domingo, 22 de mayo de 2016

En busca del (Cerro) del Tesoro

Esta semana he atacado de nuevo con una leyenda de Sierra Nevada, la del Cerro del Tesoro, de las menos conocidas aunque hay un texto completo que la recopila. Ya escribí hace tiempo un articulo titulado Una Montaña cubierta de leyendas, en el que hacía especial hincapie en las de la Laguna de Vacares y en las del Mulhacén. Por cierto este fué uno de mis "éxitos", uno de los mas leídos tanto en el periódico como en mi blog. va a ser verdad que soy un cuenta cuentos y/o que las leyendas, y en especial las de Sierra Nevada, tienen mucho tirón.

Aquí podéis encontrar la edición digital. http://www.granadahoy.com/article/opinion/2288698/busca/tesoro.html y así quedó la edición en papel.




SIERRA NEVADA, MONTAÑA DE OPORTUNIDADES
EN BUSCA DEL TESORO
Según una antigua leyenda el Cerro del Tesoro encierra en sus entrañas un rico tesoro de joyas  y  piedras preciosas.


Son muchas y variadas las leyendas sobre tesoros en Sierra Nevada, la mayoría ligadas a la etapa musulmana. Muchas de ellas son exclusivas del Reino de Granada y otras son de argumento común con otros lugares. Se basan en supuestos tesoros escondidos por “los moros” tras la conquista de Granada o cuando fueron expulsados los moriscos de la Alpujarra definitivamente. Suelen mezclar elementos mágicos,  siguiendo una tradición oriental, con hechos históricos y parajes reales. 

Una de las más completas aunque desconocidas para mucha gente es la conocida como la leyenda del Cerro del Tesoro recopilada por Moritz Willkomm en su libro “Las leyendas de Sierra Nevada”, junto a la de la Fuente de los Castaños, (típica historia entre hermosa cristiana ‘vieja’ y apuesto jefe morisco), y la de la Peña de los Enamorados (transcripción de la popular leyenda de Antequera). 

LEYENDA DEL CERRO DEL TESORO.

Está ambientada en la época musulmana. Un jeque árabe, Abu Kazar proveniente de Córdoba se establece en el valle del Monachil con permiso de las autoridades granadinas. Allí construye un castillo en el monte y sitúa a su familia más abajo en el valle junto al río. Ganadero y agricultor, hombre afable, modesto y laborioso, hace fortuna con estas tareas agropecuarias y manda a educar a sus hijos a la ciudad, casándolos con hijas de nobles a las que “no les tiraba” el campo. Ismael el biznieto del fundador del clan y cabeza de la familia de los Beni al Kazar un siglo después, va a echar por tierra el patrimonio familiar y la buena fama convirtiéndose en un tirano que gobernaba a sus súbditos con mano de hierro. Conforme dilapidaba su fortuna, y el de una rica heredera con la que casó, subía los impuestos, haciéndose acreedor de odios y temores.
Al arruinarse sólo le quedaba una carta, la de su bella hija Fátima, que utilizaba como señuelo para atacar a los caballeros que iban a cortejarla, ninguno considerado suficientemente rico para sus pretensiones. 

Un día llegó un anciano mago proveniente de Damasco que buscaba unas hierbas mágicas que crecían en la Sierra y que había oído hablar de la belleza de la hija de Ismael.  Al encontrarse con el tirano ambicioso y comprobar la belleza de su hija, le prometió,  que si le concedía la mano de Fátima, lo convertiría en el hombre más rico del mundo, gracias al poder de esas plantas, capaces de descubrir tesoros. 

Hecho el acuerdo, en el solsticio de verano, momento en el que la planta talismán buscada florecía, se adentraron por una vereda tortuosa y recóndita en el monte hasta llegar a un lugar en el que el mago, utilizando su vara mágica adormeció a Ismael para buscar la “hierba de herradura”; a su regreso lo despertó  y le mostró una flor roja, muy bella y extraña, la “llave” que abriría montañas de tesoros. Efectivamente, cuando la flor se giró y señaló un lugar en las rocas, éstas se abrieron y pusieron al descubierto un inmenso tesoro de joyas y piedras preciosas.
Los tesoros fueron almacenados en el castillo pero cuando el mago reclamó su parte del trato, Ismael se negó a cumplirlo, intentado arrebatarle la flor mágica y atacar al viejo y, pensaba, desvalido mago. Pero por un lado la flor, perdía sus efectos en manos de personas impuras y quedó mustia en contacto con el avaro Ismael. Sin embargo en manos de la dulce, pura y virgen Fátima, la flor recuperó su belleza y propiedades. Y, además,  el anciano no era débil ni inválido y cogió su vara y tocándola en el suelo, se abrió un enorme agujero en el que quedaron sepultados Ismael, su hija y todos los tesoros acumulados. Al poco el castillo se deshizo en llamas sepultado por un rayo de una inesperada y repentina tormenta seca de principios de verano.
Otras versiones rematan la historia haciendo desaparecer al brujo con la hija, y el tesoro,  en una gruta que quedó sellada tras la intervención de la vara mágica, haciendo inútiles los esfuerzos del padre en intentar perforar la roca. Ismael hundido en una desesperación profunda y cuando iba a ser arrestado por sus múltiples vilezas cometidas, bajó al sótano y se ahorcó en el mismo instante en que el cadí pedía la entrada en el castillo para su detención. 

