domingo, 11 de junio de 2017

Oasis "por todo lo alto"


Artículo del fin de semana dedicado a los borreguiles de Sierra Nevada.


Enlace a la edición digital:

http://www.granadahoy.com/granada/Oasis-alto_0_1143786174.html

Y así ha quedado la edición impresa en mi aplicación del periódico, aunque en papel salió en blanco y negro, (creo que la pre-feria del Corpus se ha llevado las páginas en color).


Oasis “por todo lo alto”.

Los ‘borreguiles’, situados a partir de los 2.000 metros, resaltan como islas verdes en el ‘desierto’de la alta montaña. Albergan una extraordinaria biodiversidad de flora, con algunas especies exclusivas de Sierra Nevada.


“Borreguiles formados alrededor de lagunas de Sierra Nevada”.  
Laguna de las Cabras.

Laguna Hondera

Una de las imágenes más asombrosas de nuestra alta montaña, de las que más impresionan a los visitantes, la constituyen los conocidos como ‘borreguiles’, unas comunidades vegetales que se forman por encima de los 2.000 metros de altitud en torno a lagunas y arroyos con presencia permanente de agua procedente de la retirada de la nieve. Se trata de unos ecosistemas típicos que se corresponden fisionómicamente con un pastizal húmedo en verano pero cubierto por nieve una parte del año. En sentido amplio se llaman así a todas las comunidades propias de arroyos, fuentes, turberas y aguas nacientes de las partes altas de la Sierra y a todos los prados de montaña que presentan un aspecto similar.

Borreguiles próximos a un arroyo de alta montaña.
Los borreguiles son unos elementos del paisaje claramente diferenciados, que contrastan fuertemente con el resto del paisaje de la alta montaña, siendo los más típicos y extensos los que se forman en los restos de los antiguos ‘aparatos’ glaciales. Los podemos encontrar en fondo de los valles glaciares, con su típica forma en ‘U’ con superficies poco inclinadas en las que el agua se remansa o se estanca o en las propias lagunas de origen glaciar.

El verde de los borreguiles en las zonas húmedas contrasta con la desnudez de las rocas

En Sierra Nevada hay numerosos borreguiles. Entre los más grandes o importantes podemos destacar los de los Lavaderos de la Reina, los que forman la cabecera del río San Juan y los del Guarnón, (en la ladera noroeste del Veleta), los conocidos como Lagunillos de la Virgen y otros de la cabecera del Río Dílar, o los de Siete Lagunas y los de Aguas Verdes, ya en la vertiente sur.

La paleo-biogeografía explica bien la presencia de estos hábitats-refugio que ofrece la alta montaña de Sierra Nevada para muchas especies de origen boreoalpino. Pero su formación también se debe al hombre, que aprendió a conjugar su utilización como pastos con su conservación, a través del manejo cultural de las aguas del deshielo y el empleo de ganados con especies y con número de cabezas bien ajustadas al medio.



MULTIFUNCIONALES

Estas interesantísimas y originales comunidades vegetales tienen un gran atractivo por su variado colorido y su contraste con las rocas que les rodean por lo que constituyen un bien de tipo cultural y espiritual de primera magnitud según la terminología que se utiliza en la actualidad para definir los servicios que proporcionan los ecosistemas.

Además de la gran importancia a nivel paisajístico, suponen la principal fuente de pastos para la ganadería extensiva trasterminante, especialmente de ganado bovino, que sube a aprovechar estos pastos en verano.
El nombre de ‘borreguil’ parece estar asociado al pastoreo de ovejas.
Por otro lado atesoran una extraordinaria biodiversidad con una gran importancia tanto cuantitativa, por el número de especies representadas, como cualitativa, ya que más de un tercio de las especies que habitan estas zonas son especies endémicas exclusivas (no se encuentran en ningún otro lugar del mundo) y, muchas de ellas han tardado millones de años en adaptarse y evolucionar para sobrevivir en unas condiciones tan difíciles y singulares como las de la alta montaña mediterránea

Indicadores del cambio climático.

