domingo, 4 de septiembre de 2016

Unos que vienen y otros que se van... y otros sólo de paso.

Esta semana he dedicado mi artículo semanal en el periódico Granada Hoy a la extraordinaria biodiversidad de aves de Sierra Nevada, a las razones que la explican y como en estos momentos de las migraciones se producen un singular cruce de especies, unos que regresan, otros que vienen y millares de ejemplares de paso, utilizando Sierra Nevada como pasillo en altura y estación de servicio. La idea está sacada del libro "Las Aves de Sierra Nevada"  que podéis descargar AQUÍ 

Podéis haceros una idea del contenido del libro en esta entrada en mi blog en la que conté el acto de presentación de esta publicación.

Pincha para ver el enlace a la edición digital del artículo que quedó así en la edición en papel a doble página. .




Gran biodiversidad de aves

Las aves son el grupo de vertebrados más numeroso de Sierra Nevada con 214 especies citadas hasta el momento. Si bien no son tan abundantes como las comunidades ubicadas en las tierras bajas o en las zonas húmedas litorales, configuran poblaciones ‘de borde’ que fascinan por la adaptación a las difíciles condiciones que impone la más alta montaña mediterránea de la Península Ibérica. La heterogeneidad de ecosistemas desde la tundra alpina hasta la zona subdesértica oriental, la presencia del Humedal de Padul, con una gran cantidad de especies asociadas a estos ecosistemas, y su posición estratégica para las migraciones justifican el elevado número de especies presentes. Esa extraordinaria biodiversidad se compone de especies sedentarias locales, las que llegan en primavera para reproducirse y luego volver a sus cuarteles de invierno y las especies que eligen el macizo nevadense para pasar el invierno. 

Unos que se van...

Como dice la famosa canción del Dúo Dinámico,  “El final del verano llegó…” y eso significa que millares de aves de diferentes especies emprenderán un largo viaje buscando condiciones meteorológicas más adecuadas y lugares más propicios para encontrar su alimento.  Este fin del periodo estival, señala el momento para el desplazamiento de muchas especies, a sus cuarteles de invierno en diferentes lugares del continente africano, desde donde llegaron aquí la pasada primavera.

Rapaces como el águila culebrera o la calzada, gavilanes, autillos, chotacabras y alcaravanes; diversos túrdidos como los ruiseñores, oropéndolas o collalbas rubias; planeadores como vencejos, golondrinas y aviones; alcaudones,  abejarucos y carracas, mosquiteros papialbos, papamoscas grises, zarceros comunes, currucas carrasqueñas… son muchas y variadas las especies que en pocos días iniciarán el viaje de vuelta, una vez completado su ciclo reproductor. 

El abejaruco es una de las especies más emblemáticas de las que vienen a reproducirse y ahora preparan el regreso a sus cuarteles de invierno.
Vencejos, golondrinas y aviones. Vencejos real, común y pálido, golondrinas común y dáurica y aviones se disponen a unirse a miles y miles de ejemplares procedentes del centro y norte de Europa para emprender su vuelo de regreso a través del Estrecho de Gibraltar. 

avión común
vencejo común 
golondrina
El bisbita campestre  es una especie reproductora estival, al contrario que sus ‘primas’ bisbita pratense y alpino.

La codorniz comúnes la única gallinácea migradora.


 … Y otros que vienen.

Pero la llegada del otoño, por otra parte, supone también para otras especies el cambio de ‘domicilio’ al que les empuja su reloj interno que les trae  hacia nuestras latitudes.

En los largos viajes hacia el continente africano muchas aves ‘sedimentan’ en Sierra Nevada, que es utilizada como ‘área de servicio’ pero otras encuentran aquí un lugar adecuado para invernar. 

Al finalizar el invierno, señales ambientales volverán a impulsar mecanismos fisiológicos y cambios de conducta que animarán a realizar el largo camino de regreso hacia el Norte aprovechando que el clima se hace más benigno en latitudes septentrionales. 

mirlo capiblanco
Un caso paradigmático es el del mirlo capiblanco. Este túrdido es el principal invernante que recibe Sierra Nevada y su observación es frecuente desde septiembre y octubre hasta marzo y abril. Desempeña un importante papel ecológico en la dispersión de las semillas de los frutos de los que se alimenta, (enebros y, en menor medida, agracejos, majuelos y escaramujos).  Se reproduce en Pirineos y en zonas del centro y Norte de Europa. Al final del verano emigra hacia el sur para pasar el invierno, llegando hasta el norte de África. Retorna a sus áreas de cría entre marzo y abril.

Entre los invernantes nevadenses se encuentran dos bisbitas, (pratense y alpino), y dos zorzales,  (común y alirrojo)


El avefría es un invernante regular con fuertes irupciones en función de las condiciones meteorológicas. Sin embargo la presencia del pinzón real es muy irregular. 
zorzal común
bisbita alpino
cormorán grande. Juan Francisco Jiménez. 
El cormorán grande es una especie que llega en el mes de septiembre a la Laguna de Padul y a las colas de los embalses donde permanecerá hasta inicios de la primavera. Las agachadizas común y chica utilizan también el Humedal de Padul  como estación de servicio durante la época de migración. Algunos ejemplares se quedan aquí para pasar el invierno.  Entre las anátidas, algunos pocos ejemplares de cerceta común, pato cuchara o porrón europeo, pueden localizarse en esta zona húmeda invernando.



Y otros que sólo están ‘de paso’.

Uno de los fenómenos más curiosos en el comportamiento del mundo animal es la migración. El tremendo esfuerzo, desgaste y sorteo de peligros que supone un desplazamiento regular de ida y vuelta cada año es motivo de admiración. Basado en la existencia de un indeleble marcador genético, como conducta aprendida, o por un cuidado equilibrio entre ambas, empuja a millones de aves, desde grandes buitres con casi tres metros de envergadura alar, a pequeños pájaros que no superan los quince gramos de peso, a recorrer cientos o miles de kilómetros entre diferentes zonas geográficas.

Sierra Nevada se encuentra cerca de uno de los ‘embudos’ migratorios por excelencia del Paleártico,  por lo que no es ajena a este fenómeno. Aunque no presenta las abrumadoras cifras de individuos migradores del Estrecho de Gibraltar, tiene una importancia estratégica ya que actúa como un partidor de rutas migratorias generando autovías invisibles, una suerte de ‘pasillos de altura’ por los que la migración se activa cada año, permitiendo que una variedad formidable de aves utilicen en sus desplazamientos las cumbres, collados y puertos nevadenses.

Hay muchas especies que sólo se observan en Sierra Nevada en migración hacia sus destinos, ya sea en el paso prenupcial en primavera, o, más frecuentemente, en el paso  postnupcial en otoño en el que se suman los ejemplares nacidos esa temporada.

Entre esas especies se encuentran el milano negro, aguilucho cenizo, culebrera, abejero, polluelas (pintoja, bastarda y chica), chorlito carambolo, archibebe común, andarríos (bastardo, grande y chico), tarabilla norteña, carricerines (real, cejudo y común), buscarlas pintoja y unicolor, mosquitero musical, curruca mosquitera o el papamoscas cerrojillo.

 águila culebrera

milano negro

 papamoscas cerrojillo
tarabilla norteña




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