lunes, 23 de febrero de 2026

Hoy publico un artículo de (mi) opinión al debate en la izquierda (las izquierdas) para ganar a las derechas (la derecha). La cita de W. Brandt, ", y la entradilla, la izquierda ante la tesitura del mínimo común múltiplo o el máximo común divisor, resumen mi visión.

Hemos utilizado el título del encuentro celebrado en Madrid la semana pasada que ha servido de acicate, provocación, animación y empuje de este necesario debate que luego ha tenido continuidad con el acto del nuevo Sumar, junto con Izquierda Unida, Más Madrid y los Comuns celebrado el pasado sábado 21.   

'Disputar el presente para ganar el futuro' | El Independiente de Granada



Disputar el presente para ganar el futuro

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

No nos vencerán las dificultades sino nuestra propia resignación”. Willy Brandt.


La izquierda ante la tesitura del mínimo común múltiplo o el máximo común divisor


La izquierda ha mostrado una habilidad casi artesanal para discutir el perímetro exacto de sus matices mientras la derecha se caracteriza por dibujar los trazos gruesos de un mapa entero. No es un problema nuevo. Es, de hecho, un clásico de nuestra historia política: la tensión permanente entre identidad y eficacia, entre coherencia interna y capacidad de gobierno.

Resulta paradójico en la política europea, España en esto tampoco es diferente, que la izquierda debata con pasión la fórmula para la conquista de los cielos” mientras la derecha nos lleva al infierno con una claridad estratégica casi quirúrgica, orillando sus diferencias. En algunas ocasiones hasta llegar al ridículo, simbolizado recientemente por los vaivenes de la presidenta de Extremadura, que lo ha elevado a la máxima potencia cuando ha expresado que compartía “el mismo feminismo de Vox”.

No, no es que carezcan de diferencias internas, sino que han decidido que su prioridad es otra: ocupar todo el poder, todos los poderes, y consolidarlos. Y ese cemento, aunque haya que repartirlo y compartirlo, une mucho.

En el espacio progresista, en cambio, el debate identitario tiende a convertirse en debate existencial. Las diferencias programáticas, legítimas y necesarias, se sobredimensionan hasta adquirir rango de frontera moral. Y, mientras tanto, buena parte del electorado observa con una mezcla de desconcierto y fatiga.

Aquí es donde la metáfora matemática adquiere sentido. La izquierda suele operar bajo la lógica del máximo común divisor: aquello que separa, lo que define la diferencia más pura. Pero gobernar exige pensar en términos de mínimo común múltiplo: aquello que, compartido, multiplica capacidad institucional y base social. No se trató, no se trata ahora, de diluir identidades, sino de jerarquizar prioridades.

Conviene recordar un dato básico: el primer gobierno de coalición de la democracia reciente, encabezado por Pedro Sánchez, no nació de la afinidad plena, sino que fue fruto de la aritmética parlamentaria y de una voluntad política que arrancaba de la inconveniencia de la otra alternativa, (como algún despistado y/o intruso sigue defendiendo en la actualidad): dejar gobernar a la derecha ‘menos mala’, la derecha moderada y útil que anunció Feijóo cuando descabalgaron a Fra-Casado. El acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos primero, y más tarde con Sumar, como actor central del espacio a la izquierda de los socialistas, permitió articular una mayoría que ha sacado adelante reformas de gran calado: la subida sostenida del salario mínimo, la reforma laboral pactada con sindicatos y patronal, el despliegue del escudo social durante la pandemia, la revalorización de las pensiones conforme al IPC…

El balance de lo logrado y las expectativas sobre el futuro de la coalición pueden diferir pero lo relevante es que ha permitido gobernar en una línea opuesta al neoliberalismo y a la tendencia al desmantelamiento de los servicios públicos. Y, si quitamos el ruido, las voces y los bulos, no es que España no se haya roto ni se haya hundido, sino que al contrario se ha convertido en una referencia internacional, en un modelo a seguir. En términos macroeconómicos estamos, de manera objetiva, infinitamente mejor que cuando el guiñol del más tonto del trío de las Azores repetía “España va bien”.

