sábado, 13 de junio de 2026

Amantes de las arenas

Había pensado en titular este artículo "plantas playeras' pero me sonaba a palmeras, alpargatas, chiringuitos... Luego al verlo impreso podía evocar 'otra cosa verde' pero no en el sentido de vegetales. Menos mal que las imágenes que acompañan el reportaje centran bien el tema de esta semana en "La mar de biodiversidad", el segundo artículo referido a plantas terrestres tras "El jardín vertical que desafía al mar". En ambos caso intento transmitir la idea de la biodiversidad de plantas con superpoderes para sobrevivir en hábitats hostiles y muy amenazados. 

Enlace a la edición digital: ‘Amantes de las arenas’




La mar de biodiversidad

‘Amantes de las arenas’

Ignacio Henares Civantos

En las escasas zonas naturales que quedan en nuestra costa sobreviven auténticos tesoros botánicos que desafían al viento y a la sal marina

Zona de reintroducción de flora de Playa-de las Azucenas


Nuestro territorio costero está fuertemente transformado por la presión antrópica tanto por la urbanización como por la actividad agrícola, siendo muy escasas las playas de arena y los cordones dunares que en otras épocas dominaban nuestro litoral. En aquellos reductos que han sobrevivido encontramos una vegetación peculiar con plantas que soportan un suelo ardiente, la escasez extrema de agua y el azote continuo del mar. Aunque alguien pueda confundirlas con ‘malas hierbas’ son joyas evolutivas, algunas son especies endémicas, que tienen que librar una batalla silenciosa contra el pisoteo, las máquinas limpiaplayas y la pérdida progresiva de su hábitat en el litoral granadino.


Un hábitat muy exigente

Las playas son biotopos muy exigentes para los vegetales, ya que a la falta de capacidad de retención de agua de los suelos arenosos, se le une el efecto del aerosol salino de los vientos del litoral. Las especies capaces de colonizar este medio tan hostil deben contar con diversas adaptaciones. En la costa granadina su desarrollo es muy escaso por el reducido espacio libre de temporales y, principalmente, por la alteración de las playas urbanas continuamente ‘labradas’ en verano por los operarios municipales que ‘limpian’ la vegetación dejando desértica toda la franja litoral disponible para sombrillas, hamacas y toallas.


Solo en algunas playas más naturalizadas y de mayor anchura, como las de Carchuna y las Azucenas, se desarrollan estas interesantes formaciones psamófilas o ‘amantes de las arenas’. Están compuestas por pequeñas especies anuales de óptimo primaveral y algunas especies perennes de matorral bajo, entre las que destacan el carretón de mar (Ononis ramossisima), la mielga marina (Medicago marítima), cardo marino (Eryngium maritimum), la linaria de las dunas (Linaria pedunculata) o la bella clavelina de mar o carmelitilla, (Silene littorea), que llena algunas primaveras de color rosa los arenales de las playas de Calahonda y Carchuna. Cuando estos arenales se enriquecen de gravas y en algunos fondos de ramblas arenosos-gravosos, suele abundar otra especie muy llamativa como es la amapola amarilla (Glaucium flavum).




Adaptaciones extremas: el 'kit de supervivencia' botánico

Para prosperar en un suelo inestable, abrasivo, pobre en nutrientes y con una altísima concentración de sal, la flora dunar y psamófila ha desarrollado adaptaciones evolutivas asombrosas que bien podrían considerarse superpoderes vegetales:


Escudos térmicos y antifugas de agua. La algodonosa (Achillea maritima) es un pequeño arbusto que llama poderosamente la atención porque toda la planta está envuelta en una densa ‘lana’ blanca. Este ‘pelaje’ cumple una doble función: refleja la radiación solar para evitar el sobrecalentamiento y reduce drásticamente la pérdida de agua por transpiración.


Hojas suculentas o impermeables. La oruga de mar (Cakile maritima) es una planta de la familia de las mostazas que crece en primera línea de playa, desafiando el impacto directo del oleaje. Almacena agua dulce en sus hojas carnosas para combatir la aridez ambiental. Además, cuenta con una cutícula cerosa externa que impide que el salitre marino queme sus tejidos.


Anclaje subterráneo y redes de sujeción. El barrón es una gramínea alta y rígida que cuenta con potentes raíces rizomatosas que forman una red compacta bajo el suelo. Es la especie 'ingeniera' por excelencia de los arenales: atrapa la arena que arrastra el viento y es la responsable directa de que se formen y crezcan las dunas móviles.


Especies nodriza: El cuernecillo de mar (Lotus creticus) es una planta rastrera perenne que crece fijando el suelo superficial. Destaca por sus vistosas flores de un amarillo intenso y sus hojas cubiertas de un vello plateado que refleja la luz del sol. Al morir y degradarse, enriquece la arena con nitrógeno y materia orgánica, creando un microclima favorable para que germinen semillas de otras especies más delicadas.


Bulbos profundos y ciclos estacionales. La azucena de mar (Pancratium maritimum) mantiene sus bulbos enterrados a gran profundidad para protegerlos del calor del verano. Sus espectaculares flores blancas y perfumadas brotan a finales de verano, aprovechando el momento en que otras plantas ya se han ‘agostado’. Sus semillas, negras, ligeras y corchosas, flotan en el agua del mar para colonizar nuevas playas.


Amenazas y problemas de conservación: un ecosistema acorralado

Estas singular flora costera se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad debido a que su hábitat natural ha sido ocupado y fragmentado históricamente. Sus principales amenazas actuales son:


Presión turística y pisoteo: La masificación estival de las playas destruye la vegetación incipiente. El paso continuo de bañistas o la limpieza mecánica destructiva con maquinaria pesada barren por completo las dunas embrionarias imposibilitando su regeneración natural.


Pérdida de hábitat e infraestructuras: La construcción de paseos marítimos rígidos, carreteras e instalaciones hosteleras ha sepultado los antiguos campos de dunas, rompiendo la dinámica natural de transporte de sedimentos entre la tierra y el mar.


Especies exóticas invasoras: Plantas escapadas de jardines privados o de antiguas fijaciones de taludes, como la uña de gato (Carpobrotus edulis) o el plumerillo (Cortaderia slloana), desplazan a las especies autóctonas al competir de forma agresiva por el espacio y los nutrientes.


        Invasión de plumerillos en Salobreña

Proyectos de conservación

Afortunadamente, la ciencia y la gestión ambiental pueden aliarse para revertir esta degradación mediante iniciativas pioneras:


• Islas de conservación de plantas silvestres. Proyecto que cuenta con la participación de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y la Mancomunidad de Municipios de la Costa Tropical, junto a los ayuntamientos de los municipios costeros. En diferentes playas granadinas se han creado microrreservas valladas perimetralmente donde se eliminan las plantas exóticas y se reintroducen especies autóctonas.


        Zona de protección de flora playa de Carchuna

• Proyecto DUNE. Iniciativa de investigación enfocada en la conservación y restauración ecológica de las dunas, arenales y acantilados costeros de Andalucía. Evalúa la biodiversidad y la conectividad genética de más de 20 especies de flora protegidas. Ayuda a los gestores locales a optimizar la recogida de semillas y trazar planes de restauración adaptados al cambio climático y la subida del nivel del mar. Está coordinado por la Universidad de Córdoba y cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad.


• Plan de recuperación y conservación de especies de dunas, arenales y acantilados costeros. Aprobado en 2012 por el gobierno andaluz establece medidas de protección para 35 especies de flora que se sitúan en la interfase entre el mar y la tierra, ecosistemas dinámicos y complejos que desempeñan una función clave en el litoral andaluz.


• El programa de reintroducción de la azucena de mar. Se desarrolla en la playa de las Azucenas (Motril). Debido a la presión agrícola, la construcción del puerto y las alteraciones de la dinámica de la arena, esta especie desapareció y con este proyecto se busca recuperar el ecosistema dunar original y transformar esta playa en una reserva natural. Impulsado por el Grupo de Acción Local de Pesca de la Costa de Granada, cuenta con la colaboración científica de la Universidad de Granada, la del Ayuntamiento de Motril y la de colectivos ecologistas. Incluye la participación activa de escolares de los barrios cercanos como Varadero y Santa Adela, quienes han actuado en las repoblaciones con bulbos, y en el acondicionamiento del espacio con pasarelas y tarimas para proteger la flora sensible.

+ Información en el artículo de Jesús del Río, Descripción de las formaciones vegetales del litoral de Granada, en la web Litoral de Granada de la UGR.








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