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domingo, 5 de junio de 2016

Campos de Otero


Enlace a la edición digital:

http://www.granadahoy.com/article/granada/2298583/campos/otero.html





Sierra Nevada, Montaña de Oportunidades
CAMPOS DE OTERO
Este paraje fue escenario de los pioneros del esquí hace ahora 100 años. El albergue de San Francisco es uno de los lugares emblemáticos del montañismo en nuestro país. 

Dónde comenzó el esquí en Sierra Nevada.

El paraje conocido como los Campos de Otero guarda la memoria de los pioneros del esquí, pues fue en esta zona donde, en los años 20 del siglo pasado,  unos pocos pioneros granadinos comenzaron la práctica del esquí en Sierra Nevada, aquél “género de patinación nuevo  y curioso” del que hablara Ángel Ganivet ya en 1897 en sus Cartas Finlandesas.  Aquellos aficionados al deporte y a la montaña, ascendían hasta la zona de los Peñones de San Francisco en camiones cargados con unos rudimentarios esquís de madera para practicar un deporte por entonces completamente desconocido. Al principio lo hacían desde Güéjar Sierra, por unos terrenos abruptos muy difíciles hasta llegar al paraje donde se acababa de construir un Albergue por la Sociedad Sierra Nevada. Fueron los montañeros miembros de esta Sociedad,  (a los que se sumaron luego el Club Penibético y la Asociación Alpinista Granadina),  los auténticos precursores del esquí granadino con la organización de las Semanas Deportivas de Sierra Nevada.  Contaron con el impulso empresarial y político del duque de San Pedro de Galatino. Más tarde, en los años 30, se construyó por el ingeniero Santa Cruz la carretera, ahora antigua,  que iba por el Dornajo y ascendía hasta el Collado de las Sabinas;  desde aquí se dirigía hasta la Hoya de la Mora, en dirección hacia el Picacho del Veleta. Con su puesta en servicio la zona de los Campos de Otero recibiría un gran impulso al facilitar la accesibilidad y la comodidad de la llegada a la “zona esquiable”. Aquí se instaló el primer remonte mecánico.

A principios de los 60, tras el impulso, más ‘moral’ que económico, dado con la visita del dictador Franco,  (que llegó hasta el mismo albergue universitario), el ayuntamiento de Granada compra unos terrenos a las monjas Adoratrices en la Dehesa de San Jerónimo  y a la Compañía Eléctrica del Chorro en la Dehesa de Dílar,   por unos 2 millones de pesetas, (aproximadamente unos 400.000 euros de hoy). Con esta adquisición se inicia el Plan de ‘asalto’ a Pradollano y luego de la zona de Borreguiles y empieza la historia de estación de esquí Sol y Nieve tal y como la conocemos actualmente. Pero eso es otra historia.

ALBERGUE SOCIEDAD SIERRA NEVADA 


La asociación de Amigos de Sierra Nevada se constituyó  en 1912 con 156 socios que aportaron poco más de 20.000 pesetas. En 1913, bajo la dirección de uno de sus socios, el arquitecto Modesto Cendoya, se inicia la construcción del albergue en el Peñón de  la Mojonera, a 2.250 metros de altitud. La zona pasa a conocerse como Los Llanos de Campo de Otero, en honor de Benito Campo y Otero, gobernador civil que lanzó la iniciativa y promovió esta Sociedad. La denominación popular ha reducido y derivado luego el nombre hacia los Campos de Otero o Llanos de Otero. Los primeros en utilizar el albergue, aún en obras,  fueron unos jóvenes alemanes que pernoctaron en julio de 1914 y donaron 150 pesetas para los gastos. El albergue denominado de San Francisco, o de las Cúpulas  no fue terminado hasta 1920. Originalmente tenía dos cuerpos con cúpulas unidos por un elemento central.

Durante los primeros meses de la Guerra Civil la zona era lugar de enfrentamiento constante entre los dos bandos. En la Navidad del 37 los republicanos tomaron el albergue pero en la primavera siguiente los nacionales hicieron retroceder al enemigo hasta la margen derecha de la orilla del Genil. El 8 de marzo cuando un grupo de los sublevados fascistas llega a inspeccionar el Albergue accionan el mecanismo de una bomba y se produce la destrucción del albergue acabando con la vida de dos soldados de la Patrulla Alpina.  Gran parte de la construcción quedó convertida en escombros. Los testigos dijeron que las cúpulas de la zona Este del refugio, literalmente volaron por los aires.

La Sociedad Sierra Nevada se reorganizó tras la guerra y en 1945 restauró la cúpula que quedaba de su antiguo albergue y, bajo proyecto de uno de sus socios, el arquitecto Robles Jiménez, inició la construcción de uno nuevo que nunca llegó a terminar. Los restos del primero volvieron a ser restaurados en 1981 y recientemente por la Federación Andaluza de Montañismo actual gestora de este emblemático e histórico edificio.

 ¿Cómo acceder a Los Campos de Otero?

