que alimenta la idea de que el enemigo es otra persona un poco más débil y pobre y acumulan ya legiones de seguidores fanáticos que con cuatro ideas prestadas, varias noticias falsas y unos cuantos videos manipulados se manejan con la seguridad y el atrevimiento que les da la ignorancia.


No es exclusiva de nuestro país esta deriva de la ultraderecha lo curioso es que en el nuestro hayan comprado los principios y argumentos la ‘derecha moderada. Cuando llegó Feijóo el PP pasó del escepticismo de MpuntoRajoy y su primo al retardismo en su discurso de investidura fallida. En el único momento en el que podemos decir que presentó un (amago de) proyecto político, expresó aquello de “transición ecológica sí, dictadura activista en ningún caso”. Y ahora el líder del PP da un paso más, hacia atrás, avalando el acuerdo con el partido de Abascal y oponiéndose al Pacto Verde Europeo, una iniciativa liderada por Ursula Von der Leyen y apoyada por sus homólogos del Partido Popular Europeo. ¡Estamos aviados!