sábado, 20 de diciembre de 2025

El tamaño SÍ importa

Esta semana despido el año de mi colaboración en Granada Hoy con un artículo cuyo titular "El tamaño SÍ importa" esconde un mensaje sobre la salud de los ecosistemas y para la pesca sostenible de la lucha contra el consumo de peces y mariscos inmaduros. 

Enlace a la edición digital: El tamaño sí importa

Y así quedó la versión en papel:



El tamaño importa

La mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos


Las tallas mínimas de capturas son una medida esencial para asegurar la sostenibilidad de las pesquerías. La implicación del sector pesquero y una concienciación sobre consumo responsable son necesarios para su cumplimiento.

Un mar único… pero vulnerable

El Mare Nostrum es uno de los de mayor biodiversidad del planeta, (más de 17.000 especies, muchas de ellas endémicas), pero simultáneamente es de los que sufren una mayor presión por la actividad humana. Es un mar semi-cerrado, con poca renovación de aguas cuya estructura, similar a un lago gigante conectado al Atlántico por un estrecho pasillo, hace que cualquier presión humana tenga efectos amplificados.

La pesca, especialmente la artesanal y costera, es una parte fundamental de la cultura y de la economía de muchas comunidades mediterráneas. Sin embargo, durante décadas, la combinación de pesca intensiva, aumento de flotas, tecnificación y demanda creciente ha presionado fuertemente a especies emblemáticas: merluza, pulpo, salmonete, sardina, dorada, boquerón, coquinas, almejas… En muchas zonas se ha llegado a capturar un volumen muy superior a la capacidad reproductiva natural. Hoy, más de un tercio de sus poblaciones pesqueras se consideran sobreexplotadas y muchas especies de interés comercial ven como merman progresivamente sus efectivos.

¿Qué son las tallas mínimas de captura?

Para hacer frente al problema del agotamiento de algunas pesquerías se aplican tallas mínimas de captura, un sistema diseñado para asegurar que los peces puedan crecer y reproducirse, al menos una vez, antes de entrar en la cadena comercial. Esta medida, aunque pueda parecer sencilla, es una de las herramientas más potentes para proteger los recursos marinos, con un impacto extraordinario al actuar sobre un punto crítico, el reclutamiento, es decir, la incorporación de juveniles a la población adulta.

La talla mínima de captura es la longitud mínima legal que debe tener un pez para poder ser retenido, desembarcado y comercializado. Por debajo de esas tallas, no se puede comercializar. Esta regla se basa en un principio simple: evitar la captura de inmaduros. Los peces, moluscos y crustáceos tienen una talla de madurez sexual, un punto a partir del cual pueden reproducirse. La mayoría de las normativas fijan la talla mínima por encima de esa medida, lo que garantiza que los individuos puedan aportar descendencia.

Con estas medidas, además de la protección del ciclo reproductivo para permitir la continuidad de la especie, se persigue la mitigación de la pesca de especies de ciclo rápido como el boquerón y la sardina, el aumento de su valor comercial y la mejora del equilibrio de los ecosistemas marinos con poblaciones mejor estructuradas y más resilientes a cambios ambientales.

Estas tallas se basan en estudios científicos que determinan la edad y tamaño de madurez sexual, el crecimiento de la especie, la tasa de reproducción y la presión pesquera.

En el Mediterráneo, estas medidas están armonizadas en gran parte por regulaciones de la Unión Europea y por organismos como la Comisión General de Pesca del Mediterráneo, organización regional adscrita a la FAO, compuesta por 19 estados mediterráneos, 4 estados del Mar Negro y la UE.

¿Cómo se controlan estas tallas?

La aplicación efectiva depende de varias herramientas:

Inspecciones en lonjas y puntos de venta (pescaderías, supermercados, restaurantes). Los agentes de inspección verifican que los lotes respeten las tallas mínimas permitidas.

Medición directa en el mar. Tanto la pesca profesional como la recreativa están sujetas a controles.

Etiquetado y trazabilidad. Los productos pesqueros deben indicar origen y método de captura, lo que facilita el seguimiento. Los sistemas modernos permiten seguir el producto desde el barco hasta el consumidor. La trazabilidad ayuda a detectar irregularidades y a mejorar la confianza del mercado.

