viernes, 17 de julio de 2026

Un verano complicado

No basta con hacer llamadas a la precaución y encomendarse a las vírgenes y santos. Al gobierno andaluz se le ha echado el verano encima sin hacer los deberes en las actuaciones en prevención de incendios pero tampoco en la planificación ni en la dotación de medios necesarios para la extinción.

'Un verano complicado' | El Independiente de Granada




Un verano complicado 

Sacando Punta 

Ignacio Henares Civantos 

No basta con hacer llamadas a la precaución y encomendarse a las vírgenes y santos. El gobierno andaluz se le ha echado el verano encima sin hacer los deberes ni en actuaciones en prevención de incendios ni en la planificación y dotación de medios para la extinción. 

El presidente de la Junta de Andalucía, MpuntoBonilla, ha comparecido días atrás ante los medios de comunicación con el rostro circunspecto y esa carita de no haber roto un plato para advertirnos de que afrontamos un verano “muy duro y muy difícil”. Ha enfatizado que nos espera un “verano complicado”, por los incendios forestales, como queriendo poner el parche antes de las heridas. 

Pero lo ha hecho arrastrando ya el peso insoportable de 13 víctimas mortales sobre la mesa en el trágico incendio de Los Gallardos (Almería), que lo convierten en el más letal de la historia forestal de Andalucía. En lo que va de campaña Andalucía ya ha registrado el triple de superficie quemada que en el mismo periodo del año anterior. Ante un escenario en el que "queda mucho verano y habrá más incendios", Juanma Moreno ha trasladado parte de la responsabilidad a la sociedad civil pidiendo una cultura de autoprotección y la colaboración vecinal inmediata llamando al 112 para la detección precoz y para perseguir a los incendiarios. 

El diagnóstico oficial, el libreto argumentario que sale de la factoría mediática del gobierno andaluz, recurre a los sospechosos habituales: el desorden climático, la virulencia de los incendios de nueva generación y un invierno inusualmente lluvioso que llenó el monte de un combustible que ha pasado de pólvora de invierno a luto de verano. Pero estos argumentos son verdades a medias que funcionan como una pantalla de humo, dicho sin la menor intención humorística, dada la gravedad del tema. 

Lo que el relato gubernamental calla es que los incendios de verano se apagan en invierno, y que es precisamente ahí, en los meses de frío, donde la Junta de Andalucía ha dejado los deberes sin hacer, atrapada en sus propias contradicciones ideológicas y en la precariedad de su gestión. Culpar sistemáticamente a la crisis climática o a las negligencias ciudadanas no puede eximir de responsabilidad a las administraciones por sus acciones u omisiones. 

 Además hemos llegado a este peligroso escenario, especialmente este año, advertidos de sus consecuencias, sin haber ejecutado los presupuestos necesarios destinados a selvicultura preventiva, limpieza de cortafuegos y apoyo a la ganadería extensiva. El pasado invierno los retenes preventivos han operado bajo mínimos al 75% de su capacidad. Y además hemos llegado al verano con una reducción de la plantilla de agentes forestales de extinción del 14%, como han denunciado los sindicatos. A estas deficiencias hay que sumar otros problemas que se arrastran de campañas anteriores, como los vehículos inapropiados, falta de material y equipos de protección individual profesionales adecuados. 

A esta alarmante falta de personal y de inversión sobre el terreno se suma un caos administrativo y urbanístico colosal. La ley es clara, pero en Andalucía es papel mojado. De los 593 municipios andaluces declarados oficialmente en ‘zona de peligro’, que tienen la obligación legal de contar con un Plan Local de Emergencia por Incendios Forestales, apenas algo más de un centenar disponen de él. 

El 76% de nuestros ayuntamientos carece de esta herramienta crítica actualizada, colocándose Granada en la cabeza de esta Lista Roja con 146 municipios en peligro y menos de una decena con Planes en vigor. La peor de Andalucía. Las consecuencias que hemos visto en el incendio de la provincia de Almería pueden repetirse en otras comarcas andaluzas en las próximas semanas. Urbanizaciones e interfaces urbanas sin Planes de Autoprotección privados integrados, ausencia total de mapas de confinamiento, carencia de hidrantes operativos y, lo más grave, vías de evacuación inexistentes o ciegas. 

Las víctimas no murieron en el corazón de un bosque impenetrable; murieron atrapadas en sus coches o a pie en barrancos y caminos rurales mientras intentaban huir a ciegas de una ratonera que nadie se había molestado en planificar sobre el papel y en realizar los simulacros oportunos. 

Lo primero que tiene que hacer el gobierno andaluz es sustituir la política de escaparate con multimillonarias inversiones en macrohelicópteros ante los que se busca ‘el reel’, por inversiones reales en el medio rural, entendiendo que los incendios forestales en la actualidad están asociados al fenómeno del cambio global ya que derivan tanto de una crisis social, (abandono del medio rural), como de una crisis climática (que si bien no es el origen de la chispa sí los hace más graves e intensos, más difíciles de apagar). 

 Pero el verdadero y principal lastre que impide atajar esta emergencia no es técnico, es político. El reciente pacto de gobierno entre el PP y Vox en la Junta de Andalucía se ha convertido en el principal obstáculo para articular una respuesta decidida ante los incendios forestales con base técnica y científica. No se puede combatir con eficacia un fenómeno global cuando mantienes como socio a un partido anclado en el negacionismo del cambio climático, una fuerza política que criminaliza las normativas ambientales, que nos insulta llamándonos fanáticos climáticos y que considera la transición ecológica una agenda ideológica prescindible. 

El troyano que ha metido M.Bonilla en el gobierno andaluz y los acuerdos firmados con la ultraderecha hacen poco creíbles sus manifestaciones y ponen en evidencia las contradicciones entre los mensajes a la sociedad andaluza que hace ante los medios de comunicación el presidente de la Junta y lo que suelta, con desparpajo y desvergüenza, por su boquita el vicepresidente de Vox. No podemos permitir que la inacción invernal y los peajes ideológicos de San Telmo se cobren más vidas humanas y arriesguemos miles de hectáreas de nuestro rico patrimonio natural. 

El cambio climático no es una hipótesis de futuro, es un presente que puede acabar en muchas cenizas y montes arrasados por el fuego. Y para combatirlo hace falta menos fatalismo meteorológico y mucha más valentía política para sacar de la ecuación a quienes niegan la evidencia mientras el sur peninsular arde. 

Los incendios forestales (también) matan y no solamente a árboles y animales. Guardar silencio ante el dolor de las familias es un deber, pero guardar silencio ante las carencias operativas que exponen la vida de los trabajadores del sector y de nuestros vecinos sería una total irresponsabilidad.

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