El Partido Popular y Vox se disputan la hegemonía de la derecha pero sin hacerse daño entre ellos, sino sumando arietes desde el ámbito judicial, económico, político y mediático contra ‘el enemigo común’, contra los amigos de los herederos de ETA, los independentistas catalanes, los peligrosos bolivarianos…

No nos confundamos, allí donde los números lo permitan, las derechas van a pactar. Allí donde las diferencias incomoden, se aplazan. No porque compartan una identidad monolítica, sino porque comparten una prioridad: desplazar el eje político y consolidar una agenda conservadora que incluye recentralización competencial, privatización de los servicios públicos, revisión de políticas de memoria democrática o retrocesos en igualdad de género. El resultado no es solo aritmético: es cultural. Ellos sí que son auténticos herederos de los que dieron el golpe en el 36 y ganaron la guerra, aunque se sienten perdedores del periodo democrático más amplio que ha disfrutado España y creen que se ha ido demasiado lejos en el Estado del Bienestar y en derechos civiles y sociales.

La cuestión de fondo no es si existen diferencias estratégicas entre las fuerzas de izquierda, las hay, (y sería preocupante que no existieran), sino qué lugar ocupan en la escala de prioridades. Dicho de manera clara, lo importante ahora ya no es defender qué izquierda y pelearse por quién se queda con las esencias, sino luchar juntos, aunque no revueltos, contra el fascismo y, de nuevo le toca a la izquierda apechugar con la tarea de defender y sostener la democracia.

Ese mínimo común podría articularse en torno a tres ejes: defensa de los servicios públicos, ampliación de derechos civiles y sociales, y seguridad económica para las clases medias y trabajadoras en un contexto de transición ecológica, y modernización digital. Y convertir el derecho a la vivienda digna en el quinto pilar del Estado del Bienestar, junto a la educación, sanidad, servicios sociales y las pensiones.

No debe verse como un programa cerrado, sino como un perímetro común. Es nada más, y nada menos, lo que las bases de los partidos políticos intentan hacer cada día, partiéndose la cara, (en algún caso de manera literal), contra los que dice que “no son de derechas ni de izquierdas”, (ahora ampliado con) “yo lo que quiero es que se vaya Pedro Sánchez” o contra los ignorantes que afirman que con Franco se vivía mejor y reniegan de la democracia. Me remito al pregón de Carnaval de Cádiz que ha hecho Manu Sánchez para no extenderme en este asunto.

Tenemos que se conscientes que la ciudadanía no vota para asistir a debates internos, sino para que se gestionen sus problemas. Para frenar el avance conservador, no hay que renunciar a la pluralidad, sino ordenarla. Y entiendo que es muy difícil con tanto #tontodelbulo y tanto ‘tonto pollas’ como abunda, pero estamos obligados a no resignarnos y a dar la batalla, contra “los otros”, en el café, en el trabajo, en el comedor de casa o en la parroquia, aunque en muchos casos nos quedemos en minoría.

En definitiva, la alternativa es clara: o la izquierda construye un mínimo común que multiplique, o insiste en un máximo común que divida. En política, cuando unos suman y otros se fragmentan, el resultado rara vez es neutro. Lo han expresado Rufián (ERC) y Delgado (Más Madrid) esta semana para el ámbito de la atomizada izquierda a la izquierda del PSOE, de manera clara, y en la cumbre del movimiento Sumar. En mi opinión esta lógica política y matemática debe completarse con un pacto de no agresión y de suma estratégica, también con los socialistas, con todos los socialistas.

Ahora bien, no es solo cuestión de aritmética ni de ejercicios sociológicos. Sin diluir los proyectos ni uniformizar discursos, se trata de dar la batalla contra el enemigo común en lugar de especular con arañar votos dentro del bloque. ¿Es más relevante la competencia por el liderazgo simbólico del espacio o la consolidación de una mayoría social primero y luego parlamentaria que blinde el Estado del Bienestar? ¿Es más urgente ajustar cuentas internas o articular un relato común en defensa de la democracia social frente a la motosierra neoliberal? Pues si sabemos el qué, vamos a ver el cómo, sin pisarnos la manguera.

Porque esa es la disputa real: el modelo de sociedad futuro. De un lado, la la defensa de lo público, un Estado activo, redistributivo y garante de derechos. Del otro, la apelación a un mercado desregulado, a la reducción fiscal como dogma y a una concepción restrictiva de los derechos civiles. Y para colmo unas derechas negacionistas o retardistas de la lucha contra el cambio climático.