Concienciación de pescadores y consumidores. La sostenibilidad no solo depende de la ley, sino del compromiso de toda la cadena.

Ejemplos de tallas mínimas en el caladero Mediterráneo

  • Boquerón o anchoa (Engraulis encrasicolus): 9 cm

  • Sardina (Sardina pilchardus): 11 cm

  • Salmonetes (Mullus spp.): 11 cm

  • Bacaladilla (Micromesistius poutassou). 15 cm

  • Jurel (Trachurus ttrachurus). 15 cm

  • Merluza (Merluccius merluccius): 20 cm

  • Almejas (Chamelea gallina) y Coquinas (Donax trunculus): 2,5 cm

  • Pulpo (Octopus vulgaris): 1 kilogramo



    Ejemplos de tallas mínimas de capturas en el caladero Mediterráneo


Un reto más complejo de lo que parece



La aplicación de la normativa existente para evitar las capturas de inmaduros no siempre es sencilla de cumplir y se encuentra con algunos obstáculos:

  • Capturas accidentales de juveniles. Algunas artes, como el arrastre, tienen dificultades para evitar la captura de peces pequeños. Aunque las mallas están reguladas, el contacto con el fondo y la naturaleza de los ecosistemas mediterráneos hacen que los juveniles entren en las redes.

  • Desigualdad entre regiones. No todos los países del Mediterráneo cuentan con los mismos recursos de control ni con la misma presión social para cumplir la normativa. Esto genera un problema añadido: si unos cumplen y otros no, la competencia se vuelve desigual.

  • En zonas donde el margen de rentabilidad de la pesca es pequeño, algunos pescadores se sienten tentados a desembarcar peces pequeños, que en algunas especies tienen además una alta demanda selectiva y un buen precio en determinados destinos. Para ellos, cada kilo cuenta. Por eso, las medidas deben acompañarse de apoyos sociales, sensibilización social y alternativas económicas.

Tecnología al servicio de la sostenibilidad

La innovación se ha convertido en una aliada para reducir la captura de juveniles:

  • Sistemas acústicos capaces de detectar bancos de peces y su estructura por tallas.

  • Mallas selectivas y artes modificadas que permiten escapar a los individuos más pequeños.

  • Sensores y cámaras en los barcos para monitorizar la actividad.

  • Trazabilidad digital mediante blockchain para evitar fraude y mejorar la transparencia.

La combinación de tecnología, regulación y concienciación es lo que permitirá avanzar en la pesca del siglo XXI.

Consumidores responsables

Los consumidores somos actores clave en la estrategia contra la venta de inmaduros. Una disminución de la demanda reduce en la cadena la oferta de estos productos. Debemos rechazar peces demasiado pequeños en pescaderías o restaurantes, conocer las tallas mínimas, elegir producto local, cuya trazabilidad es más fácil de verificar, y apoyar certificaciones de pesca sostenible.

Hacia una pesca sostenible

La limitación de las tallas de captura es una parte de las medidas impulsadas por la Unión Europea para hacer de la pesca una actividad a la vez rentable económicamente y respetuosa con los ecosistemas marinos.

Protección temporal o espacial mediante vedas (cierres temporales en los que se prohíbe pescar en áreas específicas durante las épocas de desove o cuando hay mucha concentración de juveniles) y áreas marinas protegidas (donde la pesca está prohibida o muy restringida para permitir la regeneración del ecosistema y la biodiversidad).

Limitaciones de Captura. Son un pilar fundamental para controlar la cantidad de peces extraídos. Basándose en informes científicos se establece el Total Admisible de Capturas, para cada especie en una zona específica, de cara a establecer el Rendimiento Máximo Sostenible.

Medidas técnicas orientadas a la selectividad de las capturas, cuyo objetivo es que el arte de pesca solo capture lo que se busca y deje escapar a los juveniles o especies protegidas. Entre ellas podemos citar el tamaño de malla (diámetro mínimo de los agujeros de la red para que los peces pequeños puedan pasar a través de ellos), dispositivos de selectividad que permiten la salida de especies accidentales (como delfines o tortugas) o de peces que no han alcanzado la madurez, o la prohibición de artes destructivas, como ciertos tipos de arrastre de fondo en zonas vulnerables.