La leyenda cuenta que un joven puro y honrado puede abrir el cerro y descubrir los tesoros escondidos con la ayuda de la susodicha y desconocida planta mágica cogida en la noche de San Juan, y de paso liberar y casar con la bella y virgen Fátima que estará aguardando impaciente.  Nadie ha conseguido coger esta planta ya que rápidamente se vuelve mustia al ser pisada aunque un pájaro carpintero, el pito real, hace sus nidos con ella. 

Moritz Willkomm (1821-1895) fue un insigne botánico y geógrafo alemán, que adquirió un gran prestigio en su época sobre todo por sus grandes aportes en el campo de la Sistemática vegetal, además de ser un gran divulgador en el terreno de la Patología Vegetal, Geografía y Jardinería. Es sobre todo conocido por ser el autor junto al botánico danés John Lange del Prodromus Florae Hispanicae... una de las publicaciones más importantes sobre la flora de la península ibérica. De sus tres viajes a Granada escribió dos libros, “Las sierras de Granada” y “Las leyendas de Sierra Nevada”; en este último  se encuentra la narración más completa de la Leyenda del Cerro del Tesoro.

CERRO DEL TESORO

El Cerro del Tesoro,  tiene una altitud de 2.002 m. Recibe otros nombres como Pico del Tesoro, Cerro de Cortichuela o de la Cortichuela  y también Peña o Peñas del Tesoro; se encuentra situado entre el Collado de Matas Verdes a (1.896 m.), que lo separa del Cerro del Mirador y de las lomas de los Panaderos y de Dílar, y el Collado de Ruquino a 1.757 metros.   Para llegar hasta este pico de la media montaña nevadense, la manera que recomendamos es la de realizar el tramo 1 del sendero de gran recorrido GR-240, conocido como Sulayr, desde el Jardín Botánico de La Cortijuela en dirección hacia el Dornajo. Hasta este punto llegaremos desde La Zubia a Cumbres Verdes, Fuente del Hervidero y, continuando por la pista forestal, llegaremos hasta La Cortijuela. Aquí seguiremos las balizas y señales hasta el Collado de Matas Verdes. Desde aquí llegaremos en unos minutos hasta la cima del Cerro del Tesoro.

domingo, 15 de mayo de 2016

Escenarios de guerra (en Sierra Nevada)

Búnker en la Loma del Mulhacén

Ha coincidido mi reportaje de esta semana en Granada Hoy con el concierto "Maniobra de Resurrección" de los 091 en Granada en el que he podido disfrutar de una excelente version de una de las canciones que más me gustan de la mítica banda granadina "Escenas de guerra" que pongo como banda sonora del artículo

https://youtu.be/YMnMv0-YNN4

La doble página que he escrito, denominada "Escenarios de guerra", está inspirada en la propuesta de itinerario por las altas cumbres de un compañero, guía-intérprete del parque nacional y natural de Sierra Nevada, que esperamos pronto ver publicada como cuaderno didáctico y guía para realizar un sendero por los restos de las construcciones de la guerra civil en Sierra Nevada.

Estos son los enlaces a la edición digital:

ESCENARIOS DE GUERRA 


UN SENDERO POR LA HISTORIA RECIENTE

Y así quedó la doble página en papel.






