Si las fuerzas progresistas no son capaces de construir una arquitectura estable de cooperación, el riesgo no es únicamente perder las próximas elecciones. Es permitir que el marco conservador se convierta en sentido común. Y cuando eso ocurre, revertirlo exige décadas. Porque estos imitadores baratos de Trump y Milei no son la alternancia saludable en una democracia sino un ataque salvaje a los cimientos de nuestra sociedad y al modelo que surgió después del desastre de dos guerras mundiales libradas en el corazón de la vieja Europa.

En política, como en matemáticas, hay operaciones que suman y operaciones que dividen. La cuestión es cuál se elige cuando el resultado afecta al conjunto del país. Quizá por eso convendría recordar una obviedad que en política suele olvidarse: las mayorías no se heredan, se construyen. Y se construyen no desde la comodidad de la trinchera propia, sino desde la incomodidad productiva del acuerdo.


sábado, 21 de febrero de 2026

Corvina, el gigante plateado

 De nuevo mi sección "La mar de biodiversidad" en Granada Hoy hace honor al apelativo con el que la conocen en la redacción: "la página de los peces". En esta ocasión cuento cosas, espero que interesantes sobre la corvina, un pez que puede superar los 2 metros de longitud, que 'habla' bajo el agua y tiene un alto valor culinario. 

Enlace a la edición digital:

Corvina, el gigante plateado


Y así quedó la versión en el periódico en papel el sábado.







domingo, 8 de febrero de 2026

Más pegado que una lapa gigante

 Puntualmente a la cita con la Mar de Biodiversidad en Granada Hoy.

Más pegado que una lapa gigante

Y el sábado la edición, más reducida en papel. 


Y aquí la versión original completa, sin filtros y sin retoques:

Más pegado que una lapa gigante

La Mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos

  • La lapa gigante es, junto a la nacra, el invertebrado marino más amenazado del Mediterráneo.

  • La recolección intensiva y la transformación del litoral, redujeron sus poblaciones hasta reducirlas a pequeños núcleos aislados.


    Patella ferruginea. web: litoraldegranada.ugr.es


Pegada a la roca, donde el mar golpea y el sol abrasa, vive una de las especies más antiguas y amenazadas del Mediterráneo. La lapa gigante (Patella ferruginea), es uno de los invertebrados marinos más escasos de Europa y, sin duda, uno de los más emblemáticos. Algunos ejemplares superan los 10 centímetros de longitud, lo que la convierte en la mayor lapa mediterránea. En la actualidad sobrevive en pequeños enclaves del mar de Alborán como testigo de un litoral que casi hemos perdido. Su historia es la de un molusco discreto, pero también la de un mar que lucha por conservar su memoria biológica.

Este raro molusco gasterópodo es un bioindicador de parajes bien conservados y tiene un papel ecológico único en las costas rocosas, simbolizando, quizá más que ninguna otra especie, los desafíos de la conservación marina en nuestra región.

Morfología: diseñada para resistir

La lapa gigante es un prodigio de adaptación al intermareal rocoso, la franja de costa que queda alternativamente sumergida y expuesta, un entorno extremo donde pocas especies pueden prosperar. Allí soporta insolación, desecación, golpes de mar y cambios bruscos de salinidad.

Cuando sube la marea, se activa, desplazándose lentamente para raspar microalgas y biofilm con su rádula, una lengua dentada que actúa como una lima biológica. Al bajar el agua, regresa con precisión milimétrica a su punto de reposo, una pequeña cavidad excavada en la roca que encaja con su concha como una huella dactilar.

    Concha de lapa gigante, vista ventral y dorsal. Wikipedia


A primera vista puede pasar como una simple protuberancia más sobre la roca, inmóvil, casi mineral. Pero basta acercarse y observar con atención para descubrir una concha poderosa, maciza, excepcionalmente gruesa, reforzada por fuertes costillas radiales que disipan la energía de las olas. Exteriormente adopta colores pardos, anaranjados o herrumbrosos, por dentro exhibe un color blanco nacarado. Esta concha no solo protege: actúa como escudo térmico, barrera contra depredadores y herramienta de sellado para conservar la humedad.

Bajo ella se oculta un pie musculoso capaz de generar fuerzas de adhesión enormes. Cuando la lapa se fija a la roca, resulta casi imposible despegarla sin romperla. Esa sujeción le permite sobrevivir a temporales que barren por completo su hábitat.

