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domingo, 30 de agosto de 2026

Renovables responsables

 Retomo mi actividad en mi columna en El Independiente de Granada para dar una bienvenida especial al Congreso Ibérico de Ornitología que se celebrará esta semana aquí en Granada. Lo hago sumándome a la campaña "Renovables responsables" que está desarrollando SEO-Birdlife, la organización ambientalista que junto a la Universidad de Granada organizan este congreso.

Puedes leer el artículo aquí: 'Renovables responsables' | El Independiente de Granada



+ info sobre SEO/Birdlife: SEO Birdlife - Sociedad Española de Ornitología



 + info sobre el Congreso:  27 Congreso Español de Ornitología -Granada - SEO/BirdLife




+ info sobre "Renovables responsables: #RenovablesResponsables - SEO/BirdLife 



martes, 11 de agosto de 2026

Quería escribir sobre 'la entrega' por MpuntoBonilla de la gestión de la violencia de género a la ultraderecha, más que nada para que quede constancia para el futuro de mi rechazo absoluto y como advertencia de lo que puede suponer y me ha salido esta columna en la que, como bien han advertido algunos de mis e-lectores,  destaco dos cosas:

1. Forma parte de la certificación de que la (supuesta) vía andaluza ha quedado finiquitada. Me he imaginado a Carlos Arias Navarro anunciándolo solemnemente en televisión en ByN: Españoles la vía andaluza ha muerto". Pero no me he atrevido a simularlo con la IA.

2. El problema no es que hayan puesto al frente del IAM de Sevilla a un hombre, para más inri apellidado Toro, sino que “el verdadero escándalo es haber utilizado una institución tan sensible para 'aparcar' a una persona carente por completo de trayectoria política en la lucha por la igualdad y sin el menor compromiso ni experiencia en la materia”.

Os dejo enlace aquí el enlace a mi columna Sacando punta que se está haciendo más larga y espero que más consistente: 

La ‘vía andaluza’ acaba en Toro | El Independiente de Granada




domingo, 9 de agosto de 2026

Frente al chantaje y los tontos útiles: asertividad

Aprovecho la crisis migratoria y humanitaria en Ceuta para explicar, en torno al término asertividad, qué debe hacer el gobierno y qué están haciendo nuestros 'socios europeos', algunos aliados y algunos compatriotas. 

Adivina quiénes son los tontos útiles a los que me refiero en mi columna Sacando punta vía Independiente de Granada. 

 'Frente al chantaje y los tontos útiles: asertividad'



Frente al chantaje y los tontos útiles: asertividad.

Sacando Punta

Ignacio Henares Civantos


La crisis fronteriza en Ceuta destapa la pinza internacional contra nuestra integridad territorial y la hipocresía de sectores nacionales que callan ante Trump y Netanyahu, olvidando que la firmeza soberana es inseparable de la dignidad humana.

La asertividad es la habilidad social que nos permite expresar opiniones, derechos, necesidades y sentimientos de forma clara, directa y honesta, defendiendo nuestra postura sin caer en la agresividad ni en la pasividad”.

La reciente y brutal sacudida sufrida en la frontera de Ceuta no es un fenómeno casual de flujos migratorios, sino un pulso geopolítico diseñado al milímetro. Ante la magnitud de este desafío a nuestra soberanía nacional, la única respuesta posible para el gobierno español debe ser realizada desde la asertividad. Ello implica defender con absoluta firmeza y claridad nuestros derechos fundamentales, sin complejos ni titubeos pasivos, pero también sin histerias estériles. Consiste en llamar a las cosas por su nombre y trazar líneas rojas infranqueables ante quienes pretenden debilitar nuestras fronteras estratégicas, que son a la vez las fronteras de la Unión Europea.

Hay que señalar sin ambages al verdadero ‘ingeniero’ de esta crisis: la monarquía absolutista de Marruecos, un régimen dictatorial que utiliza de forma sistemática el drama humano y la desesperación de miles de personas como un arma de presión diplomática y chantaje político contra el Estado español. Rabat abre y cierra el grifo de sus fronteras según sus intereses de expansión regional, asumiendo una actitud de constante deslealtad vecinal.

Sin embargo, el sátrapa alauita Mohamed VI no actúa solo en este tablero de ajedrez. Su osadía se asienta sobre el respaldo explícito y el blindaje estratégico de potencias internacionales de peso, concretamente los Estados Unidos de América e Israel. El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y las alianzas militares derivadas de los Acuerdos de Abraham han envalentonado a un vecino que se siente intocable. Mientras Washington mira hacia otro lado protegiendo a su gendarme en el Magreb, España se ve forzada a lidiar en solitario con las consecuencias de un juego geopolítico ajeno que amenaza de forma directa nuestra propia integridad territorial.

Lamentablemente, algunos de nuestros socios europeos se han sumado a esta pinza internacional. En lugar de ponerse la camiseta de la Unión Europea y disponerse a articular una respuesta humanitaria común, han querido aprovechar la coyuntura para atacar al Gobierno de España. Lo hacen presionando para solicitar el despliegue inmediato de la agencia Frontex o la apertura de centros de deportación externos; una maniobra que busca desentenderse de la gestión de la frontera sur comunitaria, dejando desamparadas a las ciudades autónomas españolas. En el fondo, tras esta revuelta subyacen los celos y la envidia malsana hacia Pedro Sánchez por la firmeza de su posicionamiento político en defensa de la legalidad internacional.

