sábado, 5 de septiembre de 2026

El comedor de piedras en la Costa Tropical

La vuelta, tras el paréntesis veraniego, a mi sección divulgativa "La mar de biodiversidad" en el periódico Granada Hoy. Enlace a la edición en la web: El comedor de piedras en la Costa Tropical



Y así quedó la versión impresa 



    El comedor de piedras en la Costa Tropical

    La mar de biodiversidad

    Ignacio Henares Civantos

  • Los dátiles de mar forman parte de la familia de los mejillones.

  • Su recolección a golpe de martillo colocó en peligro a sus poblaciones.


    Litophaga litophaga


El dátil de mar (Lithophaga lithophaga) es un molusco bivalvo, pariente por tanto de las almejas, ostras, vieiras, berberechos o navajas. Vive en fondos rocosos calizos y su evolución lo ha convertido en un auténtico especialista de la vida en pequeños huecos que ellos mismos excavan pacientemente. Su tasa de crecimiento es muy baja, la menor de los bivalvos conocidos; por contra posee una elevada longevidad (hasta los 50 años) y una altísima fecundidad, lo que permite una gran dispersión de sus larvas planctónicas tipo veliger

Su concha es alargada, cilíndrica, redondeada en sus extremos, y puede llegar a alcanzar hasta 8-10 cm de longitud; equivalva, (sus dos valvas, izquierda y derecha, son simétricas e iguales entre sí), e inequilateral (sus dos lados no son simétricos respecto al eje que pasa por el vértice); su charnela, (bisagra donde se unen las dos valvas), no tiene ‘dientes’.

La coloración externa es castaña y la superficie tiene unas estrías espirales, más marcadas en los bordes. El interior de las valvas es grisáceo con reflejos violetas-rosados.




Exterior e interior de la concha. litoraldegranada.ugr.es


La mayor concentración de ejemplares grandes se localiza en aguas muy someras, entre los 2 y los 5 metros de profundidad. Aunque pueden habitar desde el nivel del mar, los primeros dos metros suelen ser menos propicios debido al fuerte impacto del oleaje, lo que dificulta que las larvas logren asentarse con éxito. 


Su límite máximo está marcado por la disponibilidad de paredes de roca caliza bien iluminadas o sombrías, libres de sedimentos, lo que raramente supera los 25-30 metros.


Distribución


Presente a lo largo de todo el Mediterráneo, occidental y oriental. En el Atlántico llega hasta Angola, Senegal e islas de Cabo Verde. También está citado en el Índico (Mozambique). En Andalucía ocupa toda la costa mediterránea en el Mar de Alborán y su presencia se concentra en los enclaves de fondos duros y acantilados calizos destacando las poblaciones de los acantilados de Calahonda-Castell de Ferro y los de Maro-Cerro Gordo.



Mapa de distribución del dátil de mar. Fuente: MITECO


La química frente a las ‘barbas’ del mejillón


En la familia de los mejillones encontramos estrategias diferentes para fijarse al sustrato. El dátil de mar se introduce en las rocas gracias a unas glándulas que secretan unas sustancias ácidas que disuelven el carbonato cálcico. Este proceso químico, combinado con un sutil movimiento mecánico de sus valvas, le permite excavar galerías a medida que crece, pasando toda su vida adulta protegido en el interior de la roca, asomando únicamente sus sifones para filtrar el agua y alimentarse de plancton.




El resto de los mejillones se adhieren a la superficie de las rocas mediante el biso, (también llamado 'barbas'), un conjunto de hilos que segregan para pegarse con fuerza a las rocas (o a las cuerdas en el caso de los cultivos marinos). Está formado por fibras naturales, una mezcla de proteínas duras e iones de metal que sirven como ancla y pegamento ultra fuerte para no ser arrastrados por las olas.


Arquitectura submarina para la biodiversidad


Lejos de ser un mero habitante pasivo, el dátil de mar actúa como un ingeniero de ecosistemas fundamental para los fondos rocosos de nuestra Costa Tropical.


Las galerías que perfora pacientemente a lo largo de sus dilatados ciclos de vida, transforman por completo el sustrato rígido. Al morir los ejemplares, las cavidades tubulares vacías se convierten en microhábitats perfectos, refugios seguros y zonas de reproducción para una ingente cantidad de especies como pequeños crustáceos, poliquetos, briozoos e incluso alevines de peces costeros que colonizan estos túneles de piedra, incrementando de forma directa la biodiversidad y la complejidad estructural de nuestro litoral.


Problemas de conservación


El principal talón de Aquiles del dátil de mar radica en la paradoja de su propia protección: para consumirse como un codiciado producto gastronómico, los furtivos deben recolectarlo destruyendo su hábitat natural. Al vivir completamente empotrado en la roca, la única forma de capturarlo es mediante el uso de martillos, cinceles y herramientas neumáticas bajo el agua. Este salvaje método de pesca no solo elimina al bivalvo, sino que arrasa por completo los acantilados marinos, destruyendo toda la comunidad de algas, esponjas y coralígeno que tapiza la roca viva, dejando tras de sí auténticos desiertos submarinos difíciles de recuperar.


Por otro lado, la contaminación de las aguas litorales, la urbanización masiva y la agresivas obras públicas en nuestras costas aumentan los problemas para la regeneración de las poblaciones.



Los dátiles de mar crean un microhábitat singular. litoraldegranada.ugr.es


El alto precio de un manjar prohibido


Debido a su vulnerabilidad y al desastre ambiental que genera su extracción, los dátiles de mar están estrictamente protegidos por la normativa europea, (incluida en el anexo IV de la Directiva Hábitat), estatal, (entre los animales del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial), y andaluza donde fue incluida en el Libro Rojo de los Invertebrados en la categoría de ‘vulnerable’ debido al fuerte impacto histórico que sufrió su hábitat por su recolección. La normativa de pesca marítima de la Junta de Andalucía prohíbe de forma explícita la tenencia, el transporte, el desembarque y la venta en lonjas o establecimientos de restauración, haciendo corresponsable a cualquier restaurante que decida ofrecer este marisco ilegal en sus cartas.


Esta protección jurídica a nivel administrativo tan alta se ve reforzada porque para su extracción se requieren métodos destructivos que ocasionan daños importantes en el fondo marino y un gran perjuicio al medio ambiente por lo que está tipificado como un delito contra la flora y la fauna con penas de prisión que oscilan entre los seis meses y los dos años, además de la inhabilitación especial para el ejercicio del derecho a pescar por un periodo de hasta cuatro años.

Etimología


La palabra dátil viene del griego dáktilos, que luego pasó al latín (dactylus), y significa dedo. El nombre se usó por la forma alargada del fruto de la palmera. La concha alargada, cilíndrica y simétrica, vestida de un color marrón castaño brillante recuerda inevitablemente al fruto de la palmera.


El nombre científico (Lithophaga) proviene del griego antiguo, suma de líthos (piedra) y phagein (comer), por lo que significa literalmente "el que come piedras".



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