lunes, 21 de septiembre de 2026

Arrancamos sacándole punta al gobierno andaluz y su opaco sistema de fiscalización que ha resultado ser un coladero. 

'Gobernar sin frenos y el truco del almendruco' | El Independiente de Granada



Gobernar sin frenos y el truco del almendruco

Sacando punta

Ignacio Henares Civantos



El modelo de auditoría «a toro pasado» instaurado en Andalucía deja un agujero negro de 38 000 millones de euros y un demoledor 93 % de informes desfavorables en el SAS. Entre el silencio mediático y la complicidad de sus nuevos socios, el Gobierno autonómico liquida la transparencia en nombre de la agilidad administrativa.


Dicen los manuales de ilusionismo que el secreto de un buen truco no está en lo que el mago hace, sino en lograr que el público mire exactamente hacia donde a él le interesa. En San Telmo han perfeccionado la técnica. ¿Cómo se hace desaparecer el control previo sobre 38.000 millones de euros de dinero público? Muy fácil: se elimina el filtro de raíz en nombre de una supuesta "agilidad administrativa", se desactiva a los interventores antes de que se firmen los contratos y se reza para que la Cámara de Cuentas no levante las alfombras antes de tiempo. Quitar el examen previo a la adjudicación de dinero público con la excusa de ganar velocidad es una idea excelente si lo que se busca es que nadie mire los papeles hasta que ya es tarde.


Pero el verdadero milagro de ingeniería política no es el agujero detectado por este órgano fiscalizador, sino el extraordinario apagón ruidoso que ha provocado. Si usted ve o escucha estos días Canal Sur, comprobará que en nuestra bendita e idílica comunidad autónoma no pasa nada. Los informativos de la radio y la televisión pública andaluza han practicado un equilibrismo informativo admirable: lo que no se nombra, no existe. Para la RTVA, una de las mayores alertas financieras de la historia de la autonomía es solo un molesto ruido de fondo que no merece interrumpir la escaleta, ni su función de ariete contra el Gobierno de la Nación, ni la ración diaria de propaganda con la que embadurna la programación. ¡Donde se ponga una corrida que se quiten estas cuitas políticas! Y los toros que diría aquél…


Sin embargo, el premio al escapismo del año no es para los realizadores de la televisión pública, sino para Vox. 

¡Qué tiempos aquellos en los que Manuel Gavira y los suyos subían a la tribuna del Parlamento con el cuchillo entre los dientes, exigiendo auditorías y rugiendo contra el descontrol y las listas de espera del SAS, epicentro absoluto de este desmán con el 80% de los expedientes bajo sospecha! ¡Quién les ha visto y quién les ve!


Ha bastado firmar el vergonzoso acuerdo de Gobierno de coalición (que, por cierto, no merece un debate en la Cámara bajísima, como alguien la ha bautizado, en la que están convirtiendo el Parlamento andaluz), para que a la ultraderecha le sobrevenga una amnesia repentina. La vicepresidencia y las moquetas oficiales deben tener un asombroso efecto sedante: han cambiado las denuncias de corrupción por un silbido disimulado, mirando al tendido (acabo de caer en el doble sentido de la expresión) mientras sus socios del PP justifican el descontrol sanitario con el eterno comodín de la pandemia y la ‘modernización robótica’.


Nos explicaron en su día que quitar el freno de mano de la fiscalización previa era necesario para que la maquinaria no se encasquillara. Pero aplicar el control posterior en contratos masivos de salud, sin indicadores de eficiencia y de forma genérica, equivale a quitarle los frenos a un autobús escolar para presumir de que llega cinco minutos antes al destino. Curaron la burocracia, sí, pero dejaron en la UCI a la transparencia y por el camino chorreando contratos opacos a los amiguetes. 


Ahora, con el PSOE pidiendo comparecencias y la izquierda a su izquierda echándose las manos a la cabeza, el Gobierno andaluz se parapeta en la comodidad de San Telmo. Al final, en este gran teatro de la agilidad, el PP aplica el rodillo, Vox practica el mutismo corporativo, Canal Sur sintoniza una copla y a los ciudaanos de a pie solo nos queda ver cómo, una vez más, nos meten la mano en el bolsillo, ese en el que dicen que debe estar el dinero cuando recortan derechos y eliminan prestaciones sociales.


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