Esfuerzo Pesquero. En estos casos en lugar de limitar los kilos de pez, se limita el "trabajo" del barco, estableciendo un número de días en el mar cada año por barco, como los 143 días en 2026 que se acaban de acordar para la flota española de arrastre en el Mediterráneo. Ese mismo objetivo tiene la limitación de la capacidad de los motores y el tamaño de los barcos para que la ‘presión’ sobre el recurso no aumente descontroladamente.

Obligación de desembarque. Desde 2019, la UE prohíbe el "descarte", que consistía en devolver al mar los peces muertos que no tenían valor comercial o para los que no se tenía cuota. Ahora, todas las capturas de especies reguladas deben traerse a puerto y descontarse de la cuota, lo que obliga a los pescadores a ser mucho más selectivos

Casos de éxito

Aunque queda mucho por hacer, hay ejemplos alentadores en varias zonas del Mediterráneo y del Atlántico cercano:

Merluza en ciertas zonas del Mediterráneo occidental. Tras la implantación rigurosa de tallas mínimas y otras medidas complementarias, se ha observado un aumento en la presencia de juveniles y adultos, así como una mejora del rendimiento por esfuerzo de pesca.

Recuperación parcial de sardina y anchoa en áreas con vedas combinadas. Cuando se combinan tallas mínimas, cierres temporales y controles estrictos, las poblaciones responden rápidamente debido a su ciclo vital corto.

Reservas marinas. Aunque no actúan directamente sobre las tallas mínimas, las reservas crean núcleos donde los peces pueden crecer sin presión. Estos individuos adultos repueblan áreas circundantes.




miércoles, 17 de diciembre de 2025

Yo SÍ las creo

Me mojo en el asunto de las agresiones sexuales. 

Me indican en el periódico que es una de mis entradas más leídas, no sé si es el tema, el día o que lo he movido o lo han movido más desde mi comunidad de amigos (y de algún enemigo) y en general he recibido comentarios interesantes, la mayoría favorables. Me han sorprendido dos. Uno de un compañero y amigo que ha dicho, en privado, que hay que cederle el protagonismo a las mujeres y que hay mucha gente (hombres) en el PSOE que están en esta causa y en esta posición que podría parecer que mi opinión es aislada. Le he respondido que eso se soluciona con una declaración pública en la que diga: yo (también) las creo. La otra puya recibida ha sido más pública. Una mujer casi me ha acusado de intrusismo en este debate y de cómplice. Se han encargado de contestarle otras mujeres de su error.

'Yo SÍ las creo' | El Independiente de Granada




Yo SÍ las creo

SACANDO PUNTA

Ignacio Henares Civantos



Durante décadas, el acoso sexual ha sido uno de esos delitos que ocurrían a plena vista y, sin embargo, permanecían ocultos. En España, los avances legislativos, las políticas de igualdad y el debate público han ampliado el foco sobre el consentimiento, el abuso de poder y los entornos laborales y educativos, pero no han podido minar suficientemente los cimientos del patriarcado en que se asientan las conductas que lo originan. El acoso y la violencia hacia las mujeres es el resultado de un machismo estructural y sistémico, presente aún en muchos ámbitos de nuestra sociedad. Las organizaciones políticas, por desgracia, no están exentas de estos comportamientos.

En esta tesitura, en las últimas semanas, España ha vuelto a mirarse en un espejo incómodo. Las denuncias y testimonios por acoso sexual que estamos conociendo, que atraviesan todo el arco parlamentario, y a diferentes estratos sociales, han activado un reflejo casi automático en nuestra política: contener el daño, ganar tiempo y desplazar el foco. No es una reacción nueva ni exclusiva ante esta coyuntura, pero sí especialmente reveladora de la complejidad y profundidad del problema que hay que abordar.

Yo, SÍ las creo, significa comprender que este silencio histórico no es ni fue casual, sino inducido por un sistema que penaliza a quien habla y que ha pretendido, y pretende, desplazar este asunto al ámbito privado como hace con otras manifestaciones de la misma causa estructural. La presunción de inocencia no debe invalidarse, (da risa escuchar a algunos alegarla después de ver cómo se ha pisoteado este principio jurídico en el caso del fiscal general del estado), pero hay que huir del descrédito automático de las víctimas que ha sido, durante demasiado tiempo, una práctica social.

