
Volvía de mi programa de radio por la tarde y una señora a
la altura de la Caleta, preguntó a uno de los “monitores” contratados para dar
información y asesoramiento a los usuarios del macrobús, que dónde se cogía el
autobús de Atarfe. El ¿informador? consultó a su vez al conductor y ninguno
supo dar respuesta a la señora y sólo acertaron a decir que “más adelante”,
tras lo cual continuaron su conversación. La señora, que iba apresurada por la
hora que tenía que regresar a su pueblo y cargada con un par de bultos, montó
en el autobús y llegó hasta el final de la LAC en Villarejo donde ante el
silencio y menosprecio del conductor e informador tuvo que ir remontando hasta
encontrar su parada preguntando a la gente que encontraba.
Ya sé señora Telesfora Ruiz que con
el tiempo la gente irá aprendiendo itinerarios, paradas, mejores combinaciones
y supongo que todo este follón montado está hecho con buena intención, pero la
anécdota refleja dos de los grandes problemas del arranque de esta remodelación del transporte de autobuses urbanos, que no sé si
se superarán en el futuro o se complicarán más en el mes de septiembre con “la
vuelta al cole”, a la normalidad del MAL funcionamiento del tráfico en la
ciudad de Granada.
El primer gran error
estratégico es que la LAC no se ha pensado con una visión metropolitana, un
error político que no sólo se manifiesta en las cuestiones de movilidad y
accesibilidad, (ay, si la concejala de Movilidad supiera la diferencia entre
estos conceptos cuánto habríamos adelantado), sino que es un mal de todo el
gobierno municipal en esta última década. Difícilmente podremos abordar el
transporte público y la movilidad en general si no somos conscientes de que
Granada funciona como una ciudad metropolitana en la que entran y salen a
diario, en los dos sentidos, miles y miles de personas y que la solución tiene
que estar pensada en esa clave supramunicipal. El desprecio y el
despreocupación expresados por los trabajadores hacia la señora es el mismo
desaire y prepotencia con que desde el ayuntamiento de Granada se ha tratado a
otros municipios y a otras administraciones con competencias concurrentes.
El otro gran error estriba en
la improvisación y en la ausencia de una verdadera y efectiva campaña
informativa dirigida a los usuarios.Es cierto que hay una completa información en la web municipal donde se puede encontrar abundante y buena información pero no es menos cierto que la realidad es que los ciudadanos, por ahora, suspenden la puesta en marcha del nuevo servicio de manera rotunda y que los comentarios (véase para muestra un botón en una web de turismo de Granada), son muy negativos y señalan múltiples errores y carencias.


Lo que si es de juzgado de guardia y debieran los
ciudadanos tomar nota de cara a próximas convocatorias electorales es que se
adopten medidas de este tamaño y consecuencias para la vida cotidiana sin
haberlas propuesto en ningún programa electoral, sin haberlas dialogado y
madurado con el debate ciudadano. ¿Para qué están las campañas electorales
entonces?; ¿para qué sirven o debieran servir los debates electorales?
El caso es que, peso a lo que sostienen desde el ayuntamiento, podría
haberse hecho de otra forma y hay otras formas de resolver la movilidad de
Granada pero eso lo dejo para otro día aunque como todo buen secreto lo tengo
bien guardado: por escrito, en este mismo blog y en un artículo en un periódico.
A buscar.