Los borreguiles son ecosistemas muy sensibles a los cambios en la disponibilidad hídrica y la temperatura por lo que constituyen unas comunidades muy adecuadas para el estudio del cambio climático. Por ello desde el Observatorio de Cambio Global de Sierra Nevada se incluyeron entre los indicadores de este fenómeno y se viene realizando un seguimiento de la evolución de las poblaciones de flora de los pastizales de los borreguiles nevadenses, con inventarios anuales de diferentes parcelas de estudio, a diferentes cotas. La monitorización de estas parcelas nos permitirá comparar las poblaciones actuales con los estudios realizados a final de los años 80 por investigadores de la Universidad de Granada.
Aspecto de un borreguil al final del verano.
CONSERVACIÓN:

Para la conservación de los borreguiles, además de enfrentarse al cambio climático, es necesario un manejo adecuado de la ganadería ya que tan negativo es la pérdida de la ganadería extensiva tradicional como una excesiva sobrecarga ganadera. Por otro lado, la creciente afluencia de visitantes a la alta montaña supone un impacto adicional que debe ser minimizado regulando el acceso a las zonas más sensibles y con un comportamiento responsable y respetuoso que, por supuesto, supone transitar por veredas y no atravesar y mucho menos hacer ‘corraletas’ ni acampar en los borreguiles.

MULTICOLORES Y MULTIFAMILIARES.

A pesar de la aparente uniformidad de aspecto de las plantas de los borreguiles sus componentes pertenecen a muchas familias de origen diverso y tienen flores de todos los colores. Se han catalogado unos 70 taxones de flora que pertenecen a 26 familias muy diferentes pero que han evolucionado de manera similar con respuestas adaptativas a este hábitat tan peculiar. Comparados con otros muchos ecosistemas, la biodiversidad en los borreguiles es impresionante. Se ha confirmado la presencia de una media de 15 a 20 especies distintas en pequeñas parcelas de muestreo, cifra que puede incluso superarse en algunos lugares.

Las comunidades vegetales se disponen a modo de bandas concéntricas en relación con la mayor o menor humedad, desde las zonas más encharcadas, hasta las menos húmedas y alejadas de las masas de agua. En ese sentido tendríamos desde turberas incipientes (ricas en plantas de la familia de las ciperáceas como varias del género Carex, Festuca frigida o Juncus alpinoarticulatus) a pastizales densos (integrados por especies como el cervuno y Leontodon microcephalus, Luzula hispanica, Ranunculus demissus y Campanula herminii) y borreguiles ‘secos’ (en los que abundan especies como Armeria splendens, Potentilla nevadensis, la estrella de las nieves (Plantago nivalis) y la piel de león o cojín (Arenaria tetraquetra subsp. amabilis).
Flora de borreguiles”
Estrella de las nieves

Genciana alpina

Genciana de primavera

Hepática blanca

Ranillo de las nieves. 

Saxifraga estrellada

Tiraña de Sierra Nevada.

Verónica de Sierra Nevada

domingo, 4 de junio de 2017

Las Chorreras del Molinillo

Unos amigos me preguntaron  hace unos días: ¿dónde podemos ir el fin de semana de excursión a Sierra Nevada? Les contesté a la gallega: ¿qué queréis ver?, ¿paisaje, media montaña, flora, el deshielo... que ya está en su punto final?. A lo que me contestaron: un poco de todo eso. Y se me ocurrió mandarlos a Las Chorreras del Molinillo, un lugar muy atractivo y espectacular que además podía hacerles pasar por algunos lugares que desconocían y que era el momento oportuno. De ahí salió la idea para el artículo del periódico.

Aquí podéis ver la versión publicada en l web del periódico:

http://www.granadahoy.com/granada/Chorreras-Molinillo_0_1141686214.html

Y así quedó la edición impresa (en papel se publicó en blanco y negro).
(Comentario de mi madre: "¿nada más que una página?, ¿y en blanco y negro?"
¡Qué mal se han acostumbrado! 😊

Reproduzco la versión original con algunas "fotos de propina".



CHORRERAS DEL MOLINILLO


Junto a los afamados Lavaderos de la Reina o las Chorreras Negras, las del Molinillo, en el nacimiento del Río Dílar, son uno de los espectáculos más hermosos que nos proporciona el agua del deshielo en Sierra Nevada.