Yo, SÍ las creo, es poner en evidencia la diferencia entre la igualdad formal y la real, la brecha entre el discurso y la práctica, la (enorme) distancia que nos queda todavía por recorrer a pesar del gran trayecto realizado, lo que indica el gran hueco entre el punto de partida y el destino que anhelamos. Es curioso que estos episodios estén ocurriendo o aflorando cuando desde muchos sectores de la sociedad se intenta desprestigiar el feminismo que llaman ‘radical’, considerándolo demodé, cuando y algunos siguen negando directamente la violencia hacia las mujeres.

En la actualidad está emergiendo un pensamiento que de manera más sutil o subterránea cuestiona las políticas de igualdad recuperando en las conversaciones de bar o incluso en las mesas familiares aquello de “es que van provocando” o soltando “ya sé yo cómo ha ascendido esa”; pero lo más grave es que están encontrado eco y calor en medios y redes sociales y respaldo en determinadas capas sociales de hombres que se sienten ‘perjudicados’ por el ascenso social de la mujer y que igual que culpan al extranjero de sus problemas económicos, señalan en la diana al sexo femenino como causa de sus dificultades y su infelicidad.

A nadie debe escapársele la contribución de las fuerzas políticas más conservadoras a la siembra de estas semillas misóginas y el riego a diario de este estado de opinión. Ello nos obliga al conjunto de la sociedad a dar una respuesta contundente a este neo-machismo y a aplicar, en este nuevo escenario, las ‘lecciones aprendidas’ en la lucha por la igualdad, haciendo un gran esfuerzo pedagógico y siendo ejemplares en las organizaciones políticas progresistas.

La primera lección que quiero señalar es que la existencia de protocolos no garantiza su aplicación efectiva; la retórica feminista o institucional no inmuniza frente a la tentación de minimizar, dilatar o desacreditar cuando el denunciado pertenece al propio espacio político. Los casos mediáticos han reactivado de nuevo las mismas dudas y sospechas sobre las denunciantes que ya conocíamos: ¿por qué ahora?, ¿por qué no antes?, ¿por qué no denunció entonces?, ¿por qué siguió trabajando allí? Rara vez estas preguntas se formulan a quienes ostentan poder. Yo, SÍ las creo, responde a ese patrón con una inversión necesaria: la duda razonable no puede convertirse en una duda selectiva.

Porque estas revelaciones, no han ocurrido antes por falta de víctimas, sino por exceso de miedo, vergüenza y descrédito. Frente a esta realidad, el lema Yo, SÍ las creo, no es un acto de fe ciega ni una consigna ideológica: es una toma de posición ética y política ante una desigualdad estructural que ha silenciado sistemáticamente a las mujeres. En España, este posicionamiento ha avanzado en paralelo, aunque con tiempos y resistencias propias, a lo que supuso el movimiento Me Too en USA y en un contexto socio-político que hace más difícil afrontarlo con el necesario amplio pacto social.

En Estados Unidos, el Me Too obligó a partidos, empresas y organizaciones a asumir que la neutralidad es una forma de complicidad. En España, los casos recientes ofrecen una prueba de estrés similar: o se investiga con independencia y transparencia, o se confirma la percepción de que el poder se protege a sí mismo, sea cual sea su color político. Allí donde hay jerarquías rígidas, dependencia económica o reputacional, y culturas organizativas opacas, el acoso encuentra terreno fértil.

Defender hoy, aquí y ahora, Yo, SÍ las creo, como están haciendo muchas mujeres en el interior del PSOE, en el conjunto del feminismo, (y debieran hacer también muchos hombres socialistas), no es una consigna cómoda ni una pose moral. Es una posición difícil porque obliga a señalar responsabilidades políticas concretas. Obliga a decir que, cuando surgen denuncias que afectan a cargos, asesores o entornos de poder, no basta con comunicados genéricos ni con apelaciones vacías a la prudencia. Prudencia no es silencio; prudencia no es sospechar de quien denuncia mientras se protege la reputación de quien ostenta poder.

El PSOE, ha hecho bandera del feminismo hasta elevarlo a una seña de identidad pública, y puede presumir de haber impulsado, cuando no liderado, (muchas veces con otras fuerzas políticas en contra, en las Cortes, en la calle y en los tribunales), los grandes cambios legislativos y sociales en pos de la igualdad entre hombres y mujeres en todos los campos. Pero la reacción inicial, marcada por la cautela comunicativa y la gestión interna, ha transmitido un mensaje peligroso: que la prioridad era controlar el impacto político antes que garantizar una investigación rápida, independiente y transparente. Cuando el feminismo se invoca como marca pero se diluye si se producen costes internos, deja de ser una convicción y pasa a ser una etiqueta o un eslogan.

En este momento no debe importar tanto a los socialistas, lo que hagan en el PP o en otros partidos, si tienen protocolos y los activan o si se amparan en la presunción de inocencia, como escudo político; no podemos recrearnos en la comparación sino centrarnos en impedir que se intente desacreditar implícitamente a quien denuncia y no reducir el problema a un ataque partidista. Obviamente hay que asumir que los adversarios van a incluir los acosos sexuales en la desaforada estrategia de acoso y derribo del gobierno que llevan haciendo desde hace años, sin importarles realmente el sufrimiento de las víctimas, que dejan relegadas a daño colateral.

Por eso, Yo, SÍ las creo, significa tomarse las denuncias en serio desde el minuto uno, activar protocolos reales y externos, apartar cautelarmente cuando sea necesario, y comunicar con transparencia sin convertir a las víctimas en un problema de imagen. Hay, además, una responsabilidad política añadida que rara vez se menciona: el ejemplo. Si fallamos en la respuesta estamos lanzando un mensaje devastador a miles de mujeres en entornos laborales, institucionales o educativos: denunciar no compensa. Si incluso cuando el foco mediático es máximo las organizaciones dudan, minimizan o dilatan, ¿qué puede esperar quien no tiene altavoces ni respaldo?

Quienes hacen un uso partidista del acoso sexual están agravando aún más el problema. Convertirlo en munición política es otra forma de desprotección de las mujeres. Si el compromiso con las víctimas solo existe cuando sirve para erosionar al adversario, entonces no es compromiso: es oportunismo.

Defender Yo, SÍ las creo, hoy, es asumir que creer es escuchar sin prejuicios, no condenar sin pruebas; es corregir una balanza históricamente inclinada, no volcarla al otro lado.

Escribo para exigir que las denuncias se tomen en serio, que se investiguen con garantías reales y que quien denuncia no sea tratado como un problema a gestionar. Escribo porque cada reacción defensiva envía un mensaje claro a quienes aún dudan si hablar: mejor callar. Creer no es condenar. Creer es escuchar, investigar y no mirar hacia otro lado. Hay que huir de la falsa neutralidad cuando hablamos de acoso sexual y poder. He visto, he sufrido, cómo la duda siempre cae del mismo lado. He visto, he padecido, cómo la prudencia se convertía en coartada y cómo el silencio se disfrazaba de rigor.

El PSOE, el gobierno progresista, tiene que fijar la mirada en la sociedad más igualitaria que quiere seguir construyendo, reafirmando su voluntad de promover la reforma constitucional para blindar el derecho al aborto y defendiendo la abolición de la prostitución en el Congreso. Para ello necesita altas dosis de crédito que va a medirse en su respuesta política en esta crisis. Las mujeres, su protección y sus derechos, deben seguir siendo su prioridad política. Porque el PSOE sigue siendo la herramienta más poderosa para avanzar en igualdad y erradicar el machismo de nuestra sociedad.


sábado, 6 de diciembre de 2025

La mojarra, tesoro plateado

¿Conoces la mojarra? ¿Sabrías decir de quiénes son parientes muy próximos? 

¿Conoces el origen del término 'morralla'? 

Esto y más esta semana en #LaMarDeBiodiversidad 

Pincha abajo para ver la edición digital en la web de Granada Hoy

La mojarra: un tesoro plateado


La mojarra: un tesoro plateado


La mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos


                Ejemplares de mojarra en el litoral granadino. litoraldegranada.ugr.es


La mojarra es un pez emblemático de nuestro litoral, uniendo en sí mismo belleza natural, adaptaciones ecológicas notables y un legado gastronómico arraigado en las culturas costeras. Este habitante de las profundidades es un auténtico símbolo de la rica biodiversidad del litoral granadino.


