lunes, 11 de abril de 2016

La Apolo 'huye' hacia arriba

Esta semana tocaba la serie dedicada a analizar los efectos del cambio climático en Sierra Nevada aunque serviría también para la dedicada a nuestra biodiversidad ya que he aprovechado para contar algunas cosas de la mariposa Apolo de Sierra Nevada, una de las más atractivas e interesantes mariposas diurnas.

El reto de la lucha contra el cambio climático para la Humanidad es de enormes dimensiones y muy complejo en solucionar pero igual que hubo un Programa Apolo para alcanzar la Luna, ahora hay un nuevo programa Apolo para luchar contra el cambio climático, aunque hoy ese objetivo se nos divise tan lejano como nuestro satélite terrestre.  
Así quedó el artículo en la edición digital: 

http://www.granadahoy.com/article/granada/2258037/la/apolo/huye/hacia/arriba.html#

y así quedó la página en la edición impresa.


LA HUELLA DEL CAMBIO GLOBAL EN SIERRA NEVADA

La Apolo ‘huye’ hacia arriba

La mariposa Apolo llegó con las últimas glaciaciones del Cuaternario y ahora busca su refugio climático más adecuado remontando por las cumbres de Sierra Nevada. 

Descripción: La Apolo es una mariposa de gran tamaño, entre 6 y 8 centímetros de envergadura alar. Conocida también como pavón diurno, es una de las exclusivas 5 especies de la familia de los papiliónidos existentes en la península (4 de ellas presentes en nuestro macizo montañoso).  Las alas tienen aspecto apergaminado, translúcidas en los márgenes, por la ausencia de escamas. El color dominante es blanco con presencia de manchas negras. Se caracteriza por la presencia de ocelos en las alas posteriores de color canela-anaranjado, con un borde negro y pupilados en blanco. 
Hay un ligero dimorfismo sexual; las hembras son un poco mayores, con los ocelos ligeramente más grandes y tienen más concentración de escamas negras en ambas alas.

Hábitat: En Sierra Nevada se encuentra entre los 1.700 metros, en el límite superior del robledal en la vertiente norte, hasta unos 3.300 metros, en la ladera sur del Pico del Mulhacén.  Muy ligada a su planta nutricia, las larvas de la subespecie nevadense casi siempre se alimentan de Sedum tenuifolium, una planta de la familia de las crasuláceas.  Los adultos utilizan diferentes fuentes de néctar, habitualmente en Sierra Nevada es fácil observarlos en flores de cardos, tomillos o armerias.  
Ciclo biológico
Vuela en una sola generación desde principios o mediados de junio hasta el mes de agosto, según la cota, vertiente y las circunstancias ‘climáticas’del año.  Los adultos suelen tener una longevidad que oscila entre las 2 y 4 semanas. 


Los machos nacen antes que las hembras y pasan el día ‘patrullando’ en busca de hembras vírgenes. Las hembras son sedentarias, suelen estar permanentemente en reposo en el suelo o encima de piornos y enebros rastreros, desplazándose solamente para alimentarse. La cópula puede durar hasta 3-4 horas. Suele hibernar como huevo con la oruga desarrollada en su interior, aunque algunos huevos pueden eclosionar en otoño. Tras la hibernación completan su desarrollo y crisalidan  bajo piedras, a finales de mayo o principios de Junio, en el interior de un rudimentario capullo sedoso. Unas 3 semanas después emerge el imago o adulto.
Conservación: Está declarada como Vulnerable en la lista Roja de Invertebrados de Andalucía. Sus colonias gozan además de la protección que les confiere vivir en el interior del Parque Nacional de Sierra Nevada. Está incluida también en la Directiva Europea Hábitat y en el Convenio de Berna así como en CITES (Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres).
Hasta hace unas décadas el mayor riesgo estaba provocado por la captura de ejemplares, dado el interés de los coleccionistas por hacerse con los adultos por su rareza y belleza. Entre las amenazas actuales destacamos las consecuencias del cambio climático, los cambios en los usos ganaderos tradicionales y la presión del creciente uso público en determinadas zonas de este espacio natural protegido.
Se han descrito cuatro subespecies diferentes de Apolo, (cuyo nombre científico es Parnassius apollo), a lo largo de su distribución en las Cordilleras Béticas. Estas localidades se encuentran actualmente aisladas geográficamente entre ellas y mucho más aún de las poblaciones de los sistemas montañosos del centro y norte de la Península.  En Sierra Nevada vuela una subespecie endémica (P. apollo nevadensis) que fue descrita a finales del siglo XIX, cuyo carácter morfológico más llamativo es la presencia de ocelos de color canela-anaranjado, que se vuelven amarillos en ejemplares algo volados. Esta característica aparece también en los ejemplares descritos de las cercanas Sierra de Baza-Filabres -una única población conocida-  y de Gádor, aunque desde mediados de los años 80 del siglo pasado se considera extinta esta última subespecie. Una cuarta subespecie se ha citado para la Sierra de María, en este caso, la diferencia fundamental es el color rojizo de los ocelos, algo similar a los del resto de subespecies ibéricas y europeas.
Llegó del frío y desaparecerá con el calentamiento global
Sierra Nevada participa en la Red Europea de Seguimiento de Mariposas (Butterfly Monitoring Scheme, conocida por sus siglas BMS) a través del Observatorio de Cambio Global, donde se realiza un seguimiento muy especial de la Apolo, un lepidóptero que puede considerarse como una reliquia de las últimas glaciaciones. Las poblaciones nevadenses se encuentran en el límite meridional de distribución de esta interesante y atractiva mariposa, por lo que se ha convertido en un bioindicador  muy adecuado para el seguimiento del cambio climático.
Los estudios que se están realizando persiguen ver cómo afectará el escenario previsto, a lo largo del siglo, de elevación de las temperaturas y disminución de las precipitaciones a las poblaciones de este símbolo de la fauna nevadense que deberá buscar su hábitat óptimo adaptándose a esas nuevas condiciones climáticas.
Como la mayor parte de las mariposas diurnas, las apolos atrasan sus periodos de vuelo en las localidades situadas a mayor altitud.  Se ha comprobado que las primaveras cálidas, sobre todo las temperaturas altas del mes de mayo, reducen el retardo altitudinal de la Apolo de Sierra Nevada provocando un adelanto del periodo de vuelo. También se está analizando el impacto de los otoños cálidos que podría provocar cambios importantes en el desarrollo de las primeras fases larvarias.
Podemos decir parafraseando a Lorca que la única salida que tienen estas mariposas asociadas a los sistemas montañosos es “ascendiendo en busca de las estrellas”, ya que el cambio global está afectando negativamente a todas las poblaciones españolas, provocando el ascenso cada vez a mayor altitud en las montañas en busca de un hábitat adecuado para ellas.  
Científicos españoles afirman que entre el 5 y el 10 por ciento de las mariposas diurnas que viven en España están amenazadas o en peligro de extinción debido a la destrucción de hábitats y al cambio climático, entre ellas la propia Apolo y la Niña de Sierra Nevada.



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