El espectáculo visual (y sonoro) de la primavera en nuestra Sierra tiene en las cascadas que se producen con el deshielo uno de los mayores exponentes. Hay multitud de parajes que nos ofrecen estos saltos naturales de agua. Junto al de las Chorreras Negras, que recoge el desagüe de Laguna Hondera, en ‘Siete Lagunas’, (bajo la cumbre del Mulhacén), y los afamados de Los Lavaderos de la Reina, (en el circo glaciar más oriental), el del las Chorreras del Molinillo es uno de los más apreciados entre los montañeros y senderistas.

El río Dílar nace a 3.000 metros de altitud en el paraje conocido como los Lagunillos de la Virgen que recogen el agua proveniente de los Tajos de la Virgen y la Loma de Peñamadura. En su cabecera se forman “Las Chorreras del Molinillo”, una gran cascada de casi 100 metros de desnivel, como si viéramos derramarse un enorme y constante chorro de agua por un gran edificio de una altura de unos 25 pisos.


¿Cómo llegar?

OPCIÓN A: DESDE LA HOYA DE LA MORA.

Partimos desde la Hoya de la Mora, a 2.513 metros de altitud, junto al Albergue Universitario. Traspasamos la barrera que restringe el paso a vehículos a motor que hay junto al Albergue Militar y ascendemos por la pista que sube hasta el Veleta, pasando por el monumento a la Virgen de las Nieves, hasta llegar al cruce que conduce hasta Borreguiles (2.690 m), que tomaremos. Al llegar a la zona urbanizada de esta parte de la estación de esquí, la atravesamos por la parte más baja, junto a la zona de Restaurantes, siguiendo la carretera que se dirige al radiotelescopio y pasando junto a las dos lagunas artificiales.

Al coronar el collado, en la bifurcación, descendemos por la pista de la derecha y enfilamos el Peñón de Dílar que divisaremos en frente. Tras recorrer unos 500 metros abandonamos la pista y nos disponemos a bajar la loma en dirección al río Dílar. Un poco más adelante tenemos a nuestra vista en la distancia, la impresionante cascada de Las Chorreras del Molinillo, imagen que se hará más espectacular conforme nos acerquemos.

Al llegar a la base de las Chorreras (2.335 m) cruzamos el río y remontamos por una pequeña senda para acercarnos a la parte superior de la caída de Las Chorreras que nos permitirá disfrutar de una perspectiva distinta con el agua cayendo y el río Dílar hacia abajo.

Para hacer el regreso continuaremos nuestra ruta por encima de la cascada hacia el Lagunillo Misterioso, (o del Cartujo) una de las lagunas con aguas permanentes de Sierra Nevada ya que se alimenta de un caudaloso manantial al pie de los cascajares de Cartuja o de los Torcales de Dílar. Parece que su nombre viene porque no se ve desde posiciones bajas y hay que subir por las veredas de los Tajos de la Virgen o el Tozal del Cartujo para divisarlo.

Una vez visitado este bello paraje, que tiene la fama de tener el agua más fría de toda la Sierra, pondremos rumbo hacia la Laguna de las Yeguas, en cuyo camino nos encontraremos diferentes lagunillos. Primero nos toparemos con un conjunto que son denominados de La Ermita y luego con otros que se conocen como Lagunillos de la Virgen. Aquí estaremos en nuestro punto más alto de la ruta desde donde descenderemos, ya por un sendero, hasta la Laguna de las Yeguas (2.895 m) y de ahí seguiremos por un sendero por el Collado de las Yeguas hasta Cauchiles y de aquí bajaremos hasta nuestro punto de inicio.


La distancia total del recorrido es de unos 18 kilómetros. La duración de la ruta, ida y vuelta, (incluidos los descansos), es de unas 8 horas aproximadamente, aunque puede oscilar bastante según la preparación física de los participantes, la presencia de neveros o el tiempo que nos encontremos. La dificultad, según el sistema internacional MIDE, es media-alta.