Su nombre científico es Diplodus vulgaris y es un miembro destacado de los espáridos entre los que se incluyen las diversas especies de sargos, las salpas y las doradas. Esta familia es esencial en los ecosistemas de fondos marinos del Mediterráneo, caracterizándose por ser peces robustos, con fuertes mandíbulas y dietas a menudo omnívoras.


La mojarra es una pieza clave del ecosistema marino cumpliendo funciones ecológicas esenciales como la regulación de poblaciones de invertebrados bentónicos, servir de presa a especies mayores (meros, lubinas y aves marinas) o mantener la dinámica ecológica de hábitats frágiles como las praderas de posidonia. Su abundancia la convierte en un eslabón fundamental de la vida en el litoral mediterráneo. La conservación de esta especie se asegura a través de la protección de las áreas costeras y la aplicación de tallas mínimas de captura.


Practicantes del esnórkel, buceadores y pescadores recreativos disfrutan habitualmente de su presencia en zonas muy próximas a la costa.

Morfología: un diseño inconfundible 



Posee un cuerpo ovalado, alto y notablemente comprimido lateralmente, con una cabeza ligeramente puntiaguda con una boca pequeña pero potente, con dientes capaces de triturar.


Su color base es un atractivo plateado, con reflejos grisáceos o dorados y con dos inconfundibles bandas verticales negras muy marcadas. Una de ellas está detrás de la cabeza, justo sobre el opérculo (tapa de las branquias); la otra está situada en la base de la aleta caudal. A menudo presenta finas líneas longitudinales de tono dorado a lo largo de los flancos.


Aunque puede alcanzar hasta 45 cm, los ejemplares más comunes rondan los 20-30 cm. La mojarra presenta un cuerpo robusto, compacto y perfectamente adaptado a la vida costera. La combinación de robustez y agilidad le permite maniobrar con rapidez y elegancia entre grietas y estructuras submarinas para alimentarse o refugiarse.

Hábitat y distribución


La mojarra es una especie costera por excelencia. Se encuentra desde aguas muy someras (menos de un metro) hasta profundidades de unos 50 a 70 metros. Prefiere fondos rocosos, arrecifes naturales y zonas de transición arena-roca, aunque es habitual encontrarlo en praderas de Posidonia oceanica y en las inmediaciones de escolleras, puertos y rompeolas.


La especie se distribuye por todo el mar Mediterráneo, el mar Negro y las costas atlánticas orientales, desde la península ibérica hasta el noroeste africano.


¿De qué se alimenta?


La mojarra es una especie omnívora con preferencia carnívora. Su fuerte dentición le permite raspar y triturar su alimento. Su variada dieta incluye crustáceos, moluscos, gusanos marinos, equinodermos y pequeñas algas, lo que le permite adaptarse con éxito a distintos ambientes de nuestro litoral.



                                        Banco de mojarras. litoraldegranada.ugr.es


Reproducción y ciclo de vida


Como muchos peces de su familia de los espáridos la mojarra presenta una curiosidad biológica: su hermafroditismo proterándrico. La mojarra nace y madura primero como macho. Al alcanzar cierta edad y tamaño (alrededor de los 4 años y 17 cm), el individuo puede cambiar de sexo y convertirse en hembra.





La época de reproducción en el Mediterráneo occidental tiene lugar entre finales de otoño y comienzos del invierno. La puesta es externa, con huevos pelágicos que flotan y se dispersan. Crecen en aguas poco profundas, donde encuentran refugio entre rocas y praderas marinas. Su crecimiento es rápido y puede vivir más de 6-7 años. Los jóvenes suelen formar bancos o cardúmenes que nadan juntos, mientras que los adultos se pueden observar en pequeños grupos o incluso en solitario.


Sabor local que nunca falla


La mojarra es una especie de interés comercial, aunque generalmente de valor moderado. Es un pescado de proximidad, fresco y sostenible cuando se captura de forma responsable. Su carne blanca, jugosa y de sabor suave es apreciada localmente, y su captura es común tanto en la pesca profesional (con redes y palangres) como en la pesca recreativa desde las rocas o desde embarcación.


