domingo, 5 de abril de 2026

Gigantes del cielo sobre el Mar de Alborán

Este fin de semana, en mi sección de "La mar de biodiversidad" en Granada Hoy, comparto protagonismo con una joven bióloga, Lucía García Alcántara, experta en aves marinas, que me inspiró este artículo cuando impartió un taller en una jornada de 'basuraleza' con Iberozoa (lo conté aquí), lo ha supervisado y me ha ayudado a la redacción de los textos. 

Así quedó la versión digital: Gigantes del cielo sobre el Mar de Alborán

y así la versión en papel de este domingo (ayer no había periódico en papel por ser sábado santo). 


 Así eran los 'brutos' enviados a la redacción del periódico para que pudieran maquetarlo a quién le tocara de guardia en esta 'Semana de Pasión'.


Gigantes del cielo sobre el Mar de Alborán

La mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos. Lucía García Alcántara

El cormorán es un maestro consumado del buceo y el albatros el rey del planeo sobre el mar.

        Grupo de albatros en alta mar


Si fijamos la mirada en el horizonte de nuestra Costa Tropical durante los meses de invierno, es probable que seamos testigos del espectáculo del vuelo de dos aves marinas, que, por su envergadura y destreza, ostentan el título de los 'gigantes' del Mar de Alborán.

Del picado vertiginoso del alcatraz al buceo táctico del cormorán

Estas especies que comparten el espacio aéreo del litoral granadino, son el resultado de adaptaciones evolutivas para sobrevivir en el medio marino.

    El alcatraz atlántico (Phalacrocorax carbo) constituye un auténtico proyectil viviente. Su adaptación más asombrosa es su capacidad de realizar picados a casi 100 km/h desde alturas de 30 metros, emboscando sin previo aviso grandes bancos de peces y explotando un nicho ecológico al que la mayoría de las aves marinas le es imposible acceder. Para no sucumbir al impacto, posee sacos aéreos bajo la piel que actúan como ‘airbags’ y carece de orificios nasales externos, evitando que el agua penetre a presión en sus pulmones.

La principal adaptación del cormorán grande (Morus bassanus) es que, a diferencia de otras aves acuáticas como las anátidas, tiene un plumaje que no es totalmente impermeable. Su glándula uropígea no es tan activa por lo que al absorber agua, pierde flotabilidad y puede sumergirse con una agilidad pasmosa para perseguir peces. Por esta razón, tras la inmersión, está obligado a posarse con las alas extendidas al sol, para secar su traje de faena, constituyendo una estampa icónica muy habitual de estas aves.

        Cormorán grande secando sus alas



    Desafíos para la conservación

La presencia de estas aves es un indicador de la salud de nuestros ecosistemas. Proteger enclaves como el paraje natural Maro-Cerro Gordo o las ZECS Acantilados y Fondos Marinos de la Punta de la Mona, Tesorillo-Salobreña y Calahonda-Castell de Ferro, o la Reserva Natural Concertada de la Charca de Suárez, no es solo una cuestión ética y estética, sino una necesidad ecológica para garantizar que estos titanes sigan patrullando el cielo sobre el mar cada invierno.

A pesar de su majestuosidad, estas especies enfrentan diferentes amenazas silenciosas en nuestras aguas:

Interacciones pesqueras: Los enredos accidentales en artes de pesca siguen siendo una causa de mortalidad relevante.

    Contaminación por plásticos: Al ser depredadores acumulan microplásticos a través de sus presas y, en ocasiones, confunden restos flotantes con material para nidos o alimento.

    Degradación del litoral: El aumento de la presión humana en acantilados y zonas de descanso puede alterar sus ciclos de invernada.

    Por desgracia, una de sus principales amenazas sigue siendo la persecución furtiva, especialmente en el caso del cormorán. Existen muchos mitos infundados extendidos en la población que le dan mala imagen, pero la realidad es que no esquilman las poblaciones, sino que suelen capturar especies de escaso valor comercial o individuos enfermos, evitando además la propagación de parásitos en la población de peces. Asociaciones de conservación y organismos científicos rechazan los controles de sus poblaciones y coinciden en que las mejores medidas de gestión es mantener en buen estado los ecosistemas y ‘dejarlas en paz’. En los últimos años se están realizando esperanzadores proyectos de colaboración entre pescadores y ornitólogos hacia una pesca artesanal sostenible, actuando este sector primario como un aliado en el estudio y conservación de las aves marinas.


            Silueta de alcatraz atlántico en vuelo



Silueta de cormorán en vuelo













¿Cómo identificarlos?

El alcatraz atlántico podemos denominarlo como ‘dardo blanco’ pues muestra una silueta con alas muy largas y estrechas con cuello y cola apuntados, formando una cruz o huso. Su envergadura (distancia entre la punta de las dos alas extendidas) roza los 2 metros y su longitud (distancia entre la cabeza y las patas) se aproxima al metro. El pico es fuerte y puntiagudo, de color azulado. En vuelo alterna aleteos potentes con planeos larguísimos, pero lo que le hace inconfundible es cuando se lanza en picado vertical. Los adultos son de un blanco radiante con las puntas de las alas negras (como si las hubiera mojado en tinta) y la cabeza con un sutil tono amarillento. Los juveniles son grisáceos o marrones oscuros, con motas blancas. Tardan 5 años en alcanzar el blanco puro del adulto; en los años intermedios parecen ‘sucios’ o a parches.

El cormorán grande tiene una envergadura de un metro y medio aproximadamente y una longitud próxima al metro. Muestra una silueta con cuerpo robusto, cuello largo, que suele llevar algo estirado o ligeramente doblado, y alas más cortas y redondeadas que la del alcatraz. Vuelan bajo, rozando el agua, a menudo en formación de "V" o en filas si van en grupo. Los adultos son casi totalmente negros. En época de celo, (final de invierno), tanto machos como hembras, cambian el plumaje, ya que que ambos participan activamente en el cortejo y la exhibición en el nido. Entonces desarrollan unas características manchas blancas en los ‘muslos’, una caperuza canosa y se acentúan los reflejos metálicos. Los juveniles son de color pardo oscuro, pero lo más fácil para reconocerlos es su pecho y vientre blanquecino o muy claro, que contrasta con el dorso oscuro.

Para saber más:

FICHA Alcatraz atlántico - SEO/BirdLife

FICHA Cormorán grande - SEO/BirdLife

Sabías que...

El alcatraz tiene una visión binocular excepcional que le permite calcular distancias con precisión milimétrica antes del impacto en el agua. Además, sus ojos cambian de color: los adultos tienen un iris azul pálido rodeado de un anillo de piel negra que parece ‘eyeliner’.


El futuro vuela sobre nuestras olas

Más allá de su valor ecológico, la presencia de estos gigantes es una oportunidad para el turismo ornitológico, una modalidad de ecoturismo en alza, que puede ser un complemento para una oferta turística desestacionalizada. Atraer a observadores de toda Europa, que acuden con sus cámaras y prismáticos a puntos de nuestra costa, pone en valor un patrimonio natural que no entiende de sombrillas ni de hamacas.

Cuidar de nuestros alcatraces y cormoranes es, en definitiva, cuidar de una marca de calidad para la Costa Tropical: la de un litoral vivo que ofrece espectáculos naturales de primer nivel a escasos metros de nuestras playas. Cada picado del alcatraz y cada silueta del cormorán secándose al sol son recordatorios de que el Mar de Alborán sigue siendo un santuario que merece ser admirado, respetado y, sobre todo, protegido.




       Alcatraz planeando sobre el mar



¿Cuándo y dónde observarlos en la costa granadina?


El alcatraz atlántico es un ave marina que se observa principalmente durante el otoño e invierno, cerca de la plataforma continental, en el cabo Sacratif, desembocadura del Guadalfeo y zonas de acantilados. La mayoría de los ejemplares avistados provienen de colonias del norte de Europa y Gran Bretaña que encuentran en nuestra costa un ‘balneario’ rico en alimento.

El cormorán grande es muy común durante la época invernal. Se puede observar reposando en espigones, rocas o pescando cerca de la costa, en zonas tranquilas como los acantilados de Cerro Gordo o de Calahonda. Se ha vuelto un vecino cada vez más habitual colonizando incluso humedales interiores como la Charca de Suárez y llegando hasta la Laguna de Padul, Cubillas, Bermejales o el Embalse de Negratín donde se ha observado una colonia reproductora.

Ambas especies también pueden observarse en los pasos migratorios pre- y postnupcial, cuando ocasionalmente también es posible avistar al cormorán moñudo.


         Cormorán en vuelo de inspección


* Las imágenes y dibujos de este artículo han sido tomados de la web de la ONG, SEO-Birdlife.