OPCIÓN B: DESDE EL JARDÍN BOTÁNICO DE LA CORTIJUELA.

Arrancamos desde la Casa Forestal de La Cortijuela, (1.710 metros de altitud), junto al jardín botánico al pie del Trevenque.  Para llegar a este punto, desde Granada, tenemos que dirigirnos al municipio de La Zubia. Atravesamos el pueblo y subimos a Cumbres Verdes, y desde aquí, tomamos la pista forestal que, tras dejar atrás la Fuente del Hervidero y el Mirador del Canal de la Espartera, nos conduce hasta el jardín Botánico de La Cortijuela. Desde aquí subimos por el tramo 1 del sendero Sulayr, que recorreremos en sentido inverso, en dirección hacia el centro de visitantes de El Dornajo. Ascendemos hasta el collado de Matas Verdes (1.890 m), algo más de kilómetro y medio. Tomamos luego una vereda en dirección al collado del Pino (2.038 m). Subimos luego por una vereda en zigzag hasta la Loma de Dílar y hacemos cumbre en el Peñón de Dílar a 2.467 metros de altitud. Descendemos suavemente y tomamos el desvío a la derecha que nos conduce hasta la Choza de Matías (2.420 m) y los Prados de las Monjas, bajando hasta el curso del rio Dílar, finalizando nuestro recorrido junto a las Chorreras del Molinillo que están situadas a unos 2.375 metros.




La vuelta podemos hacerla con una variante desde los Prados de las Monjas, bajando por la Loma de Dílar para dirigirnos en esta ocasión por la cabecera del barranco de las Víboras hacia los Hoyos de Zamarrilar para desembocar en el collado del Tejo frente al Trevenque, “el rey de la media montaña”; desde aquí nos dirigimos al collado Martín desde donde bajamos ya por la pista que coincide con la parte inicial del tramo 2 del sendero de Sulayr, que arranca en la casa forestal de La Cortijuela.

Esta ruta circular tiene una distancia de unos 19 kilómetros, ida y vuelta, con un desnivel de 1.030 metros y una dificultad media-alta con una duración de 8-9 horas, en función de la preparación física de los participantes, las condiciones meteorológicas, la época del año y el tiempo que nos entretengamos disfrutando del paisaje y de la flora y fauna que nos encontremos.

EL DESHIELO, AGUA Y PAISAJE.

El embalse de agua que suponen la nieve de nuestras cumbres es cada vez más, y mejor valorado, como uno de los bienes y servicios ambientales que aporta el parque nacional de Sierra Nevada. El agua del deshielo es muy importante para asegurar el abastecimiento de la población y para el riego de nuestras ricas vegas. Pero además el agua que corre por los arroyos de la alta y media montaña supone un servicio ‘extra’ ya que proporciona un atractivo adicional a los senderistas y al turismo de naturaleza que pueden disfrutar de unos paisajes con unas imágenes diferentes.


lunes, 29 de mayo de 2017

Avispas con muchas 'agallas'

Agalla y adulto de Diplolepis mayri en rosal silvestre.  
Este fin de semana le tocaba de nuevo a la sección sobre biodiversidad en mi colaboración en el periódico Granada Hoy y la he dedicado a un grupo de insectos himenópteros, las avispillas de las agallas. Agradezco a José Luis Nieves, especialista en este grupo y autor de un artículo al respecto en el libro "Los insectos de Sierra Nevada: 200 años de historia", que me haya cedido las fotografías y haya revisado el texto.

Pincha aquí para acceder a la edición digital:

Y así quedó la doble página a color en el papel:


SIERRA NEVADA, PARAÍSO DE BIODIVERSIDAD

Agallas de Cynips disticha en quejigo

Avispas con muchas agallas


Un grupo de pequeñas avispas representa una de las interacciones planta-insecto más curiosas. Al ‘picar’ en los tejidos vegetales para inocular los huevos, inducen la formación de agallas que les darán protección y servirán de alimento a las larvas.


Las avispas de las agallas pertenecen a la familia de los cinípidos, un grupo de himenópteros apócritos, emparentado con abejas, avispas y hormigas. Son de pequeño tamaño, (entre 1 y 8 mm), y cosmopolitas aunque predominan en el Hemisferio Norte. Son fitófagas, esto es, se alimentan exclusivamente de tejido vegetal. Este hecho las distancia bastante de otros grupos de avispas, la mayoría carnívoras o parasitoides de otros insectos. Se han descrito unas 1.400 especies, unas 350 aproximadamente en el continente europeo. Como todos los representantes del grupo, las avispas de las agallas tienen una forma de cuerpo distintiva, con una conexión estrecha entre el tórax y el abdomen, la llamada ‘cintura de avispa’.
Hembra de la generación sexual de Trigonaspis spp.
En el ciclo biológico se alternan dos generaciones de morfología diferente: una de machos y hembras de reproducción sexual y otra asexual con hembras que se reproducen partenogenéticamente sin necesidad de machos.

Las hembras no presentan el ovopositor transformado en un aguijón, como ocurre en otras avispas, sino que este órgano conserva su función original, que es la inoculación de los huevos. Las larvas crecen absorbiendo los tejidos nutritivos de las agallas, donde además están bien protegidas de efectos ambientales adversos externos. Las plantas hospedantes y el tamaño y forma de las agallas son específicos de cada especie. Se pueden encontrar agallas en diferentes partes de las plantas, (hojas, flores, ramas, raíces…).

¿Qué son las agallas?

Las agallas son malformaciones de los tejidos vegetales inducidas por este grupo de avispas cuando las hembras inoculan los huevos en sus interior. La ‘picadura’ de la avispa provoca una reacción de la planta, con deformación y engrosamiento de diferentes órganos vegetales. Los mecanismos moleculares últimos que disparan la formación de las agallas son todavía poco conocidos. Sin embargo, investigaciones recientes indican que el proceso se inicia cuando las hembras adultas inoculan los huevos en el interior del tejido vegetal. A partir de ese momento, la agalla crece alrededor de los huevos, quedando éstos incluidos dentro de una o diversas cámaras.  

Corte de una cápsula de Papaver con agalla de Barbotinia oraniensis

Agallas de Cynips quercus en quejigo
En su interior, las larvas se alimentan de los tejidos vegetales nutricios de la agalla  al amparo de las inclemencias ambientales; se cree también que el propio rascado de las larvas para alimentarse potenciaría el crecimiento de la agalla. Una vez formados, los adultos se abren paso a través de la gruesa pared de la agalla para alcanzar su superficie y salir al exterior, proceso en el que invierten mucho tiempo y energía. Por lo general, los adultos no se alimentan y dedican su corta vida a la reproducción.
La avispilla Biorhiza pallida produce unas grandes y características agallas en el quejigo. 

No todas las agallas son producidas por avispillas. Hay muchos grupos de organismos con capacidad para provocar la formación de agallas en multitud de especies botánicas, desde algunos grupos de hongos hasta ciertos ácaros, pero sobre todo en el grupo de insectos (escarabajos, mariposas, pulgones…), aunque los dos grandes grupos inductores de agallas son los mosquitos cecidómidos y los himenópteros de las familias Tentredinidae y Cynipidae. Este último grupo es el responsable de las agallas de de formas y estructuras más variadas y complejas, además de ser las más abundantes, sobre todo en los robles y otras quercíneas. Cada especie suele inducir una tipología de agalla concreta. Frecuentemente, la determinación de la especie es muy simple observando las agallas producidas más que al insecto en sí.
Agallas de Andricus quercusramuli en amentos de quejigo.