Su tamaño la hace adecuada para múltiples preparaciones tradicionales:


A la plancha o a la parrilla, con aceite y limón, una de las formas más populares en la costa mediterránea.

Al horno, entera y acompañada de hierbas aromáticas como romero o tomillo.

En calderetas o suquets, aportando un sabor elegante y no excesivamente graso.

Frita, en ejemplares pequeños, típica en algunos pueblos costeros.


Significado histórico-etimológico


La palabra mojarra se ha convertido en un nombre común genérico y se aplica a una gran variedad de peces de cuerpo plateado en diferentes mares y ríos de distintas regiones del mundo.


Su significado original está relacionado con "algo afilado o puntiagudo" o "algo que sobresale", lo que haría referencia a la forma de su cabeza o, más probablemente, a sus dientes o a los radios espinosos de sus aletas.


En cuanto al nombre científico el género (Diplodus) proviene del griego diplos=doble y dous=diente, en alusión a los dos tipos de dientes que poseen (incisivos y molares).


¿Cómo distinguir la mojarra de otros sargos?


El género Diplodus al que pertenece la mojarra tiene otras especies presentes en la costa granadina que comparten algunas características morfológicas: cuerpo ovalado, comprimido lateralmente y de color plateado. Para distinguir unas especies de otras hay que fijarse especialmente en sus bandas, el perfil de la cabeza y el color de las aletas.


La mojarra (D. vulgaris) se caracteriza por dos grandes manchas negras, una en el arranque de la aleta caudal y la otra en el comienzo de la cabeza. Además tiene unas bandas longitudinales de color amarillo dorado muy difuminadas que recorren los flancos.


El sargo común (D. sargus) tiene una mancha negra anular, en forma de silla de montar, muy visible en la base de la cola. Cinco bandas transversales de color negro que no llegan hasta el vientre, con otras bandas verticales intercaladas menos aparentes. Todas se difuminan en los ejemplares adultos.


El sargo picudo (D. puntazzo) se distingue por su morro muy puntiagudo y saliente, de donde le viene el nombre, que le sirve para para arrancar algas y pequeños invertebrados de las rocas. En el cuerpo tiene bandas verticales oscuras, más finas que las del sargo común. En el pedúnculo caudal posee una mancha negra abierta en la parte inferior.


El raspallón (D. annularis) se caracteriza por la mancha negra anular muy marcada en la base de la cola. Es la especie más pequeña del género. Aletas de color amarillo.


El sargo imperial (D. cervinus) tiene las bandas verticales oscuras, muy marcadas y muy anchas (generalmente 5), que cubren casi todo el cuerpo. Es el más grande de todos los sargos y tiene los labios gruesos.





Representantes del género Diplodus en el litoral granadino. Arriba: mojarra (D. vulgaris). Centro: sargo común (D. sargus) y sargo picudo (D. puntazzo). Abajo: raspallón (D.annularis) y sargo imperial (D. cervinus).



¿Sabes qué es la morralla?



La morralla es una mezcla de pescados de roca y crías de otras especies pequeñas como escorpenas, gallinetas, ratas, arañas, corvinas, brecas, fanecas, capellanes, cintas, doncellas, herreras, salpas, serranos o los mismos alevines de las mojarras. Aunque no se usan normalmente como plato principal, son fundamentales para preparar caldos, sopas y guisos.


Originalmente era el pescado que se quedaba en el fondo de la red y no era el objetivo de la pesca. Al carecer de valor en las lonjas, suele quedarse para venta directa local o para el consumo familiar de los pescadores. La palabra morralla tiene la misma raíz que morro y morral y, aunque se sigue usando con su sentido original, ha vivido una extensión metafórica que le ha llevado a denominar al conjunto o mezcla de cosas inútiles y despreciables, sinónimo de quincalla o de chatarra, por lo que ha acentuado el matiz despectivo del término.


La gastronomía del Mediterráneo aprovecha esta depreciada (que no despreciada) variedad de pescados y mariscos de la morralla para la preparación de exquisitas sopas, arroces y cazuelas por lo que podemos decir que tenemos un sabor bueno para un nombre malo.