SIERRA NEVADA, UNA MONTAÑA DE OPORTUNIDADES

ESCENARIOS DE GUERRA

Trincheras, nidos de ametralladoras, refugios, puestos de mando y de tiro… numerosos restos de la ‘guerra civil’ forman parte de un interesante itinerario por las cumbres.
Las "Posiciones del Veleta", fueron una posición estratégica durante toda la "guerra in-civil"
La Sierra Nevada occidental granadina, estuvo partida en dos por la línea del frente de guerra que se extendía por el norte hasta conectar con la vecina Sierra de la Alfaguara y por el sur hasta la costa. El Pico del Mulhacén fue enclave republicano durante los tres años que duró la contienda mientras que el Veleta, por su parte, fue ‘zona nacional’ gran parte del tiempo.
El frente de Sierra Nevada fue secundario ya que ambos ejércitos se concentraron en la toma (o defensa) de Madrid, y en las batallas de Cataluña y Levante. En todo caso, sí tuvo una gran importancia estratégica, y se mantuvo la pugna en la línea divisoria durante toda la Guerra, con diferentes avances y retrocesos esporádicos lo que provocó la realización de numerosas construcciones o el aprovechamiento de las existentes por parte de las tropas de ambos bandos.
Aún quedan numerosos testimonios que nos informan de las circunstancias en las que se libró la Guerra. La mayor parte de esas construcciones se encuentran en estado ruinoso por el paso del tiempo aunque aún así, nos pueden dar una idea de cómo fueron aquellos años en esta zona de alta montaña y de las penalidades que sufrieron, guerra aparte, aquellos soldados en las duras condiciones de la Sierra, aislados y con precarias comunicaciones. En invierno, mal equipados, soportando la nieve, el frío y las ventiscas; en verano, por el contrario, castigados por el calor y la fuerte radiación solar, en una zona sin arbolado que les protegiera, la guerra debió de hacerse larga y penosa.
El "primer refugio" de Sierra Nevada sirvió también para guarnecer a las tropas.
Aún se habla en muchos pueblos de las penurias que pasaban los soldados en la Sierra, destacando lo que sufrieron los “moros” regulares de Ceuta que lucharon en el bando de los sublevados en las lomas de Cáñar y Soportújar, acostumbrados a otras condiciones muy diferentes, o las que pasaron los soldados de la XIII Brigada Internacional del Ejército Republicano, la mayor parte procedentes del norte de Europa, que tuvieron que ser retirados de Sierra Nevada por las duras condiciones que soportaron durante el invierno del 37.
La alimentación se basaba en el ganado requisado por los pueblos y cortijadas, y en una considerable proporción, en conservas. Dando una vuelta por los alrededores de los principales escenarios de la guerra es fácil encontrar antiguas latas de sardinas, de carne asada o de leche condensada, de diversa procedencia: portuguesa, argentina o española.  Se cuenta que los soldados, conocedores de la existencia de las famosas ‘papas de la sierra’ enterradas en hoyos, las buscaban de noche y que alguna vez coincidieron soldados de los dos bandos en el mismo hoyo, y se repartieron el ‘botín’ sin mayores consecuencias.
“En todos los frentes se fuma”.
A lo largo de todo el frente granadino, en poblaciones situadas en el límite entre republicanos y sublevados, se cuenta como los soldados intercambiaban tabaco por papel de fumar; el primero se producía en la Vega de Granada, zona nacional, y el papel en Alicante, que resistió la sublevación fiel al gobierno republicano hasta el final de la Guerra Civil. Los niños eran los encargados de realizar el trueque, pues se confiaba en que a nadie se le ocurriría hacerles ningún daño.

CONSTRUCCIONES DE GUERRA

Los numerosos restos existentes de construcciones revelan el importante contingente humano que estuvo presente en la Sierra durante la Guerra. La mayor parte de esas construcciones se realizaban a base de ‘lajas’ recogidas en la zona aunque se pueden observar en algunos lugares, restos de ladrillos de arcilla así como placas de fibrocemento para la techumbre.
Puesto de vigulancia en la cumbre del Mulhacén
El perímetro de la posición, estaba  rodeado de alambradas, de las que ya no quedan ningún resto, probablemente debido a su valor en los años de la posguerra; esta misma causa provocó la desaparición de las cubiertas de muchas edificaciones, especialmente en los lugares más accesibles. 

Las trincheras eran excavadas sobre el terreno cuando este lo permitía; en otras ocasiones eran realizadas a base de muretes de lajas y sacos terreros.

Trincheras en el Alto del Chorrillo
Las construcciones que han resistido y que todavía podemos observar son muy variadas: trincheras, refugios subterráneos, observatorios, puestos de tirador, ‘casamatas’, parapetos, muretes de piedra, etc. En algunos puntos se observa como las rocas existentes en el lugar, sirvieron de parapeto natural, en otras ocasiones, se utilizaron cortijos, refugios forestales y otros edificios ya existentes, como las instalaciones utilizadas en el Mulhacén para el enlace geodésico entre Europa y África en 1879. 
Loma Púa

 Topónimos relacionados con la guerra civil:


En la vertiente norte: Güéjar-Sierra/Jérez del Marquesado: Cerro de las Balas, Piedra de los Soldados, Hato de los Soldados, Collado de la Trinchera, Los Parapetos, Casilla de los Rojos.

En la Alpujarra: Loma de Las Matanzas, Casilla de Los Moros, Cortijo del Combate, Cortijo de la Hoya del Capitán, El Fortín, Cerro de Los Cañones. 

UN SENDERO POR LA HISTORIA RECIENTE DE SIERRA NEVADA
Mirador de Puerto Molina, unas instalaciones reconvertidas para el Uso Público
Antonio José Ramos, guía-intérprete del parque nacional y natural de Sierra Nevada, ha diseñado una singular propuesta que se suma a la variada oferta de senderos de Uso Público de este espacio natural protegido. El itinerario conecta las dos vertientes de Sierra Nevada y une a todos los atractivos de la alta montaña nevadense, (extraordinarias panorámicas, circos y lagunas de origen glaciar, una flora y fauna exclusivas…), el aliciente de conocer diferentes escenarios en los que se libró una batalla por mantener los frentes en la Guerra que tuvo lugar entre el verano del 36 y la primavera del 39 del siglo pasado. El itinerario pasa por el Mulhacén y el Veleta y atraviesa diferentes construcciones que dan testimonio de la dureza del enfrentamiento, agravado por las hostiles condiciones de la alta montaña que tuvieron su punto álgido en el duro invierno, frío y con numerosas precipitaciones, del año 37.
El itinerario discurre entre el albergue universitario, en la Hoya de la Mora, y la localidad de Capileira y puede apoyarse en los microbuses del Servicio de Interpretación de Altas Cumbres del parque nacional, tanto en la vertiente norte como en la sur. El tramo entre las ‘Posiciones del Veleta’ y el ‘Alto del Chorrillo’ debe realizarse a pie, a través del Collado de la Carihuela para pasar a la vertiente sur y avanzar por la pista que conecta con la Alpujarrra, pasando por el refugio guardado del Poqueira. También puede realizarse en el sentido inverso, arrancando desde el Barranco del Poqueira. En total unos 15,5 kilómetros que pueden recorrerse a lo largo de una jornada completa. 

martes, 10 de mayo de 2016

Carnívoras en las cumbres


De nuevo la flora de Sierra Nevada, en mi colaboración semanal en Granada Hoy. En esta ocasión he dedicado mi página a un endemismo, la tirañuela de Sierra Nevada, una pequeña y curiosa planta que complementa su nutrición con los insectos que atrapa en sus hojas.

En la edición digital está dividido en dos partes:

Carnívoras en las cumbres  http://www.granadahoy.com/article/granada/2278461/carnivoras/las/cumbres.html y Otras atrapamoscas granadinas http://www.granadahoy.com/article/granada/2278429/otras/atrapamoscas/granadinas.html

La versión en papel quedó así.







SIERRA NEVADA, PARAÍSO DE BIODIVERSIDAD
‘Carnívoras’ en las cumbres
La tirañuela de Sierra Nevada es una pequeña planta insectívora que vive en los borreguiles y turberas por encima de los 2.000 metros de altitud.

Una de las especies más curiosas entre la flora de la alta montaña es la “tirañuela de Sierra Nevada también conocida como “grasilla. Pertenece al género Pinguicula,  un grupo de pequeñas plantas herbáceas, de apenas nos pocos centímetros de diámetro,  de la familia de las Lentibulariáceas. Estas plantas están formadas por una roseta basal de hojas pegajosas sobre las que se encuentran a menudo pequeños insectos que quedan atrapados en la superficie. La ‘caza’ se realiza de forma pasiva, en realidad no disponen de un mecanismo de captura realmente activo aunque se puede decir que su método de nutrición es en cierto modo del tipo ‘carnívoro’ porque es su manera de conseguir nutrientes. 

A primera vista las hojas de estas “atrapamoscas” parecen perfectamente normales, pero si nos aproximamos podremos apreciar que están cubiertas por miles de pelos pequeños que segregan gotitas de una sustancia mucilaginosa (viscosa y pegajosa). Cuando una presa queda atrapada en este pegamento, al intentar zafarse con movimientos rápidos, entra en contacto con mayor cantidad de mucílago y “se pringa” aún más. Entonces un segundo tipo de glándulas comienza a segregar un líquido compuesto por ácidos y enzimas digestivos que disuelven las partes más duras de los insectos por lo que el animal es ‘absorbido’ lentamente. Mediante este procedimiento pueden digerirse también granos de polen, semillas y cualquier pequeño resto vegetal. Esta es la forma de obtener los minerales y sustancias necesarias para el desarrollo de estas plantas que en este medio escasean.

