Este fin de semana, en mi sección de "La mar de biodiversidad" en Granada Hoy, comparto protagonismo con una joven bióloga, Lucía García Alcántara, experta en aves marinas, que me inspiró este artículo cuando impartió un taller en una jornada de 'basuraleza' con Iberozoa (lo conté aquí), lo ha supervisado y me ha ayudado a la redacción de los textos.
Así quedó la versión digital: Gigantes del cielo sobre el Mar de Alborán,
y así la versión en papel de este domingo (ayer no había periódico en papel por ser sábado santo).
Así eran los 'brutos' enviados a la redacción del periódico para que pudieran maquetarlo a quién le tocara de guardia en esta 'Semana de Pasión'.
Gigantes
del cielo sobre
el Mar de Alborán
La
mar de biodiversidad
Ignacio
Henares Civantos. Lucía García
Alcántara
El
cormorán es un maestro consumado del buceo y el albatros el rey del
planeo sobre el mar.
Grupo
de albatros en alta mar
Si
fijamos la mirada en el horizonte de nuestra Costa Tropical durante
los meses de invierno, es probable que seamos testigos del
espectáculo del vuelo de dos aves marinas, que, por su envergadura y
destreza, ostentan el título de los
'gigantes' del
Mar de Alborán.
Del
picado vertiginoso del alcatraz al buceo táctico del cormorán
Estas
especies que
comparten
el espacio aéreo del litoral granadino, son
el
resultado de adaptaciones evolutivas para sobrevivir en el medio
marino.
El
alcatraz
atlántico
(Phalacrocorax
carbo)
constituye un
auténtico
proyectil
viviente. Su adaptación más asombrosa es su capacidad de realizar
picados
a casi 100 km/h desde
alturas de 30 metros, emboscando
sin previo aviso grandes bancos de peces y
explotando
un nicho ecológico al que la mayoría de las aves marinas le es
imposible acceder. Para
no sucumbir al impacto, posee sacos aéreos bajo la piel que actúan
como ‘airbags’ y carece de orificios nasales externos, evitando
que el agua penetre a presión en sus pulmones.
La
principal adaptación del cormorán
grande
(Morus
bassanus)
es
que,
a
diferencia de otras aves acuáticas
como las anátidas,
tiene
un plumaje que no
es totalmente impermeable. Su
glándula
uropígea no
es tan
activa por
lo que al absorber
agua, pierde flotabilidad y puede sumergirse con una agilidad pasmosa
para perseguir peces. Por esta
razón,
tras
la inmersión, está
obligado
a posarse con las
alas
extendidas al sol,
para secar su traje de faena, constituyendo
una estampa icónica muy habitual
de estas aves.
Cormorán
grande secando sus alas
La
presencia de estas aves es un indicador de la salud de nuestros
ecosistemas. Proteger enclaves como el
paraje natural Maro-Cerro Gordo o las ZECS Acantilados y Fondos
Marinos de la Punta de la Mona, Tesorillo-Salobreña y
Calahonda-Castell de Ferro, o la Reserva Natural Concertada de la
Charca de Suárez, no es
solo una cuestión ética
y estética, sino una
necesidad ecológica
para garantizar que
estos titanes sigan patrullando el cielo sobre
el mar cada invierno.
A
pesar de su majestuosidad, estas
especies enfrentan
diferentes
amenazas silenciosas en nuestras aguas:
Interacciones
pesqueras: Los
enredos accidentales en artes de pesca siguen siendo una causa de
mortalidad relevante.
Contaminación
por plásticos: Al
ser depredadores acumulan microplásticos a través de sus presas y,
en ocasiones, confunden restos flotantes con material para nidos o
alimento.
Degradación
del litoral: El
aumento de la presión humana en acantilados y zonas de descanso
puede alterar sus ciclos de invernada.
Por
desgracia, una de sus principales amenazas sigue siendo la
persecución
furtiva,
especialmente en el caso del cormorán. Existen muchos mitos
infundados extendidos en la población que le dan mala imagen, pero
la realidad es que no esquilman las
poblaciones,
sino que suelen capturar especies de escaso valor comercial o
individuos enfermos, evitando además
la
propagación de parásitos en la población de peces. Asociaciones
de conservación y organismos científicos
rechazan los controles de sus poblaciones y coinciden
en que las mejores medidas de gestión es mantener
en buen estado los ecosistemas y ‘dejarlas
en paz’. En
los últimos años se están realizando esperanzadores proyectos de
colaboración entre pescadores y ornitólogos hacia una pesca
artesanal sostenible, actuando este sector primario como un aliado
en el estudio y conservación de las aves marinas.

