lunes, 7 de abril de 2008

Artistas en su tierra


Sólo he podido asistir a uno de los “espectáculos” del Hay Festival, ese Festival de la Palabra que esta edición ha tenido a Granada y a la Alhambra como sede extraordinaria, aunque he seguido con interés por la prensa todo lo que ha acontecido en torno a dicho Festival. Umberto Eco, Paul Preston, Goytisolo, Sabina, García Montero… han llenado las sesiones y eso que había que pagar, aunque fueran precios populares. Creo que los promotores ingleses han tenido un éxito.

Pero al menos pude disfrutar del recital de Enrique Morente y Pepe el Habichuela en el Palacio de Carlos V. En este “marco incomparable” –Granada tiene muchos- sentado y mirando al cielo parece que estemos en un Planetario (mal nombre para un lugar en el que con suerte se ven un par de ellos pero cientos de estrellas). Me entretuve contemplando a un Venus brillante, seductor, entre la neblina de la noche y adiviné parte de varias constelaciones circumpolares.

El escenario celestial era diferente al que acostumbro a ver en los conciertos del Festival Internacional de Música y Danza, en este mismo lugar, al inicio del verano y a ratos establecía comparaciones y hacía cálculos sobre posiciones relativas de Cassiopea, Draco, las Osas Mayor y Menor...

Morente y Habichuela estuvieron artistas, como son y mostraron destellos de los que sólo son capaces los grandes. Ambos representan, esa Granada que desde sus hondas raíces se proyecta en lo universal. Esa Granada que mira hacia fuera desde muy adentro dentro. Cuando esa Granada triunfa, le va bien a la ciudad, puede mirar lejos. Cuando se impone la otra alma de Granada, la de la ensimismada, introvertida y nostálgica, la ciudad se empobrece, se hace pequeña y miope.

La noche era primaveral, relativamente suave, pero sin abusar que estamos a principios de abril y en el especial microclima del conjunto monumental. Eso impidió que la noche se alargara y pudiera hacerse mágica. Alguien debió advertir a los ingleses organizadores que no era la fecha más adecuada para una actuación al aire libre, ni siquiera en el sur de España y eso que hubo mucha suerte.

El escenario muy sobrio, sin alharacas. Sobraba todo porque el lugar es el mejor decorado y el resto lo llenaban los dos artistas. Sólo un juego de luces tenues sobre las columnas adornaba el patio. Violeta para los fandangos y por cabales, soleares en azul y verde, rojo para las alegrías y las bulerías… La noche avanzaba también en el cielo y Orión seguía buscando a Tauro justo cuando Enrique dedicaba unas soleares a Umberto Eco, un par de filas a mi derecha, y se encendían las luces blancas para la despedida con el más popular “Se me va”. Para los bises contó con el refuerzo de tres artistas más entre los que se encontraba el hijo de Morente.

Cuando terminó el concierto disfrutamos de otro espectáculo: el breve paseo por el bosque de la Alhambra hasta llegar a Plaza Nueva y me dije ¿qué falta hace conectar la ciudad con la ciudadela? ¿Para qué pollas queremos escaleras mecánicas ni otros inventos?
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Y nos fuimos a pescar a un pozo y sólo pescamos estrellas y hojas de limonar.
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Nota: Aún pudimos disfrutar de un tercer espectáculo esa noche. Como casi siempre, no pudimos encontrar un taxi y nos subimos al Bus búho. Aunque sólo eran las una y media de la mañana, la biodiversidad de los viajeros de ese transporte público que estrenaba, era grande y nos propusimos repetir la experiencia otro día, un poco más tarde de esta hora y divertirnos viendo el paisanaje que viene y va por la Granada nocturna, desde Los Italianos al Botellódromo, desde Joaquina Eguaras a La Industrial Copera.

1 comentario:

Esteban dijo...

Una hermosa descripción de una noche mágica, en la que, como bien señalas, el fresco de principios de abril impidió alargar más la fiesta y la magia.

Dos figuras excepcionales. Me quedo con aquello que dijo Morente de que él tiene la costumbre, como otra cualquiera, de que le gusta leer.

Una maravilla. Aunque lo adivinaba improbable, a falta de cultura astronómica para entretener la mirada, me dediqué a esperar impaciente alguna de las canciones del Omega, que ojalá algún día le escuche cantar a Enrique. Mi canción "Toma este vals". No sonó, pero la noche no defraudó.

En cuanto al festival, yo tuve la oportunidad de escuchar a Tariq Ramadan, Umberto Eco, Luis García Montero, Joaquín Sabina, Juan Goytisolo y Paul Preston. Gracias a estos ingleses. Ha sido un soplo de aire fresco para nuestra ciudad.

Esta semana cuando se lo contaba a amigos y compañeros, me decían pero por qué no dijiste nada. Y yo les decía, abrid los ojos, la ciudad estaba llena de carteles. Otros, me decían que habían visto los carteles pero que no se creían que toda esa gente pudiera venir y que estuviera abierto al gran público.

En fin, que espero que la Junta de Andalucía, que parece que ha sido la principal institución implicada en la financiación siga apostando por Granada como sede de muchos futuros Hay Festivals.

Oye, y la paella estupenda.