lunes, 28 de septiembre de 2026

A la alcaldesa se le va el santo al cielo

 Hoy he escrito en "El Inde" sobre un despiste millonario. 

Mientras el equipo de gobierno de Marifrán Carazo vuelca su fervor institucional en procesiones  y fastos sacrosantos, Europa puede acabar certificando una cruda realidad: que Granada pierda más de 3 millones de euros de los fondos 'Granada Respira'. El verdadero drama de esta negligencia no es el freno que puede suponer al Parque de las Familias o al lago de El Florío, sino que ahora seremos los granadinos quienes pagaremos de nuestro bolsillo, vía impuestos, un millonario «despiste».



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A la alcaldesa se le va el santo al cielo | El Independiente de Granada


A la alcaldesa se le va el santo al cielo

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos

Mientras el equipo de gobierno de Marifrán Carazo vuelca su fervor institucional en procesiones y fastos sacrosantos, Europa puede acabar certificando una cruda realidad: que Granada pierda más de 3 millones de euros de los fondos 'Granada Respira'. El verdadero drama de esta negligencia no es el freno que puede suponer al Parque de las Familias o al lago de El Florío, sino que ahora seremos los granadinos quienes pagaremos de nuestro bolsillo, vía impuestos, un millonario «despiste».

A estas alturas del calendario municipal, en la Plaza del Carmen parecen haber confundido la gestión de una ciudad que aspira a ser Capital Europea de la Cultura con la organización de una perpetua junta de gobierno de hermandad. Sus prioridades están meridianamente claras: si a Granada le faltan pulmones y le sobra contaminación, que nos salven las rogativas y los rezos.

Granada avanza en su entrega institucional desaforada al boato. Entre varas de mando, inciensos, oraciones al Cristo del Consuelo para que aplaque los terremotos y el despliegue de la exposición magna de la Catedral, a la alcaldesa Marifrán Carazo se le ha ido literalmente el santo al cielo. Entre ofrenda y ofrenda, su equipo se ha «despistado» con los papeles de Bruselas, dejando evaporar una subvención histórica que tanta falta nos hace.

Con este negligencia, afortunadamente, los interesantes proyectos afectados no van a desaparecer de los planes y de los planos; el verdadero drama, el hachazo que corta la respiración, viene detallado en la factura de la incompetencia. Europa nos había tendido un respirador económico de oro. De los 3,8 millones de euros concedidos originalmente a través de la Fundación Biodiversidad, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (del gobierno de ‘Sánchez’, vamos), para el plan estratégicamente bautizado como 'Granada Respira', el gobierno actual del Ayuntamiento solo ha sido capaz de certificar a tiempo unos tristes 700.000 euros. El resto, la friolera de 3,1 millones, se puede esfumar por los sumideros de la inacción administrativa.

¿Y qué significa esto en el día a día de nuestros barrios? Significa que los proyectos que debían financiarse al 85% con el dinero de los fondos comunitarios tendrán que ejecutarse ahora, por imperativo legal y compromiso urbano, de una forma trágicamente poética: «a pulmón». Sí, la ironía se escribe sola en nuestra ciudad, que sigue siendo una de las de peor calidad del aire de España. El Parque de las Familias y el lago artificial de El Florío —ambos diseñados minuciosamente como piezas esenciales de la infraestructura verde y la resiliencia hídrica— se quedan sin el oxígeno financiero que aporta la Unión Europea.

No debemos considerar estos proyectos como parches aislados ni ocurrencias de última hora del gobierno municipal anterior. El Parque de las Familias fue concebido estratégicamente como la prolongación natural de una red de actuaciones, destinadas a coser de norte a sur ese ansiado cinturón verde que Granada necesita para frenar el avance del asfalto. Supone un eslabón clave para conectar los espacios renaturalizados y levantar una barrera viva contra la polución; un paso indispensable para consolidar un modelo de ciudad conectada, sostenible y saludable que se puso en marcha hace unos años. El Florío no es tampoco un simple capricho ornamental con patos; se concibió como un hito ambiental estratégico, un gran lago regulador diseñado para evitar inundaciones en ese polígono industrial y en la barriada de La Bobadilla y suavizar el microclima asfixiante de nuestros veranos.

Ahora, la incompetencia burocrática del Partido Popular obliga a que los granadinos paguemos a escote y con carácter de urgencia estas actuaciones, mientras se abandonan o retrasan varios años otras inversiones necesarias. Cada céntimo de esos tres millones perdidos por no mover los expedientes en los plazos fijados tendrá que salir de las maltrechas arcas municipales. En una Granada que ya arrastra una deuda histórica estructural y que camina siempre por el filo de la navaja presupuestaria, un lastre que nos viene de la gestión de aquél alcalde conocido como el tractorista, que tuvo que abandonar la alcaldía custodiado por la policía, entre cartones. A su equipo pertenecía la actual alcaldesa, que ahora tendrá que financiar estos macroproyectos con fondos municipales propios, lo que supone una asfixia económica autoinfligida de consecuencias devastadoras.

El dinero público que debería destinarse a limpiar los grafitis, a arreglar los baches de la Chana o el Zaidín, a dotar de sombra los patios de los colegios públicos o a mejorar la red de transporte público, tendrá que ser desviado obligatoriamente para tapar el boquete provocado por estos despistes de despacho. Un castigo directo al bolsillo del ciudadano vía impuestos. Pagaremos dos veces por lo mismo: primero aportamos el esfuerzo y el ‘sudor’ técnico invertido en convencer a Europa de que necesitábamos ese dinero, y ahora aportamos la cartera para sufragar el olvido de quienes estaban demasiado ocupados, entre otras acciones propagandísticas, vistiendo santos y posando en las fotos de los altares.

La paradoja es de las que hacen palidecer a cualquiera. Recibimos una pasta para comprar los respiradores contra la contaminación crónica que nos acorta la vida, y el Ayuntamiento responde con molicie burocrática y una pasmosa parálisis ejecutiva. Resulta escandaloso comprobar cómo para organizar un protocolo cofrade extraordinario se despliegan todos los recursos municipales en tiempo récord, mientras que para salvar los fondos destinados a la salud de las próximas generaciones se arrastran los pies con una indolencia insultante.

Ayer tuvimos otro domingo grandioso con la Patrona en la calle, (aunque con un recorrido provisional extraordinario), con la devoción popular desbordada y el centro de la capital lleno de fervor... y de cera. Pero este lunes volvemos a la cruda realidad: nos despertamos respirando el mismo aire tóxico, contemplando los mismos proyectos empantanados y asumiendo una gestión local que nos va a salir carísima. Harían bien en la Plaza del Carmen en dedicar la misma abnegación y devoción que ponen para sacar un santo en procesión en la tramitación de los expedientes antes de que expiren los plazos. Rezaremos todo lo que haga falta para que el cielo nos pille confesados, pero la incompetencia de este gobierno, por desgracia, no la salva ni la más milagrosa de las oraciones.


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