Pero lo que es verdaderamente incomprensible de este escenario es constatar la existencia de lo que bien podríamos definir como "tontos útiles" dentro de nuestras propias fronteras. Entre ellos, el grupo más flagrante y paradójico es el de aquellos que pasan el día presumiendo de patriotas y erigiéndose en los únicos defensores de la unidad de España, pero que ahora guardan un silencio sepulcral ante este ataque directo a nuestra soberanía e integridad territorial. Callan de forma cobarde porque la agresión cuenta con el aval explícito de Donald Trump y de Benjamín Netanyahu, líderes a los que admiran y consideran sus "amigos" internacionales. Anteponer la pleitesía a sus referentes ideológicos extranjeros por encima de la defensa de la patria es la mayor muestra de hipocresía política, que los convierte en inútiles para la necesaria política de país.

Ante este complejo panorama, el Gobierno de España debe abandonar la diplomacia del apaciguamiento y aplicar una asertividad institucional implacable: exigir formalmente a la Unión Europea la corresponsabilidad jurídica y económica total de la frontera sur, y condicionar cualquier acuerdo comercial o de seguridad con Marruecos al respeto escrupuloso de nuestra integridad. Por su parte, la sociedad española debe despertar de la polarización estéril, rechazar los discursos dictados desde despachos extranjeros y unirse en un consenso cívico que signifique la prioridad del interés nacional.

Sin embargo, una mirada asertiva y verdaderamente patriótica no puede ser ciega al dolor de la gente. Desde nuestras profundas raíces de humanismo cristiano, resulta desgarrador e intolerable el silencio mediático que sepulta a los muertos en el mar y en las vallas; seres humanos con nombres y familias reducidos a meras cifras de un asalto fronterizo. No podemos permitir que la geopolítica nos anestesie el alma.

Ser asertivos con el régimen opresor, que empuja y utiliza a estas personas, nos obliga, por pura coherencia moral, a señalar las causas estructurales: la miseria extrema, la falta de futuro y la desesperación de quienes lo arriesgan todo huyendo del horror. La firmeza en la defensa de nuestra soberanía nacional debe ser plenamente compatible con la compasión y solidaridad hacia las víctimas de este macabro juego. Salvar la soberanía de España exige, hoy más que nunca, no perder nuestra propia dignidad en el intento.

Conviene recordar, por tanto, que la asertividad NO ES: proponer ir cazando o pescando seres humanos uno a uno para llevarlos de vuelta por donde han venido; exigir la militarización permanente de la frontera; ni acusar alegremente al Gobierno de favorecer la avalancha migratoria mientras se le reprocha estar regalando papeles. Eso no es firmeza; es, simplemente, barbarie.


domingo, 2 de agosto de 2026

La final (que no podemos perder)

 ¿Qué tiene que ver el fútbol con la emergencia climática? (Casi) Nada, pero me las he apañado para fabular esta metáfora de "La final" (que no podemos perder),  a ver si conseguimos adeptos de esta forma a la causa.

'La final' | El Independiente de Granada




La final

Sacando Punta

Ignacio Henares Civantos

Hay victorias que duran una noche. Otras permanecen durante generaciones.



Todavía celebramos el último Mundial. Durante unos días olvidamos diferencias, discutimos alineaciones como si todos lleváramos un seleccionador dentro y volvimos a comprobar que los grandes campeonatos no los ganan las individualidades, sino los equipos que saben jugar juntos. El fútbol tiene esa rara capacidad de convertir un país entero en un mismo vestuario.

Quizá por eso me ronda una idea desde hace días. Mientras festejamos una copa que recordaremos durante años, España y especialmente Andalucía estamos disputando otra final mucho menos vistosa, pero infinitamente más decisiva. No habrá himnos, ni confeti, ni una fotografía levantando un trofeo. El premio será mucho más humilde y, precisamente por eso, mucho más importante: conservar la tierra que habitamos.

Lo preocupante es que seguimos comportándonos como si esta final pudiera aplazarse.

Hay encuentros en los que se puede especular con el empate, dejar correr el reloj o confiar en una genialidad de última hora. Las finales no funcionan así. En las finales cada minuto perdido pesa en el marcador y cada decisión equivocada acaba pasando factura.

Con el cambio climático ocurre exactamente lo mismo.

Durante demasiado tiempo hemos discutido si el rival era tan fuerte como decían los científicos. Mientras debatíamos, el marcador empezó a moverse. Las sequías dejaron de ser una excepción. Los veranos comenzaron antes y terminaron más tarde. Los incendios adquirieron una violencia desconocida. Los embalses enseñaron un fondo que muchos nunca habían visto y el agua pasó de ser una certeza a convertirse en una preocupación cotidiana.

No es alarmismo. Es el resultado que señala el marcador a estas alturas del partido.

Si hubiera una clasificación europea de vulnerabilidad climática, Andalucía ocuparía uno de los primeros puestos. No porque lo diga un gobierno u otro, sino porque así lo describen nuestro clima, nuestra geografía y una realidad que cualquiera puede observar sin necesidad de leer los informes científicos del IPCC.

Ahí está Doñana, donde cada gota cuenta. Ahí está Sierra Nevada, viendo cómo la nieve pierde terreno. Ahí están nuestros montes, soportando campañas de incendios cada vez más largas. Ahí está el mar de Alborán, calentándose a un ritmo que transforma la vida bajo sus aguas y condiciona la de quienes viven de ellas.

Este no es un partido del futuro. Se está jugando ahora.

Y, sin embargo, seguimos actuando como si estuviéramos ante un derbi político en lugar de una final compartida. Hay responsables públicos más pendientes de discutir quién diseñó la alineación que de organizar la defensa. Se protesta al árbitro, se cuestiona el reglamento y hasta hay quien sigue convencido de que el marcador exagera. Pero el árbitro de este partido tiene una peculiaridad: no admite reclamaciones al VAR cuando quien protesta es la física.

La atmósfera no vota. Los termómetros no leen programas electorales.

El agua no entiende de siglas. Ésa debería ser la primera lección. La segunda es aún más sencilla: el verdadero rival no viste ninguna camiseta. Se llama sequía. Se llama incendio. Se llama desertificación. Se llama pérdida de biodiversidad. Y contra ese adversario no sirven los eslóganes ni las victorias de un solo día. Hace falta un plan de partido, pero no el de un Partido.

Los científicos llevan años haciendo el trabajo del ‘cuerpo técnico’. Han estudiado al rival, conocen sus movimientos y llevan demasiado tiempo avisando por dónde llegará el peligro. Ignorarlos sería tan absurdo como despedir al entrenador en la víspera de la final.

Después llega el equipo. Quienes gestionan nuestros montes. Quienes investigan. Quienes producen alimentos. Quienes protegen el agua. Quienes diseñan ciudades más habitables. Quienes toman decisiones desde las administraciones. Cada uno ocupa una posición distinta sobre el terreno de juego, pero todos comparten la misma responsabilidad. Porque ningún equipo gana un campeonato si sus jugadores compiten entre ellos.

Esa es, probablemente, la mayor enseñanza que ha dejado este Mundial. El talento individual puede decidir una jugada. Los grandes títulos sólo los conquista un grupo capaz de compartir un objetivo común. También Andalucía necesita ese espíritu. No para ganar un debate parlamentario, sino para afrontar el mayor desafío ambiental, económico y social de las próximas décadas. Adaptarnos al cambio climático ya no es una opción ideológica; es una condición para proteger nuestra agricultura, nuestra salud, nuestros bosques, nuestro litoral y, en definitiva, nuestra forma de vivir.

Dentro de unos años casi nadie recordará quién tuvo razón en esta discusión. Como ocurre con tantos partidos, el resultado acabará perdido entre titulares y estadísticas. Lo que sí recordaremos será si supimos reconocer que había una final en juego cuando todavía estábamos a tiempo de disputarla.

Porque hay victorias que llenan las plazas durante una noche. Y hay otras que mantienen un bosque en pie, permiten que un agricultor vuelva a sembrar o que un niño conozca el mismo paisaje que heredamos nosotros. Ésos trofeos bien merecen una celebración.

Andalucía no puede perder esta final. Le pido a Moreno Bonilla que se quite la equipación del Partido Popular y la deje aparcada para otros torneos. Ahora debe jugar con la camiseta de Andalucía en el Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática.


miércoles, 29 de julio de 2026

Los tontos del bulo alimentan los incendios

Junto a las llamas que este año devoran miles de hectáreas en Madrid, Castilla y León o el Arco Mediterráneo, prende otro fuego mucho menos visible y bastante más difícil de extinguir: el de los charlatanes, tanto analógicos como digitales.

Hago una parada en las vacaciones para sacarle punta a "los tontos del bulo" de los incendios forestales


'Los tontos del bulo alimentan los incendios' | El Independiente de Granada

Tontos del bulo, (también) en los incendios forestales
Sacando punta
Ignacio Henares Civantos

Mientras los servicios de extinción se juegan la vida en los montes de toda España, una humareda digital tóxica se extiende por las pantallas de los móviles, tablets y ordenadores. Los bulos sobre los incendios forestales no son simples ingenuidades veraniegas, constituyen una irresponsabilidad criminal espoleada por la meteorología extrema y la pereza intelectual.

Cada verano, cuando el mapa de España se tiñe del rojo de la alerta máxima, nuestro país no solo asiste al drama del fuego en nuestros montes. Juntos a los incendios forestales, que este año están devorando miles de hectáreas en Madrid, Castilla-León o en el arco mediterráneo, brota un fuego menos visible y más difícil de extinguir: el de los charlatanes, analógicos y digitales.

La regla del triple 30 describe las condiciones ambientales para que la propagación de los incendios llegue a un peligro extremo, (temperaturas superiores a 30 °C, humedad relativa del aire inferior al 30 % y vientos superiores a 30 km/h). Lo asombroso es que estas mismas variables meteorológicas parecen operar de forma simétrica en las cabezas de los ingenieros del embuste, provocando un calentamiento cerebral severo que activa sus impulsos más irracionales.

    "La coincidencia de las condiciones ambientales de la regla del triple 30 son críticas para la propagación de los incendios forestales; lo asombroso es que esas mismas variables parecen operar en los ingenieros del embuste, provocando un calentamiento cerebral severo."

Los bulos sobre los incendios forestales buscan generar desconfianza institucional o difundir teorías conspirativas de carácter político y económico. Durante las olas de incendios de este verano, plataformas de verificación y organismos oficiales han desmentido ya numerosas narrativas falsas, y lo que nos queda (de incendios y de bulos).

El catálogo vuelve a rozar el delirio patológico. La fauna de la desinformación despliega su arsenal de teorías conspirativas para consumo de mentes perezosas. Sostienen que los montes se queman intencionadamente para instalar megaproyectos de energías renovables o abrir minas. Da igual que la Ley de Montes prohíba de forma tajante cualquier cambio de uso del suelo forestal quemado durante un plazo mínimo de treinta años. Afirman que misteriosas directrices de la Agenda 2030 prohíben limpiar el monte y que en los espacios naturales protegidos (esta falsedad me duele especialmente) no se permite ‘mover ni una piedra, ni cortar una rama’, por culpa de los ecologistas. Pero, antes contrario, lo que sostenemos desde los gestores y los científicos es que el pastoreo extensivo, la trashumancia y una gestión racional y duradera de los montes contribuyen a reducir el riesgo de incendios. La retirada de restos vegetales y el desbroce no solo están permitidos, sino que además la legislación actual exige a las comunidades autónomas contar con planes anuales para la prevención activa de incendios. Lo que ocurre es que que en determinadas épocas del año, en situaciones con alto riesgo de incendio, como el verano o durante las olas de calor, existen limitaciones que afectan a actividades con riesgo de ignición, como la realización de barbacoas, la quema de rastrojos o el uso de maquinaria que genere chispas. Se trata de medidas preventivas y temporales, no de prohibiciones absolutas.

Pero, desgraciadamente para el tonto del bulo, la realidad tangible nunca debe estropear una buena conspiración que sirva para alimentar sus propios sesgos ideológicos o sus fobias políticas.

Este año se ha elevado especialmente la temperatura del negacionismo climático. A pesar de las evidencias siguen en su narrativa de “siempre ha hecho calor en verano” y aunque la verea se acabe los tontos (del bulo) siguen adelante desconociendo o ignorando la emergencia climática. La gravedad de la situación que estamos viviendo, y el hecho de que la Comunidad de Madrid esté sufriendo uno de los incendios más grandes, está haciendo que circulen más bulos, nuevos o recurrentes, y que los tontos del bulo se hayan multiplicado tanto como la superficie calcinada.

Uno de los más virales ha sido una supuesta portada de “El País” de 24 de julio que afirma que "el Estado recorta más de la mitad de su aportación a la prevención de incendios" y compara 423 millones de euros en 2018 con 181 millones en 2016. Ni el contenido de la noticia es cierto ni esa era la portada de ese día del periódico. Es fácil comprobarlo consultando la propia hemeroteca de ese medio.  

Otros bulos con ‘éxito’ de la temporada de verano son los que muestran un vídeo de un bombero encendiendo un fuego, (imagen sacada de contexto de un fuego prescrito, una maniobra de extinción usada en el incendio de Los Gallardos), o el que se ve a una multitud de personas apagando un fuego con ramas (una imagen grabada en el norte de Argelia). Especial ‘puta gracia’ me hace el de la supuesta intervención de un avión de la Real Fuerza Aérea de Marruecos, que en realidad corresponde a una aeronave de la Sécurité Civile de Francia, (fácil comprobarlo en la rotulación lateral), que depende directamente del Ministerio del Interior francés y que fue publicado en el país vecino que también sufre las secuelas de los incendios, y de los tontos del bulo. En nuestro territorio, a través de la petición del gobierno español a la Comisión Europea, se han movilizado cuatro aviones de extinción: dos de Grecia y dos de Italia.

Entre los bulos que circulan hay también un audio de un piloto español que denuncia que los vecinos no dejan usar el agua de sus piscinas para apagar los incendios que no corresponde a los incendios de Madrid, sino que viene de un incendio en Chile, ¡en 2023!

Conviene, por tanto, hacer pedagogía frente a la manipulación y delimitar las responsabilidades con precisión. Hay que dejar claro que el cambio climático no es el causante del origen del fuego; las llamas nacen casi siempre de una chispa humana, ya sea por una negligencia agrícola, un accidente, un rayo o la mano deliberada de un incendiario. Sin embargo, el cambio climático es el culpable absoluto de que esos incendios sean hoy mucho más dañinos, veloces y destructivos. Las olas de calor más prolongadas y las sequías crónicas convierten la vegetación en polvorines listos para estallar, transformando fuegos que antes eran controlables en auténticos monstruos ingobernables de sexta generación que desafían los sistemas de extinción modernos. Y este año con el agravante de que las abundantes lluvias previas hayan incrementado el material combustible en muchos de nuestros montes.

    "El cambio climático no es el causante del origen del fuego, pero es el culpable absoluto de que los incendios sean hoy mucho más dañinos, veloces y destructivos al convertir los montes en polvorines."

Sin embargo, lo verdaderamente alarmante no es el miserable que inventa el bulo, manipula un video o crea una imagen irreal con inteligencia artificial para generar inestabilidad. Lo trágico es la inmensa legión de ciudadanos, aparentemente normales y corrientes, que comparte esa basura informativa sin pestañear. En la era de la hiperconectividad, el reenvío compulsivo en redes sociales, incluyendo los grupos familiares de WhatsApp, se ha convertido en un deporte de riesgo nacional. "Yo lo paso por si acaso", suele ser la frase-escudo. Bajo ese por si acaso se cuelan audios antiguos de otros países o imágenes descontextualizadas de hace una década. Ese por si acaso es el oxígeno, el viento racheado y el combustible seco que necesita la mentira para calcinar la verdad a la velocidad del rayo.

    "El reenvío compulsivo bajo el pretexto del 'yo lo paso por si acaso' es el oxígeno, el viento racheado y el combustible seco que necesita la mentira para calcinar la verdad a la velocidad del rayo por las pantallas."

Propagar un bulo durante una emergencia de protección civil no es una simple muestra de ingenuidad; es una irresponsabilidad de dimensiones criminales. Mientras los profesionales se juegan el pellejo a pie de llama, los difusores de falsedades saturan las redes con ruido inútil. Bloquean los canales de comunicación, confunden a la población sobre qué zonas son seguras y siembran una desconfianza institucional que debilita de forma drástica la respuesta colectiva ante la catástrofe.

Hemos sustituido el noble ejercicio de pensar por el acto mecánico de pulsar la pantalla. Hoy en día, verificar una noticia sospechosa cuesta exactamente el mismo esfuerzo físico que compartirla: un par de clics. Desmentir que una foto corresponde a un incendio actual o comprobar si una ley dice lo que un tuitero afirma es tan sencillo como abrir el navegador del teléfono y consultar las plataformas de verificación o los perfiles oficiales del 112 y la AEMET. No se requiere un doctorado; se requiere voluntad, responsabilidad y decencia.

Contrastar la información antes de darle difusión no es un lujo intelectual reservado a los académicos; es un deber ciudadano de primer orden, una obligación ética con la comunidad. Quien comparte un contenido alarmista sin verificar su procedencia se convierte en ‘cooperador necesario’ de una industria de la mentira que busca dinamitar los puentes de la convivencia.

España sufre cada año el azote de las llamas debido a factores estructurales complejos que requieren debates serios y una acción coordinada de todas las administraciones públicas. Lo que no podemos permitirnos es añadir a esa ecuación el fuego cruzado de la estupidez organizada. Ya va siendo hora de exigirnos un mínimo de higiene mental. Si no somos capaces de apagar el ventilador que esparce la infamia, terminaremos devorados por un incendio mucho peor que el forestal: el de la ignorancia consentida. Saquemos punta a la cordura antes de que los tontos del bulo nos quemen, definitivamente, el juicio social. Y recuerda que, según la Ley de Fraga, “tan tonto del bulo es el que inventa como el que propaga”.


viernes, 17 de julio de 2026

Un verano complicado

No basta con hacer llamadas a la precaución y encomendarse a las vírgenes y santos. Al gobierno andaluz se le ha echado el verano encima sin hacer los deberes en las actuaciones en prevención de incendios pero tampoco en la planificación ni en la dotación de medios necesarios para la extinción.

'Un verano complicado' | El Independiente de Granada




Un verano complicado 

Sacando Punta 

Ignacio Henares Civantos 

No basta con hacer llamadas a la precaución y encomendarse a las vírgenes y santos. El gobierno andaluz se le ha echado el verano encima sin hacer los deberes ni en actuaciones en prevención de incendios ni en la planificación y dotación de medios para la extinción. 

El presidente de la Junta de Andalucía, MpuntoBonilla, ha comparecido días atrás ante los medios de comunicación con el rostro circunspecto y esa carita de no haber roto un plato para advertirnos de que afrontamos un verano “muy duro y muy difícil”. Ha enfatizado que nos espera un “verano complicado”, por los incendios forestales, como queriendo poner el parche antes de las heridas. 

Pero lo ha hecho arrastrando ya el peso insoportable de 13 víctimas mortales sobre la mesa en el trágico incendio de Los Gallardos (Almería), que lo convierten en el más letal de la historia forestal de Andalucía. En lo que va de campaña Andalucía ya ha registrado el triple de superficie quemada que en el mismo periodo del año anterior. Ante un escenario en el que "queda mucho verano y habrá más incendios", Juanma Moreno ha trasladado parte de la responsabilidad a la sociedad civil pidiendo una cultura de autoprotección y la colaboración vecinal inmediata llamando al 112 para la detección precoz y para perseguir a los incendiarios. 

El diagnóstico oficial, el libreto argumentario que sale de la factoría mediática del gobierno andaluz, recurre a los sospechosos habituales: el desorden climático, la virulencia de los incendios de nueva generación y un invierno inusualmente lluvioso que llenó el monte de un combustible que ha pasado de pólvora de invierno a luto de verano. Pero estos argumentos son verdades a medias que funcionan como una pantalla de humo, dicho sin la menor intención humorística, dada la gravedad del tema. 

Lo que el relato gubernamental calla es que los incendios de verano se apagan en invierno, y que es precisamente ahí, en los meses de frío, donde la Junta de Andalucía ha dejado los deberes sin hacer, atrapada en sus propias contradicciones ideológicas y en la precariedad de su gestión. Culpar sistemáticamente a la crisis climática o a las negligencias ciudadanas no puede eximir de responsabilidad a las administraciones por sus acciones u omisiones. 

 Además hemos llegado a este peligroso escenario, especialmente este año, advertidos de sus consecuencias, sin haber ejecutado los presupuestos necesarios destinados a selvicultura preventiva, limpieza de cortafuegos y apoyo a la ganadería extensiva. El pasado invierno los retenes preventivos han operado bajo mínimos al 75% de su capacidad. Y además hemos llegado al verano con una reducción de la plantilla de agentes forestales de extinción del 14%, como han denunciado los sindicatos. A estas deficiencias hay que sumar otros problemas que se arrastran de campañas anteriores, como los vehículos inapropiados, falta de material y equipos de protección individual profesionales adecuados. 

A esta alarmante falta de personal y de inversión sobre el terreno se suma un caos administrativo y urbanístico colosal. La ley es clara, pero en Andalucía es papel mojado. De los 593 municipios andaluces declarados oficialmente en ‘zona de peligro’, que tienen la obligación legal de contar con un Plan Local de Emergencia por Incendios Forestales, apenas algo más de un centenar disponen de él. 

El 76% de nuestros ayuntamientos carece de esta herramienta crítica actualizada, colocándose Granada en la cabeza de esta Lista Roja con 146 municipios en peligro y menos de una decena con Planes en vigor. La peor de Andalucía. Las consecuencias que hemos visto en el incendio de la provincia de Almería pueden repetirse en otras comarcas andaluzas en las próximas semanas. Urbanizaciones e interfaces urbanas sin Planes de Autoprotección privados integrados, ausencia total de mapas de confinamiento, carencia de hidrantes operativos y, lo más grave, vías de evacuación inexistentes o ciegas. 

Las víctimas no murieron en el corazón de un bosque impenetrable; murieron atrapadas en sus coches o a pie en barrancos y caminos rurales mientras intentaban huir a ciegas de una ratonera que nadie se había molestado en planificar sobre el papel y en realizar los simulacros oportunos. 

Lo primero que tiene que hacer el gobierno andaluz es sustituir la política de escaparate con multimillonarias inversiones en macrohelicópteros ante los que se busca ‘el reel’, por inversiones reales en el medio rural, entendiendo que los incendios forestales en la actualidad están asociados al fenómeno del cambio global ya que derivan tanto de una crisis social, (abandono del medio rural), como de una crisis climática (que si bien no es el origen de la chispa sí los hace más graves e intensos, más difíciles de apagar). 

 Pero el verdadero y principal lastre que impide atajar esta emergencia no es técnico, es político. El reciente pacto de gobierno entre el PP y Vox en la Junta de Andalucía se ha convertido en el principal obstáculo para articular una respuesta decidida ante los incendios forestales con base técnica y científica. No se puede combatir con eficacia un fenómeno global cuando mantienes como socio a un partido anclado en el negacionismo del cambio climático, una fuerza política que criminaliza las normativas ambientales, que nos insulta llamándonos fanáticos climáticos y que considera la transición ecológica una agenda ideológica prescindible. 

El troyano que ha metido M.Bonilla en el gobierno andaluz y los acuerdos firmados con la ultraderecha hacen poco creíbles sus manifestaciones y ponen en evidencia las contradicciones entre los mensajes a la sociedad andaluza que hace ante los medios de comunicación el presidente de la Junta y lo que suelta, con desparpajo y desvergüenza, por su boquita el vicepresidente de Vox. No podemos permitir que la inacción invernal y los peajes ideológicos de San Telmo se cobren más vidas humanas y arriesguemos miles de hectáreas de nuestro rico patrimonio natural. 

El cambio climático no es una hipótesis de futuro, es un presente que puede acabar en muchas cenizas y montes arrasados por el fuego. Y para combatirlo hace falta menos fatalismo meteorológico y mucha más valentía política para sacar de la ecuación a quienes niegan la evidencia mientras el sur peninsular arde. 

Los incendios forestales (también) matan y no solamente a árboles y animales. Guardar silencio ante el dolor de las familias es un deber, pero guardar silencio ante las carencias operativas que exponen la vida de los trabajadores del sector y de nuestros vecinos sería una total irresponsabilidad.

viernes, 3 de julio de 2026

De verde propaganda a marrón populista

He realizado una primera evaluación del acuerdo de gobierno en Andalucía entre PP y Vox, centrado en los aspectos medioambientales, quizás el apartado en el que de manera más evidente Mpunto Bonilla se 'ha bajado los pantalones' y ha certificado la defunción de la 'vía andaluza' convertida en autovía, como en Extremadura, Aragón y Castilla-León, en autovía de dos carriles a la (ultra) derecha. 

'De verde propaganda a marrón populista' | El Independiente de Granada



miércoles, 1 de julio de 2026

Renovables SÍ, pero NO ASÍ

Al despliegue de las energías renovables en Andalucía le falta planificación y sensibilidad ambiental y le sobra especulación y oscurantismo. Las fotovoltaicas de Padul es un ejemplo paradigmático del grito que resuena en muchos rincones de nuestra tierra: "Renovables SÍ, pero NO ASÍ".

Renovables ‘SÍ’, pero ‘NO ASÍ’ | El Independiente de Granada




viernes, 19 de junio de 2026

La VAU-5, un error que puede convertirse en horror.

 Ante tanto #debatedepollas que se da en nuestra ciudad y su entorno, ahora se plantea uno verdaderamente importante y de gran trascendencia para el futuro del Área Metropolitana. Yo me he mojado al respecto y he reflejado mi posición política que, más allá del debate concreto sobre esta infraestructura viaria, nos interpela sobre la movilidad, la sostenibilidad, la salud, el medio ambiente... 

En conclusión: que no nos entretengan ni engañen con juegos de palabras. Una autovía que atraviesa la Vega de Granada no es solución a la movilidad en el Área Metropolitana.

La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror | El Independiente de Granada



La VAU-5: Un error que puede convertirse en horror

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos


El necesario debate sobre la nueva autovía que atravesará la Vega de Granada, (desde el Parque Tico Medina hasta conectar con la segunda circunvalación), no es un problema (solo) de proyecto. Es un problema de modelo de movilidad, de ordenación del territorio, ambiental y de salud pública.


La Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda ha sometido a información pública el anteproyecto y el estudio de impacto ambiental de la vía de aglomeración urbana VAU-5, Esta es una vía de alta capacidad, que conectará la primera y la segunda circunvalación de Granada con una carretera de dos carriles por sentido.


Esta infraestructura viaria que sale desde la capital y atraviesa Armilla, Churriana de la Vega y Las Gabias, ha pasado a denominarse, por arte de birlibirloque, “corredor verde”. Lo hacen por la inclusión de plataformas reservadas para transporte público, carriles-bici y “abundante masa forestal”. Los términos entrecomillados y en cursiva forman parte de la propaganda con la que se nos intenta vender la moto (una amplia vía de hormigón, por mucho adorno que la rodee). Además muestran un preocupante desconocimiento del significado de estos conceptos. Si llamamos corredor verde a una autovía y se confunde plantar árboles con reforestar es que la cosa va de intento de maquillaje lingüístico... y ambiental.


Estos juegos de palabras pueden ser efectivos para enmascarar algunos de los aspectos más agresivos de la nueva carretera. Sin embargo, no pueden esconder las carencias de un proyecto que ni es metropolitano ni es sostenible, las dos condiciones iniciales básicas a las que debería responder. La movilidad sostenible no consiste en pintar de verde unos planos como para que los coches circulen con remordimientos ecológicos.


Se pretende orientar el debate público hacia el trazado y contenido del proyecto. Hay que hay que reconocer que ha mejorado su diseño inicial, aunque requeriría mitigar todavía sus graves impactos ambientales, incluidos los paisajísticos. Pero no nos engañemos: el problema no es el diseño del proyecto, ni el color de los planos. Laalternativa elegida es una vuelta de tuerca más hacia un modelo obsoleto que favorece el tráfico privado y la dependencia del automóvil. Con esta actuación nos alejamos de los parámetros de sostenibilidad, reducción de emisiones y lucha contra el cambio climático que debe inspirar toda actuación sobre la movilidad, (y la accesibilidad) en el área metropolitana.


Este proyecto es un error estratégico porque consolida un modelo que favorece el uso intensivo del transporte privado. Además, no resuelve, ni siquiera a corto plazo, los problemas que se plantean. Es bien sabido que estas vías de mayor capacidad de absorción generan, por su propia definición, más flujos de vehículos y un desplazamiento hacia otros puntos de los problemas de saturación y congestión. 


El error que subyace en ese modelo de movilidad caduco puede convertirse en este caso en un horror ya que produciría una nueva y potente fragmentación de la Vega. Además va acompañado de un modelo de ocupación del territorio, que favorece el desarrollo especulativo y que supone un ataque mortal a la Vega de Granada. La apertura de un nuevo y amplio ‘corredor’, por muy ‘verde’ que sea, provocaría procesos de degradación territorial y facilitaría futuras actuaciones urbanísticas e infraestructuras en los espacios residuales generados por estas nuevas barreras físicas.


De llevarse a cabo, la nueva carretera producirá la pérdida directa de elementos fundamentales del paisaje histórico de la Vega. Provocará la desaparición de árboles frutales y cultivos, junto a tramos del sistema tradicional de riego formado por acequias históricas, pagos, dulas y terrazas. También afectará a cortijos, secaderos y otras construcciones agrarias tradicionales.


Quiero hacer especial hincapié en la necesidad de proteger la Vega de Granada. Es un territorio mosaico de elevado valor paisajístico que destaca por sus excepcionales condiciones agrobiológicas y productivas. Además, desempeña una importante función como pulmón verde de toda el área metropolitana. Salvar la Vega de Granada no es un capricho de románticos y nostálgicos del azadón; es una urgencia de salud pública.


El futuro de la movilidad sostenible del área metropolitana, pasa por invertir el modelo, (en el sentido literal y original del término, de “dar la vuelta”), e invertir, (en este caso en asignar los presupuestos disponibles), en mejorar las líneas del metro, (inversiones millonarias que tienen como objetivo principal ‘quitar coches’), crear una red de autobuses metropolitanos eléctricos, (con frecuencias que hagan olvidar el vehículo particular) y cuidar los caminos rurales que ya tenemos, conectando nuestros pueblos con vías ciclistas y peatonales seguras. Y trabajar ya, en serio, para implantar la integración tarifaria con bonos mensuales asequibles.


No se trata de enfrentar a los que dependen de su vehículo para llegar al trabajo con los colectivos ambientales y en defensa de la Vega. Se trata de tener una visión global, con luces largas, y de valorar el patrimonio colectivo, natural y cultural que es común a toda la población. No es un problema de libertad individual de movimientos, sino de apuesta por unas mejores condiciones ambientales y de infraestructura verde para toda la población; para los de ahora y para los que vienen detrás.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Malditos roedores

A propósito de la crisis del hantavirus, saco punta hoy a otro virus del grupo de los 'sociovirus', término que me acabo de inventar, igual que es nuevo el 'rataplanismo' del presidente canario. 

También recupero otra vez el nymbismo, de origen inglés pero que aquí se cría bien también y sobre el que ya escribí hace poco más de un año (Nymbismo, otro ‘palabro’ | El Independiente de Granada). Todos estos sociovirus son como la malafollá, síndrome que pese a ser de transmisión genética, también se contagian por contacto directo e indirecto. 

'Malditos roedores' | El Independiente de Granada



Malditos roedores

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

El hantavirus ha puesto de manifiesto que nuestro país tiene instituciones fuertes y sólidas para afrontar con éxito y solvencia una grave crisis sanitaria, pero también que tenemos otros ‘sociovirus’ para los que carecemos de herramientas eficaces para combatirlos.

Hay virus que atacan los pulmones y otros que se instalan directamente en la conversación pública. A estas alturas hay ya muchas personas que (parece que) saben del hantavirus una ‘jartá’ y se atreven a intervenir en tertulias, sobremesas y redes sociales con auténtico desparpajo.

Nuestro país está gestionando exitosamente una grave y complicada crisis sanitaria como ha reconocido la Organización Mundial de la Salud y los veintitrés países implicados. Hemos demostrado que nuestros sistemas nacionales de salud y de protección civil son fuertes.

Pero seguimos padeciendo una epidemia nacional más difícil de controlar sus efectos: la del todólogo. Este personaje endémico, lo mismo te explica geopolítica de Oriente Medio, que pontifica sobre ingeniería hidráulica aprendidas en la ‘universidad de la vida’, con tanta seguridad como ausencia de base técnica y científica. Los mismos que hace tres años eran expertos vulcanólogos, hace dos disertaban sobre inflación energética y el año pasado daban lecciones de inteligencia artificial, ahora son eminentes virólogos y epidemiólogos, chatgpt mediante.

