Como la jerarquía eclesiástica ha tomado partido y ha entrado, de lleno, en la batalla en los últimos tiempos (metida en política ha estado siempre, desde su creación), pues eso
nos legitima a los demás para inmiscuirnos en los asuntos de la Iglesia.
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Hace unos días Monseñor Gianfranco Girotti, que es el director de la Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede, una entidad que discierne los asuntos relativos a la conciencia de los fieles, (por el nombre yo habría jurado -por Dios- que era el gerente de una cárcel en la que se encerraban a los curas pederastas y monjas “alegres” a curar sus “enfermedades y/o vicios”), afirmó en una entrevista concedida a L’Osservatore Romano, "que los históricos Siete Pecados Capitales no alcanzaban para abarcar los problemas de la actualidad".
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Estos pecados capitales no lo son tanto por su magnitud como porque son “
cabeza” o principio de los demás pecados que ofenden a Dios y al prójimo. Muchos se acordarán más de ellos por el
cine, (por la extraordinaria película
Seven dirigida por David Fincher e interpretada por Brad Pitt, Morgan Freeman, Kevin Spacey y Gwyneth Paltrow), que por la
catequésis. Fueron enumerados por el Papa Gregorio I en el siglo VI. Posteriormente, esta lista fue asumida desde un punto de vista filosófico por Santo Tomás de Aquino y desde una perspectiva literaria por Dante Alighieri en una obra cumbre e influyente de la cultura universal como es la Divina Comedia.

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Los pecados capitales clásicos son siete: la soberbia, la envidia, la gula, la lujuria, la ira, la avaricia y la pereza, todo ellos femeninos. A estos siete pecados se contraponen tradicionalmente, según esta concepción moral, siete virtudes (afortunadamente también femeninas). La humildad se opone a la soberbia; la generosidad a la avaricia; la templanza a la gula; la castidad a la lujuria; la paciencia a la ira; la generosidad a la avaricia; y la diligencia a la pereza.
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Pues bien ahora resulta según el obispo citado que “Uno no ofende a Dios sólo al robar, blasfemar, o desear la mujer del prójimo (…) sino también cuando uno daña el medio ambiente, participa en experimentos científicos dudosos y manipulación genética, acumula excesivas riquezas, consume o trafica con drogas, y ocasiona pobreza, injusticia y desigualdad social”.
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Cabría ahora que la Iglesia fuera un poco más concreta a la hora de fijar estos conceptos porque ha dejado bastantes lagunas con la enunciación de estos nuevos pecados que se suponen también capitales porque de ellos derivan una batería de nuevos pecados. Sólo a título de ejemplo lanzo algunos interrogantes que me agobian para poder adecuar mi conducta a lo que exige la Santa Madre Iglesia:
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¿Qué son experimentos científicos dudosos?
· ¿Cuándo se consideran las riquezas excesivas?
· ¿A qué se refiere la Iglesia cuando habla de drogas?
-Una de las cuestiones más novedosas es la que convierte en pecadores a todos aquellos que vulneren el buen orden ecológico del planeta. Contaminar el aire, la tierra o las aguas será pecado a partir de ahora, aunque el Tribunal de la Penitenciaría Apostólica no ha aclarado en qué casos deberá reputarse de venial y en cuáles otros de mortal. Por ejemplo, parece claro que debe ser pecado mortal tirar pilas de botón al agua, por las graves consecuencias ecológicas que supone, pero al menos debe ser pecado venial disparar con munición de plomo en las proximidades de zonas húmedas –lo que convertiría en pecadores a todos los cazadores que se manifestaron casualmente en vísperas de las elecciones generales- aunque yo directamente establecería el principio de no cazarás (por puro placer o por deporte).
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Y siguiendo con los temas relativos a la degradación del medio ambiente, el Vaticano, visto que se ha incorporado a la lucha contra el cambio climático, debe considerar grandes pecadores a los países que no respetan los acuerdos de Kyoto. Norteamericanos y chinos tienen todas las papeletas para ir derechitos de cabeza al infierno: y no sólo porque los yanquis gocen fama de luteranos y los amarillos, de ateos. A esas dos graves faltas hay que añadir el dato de que tanto los capitalistas de Bush como los comunistas de Mao sean, con diferencia, los que más contribuyen a llenar de porquería la Tierra. Lo que no sé es si deben pagar con esta condena per secula seculorum todos los chinos y todos los estadounidenses o hay alguna manera de imputar los pecados a los máximos responsables para que no paguen las consecuencias los que no tienen capacidad de decidir sobre sus acciones.
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Hace unos días al analizar una
pastoral sobre la orientación de voto a los cristianos saqué la conclusión de que todos los partidos estaban fuera de las recomendaciones de la Iglesia o ésta estaba fuera de la Constitución. Con la publicación de estos nuevos pecados sociales de la Iglesia Católica, y teniendo en cuenta que se peca de
pensamiento, palabra, obra u omisión, la primera conclusión, nada precipitada, que podemos extraer es que
aquí no se salva ni Dios de ir al infierno. Lo que es una
putada es que algunos pequen por ser asquerosamente ricos y otros sólo por soñarlo o por echar una bonoloto y querer serlo.