Agallas de Andricus curvator en hojas de quejigo.
Agallas de Plagiotrochus quercusilicis
Hembra adulta de  Plagiotrochus quercusilicis

Una ‘casa’ muy concurrida

El microhábitat que suponen las agallas es un lugar propicio para la supervivencia de otros insectos. En su interior habitualmente emergen individuos de otras especies, además de los adultos de las avispas que las han inducido. Unos se alimentan de los tejidos nutricios de la agalla para completar su desarrollo, otros parasitan las larvas de diferentes avispillas, causando su muerte y alguno se desarrolla únicamente al final de la vida útil de la agalla.
Los parasitoides son uno de los grupos más importantes que se desarrollan dentro de las agallas. La mayoría pertenece a otro grupo de avispas. Inoculan los huevos en el interior del cuerpo de las larvas de diferentes cinípidos mediante sus largos ovopositores mientras estos se encuentran dentro de las agallas. En el interior emergerán, mayoritariamente, los adultos de las avispas parasitoides.
Un caso especial lo constituyen algunas especies de avispillas que han perdido la capacidad para inducir la formación de agallas y parasitan a otras especies. Las hembras inoculan los huevos en el interior de agallas en formación y sus larvas ‘roban’ el tejido nutricio de la agalla en la que se desarrollan.
Finalmente hay inquilinos secundarios de las agallas. Escarabajos, mariposas, moscas y otras especies viven en su interior y generalmente se desarrollan una vez salen las avispillas.
Avispilla de los castaños’. 



Es una especie invasora de reciente introducción en España. Originario de China empezó a propagarse por Japón (1941) y Corea (1963). En EEUU se detectó en 1974 y a Europa llegó en 2002, entrado por Italia. En los últimos años se ha extendido por diferentes países europeos, introduciéndose en España en 2012, inicialmente en Cataluña. Tras aparecer en Andalucía en 2014, el año pasado se produjo la primera cita de esta ‘avispilla del castaño”, (Dryocosmus kuriphilus), en la provincia de Granada, en la localidad de Lanjarón.




Esta plaga es muy peligrosa para el castaño ya que puede producir una pérdida de hasta el 80% del fruto. Se están ensayando programas de lucha biológica para combatirla con liberación de un parasitoide, Torymus sinensis, procedente también del continente asiático.


Avispas de las agallas en Sierra Nevada

Hasta la actualidad se han encontrado 30 especies de este grupo en el Parque Nacional y Natural de Sierra Nevada que representan algo más del 20% del total de las 140 especies citadas en la península ibérica. Sin embargo, José Luis Nieves-Aldrey, del Departamento de Biodiversidad y Biología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales, especialista en estas avispillas, estima que con un mayor esfuerzo de estudio este número podría incrementarse notablemente. Basándose en la extensión y altitud del territorio, su posición geográfica y composición botánica, este autor ha calculado que la riqueza potencial de cinípidos de Sierra Nevada estaría entre 60 y 80 especies.

La riqueza de especies de avispillas de agallas de Sierra Nevada es mayor a niveles bajos y medios donde se distribuyen la mayoría de sus plantas hospedadoras, especialmente las especies del género Quercus: encina (Quercus ilex), coscoja (Q. coccifera), quejigo (Q. faginea) y roble melojo (Q. pyrenaica), a las que están ligadas las dos terceras partes de las especies. Por ahora no se conocen o no se han descrito especies endémicas de avispas de las agallas en Sierra Nevada, pero se considera probable su existencia, especialmente entre las especies inductoras de agallas en plantas herbáceas, dada la presencia de varios géneros de plantas hospedantes con especies endémicas de Sierra Nevada, como Centaurea, Papaver, Salvia… que aún no han sido investigados respecto a los posibles cinípidos asociados.

Agallas de Trigonaspis baetica, especie endémica amenazada de Andalucíaen roble melojo
La especie más interesante de Sierra Nevada desde el punto de vista de la conservación se denomina Trigonaspis baetica, que fue descrita de bosques de Quercus canariensis de la provincia de Cádiz y ha sido citada también en la localidad alpujarreña de Bubión sobre Quercus faginea. Esta especie es endémica de Andalucía y está incluida en el Libro Rojo de los Invertebrados de Andalucía.


Variadas formas y colores

Agallas de una especie indeterminada del género Trigonaspis, en roble melojo

Agallas de Plagiotrochus coriaceus en hojas de encina 

Agallas de Plagiotrochus coriaceus en hojas de encina 
Agallas de Neuroterus numismalis en roble 


Agallas de Andricus solitarius en ramas de roble

Agallas de Neuroterus tricolor en quejigo 

Agallas de Cynips disticha en quejigo