Lejos de ser un simple habitante pasivo, la lapa gigante es una ingeniera del ecosistema: regula el crecimiento de algas, mantiene superficies limpias y contribuye al equilibrio de las comunidades intermareales.



        Patella ferruginea. Diputación de Málaga



Del pasado abundante al presente fragmentado

En tiempos prehistóricos, esta lapa era abundante en el Mediterráneo occidental: sus restos aparecen en numerosos concheros neolíticos, lo que indica que ya era explotada por los primeros habitantes humanos del litoral. Durante siglos formó parte del paisaje habitual de las costas mediterráneas. Pero a partir del siglo XIX su declive se aceleró. La recolección intensiva, unida al crecimiento urbano, la construcción de puertos y la transformación del litoral, redujeron sus poblaciones hasta convertirlas en pequeños núcleos aislados.

Hoy en día, su distribución conocida es relicta y fragmentada: persiste en unas pocas áreas del norte de África (desde el estrecho de Gibraltar hasta Túnez), algunas costas de España (incluyendo Granada, Málaga y Almería), poblaciones en Córcega y Cerdeña, y en islotes del Mediterráneo central.

Las amenazas que la cercan

El retroceso de Patella ferruginea responde a una combinación de factores principalmente de carácter antrópico:

  • Recolección histórica (para consumo alimentario, como cebo e incluso para coleccionismo), que redujo drásticamente su distribución y abundancia. El furtivismo, incluso ocasional, tiene un impacto enorme debido a la baja densidad actual de las poblaciones.

  • Fragmentación, pérdida y artificialización del hábitat, con puertos, espigones y paseos marítimos sustituyendo al litoral rocoso natural, quizás sea la causa principal que además rompe la continuidad espacial que la especie necesita.

  • Presión recreativa sin control, especialmente en zonas accesibles durante mareas bajas, que perjudica la reproducción natural.

  • Contaminación del agua y otras alteraciones ambientales, propias de un mar rodeado de grandes focos urbanos y navegación intensa.

A estas causas hay que sumar los condicionantes biológicos propios de estos organismos tales como baja fecundidad, dispersión larvaria limitada o la dependencia de poblaciones densas para una reproducción eficaz.

Cada una de estas amenazas actúa como una muesca más en una especie que ya se encuentra al límite.

    La lapa gigante es una especie en peligro de extinción. Consejería de Medio Ambiente

Proteger a la lapa gigante: medidas y estrategias

La lapa gigante está protegida por múltiples marcos legales internacionales y europeos, incluida la Directiva de Hábitats de la Unión Europea y los convenios de Berna y Barcelona, que obligan a su protección estricta.

Está incluida en los listados y catálogos de fauna silvestre amenazada, español y andaluz, como “en peligro crítico de extinción” y en el Libro Rojo de Invertebrados de Andalucía como “en peligro de extinción”, lo que significa que su estatus se asemeja al de especies como el lince ibérico o el águila imperial. Su captura, manipulación o destrucción está prohibida.

España aprobó en 2008 una Estrategia de Conservación de Patella ferruginea, actualizada en 2023, con el objetivo de orientar políticas y acciones técnicas para recuperar a la especie y reducir el riesgo de extinción. Esta estrategia define medidas clave como:

  • Seguimiento científico de poblaciones, con censos regulares.

  • Identificación de zonas críticas y sensibles para priorizar protección.

  • Evaluación y mitigación del impacto ambiental de obras costeras o actividades recreativas.

  • Investigación sobre biología y dinámica poblacional mortalidad no natural, para comprender mejor las amenazas actuales y proteger los enclaves productores.

Parientes cercanos: un árbol familiar numeroso

Las lapas pertenecen al Filo de los moluscos, el grupo más numeroso y diverso de invertebrados marinos, (casi la cuarta parte de las especies). Se incluyen dentro de la Clase de los gasterópodos que abarcan desde los conocidos caracoles con concha hasta las coloridas babosas de mar sin ella. Su nombre proviene del griego (gastro = estómago + podo = pie), ya que poseen un pie musculoso en posición ventral que utilizan para reptar.

Patella ferruginea pertenece al grupo de las conocidas como lapas verdaderas, consideradas uno de los linajes más antiguos de gasterópodos actuales. Su diseño corporal, concha simple, no enrollada, ausencia de opérculo, y pie musculoso, es el resultado de millones de años de evolución adaptada al oleaje.

