He aprovechado la necesidad de ir a visitar unas actuaciones en el pinar de
la Dehesa del Calvario para realizar otro de los tramos más atractivos del sendero Sulayr en este final de primavera, de esta extraordinaria y excepcional primavera de este año.Hace pocos días, siempre aprovechando cuestiones de trabajo, hice el tramo
la Polarda-La Roza.
Hemos comenzado por el refugio de Peña Partida al que hemos llegado, franqueando la cadena de acceso restringido, por la Loma del Tío Papeles
desde la localidad de Güejar-Sierra, un pueblo con el alma dividida entre la resistencia anquilosada al parque nacional y al parque natural y el amor a la sierra y a las posibilidades (quizás las mejores oportunidades), de desarrollo y empleo que alberga para sus habitantes.
Al llegar a las inmediaciones del refugio, aparte de disfrutar de las hermosísimas vistas de las caras Norte de las principales cumbres nevadenses, hemos rastreado el mejor trazado para el paso de unos pequeños tractores de cadenas por el piornal hasta acceder a la masa forestal, que ya están tratando varias cuadrillas de motoserristas desde que la nieve se ha retirado de esta zona. Hemos señalizado las zonas más sensibles, (borreguiles, prados con especies más vulnerables), aunque aquí casi toda la flora por aquí es de gran valor y la mayoría son especies endémicas de Sierra Nevada aunque no están amenazadas. Una vez hemos consensuado el lugar por donde accederá la maquinaria, las medidas para minimizar el impacto del paso –como la colocación de una alfombra de ruedas de goma o la div
isión en varios pasillos para “diluir” la presión sobre la vegetación, y en su caso, las medidas para restaurar la zona afectada-, la mayor parte de la expedición (técnicos del parque y de la empresa que realiza los trabajos y Gonzalo, agente de la zona), se han vuelto con los vehículos para preparar el dispositivo para el día siguiente y Antonio Muñoz, ese “joven montañero”, casi a punto de jubilarse, (con quien mejor para ver Sulayr), Bernardino un joven trabajador de la empresa al que doblo en edad y yo continuamos andando el camino para acceder al pinar, ver cómo van los trabajos de naturalización de cerca y aprovechar para hacer este tramo número 18 del gr-240 que acaba en las Casas de la Hortichuela. El recorrido total es de 14 kilómetros y medio, con un desnivel de casi 1.223 metros.
El recorrido es largo, aunque casi siempre en descenso, resulta un poco duro en algún punto, pero si lo he podido hacer yo (un poco también estimulado por el ridículo y escándalo que podía suscitar el abandono del “conservador” del parque o la renuncia a mitad de camino), significa que podemos decir que es un tramo para (casi) todos los públicos, al menos en esta etapa del año.
La primera parte del trayecto es un repaso a las clases de botánica, de campo. Casi no hay tiempo de pararse en tanto detalle, en tanta variedad de especies de plantas,
y también de insectos, endémicas. Y si levantas la cabeza para respirar este aire limpio y puro las panorámicas hacia las cumbres o hacia los valles son espectaculares en todas las direcciones.
Al llegar a la Dehesa del Calvario, pienso en la dureza que debieron soportar los trabajadores que hicieron estas repoblaciones en este lugar recóndito y me pregunto si el nombre viene de las penurias que pasaron y observo in situ como este pinar está especialmente tocado y es especialmente vulnerable porque está al límite de sus condiciones ecológicas, o mejor dicho está por encima de sus requerimientos y de su distribución altitudinal y su tratamiento es especialmente urgente en este escenario de cambio global al que nos enfrentamos.
Una vez analizada la masa y efectuadas las indicaciones necesarias para la realización de los trabajos de naturalización (densidades de aclareo, ruptura de la homogeneidad de la masa y de las líneas de borde, zonas exentas de tratamientos, normas para el astillado, etc.) que Bernardino anota y que comunicaré a Manu Romero y a Estanislao con más detalle posteriormente, reemprendemos nuestro camino.

Antes mis constantes preguntas, Antonio me va contando todos los topónimos de cada pico, de cada cortijillo, de cada sendero que nos cruzamos, que él se conoce como si fueran partes de su casa. En mitad del tramo conocido como de los Presidiarios (parece que viene este nombre de los trabajadores que iban a la mina que hay al final cerca del Puntal de Vacares) nos topamos con unos senderistas (unas señoras de cierta edad que incrementan el estímulo para seguir avanzando) y a renglón seguido con unos muleros que llevan provisiones a los trabajadores del Calvario. Dada la dificultad de acceso al tajo los motoserristas están acampados en el “Barracón” –llaman así al refugio-vicac de la Cucaracha que ha sido acondicionado para la ocasión de la manera más digna posible para permitir la pernoctación durante la semana de estos trabajadores que Bernardino me dice que son muy especializados y algunos vienen de Caniles-. Viven allí de lunes a viernes y aprovechan al máximo las horas del día para avanzar las actuaciones.
A estas alturas mientras reponemos líquidos (unos entran y otros salen), nos detenemos unos instantes para ver a lo lejos un nido de águila real situado en un cortado en frente de nuestro camino. No hay suerte en esta ocasión y no hay movimiento. Anto
nio recuerda a Benardino que los dos pollos que se han visto este año que está sacando la pareja, no volarán hasta dentro de un mes por lo menos, por lo que deberán dejar para más adelante los trabajos en una banda cercana al área para no molestar a las aves y provocar el abandono del nido.
Cuando llevamos un par de horas largas andando llegamos a la mitad de camino, a la altura del Puntal del Vadillo, en la unión de éste con el Genil; la parte más dura ha quedado atrás y siento cómo si hubiera estado un par de horas en el gimnasio haciendo bicicleta y ejercicios para endurecer el culo. Ahora nos aproximaremos, mientras continuamos el “paseo”, a los otros puntos de interés que justifican esta salida de la oficina extraordinaria. Pasamos por el “abuelo”, famoso castaño centenario en la Vereda de la Estrella, vemos los trabajos de acondicionamiento de esta famosa Vereda que llega a las minas del mismo nombre y puedo observar cómo marchan las actuaciones en el robledal del San Juan.
Llegamos por fin a la Hortichuela, punto y final de este tramo de Sulayr, donde podré ver otras actuaciones del Plan Extraordinario de Inversiones de parques nacionales, denominado como Plan E (de Estímulo para la Economía) aunque más famoso como Plan ZP.

Tras cuatro horas y media largas desde que salimos de Peña Partida llegamos al punto final del recorrido un poco más allá del cortijo (estos metros de subida de propina, ya a estas horas, con el sol en todo lo alto y mucho polvo en el camino, son especialmente duros). Estoy jodido pero contento. Además, tenía calculado que sería mayor el esfuerzo y más larga la jornada, pero el tirón de mis acompañantes ha servido para que, ayudados por un coche que nos prestan, podamos llegar hasta la oficina del parque, incluso a tiempo para ver el correo electrónico, recoger las notas del despacho y llegar a casa a comer y a descansar. Hoy no perdono la siesta.