Esta semana me he atrevido en mi página semanal del
periódico Granada Hoy con un tema difícil de explicar en pocas palabras y que
es objeto de polémicas y malentendidos. Tenemos asociada la idea de que para
luchar contra el cambio climático hay que plantar árboles que aumentan la
capacidad de "atrapar" CO2. Esta regla general hay que matizarla
en los casos en los que el punto de partida de una masa forestal de repoblación
es excesivamente denso.
Las actuaciones forestales en nuestro entorno mediterráneo,
en este siglo XXI, deben ser enfocadas hacia un bosque “climáticamente
inteligente” con capacidad de adaptación a los nuevos escenarios. Espero
haberme explicado bien.Os dejo el
enlace digital al artículo que hemos titulado "Bosques inteligentes". http://www.granadahoy.com/article/granada/1993937/bosques/inteligentes.html
BOSQUES INTELIGENTES:
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| ANTES |
El importante reto del cambio global -incluido el cambio climático- al
que nos enfrentamos en el Planeta- tiene un importante grado de
incertidumbre sobre lo que puede ocurrir a escala regional, por lo que
es fundamental ser capaces de detectar y evaluar en tiempo real las
complejas alteraciones, de las que ya existen numerosas evidencias, y
comprender tanto su funcionamiento como la interacción de unos procesos
con otros, sus posibles sinergias y atenuaciones.
La gestión de los espacios naturales en el siglo XXI ha de ser
capar de adelantarse a estos fenómenos, facilitando la adaptación de los
ecosistemas. Se trata de promover una conservación dinámica de sus
funciones y procesos que les ayude a adaptarse a los cambios que están
experimentando.
Además de un observatorio privilegiado de cambio global, Sierra
Nevada se ha convertido en los últimos años en un laboratorio de ensayo
de proyectos para la gestión adaptativa en nuestros ecosistemas
forestales. Lo que destaca del Observatorio de Cambio Global de Sierra
Nevada y lo convierte en especial en la Red de Parques Nacionales es que
no se queda en la labor de medición de datos, en el monitoreo necesario
para una buena gestión de conservación de espacios y especies, sino que
va más allá y se ha convertido en un gigantesco laboratorio de ensayo
para la adaptación al cambio global.
El objetivo de estas actuaciones es disminuir la vulnerabilidad y
aumentar la resiliencia, la capacidad de recuperación, de los
ecosistemas. Las medidas que se llevan a cabo para lograrlo son
múltiples: reducción de los impactos, búsqueda de una mayor
heterogeneidad de los paisajes, conectividad y eliminación de barreras,
facilitación y sostenibilidad en los aprovechamientos.
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| DESPUÉS | |
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Hacia el monte mediterráneo del S. XXI
En Sierra Nevada hay una gran extensión de pinares de
repoblación que se realizaron a mediados del siglo pasado. Estos pinares
son masas monoespecíficas, excesivamente densas, (hasta 3.000 pies por
hectárea, más del doble del óptimo en algunos lugares), con bordes
demasiado geométricos que, aparte de suponer un impacto paisajístico,
son muy sensibles a los incendios, plagas y otras enfermedades
forestales y muy vulnerables ante el cambio climático.
La naturalización de estos pinares busca un tipo de monte (que
se ha bautizado como el monte mediterráneo del siglo XXI) abierto, con
discontinuidades, heterogéneo, diverso y resistente a agentes erosivos.
El objetivo es avanzar hacia un mosaico de vegetación y usos que ofrezca
múltiples servicios ecosistémicos y sea especialmente resistente a los
cambios que se avecinan.
Las actuaciones desarrolladas se centran principalmente en
aclareos selectivos de pinares -entre el 25 y el 50% de los pies- y
tratamientos selvícolas sobre encinas (resalveos y rozas entre dos
tierras con los que se pretende ayudar al proceso natural con el fin de
acelerar la formación de nuevos pies).
El mismo objetivo se persigue en la restauración de espacios
degradados como las áreas afectadas por incendios forestales,
actividades extractivas o abandono de cultivos, en este caso mediante
siembras o plantaciones utilizando técnicas, en ocasiones novedosas,
como los bosquetes de dispersión.
En ambos casos, desde diferentes situaciones de partida, se
buscan unas masas arboladas que en el futuro prácticamente no precisen
de la mano humana para su mantenimiento y conservación, bosques capaces,
por sí solos, de evolucionar y perdurar de manera estable hacia su
óptimo ecológico sin apenas intervención del hombre y de los costosos
tratamientos selvícolas.
El modelo forestal obtenido permitirá el control de los
incendios forestales, potenciará el uso múltiple del monte y aumentará
el valor ecológico del ecosistema forestal al presentar una elevada
diversidad de formaciones vegetales y una gran diversidad de ecotonos.
Otros casos prácticos de gestión adaptativa.
En la estrategia de generar capacidad adaptativa frente a los
impactos del cambio climático en particular y del cambio global en
general, tienen especial interés para Sierra Nevada dos experiencias
piloto desarrolladas en los últimos años en masas de piornal-enebral y
en robledales.
Los enebrales y sabinares constituyen unas formaciones vegetales
típicas de la alta montaña. Es el hábitat natural de numerosas especies
de fauna adaptadas a las condiciones particulares de nieve y hielo
durante parte del año.
Los robledales de Sierra Nevada están en el límite más
meridional de su área de distribución natural y están sometidas a unas
presiones de cambio en los últimos tiempos, sobre todo asociadas a un
mayor déficit hídrico (alargamiento del periodo seco, que coincide con
el periodo vegetativo de la especie, con unas menores reservas de agua
en el suelo), debilitamiento general de las masas, pérdida de capacidad
reproductiva, mayor predisposición a ataques de agentes nocivos (plagas
de defoliadores principalmente)etc.
En ambos casos, nos encontramos ante formaciones vegetales que
se encuentran en una situación de estancamiento e incluso de degradación
motivada por unas condiciones ambientales y unos cambios de usos del
suelo.
Para ayudar a estas formaciones vegetales se desarrollan una serie de medidas entre las que podemos destacar:
- Utilización de especies facilitadoras para la siembra o plantación.
- Recuperación de las acequias tradicionales de careo.
- Localización de áreas con condiciones óptimas actuales o futuras para la existencia de dichas formaciones vegetales.
- Eliminación de especies oportunistas, okupas que han llegado por deterioro o por efecto de la acción antrópica.
- Protección de las plántulas en sus primeros estadios frente al ganado silvestre o doméstico.