Dentro del género Patella se agrupan especies muy comunes en nuestras costas, como P. rustica, que ocupa niveles más altos del intermareal, o P. caerulea, muy común en zonas más bajas. Sin embargo, P. ferruginea representa una línea evolutiva singular, endémica del Mediterráneo occidental y hoy confinada a parajes muy concretos. La lapa gigante se diferencia de ellas por su mayor tamaño, concha más robusta y distribución extremadamente restringida

Es, en cierto modo, una reliquia viviente de un litoral más salvaje. Los estudios genéticos confirman que es una especie bien delimitada, con escasa conectividad entre poblaciones. Esta falta de intercambio biológico la hace única… y especialmente vulnerable.

    Patella rustica, P ferruginea y P. caerulea. Tomado web: litoraldegranada.ugr.es



Un futuro en nuestras manos

El caso de la lapa gigante no es solo una historia de declive, sino también de resistencia biológica y de esfuerzos coordinados de conservación. Aunque sus poblaciones son escasas y fragmentadas, aún hay indicios de reproducción y reclutamiento en ciertos enclaves, lo que sugiere que, con el apoyo correcto, es posible mantener o incluso reforzar estos reductos.

La clave está en una combinación de políticas públicas sólidas, investigación científica permanente y, muy importante, una ciudadanía bien informada y comprometida. Cada vez que evitamos recolectar una lapa, que no perturbamos un acantilado o que respetamos zonas protegidas, contribuimos a su supervivencia.

Porque en las rocas del Mar de Alborán, esa lapa gigante que a simple vista puede pasar desapercibida, guarda el relato de un mar que queremos preservar: biodiverso, resiliente y lleno de vida. Y su futuro dependerá, en gran medida, de nuestra propia voluntad de protegerlo.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Regularizar para humanizar: justicia social frente al bulo y la hipocresía.

 'Regularizar para humanizar: justicia social frente al bulo y la hipocresía' | El Independiente de Granada

Arranco la semana como un apóstol intruso, escribiendo una carta, de buena fe, a los cristianos de buena fe. No quiero que, cuando dentro de un tiempo nos avergoncemos de cómo hemos tratado a otras personas, me recriminen mis hijos o mis nietos que yo qué opinaba.

Perdonad la homilía. 


Regularizar para humanizar:

justicia social frente al bulo y la hipocresía



SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos



Carta abierta a los CRISTIANOS,

de buena fe, sobre la inmigración



El debate público sobre el Real Decreto sobre inmigración aprobado por el gobierno para iniciar el proceso de regularización de personas migrantes en situación administrativa irregular”, se está viendo contaminado por bulos, miedos interesados y discursos que deshumanizan. Frente a este ruido, conviene recuperar una mirada serena, informada y profundamente humana. Hay que recordar que esta propuesta política parte de una Iniciativa Legislativa Popular presentada en el Congreso de los Diputados y respaldada por cientos de miles de firmas y por una amplia red de organizaciones sociales, sindicales, eclesiales y académicas. Desde mi punto de vista y de mi manera de entender nuestra sociedad, es una propuesta jurídicamente viable, socialmente necesaria y moralmente inaplazable.

Defenderla, desde un humanismo cristiano, no es una concesión al ‘buenismo’, como algunos pretenden caricaturizar. Es, ante todo, una exigencia ética profundamente arraigada en la Doctrina Social de la Iglesia y coherente con la defensa de los principios básicos de nuestro Estado Social y Democrático de Derecho consagrados en nuestra Carta Magna.

Vivimos momentos en los que algunos se empeñan en meter a la Iglesia en la esfera pública, y la propia jerarquía eclesiástica se mete en política, (incluso el presidente de la Conferencia Episcopal se ha atrevido a pedir elecciones generales anticipadas). Momentos en los que, ante la tragedia de un desgraciado accidente ferroviario, nos han impuesto un funeral religioso público, en directo, urbi et orbe. Y sin embargo en un asunto como el tema de la inmigración que requiere la implicación social directa y comprometida, se echa de menos la presencia activa y la falta de liderazgo desde una visión cristiana.

Yo me he criado en una sociedad de valores en los que la dignidad de la persona es el principio irrenunciable que debe orientar cualquier política pública. Por ello me repatea que se hable de ‘ilegales’, cuando nos referimos a hombres y mujeres que trabajan honradamente, que cuidan de nuestros familiares, que sostienen sectores de nuestra economía y que forman parte de nuestras comunidades.