Hay un sendero señalizado que une el Centro de Visitantes El Dornajo y los Campos de Otero. Su recorrido termina en este lugar que guarda la memoria de los pioneros del esquí granadino, un lugar de extraordinaria biodiversidad vegetal y animal, convertido en la actualidad en una de las estaciones de seguimiento del cambio climático, representativa de los matorrales de alta montaña (enebrales-sabinares y matorrales almohadillados).

FICHA TÉCNICA:
Punto de partida: Centro de Visitantes El Dornajo (carretera A-395, km. 23)
Longitud: 8 km (sólo ida)
Tiempo estimado: 4-5 horas (sólo ida).
Desnivel en subida: 700 m
Desnivel en bajada: 70 m
Cota máxima: 2.200 m
Cota mínima: 1630 m
Tipo de camino: carretera, senda y pista forestal.
Punto final: Albergue San Francisco, Campos de Otero.
Paisaje: El sendero recorre diferentes ambientes pasando por un matorral de media montaña, zona de cultivos, pinares, pastizales y matorral de alta montaña.
Época recomendada: Primavera, verano y otoño.

Otra alternativa para llegar al albergue de San Francisco es continuar por la carretera que accede desde la estación de esquí hacia la Hoya de la Mora; al pasar el Collado de las Sabinas y antes de llegar a los Peñones de San Francisco, hay una pista forestal que sale a la izquierda. A poco más de un kilómetro de este desvío de la carretera se sitúa el refugio montañero y el paraje de los Campos de Otero.

domingo, 12 de febrero de 2012

No a la impunidad del franquismo

Me llamo Ignacio Henares. Mi abuelo tuvo más suerte que los personajes del video promovido por Pedro Almodóvar e interpretados por conocidos artistas comprometidos. A mi abuelo Antonio no le asesinaron,  "sólo" le echaron de "guardia de la porra" y tuvo una condena pequeña en la cárcel. Su delito: un chivatazo de que se reunían en un bar militantes socialistas y él no lo había denunciado. El denunciante tuvo su premio ocupando su puesto. 

Yo me sumo también a ¿Hasta cuando?




Lo más jodido de la condena al juez Baltasar Garzón es que se haya hecho por investigar los crímenes del franquismo persiguiendo la verdad y a sus responsables y buscando justicia para ellos y paz para sus familiares. Yo sé poco de Derecho, pero sí sé de Justicia y en este país ahora a la diosa de la Justicia la han convertido en un pirata que tiene un parche en un ojo solamente con el que imparte Injusticia.

domingo, 12 de octubre de 2008

Sin miedo a la historia, a la verdad

Septiembre siempre es un mes difícil, de mucho trabajo, muchos proyectos, muchas cosas pendientes que no se han podido hacer antes por el verano y no se pueden dejar para después porque hace falta acabarlas antes de que acabe el año. Eso ha hecho que dejara sin rematar varios libros de los que había preparado pare este verano, (esa costumbre/manía mía de leer varias cosas a la vez), que este alargado fin de semana de descanso en Los Pedroches he aprovechado para apurar.

Entre visita a la Feria del Jamón de Bellota y la romería de la Virgen de Luna, he encontrado ratos para acabar algunas lecturas atrasadas relativas a nuestra historia como Los Años del Miedo (Juan Eslava) o El Corazón Helado (Almudena Grandes).

Vivimos momentos en los que la derecha extrema, y algunos aliados anarcoliberales, se empeñan en querer enterrar nuestra historia, justo en el instante preciso en que la (timorata) “Ley de la Memoria Histórica” está permitiendo que se abra la posibilidad de desenterrar los restos de miles de fusilados en cunetas y tapias de cementerios y de sacar a la luz, simultáneamente historias que estaban guardadas en la memoria de hijos, de nietos, de familiares que escondían en lo más profundo lo que deberían exhibir con orgullo.

Cuando profundizo en la historia del siglo XX de nuestro país, comprendo que en Granada, en Andalucía y en España, hay mucha gente que dice querer olvidar pero lo que quiere es que no se sepa, que no se conozca, que se desvirtúe la realidad, que quede sepultada como han estado los esqueletos de tantas personas por ser leales a la II República, condenados como si hubieran sido ellos los sublevados.

Juan Eslava es mi historiador de cabecera, con el que me es fácil y divertido bucear por la historia y la prehistoria. Sin embargo me ha impresionado mucho la lectura del libro de Almudena Grandes. Un libro que le hubiera gustado leer a mi padre, a los padres de los de mi generación; un libro de gran interés para los que nacimos y nos criamos a caballo entre el final de la dictadura y la transición democrática, pero, sobre todas las cosas es un libro que deberían leer mis hijas e hijos, nuestros hijos, a los que les parece, (hay quien quiere que les parezca), batallitas superadas.

Este libro me ha hecho recordar a mi padre, a su afición a la lectura, a aprender de todo, que me contagió. Cuando había muchas dificultades económicas y privaciones, nunca faltaron en mi casa las colecciones de libros, (como los100 ejemplares de la Salvat de bolsillo clasificados por colores –verde, naranja, azul, que creo que fueron los primeros libros que leí), las enciclopedias de Naturaleza y de Arte y las últimas cosas del Círculo de Lectores. Me apena que todavía siga vigente que en España “la mejor manera de guardar un secreto sea escribirlo en un libro”.