Cualquier crisis se convierte en un concurso de ocurrencias. Apenas apareció el hantavirus en los titulares, antes incluso de que los epidemiólogos terminaran de cruzar datos, ya teníamos una alineación completa de autoproclamados expertos repartidos entre televisiones, radios, canales de YouTube y bares con serrín o sin él.

Y junto al todólogo en esta ocasión ha reaparecido uno de sus primos hermanos: el nymbista patrio. Ese que dice “que se haga lo que haya que hacer, pero lejos de mi pueblo, de mi familia, de mi negocio”. Los mismos que pedían controles estrictos mientras no perjudicaran al turismo, a los festivales, a las reservas hoteleras o al chiringuito de su cuñado. En España han proliferado ciudadanos que quieren Estado fuerte para los demás y barra libre para sí mismos.

La mayoría de la población no distinguía anteayer un hantavirus de una marca de fertilizante pero, de repente, todo el mundo opinaba sobre el origen del brote, las medidas de contención o la idoneidad de los protocolos. Vaya si opinaban. La ignorancia nunca ha sido un obstáculo para hablar con solemnidad. Ahora se está convirtiendo en un requisito previo.

He escuchado estos días a dirigentes políticos ‘posicionarse’, a la contra del gobierno, (lo que es la norma y la moda), que ignoran qué es una zoonosis, que han llamado seres vivos a los virus y que desconocen qué es el ARN: ellos juegan todas sus bazas al ‘sentido común’. ¡Ah, el sentido común: ese invento nacional con el que se pretende sustituir a médicos, biólogos y expertos desde tiempos de la carabela!

Pero entre todos los números de este circo ambulante la palma se la ha llevado el presidente canario. En lugar de transmitir prudencia y coordinación institucional, ha optado por la vieja táctica del agravio territorial combinada ahora con los ataques al gobierno de Sánchez. Al incompetente Clavijo que así se llama el susodicho, no le importó negarse a autorizar un fondeo (cuestión en la que no tiene competencias dicha autonomía), porque la Inteligencia Artificial le había chivatado que podía haber ratas en el barco y podían llegar nadando a la costa. Ha inventado el ‘rataplanismo’, otra forma de negacionismo que sumar a la retahíla encabezada por los negacionistas climáticos, creacionistas y terraplanistas. Pero la IA y él la han cagado, porque las ratas no son el origen del problema, sino los ratones colilargos silvestres que viven en bosques andinos y zonas cercanas a las estepas, roedores que no destacan por sus habilidades nadadoras. La hipótesis más sólida que se baraja por los especialistas que están investigando este brote apunta, como portador del virus, a un ornitólogo holandés y su esposa que habían recorrido Chile y Argentina antes de embarcar en el MV Hondius. En el barco no se han detectado ratas, en tierra sí hay muchos malditos roedores, y buitres, y gaviotas.

De nuevo las dos Españas se han contrapuesto: de un lado los que han estado a favor del desarrollo de una compleja operación internacional para dar cobertura y atención a un grupo de seres humanos a la deriva, liderando una acción que le venía muy grande a un pequeño país como Cabo Verde, y cumpliendo con las indicaciones de las autoridades sanitarias europeas y mundiales. Del otro lado la de los que se han opuesto obstinadamente con el argumento de que había que cargarle el marrón (incluido el de los españoles que viajaban en el crucero) a otros, a Holanda por ejemplo. Que cada cual se coloque en la España que quiera, en el lado de la Historia que prefiera. Yo estoy, de nuevo, en el de la ciencia y en el de la solidaridad y el cumplimiento del deber (también internacional) de socorro.

Lo que más me fastidia es que haya tanta gente que lo pase mal cuando las cosas se hacen y salen bien y siendo tan ‘españoles y muy españoles’, no se sientan orgullosos de que su gobierno sea aplaudido mundialmente. Hay demasiadas personas que siguen instaladas en el ¡cuánto peor, mejor! en el que apostaron todo contra el rojo, para los que la verdad no importa, porque la realidad no debe estropear ni el titular ni el mantra. Siguen erre que erre en el ‘España se rompe’ y ‘España se hunde’ aunque en la actualidad no se sostienen esos axiomas y han tenido que dar un doble salto mortal al discurso del infierno fiscal y de la invasión de los inmigrantes.

Y lo verdaderamente agotador no es luchar contra el hantavirus, (la globalización y el cambio climático nos traerán más crisis sanitarias para las que hay que estar preparados), sino escuchar a personas que no soportan que exista un solo asunto sobre el que no tengan opinión contundente. La duda les parece una humillación intelectual. El “no lo sé” les provoca urticaria moral. No soportan el vacío de opinión.

En nuestro país los expertos deben justificar cada dato mientras el todólogo de turno puede inventarse cualquier barbaridad sin el menor coste social. Un epidemiólogo necesita varios estudios revisados pero un tertuliano solamente un micrófono o cualquier persona una cuenta en redes sociales.

Y aquí sí que tenemos un problema sanitario grave por lo insólito del mal que nos ha invadido. Este ‘sociovirus’ de la arrogancia que convierte la ocurrencia en doctrina y la ignorancia en identidad política, tiene un origen genético, (hay partidos políticos que lo llevan en su ADN), pero a la vez curiosamente tiene una tasa de contagio muy elevada. Todo se pega menos lo bonico” que decía mi madre.

Porque aquí se funciona con dos velocidades: la ciencia, la Medicina, los protocolos de protección civil y salud pública, avanzan despacio, (con los tiempos necesarios para realizar analíticas o esperar los tiempos de incubación), pero la verborrea viaja a velocidad de fibra óptica.

El hantavirus, remitirá. Lo otro tiene peor cura.