Acudiendo a las Sagradas Escrituras (Éxodo) encontramos una interpelación directa: “no oprimirás al extranjero; vosotros conocéis la suerte del extranjero, porque extranjeros fuisteis”. Obvia decir que como españoles deberíamos ser sensibles a los inmigrantes, nosotros que hemos sido emigrantes como bien debería saber el gallego Núñez Feijóo. Y es más, el propio Jesucristo fue claro al respecto como podemos leer en el evangelio (Mateo), “fui forastero y me acogisteis”. La hospitalidad, la justicia y la defensa del vulnerable no son añadidos opcionales del humanismo cristiano, forman parte de su núcleo esencial, no como un llamamiento piadoso, sino como un criterio de juicio ético y social. Como emigrante durante cinco años en mi juventud, quizás yo haya desarrollado una empatía espacial, al haber estado “metido en esos zapatos”.

Quiero creer que muchas personas de pensamiento cristiano estén siendo víctimas de las campañas de desinformación que, con el objetivo de derrocar al gobierno progresista, buscan el odio y la confrontación y persiguen infundir miedos. Esa debe ser la finalidad del argumento que algunos tontos del bulo propagan cuando señalan repetidamente que la regularización genera un ‘efecto llamada’. La experiencia, por el contrario demuestra que las personas migran históricamente empujadas por causas estructurales (conflictos, pobreza, cambio climático, desigualdades globales), no por procesos administrativos complejos y limitados en el tiempo. No se trata de proponer fronteras abiertas ni una regularización automática per secula seculorum, sino una medida excepcional para una realidad ya existente y enquistada. Negar derechos no frena la migración, solo la hace más vulnerable.

Otro argumento recurrente, más falaz aún, sostiene que las personas migrantes “quitan trabajo” o “viven de ayudas”. La realidad es que miles de personas en situación irregular ya están trabajando, muchas veces en condiciones precarias, sin contratos ni derechos, especialmente en sectores como la agricultura, la hostelería, los cuidados sociales o la construcción. Regularizar no quita empleo, ordena el mercado laboral, combate la economía sumergida y protege tanto a trabajadores migrantes como autóctonos frente al abuso. Además, con la regularización aumentan las cotizaciones y los ingresos públicos, fortaleciendo el Estado del Bienestar.

También se difunde el miedo con una supuesta amenaza a la seguridad o a la convivencia. Este discurso no solo carece de base empírica, sino que resulta profundamente injusto. Y no solamente porque la regularización tiene como requisito imprescindible no tener antecedentes penales ni suponer amenaza para el orden público. La exclusión administrativa es la que genera marginalidad, la inclusión genera cohesión. ‘Dar papeles’ es dar derechos, pero también deberes, visibilidad y responsabilidad compartida. Una sociedad más justa es, siempre, una sociedad más segura.

En el proceso iniciado se trata de regularizar a quienes ya están aquí, ya viven entre nosotros y ya contribuyen. Es una medida de realismo social que se incardina en un Plan de Integración y Convivencia y debe tener continuidad con una estrategia de migración regular, segura y ordenada. Mirar hacia otro lado perpetúa una hipocresía colectiva: nos beneficiamos del trabajo de estas personas mientras les negamos el reconocimiento legal y la plena dignidad cívica.

Esta regularización no es la primera ni será la última, ni aquí ni en el resto de la Unión Europea. La propia Meloni por ejemplo, (de la que presumen amistad y a la que admiran tanto la derecha extrema como la extrema derecha española), aunque mantiene la retórica anti-inmigrantes con la que llegó al gobierno italiano, autorizó entre 2023 y 2025 más de 400.000 contratos a extranjeros. Con la última regularización del verano pasado se prevén en ese país hasta 500.000 nuevos visados de trabajo para migrantes extraeuropeos en los próximos tres años.

La regularización de inmigrantes fue apoyada explícitamente por el PP votando a favor de la toma en consideración de la Iniciativa Legislativa Popular. Entonces su presidente afirmaba hay un debate que debemos de dar y debemos de zanjar con los inmigrantes que viven en España y que trabajan en España pero que no obtienen o no han obtenido de momento papeles. Y esos pueden estar tranquilos” y el portavoz, por entonces del PP, Borja Sémper, reconoció que había cientos de miles de personas trabajando en la economía sumergida, sin cotizar y sin derechos defendiendo que “a estos seres humanos hay que darles una salida”.

Bajo los gobiernos de José María Aznar, con Mariano Rajoy de ministro del Interior para más inri, se produjeron tres regularizaciones: en 1996, en 2000 y en 2001, que alcanzaron a unas 500.000 personas. Y antes, a principios de los 90 el PP apoyó las medidas al respecto tomadas por el gobierno del expresidente (y exsocialista), Felipe González, defendiéndolas siempre con argumentos humanistas y económicos.

Mucha gente se preguntará ¿qué ha cambiado para que un asunto que se supone cuenta con un amplio consenso social se convierta ahora en nuevo caballo de batalla? Pues, si la realidad migratoria ni la evidencia no son diferentes, lo único que se ha trastocado es la estrategia política del PP que se pasó hace tiempo de integrar a la extrema derecha y democratizarla a sucumbir a sus postulados y a arrastrarse a su discurso y a su programa antidemocrático.

Lo de Vox es previsible, el racismo es uno de los puntos principales de su programa político como muestra que en su propaganda aparezcan memes de Pedro Sánchez entregando pasaportes a jóvenes de aspecto magrebí. Curiosamente serán inmigrantes latinoamericanos los que más se beneficien de este proceso, esos que prefería la Ayuso y que decía “que estaban como en casa”.

El líder de Vox, Santiago Abascal también ha vuelto a hacer el ridículo queriendo implicar a la Unión Europea afirmando que estas medidas perjudican “el correcto funcionamiento del espacio Schengen”, confundiendo y/o ignorando que conseguir un permiso de trabajo en España no se extiende a otros países.

Núñez Feijóo, y sus portacoces del PP, han comprado también otro bulo de la ultraderecha al acusar a Pedro Sánchez de intentar ganar votos entre los extranjeros. Todavía escucho y leo a algunos hooligans agarrados a esta burda mentira, ocultando que un permiso de trabajo no significa obtener la nacionalidad que es la que da derecho al voto en unas elecciones generales o autonómicas. Y que la residencia legal permite el voto solamente en las elecciones municipales, en determinadas condiciones y con tres años de vigencia, por lo que no llegaría a tiempo para las próximas. Se vuelve a repetir aquello de “que la verdad no te estropee el titular”.

Cuando escucho estos prejuicios no puedo dejar de pensar en el refrán de “piensa el ladrón que todos son de su condición” e imaginar qué son capaces de hacer (el que pueda hacer que haga) por conseguir el poder o desde el poder. Un refrán, por cierto, que algunos asocian a paisajes bíblicos como el comportamiento de Judas Iscariote al juzgar las acciones de otros sobre el uso del dinero.

Ahora bien, debo confesar que me decepciona e indigna cuando oigo a quienes defienden la regularización solo desde argumentos económicos: porque “faltan trabajadores”, porque “mejoran las cotizaciones” o porque “conviene al PIB”. Sin negar que estos efectos existan, reducir la dignidad humana a su utilidad económica es profundamente preocupante.

Y aquí es donde me gustaría encontrar a cientos, miles, millones de personas que pregonan la doctrina de Jesús de Nazaret. Me gustaría que en todas las misas, en todas las iglesias españolas, se extendiera la Doctrina Social de la Iglesia que señala que “el trabajo está al servicio de la persona, y no la persona al servicio del trabajo”. Me gustaría que en las homilías se predicara que la regularización es justa, no porque sea rentable, sino porque reconoce derechos a personas humanas, a hijos de Dios. Defenderla solo porque “nos conviene” es aceptar, implícitamente, que si un día dejara de ser rentable, dejaría de ser justa. Y eso es inaceptable desde un pensamiento humanista cristiano. Cuando el orden administrativo se antepone sistemáticamente a la dignidad humana, algo se ha torcido profundamente en nuestra escala de valores.

¡Tan lejos han quedado ya los buenos sentimientos navideños cuando se celebraba el nacimiento de Jesús, el hijo de Dios bajado del cielo para impartir la buena nueva de amar al prójimo!

¡A ver si pasan pronto las carnestolendas, en las que muchos parecen estar instalados permanentemente, y llega la Semana de Pasión en la que vivimos con fervor la muerte y resurrección de nuestro Salvador y se renuevan las devociones marianas a la madre de Jesús y nos ayudan a recuperar el espíritu y el modo de vida ejemplar de los cristianos! Amén. Y ojalá.