Para atraer a sus presas las plantas del género Pinguicula, disponen de un fuerte aroma a setas y el color verde-amarillento y brillante de sus hojas. Las hojas suelen recurvarse en sus bordes, para facilitar el acceso de las sustancias digestivas hacia las capturas. La vida de estas hojas dura pocos días, por lo que la planta debe regenerarlas con bastante frecuencia. 

Las Pinguiculas se encuentran en todo el continente americano,  en Groenlandia, en la mayor parte de Eurasia y en la región del Himalaya. Están prácticamente ausentes de África y faltan completamente en el Sudeste asiático, Australia y Oceanía. El género está compuesto por unas 80 especies diferentes. El mayor número de especies se encuentra en Centroamérica y en Europa.

Los borreguiles en los que habita la tiraña tienen una gran biodiversidad de especies
Etimología:
El nombre del género viene del latín pinguiculis, el diminutivo de "pinguis-e" que significa craso, aludiendo a la consistencia crasa, grasienta,  de las hojas.

Descripción:
La tirañuela de Sierra Nevada o grasilla es una pequeña planta de apenas 10 centímetros, basal, pegada al sustrato y de tacto pegajoso. Las flores son zigomorfas, (de simetría bilateral), hermafroditas y  pentámeras. La corola es bilabiada, de color violáceo; el labio inferior es más largo que el superior, de color lila pálido, a veces blanquecino, con 3 lóbulos mucho más largos que anchos; el central es entero o con el ápice truncado o ligeramente escotado con la garganta de color lila oscuro. Florece entre junio y julio, aunque depende de la temporada, ya que debe aprovechar la retirada de la nieve para llevar a cabo su cortísimo ciclo vital.

Hábitat:
La tirañuela (Pinguicula nevadensis) es un endemismo de Sierra Nevada que crece junto a otras muchas especies tapizantes de los prados húmedos y turberas conocidos como ‘borreguiles’ y en las proximidades de pequeños arroyuelos de alta montaña sobre los micaesquistos silíceos, en los pisos bioclimáticos oro- y crioromediterráneo, entre los 2.000 y los 3.100 metros de altitud.

Forman localmente colonias importantes, que destacan por el color verde manzana de las hojas  y sus florecillas moradas que contrastan con los tonos de otras especies que conviven en estos verdaderos ‘oasis’ de las cumbres.

Conservación:
Es una especie catalogada como vulnerable que se encuentra incluida en la Lista Roja de la Flora Vascular de Andalucía y en la de España. La presión del Uso Público en la alta montaña, el  sobrepastoreo y la escasez del agua son los principales problemas a los que se enfrenta. El cambio climático hará que de manera progresiva se vaya elevando su hábitat óptimo y reduciendo su área de distribución.

OTRAS ATRAPAMOSCAS GRANADINAS


En Sierra Nevada también está presente otra especie del género, prima hermana de Pinguicula nevadensis; se conoce como tirañuela o grasilla de flor grande y su nombre científico es Pinguicula grandiflora subsp. grandiflora


Pinguicula grandiflora grandiflora
Es muy parecida a la especie endémica nevadense pero se distingue por tener las flores más grandes de color violeta oscuro y la garganta blanca con dos manchas oscuras en la parte superior. Tiene una distribución más amplia, atlántica, subatlántica y submediterránea occidental. En Sierra Nevada ocupa un escalón más bajo que P. nevadensis, entre los 1.500 y los 2.000 metros de altitud, también como vegetación de pastizales higrófilos y bordes de arroyos nacientes. 


En la provincia de Granada podemos encontrar otras dos especies del género Pinguicula: P. dertosensis y P. vallisneriifolia. La primera, más frecuente en la Sierra de Cazorla, se localiza en las Sierras de Almijara y Tejeda, es conocida también como tirañuela o grasilla de Tortosa y  forma parte de la vegetación tapizante de arroyos nacientes, roquedos rezumantes y umbríos, calcícola, entre los 1.000 y 1.800 m. La segunda ha sido citada en la Sierra de Cázulas sobre roquedos y travertinos calcáreos rezumantes y umbríos, entre los 600 y 1.700 m de altitud.

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