Silueta
de alcatraz atlántico en vuelo
Silueta
de cormorán en vuelo
¿Cómo
identificarlos?
El
alcatraz
atlántico
podemos
denominarlo como ‘dardo blanco’ pues muestra una silueta con alas
muy largas y estrechas con cuello y cola apuntados, formando una cruz
o huso.
Su
envergadura
(distancia
entre la punta de las dos alas extendidas) roza
los 2 metros y
su longitud (distancia
entre la cabeza y las patas) se
aproxima al metro.
El
pico
es
fuerte
y puntiagudo, de color azulado. En vuelo
alterna
aleteos potentes con planeos larguísimos, pero
lo que le hace inconfundible es cuando
se lanza en picado vertical. Los
adultos son de un blanco radiante con las puntas de las alas negras
(como
si las hubiera mojado en tinta) y la cabeza con un sutil
tono amarillento. Los
juveniles son grisáceos
o marrones oscuros, con motas blancas. Tardan 5
años en
alcanzar el blanco puro del adulto; en los años intermedios parecen
‘sucios’ o a parches.
El
cormorán
grande
tiene
una envergadura de un metro y medio aproximadamente y una longitud
próxima
al metro. Muestra
una silueta con cuerpo robusto, cuello largo, que suele llevar algo
estirado o ligeramente doblado, y alas más cortas y redondeadas que
la del alcatraz. Vuelan bajo,
rozando el agua, a menudo en formación de "V" o en filas
si van en grupo. Los
adultos son casi totalmente negros.
En época de celo, (final de invierno), tanto machos como hembras,
cambian el plumaje, ya
que que
ambos participan activamente en el cortejo y la exhibición en el
nido. Entonces
desarrollan unas características manchas blancas en los ‘muslos’,
una caperuza canosa y se acentúan los reflejos metálicos. Los
juveniles son de color pardo
oscuro, pero lo más fácil para reconocerlos es su pecho y vientre
blanquecino o muy claro, que contrasta con el dorso oscuro.
Para
saber más:
FICHA
Alcatraz
atlántico - SEO/BirdLife
FICHA
Cormorán
grande - SEO/BirdLife
Sabías
que...
El
alcatraz
tiene
una visión binocular excepcional que le permite calcular distancias
con precisión milimétrica antes del impacto en
el agua.
Además, sus ojos cambian de color: los adultos tienen un iris azul
pálido rodeado de un anillo de piel negra que parece ‘eyeliner’.
El
futuro vuela sobre nuestras olas
Más
allá de su valor ecológico, la presencia de estos gigantes es una
oportunidad para el turismo ornitológico,
una
modalidad de ecoturismo en alza,
que
puede ser un complemento para una oferta turística
desestacionalizada.
Atraer a observadores de toda Europa, que acuden con sus cámaras y
prismáticos a puntos de
nuestra costa,
pone en valor un patrimonio natural que no entiende de sombrillas ni
de hamacas.
Cuidar
de nuestros alcatraces y cormoranes es, en definitiva, cuidar de una
marca de calidad para la
Costa Tropical:
la de un litoral vivo que ofrece espectáculos naturales de primer
nivel a escasos metros de nuestras playas. Cada picado del alcatraz y
cada silueta del cormorán secándose al sol son recordatorios de que
el Mar de Alborán sigue siendo un santuario que merece ser admirado,
respetado y, sobre todo, protegido.
Alcatraz planeando sobre el mar
¿Cuándo
y dónde observarlos en la costa granadina?
El
alcatraz atlántico
es
un ave marina que se observa principalmente durante el otoño e
invierno, cerca de la plataforma continental, en
el cabo Sacratif, desembocadura del Guadalfeo y zonas de acantilados.
La mayoría de los ejemplares
avistados provienen de colonias del norte de Europa y Gran Bretaña
que encuentran en
nuestra costa un ‘balneario’ rico en alimento.
El
cormorán grande es muy
común durante la época invernal. Se puede observar reposando en
espigones, rocas o pescando cerca de la costa, en
zonas tranquilas como los
acantilados de Cerro Gordo o de
Calahonda. Se
ha vuelto un vecino cada vez más habitual colonizando incluso
humedales interiores como la Charca de Suárez y llegando hasta la
Laguna de Padul, Cubillas, Bermejales o el Embalse de Negratín donde
se ha observado una colonia reproductora.
Ambas
especies también pueden observarse en los pasos migratorios pre- y
postnupcial, cuando ocasionalmente también es posible avistar al
cormorán moñudo.
Cormorán
en vuelo de inspección
* Las imágenes y dibujos de este artículo han sido tomados de la web de la ONG, SEO-Birdlife.