sábado, 19 de septiembre de 2026

Un ‘boxeador’ minúsculo en el fondo del mar

 ¿Conoces un crustáceo denominado 'galera'? 

Tienen una visión singular y compleja, un sistema de ataque/defensa curioso (del que he sacado el titular) y un sutil cortejo invernal. Todo esto y además de donde viene el nombre común y el científico.

Versión digital: Un ‘boxeador’ minúsculo en el fondo del mar

Versión papel:



Un ‘boxeador’ minúsculo en el fondo del mar

La mar de biodiversidad

Ignacio Henares Civantos

Las galeras viven en fondos de arena o fangosos. Tienen una de las visiones más complejas del reino animal. Está armada con unas pinzas raptoras semejantes a las de la mantis religiosa.


Galera (Squilla mantis). Fuente: litoraldegranada.ugr.es

La galera (Squilla mantis) es un crustáceo del grupo de los estomatópodos ( que significa “con patas en la boca”). Vive en los fondos arenosos y fangosos de nuestro litoral, hasta los 50 metros de profundidad, excavando galerías y túneles. Su cuerpo es alargado y aplastado dorsoventralmente, de color amarillento o rosado algo translúcido, con un par de manchas redondas negruzcas bordeadas de un anillo claro en la porción dorsal del telson (cola). El caparazón tiene forma de escudo, con un pequeño rostro romo. Puede alcanzar los 25 cm de longitud, aunque su talla más común se sitúa en torno a los 15 cm. Es una especie carnívora que se alimenta fundamentalmente de otros pequeños crustáceos, alevines de peces, gusanos poliquetos y moluscos.

Un boxeador de élite en el fondo del mar


Depredador implacable, sale de su refugio por la noche para cazar. No posee las pinzas redondeadas de un cangrejo, en su lugar, está armada con unas extremidades raptoras plegadas bajo el cuerpo, idénticas a las de una mantis religiosa. Cuando una presa se acerca, la galera despliega sus ‘puños’ a una velocidad de vértigo. Su ataque es uno de los movimientos más rápidos de todo el reino animal, alcanzando una velocidad similar a la de una bala. El impacto es tan violento que genera burbujas de cavitación, (ondas de choque térmicas), capaces de romper caparazones de caracolas, patas de cangrejos e incluso el cristal de un acuario.


Una visión singular y compleja

Si su fuerza sorprende para su tamaño, sus ojos rozan la ciencia ficción. Las galeras poseen un sistema visual complejo. Mientras que los seres humanos tenemos tres tipos de células fotorreceptoras para distinguir los colores (rojo, verde y azul), la galera cuenta con hasta 16 fotorreceptores diferentes.


Esto significa que sus ojos, que se mueven de forma tridimensional e independiente, son capaces de ver la luz ultravioleta, la infrarroja y percibir la luz polarizada. Su cerebro procesa una gama de colores que los humanos ni siquiera podemos imaginar, una herramienta evolutiva perfecta para detectar presas camufladas en la turbidez del fango o comunicarse con otros miembros de su especie en la penumbra. Estudios recientes han revelado no obstante que su capacidad de diferenciar matices de colores es mucho peor que la nuestra porque solo distinguen colores que están relativamente separados. 

¿Por qué si tienen más fotorreceptores ven peor el color?

La explicación científica es un asombroso ejemplo de ahorro de energía cerebral. Los vertebrados superiores y nosotros mismos tenemos 3 receptores y un cerebro enorme que pasa mucho tiempo comparando y mezclando esas señales para crear millones de colores combinados.  La galera no tiene un cerebro capaz de hacer esos  cálculos matemáticos tan complejos. Sus receptores funcionan como un lector de códigos de barras automático. El ojo reconoce el color de forma binaria e inmediata "(esto es rojo directo" o "esto es UV directo") y envía una respuesta refleja directa al cuerpo para atacar o huir. 

Por lo tanto podemos indicar que estructuralmente sus ojos son de los más complejos del mundo, porque captan bandas físicas reales que nosotros ni olemos (como la luz polarizada circular o 5 rangos distintos de ultravioleta), pero visualmente su paleta de colores es plana, pixelada y sin matices. Digamos que ven el mundo de forma mucho menos ‘artística’ o definida que nosotros, pero de una manera extremadamente rápida y eficiente para su supervivencia.

¿De dónde viene el nombre?

El nombre científico de las galeras es Squilla mantis. El género, proviene del griego antiguo (Skilla) de donde pasó al latín (squilla) y sirvió para referirse a pequeños crustáceos, lo que dio origen a quisquilla o esquila. El apellido (mantis) deviene por su parecido con el de los insectos conocidos como santateresas (Mantis religiosa).

El singular diseño anatómico de este crustáceo es el responsable de su nombre común. Los antiguos marineros del Mediterráneo recurrieron a una ingeniosa metáfora náutica al bautizarlos como galeras. Al ver a este crustáceo nadar con un movimiento rítmico, secuencial y acompasado de sus múltiples patas les recordó a los remos de las viejas galeras de guerra que surcaban el mar, cuyo principal motor era la fuerza de esclavos (galeotes) remando a ambos lados del casco. La analogía es doble pues estos diminutos ‘barcos’ son incansables ingenieros que construyen intrincados túneles en forma de U, unas galerías subterráneas que le sirven de refugio y base de operaciones, lugar en el que se desarrolla su curioso comportamiento reproductivo.

En nuestra costa comparten otros nombres locales como el de alacrán (por sus espinas y pinzas peligrosas que pueden producir temibles cortes) o el de castaña (por el crujido que emite su armadura al plegar el abdomen fuera del agua).

El sutil cortejo de invierno

Al llegar el invierno, el comportamiento de este ermitaño cambia por completo. Entre diciembre y febrero se inicia su época de reproducción. Es un momento crítico y fascinante en el que las galeras macho abandonan la seguridad de sus túneles para buscar pareja. Debido a su naturaleza tan agresiva y sus potentes garras raptoras el macho debe acercarse de manera sutil para evitar ser atacado como si fuera un intruso o una presa.

El cortejo se inicia con un reconocimiento químico detectando la presencia de la pareja y la disposición sexual mediante feronomas; el macho se acerca despacio a la entrada de la madriguera; si la hembra no lo rechaza con golpe defensivo emitirá señales de luz polarizada invisibles para otros depredadores para decir "estoy disponible" y permitirá la entrada a la galería donde ocurre el apareamiento.

Tras la cópula, las hembras cuidan con celo de sus masas de huevos (una especie de esponja amarillenta), limpiándolos y oxigenándolos constantemente dentro de la galería hasta que eclosionan las larvas, que flotarán a la deriva en el agua antes de regresar al fondo.

Del descarte marinero a la alta cocina de la Costa Tropical

Este ciclo reproductivo invernal está directamente ligado a su historia gastronómica. Durante décadas, la galera fue considerada un marisco menor o un simple descarte de las redes de arrastre. Debido a que su caparazón es espinoso y contiene poca carne, comparado con una cigala o un langostino, los pescadores las echaban al caldero exclusivamente para dar un sabor intenso a los platos.



Como ocurre con otros productos del mar la alta cocina ha descubierto el brutal potencial organoléptico de este crustáceo con un sabor ‘marino’ muy intenso. Precisamente en invierno, coincidiendo con su madurez sexual, las galeras están ‘llenas’ y sus jugos alcanzan la máxima concentración de sabor. Hoy en día, verlas abiertas a la mitad y marcadas a la plancha en los restaurantes del litoral granadino es un auténtico manjar a la vez que es un ingrediente excelente para la cocina tradicional enriqueciendo caldos, arroces y fideuás.

Fósiles vivientes

Las galeras son auténticos ‘fósiles vivientes’. Su linaje es increíblemente antiguo y se separó de otros crustáceos comunes (como los cangrejos o las langostas) hace unos 400 millones de años, durante el Devónico. Esto significa que sus ancestros ya patrullaban los fondos marinos mucho antes de que aparecieran los primeros dinosaurios. Las galeras modernas surgieron entre el Triásico tardío y el Jurásico dividiéndose en dos grupos, las "perforadoras" y las "boxeadoras". Las galeras actuales se parecen mucho a sus ancestros ya que su diseño biológico resultó muy eficiente. Al especializarse como depredadores de emboscada en madrigueras, (combinando un golpe hiperveloz con un sistema visual único), no sufrieron grandes presiones evolutivas para modificar su anatomía. El modelo les funcionaba tan bien hace 150 millones de años que la evolución decidió, simplemente, no tocarlo.


No hay comentarios: